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MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA (Madrid)
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Mensaje Re: MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA (Madrid) 
 
Gobierno y Carmen Thyssen acuerdan una prórroga para renovar su convenio



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La exposición 'Intimidad', en el Museo Thyssen de Madrid. / OLMO CALVO

A dos días de que expirara el plazo que se habían dado Cultura y los abogados de Carmen Thyssen, ambas partes han acordado darse otros tres meses para seguir discutiendo las nuevas condiciones de cesión de su colección privada al Estado, han informado a EFE fuentes ministeriales.

El BOE publicó a comienzos de abril una orden del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte por la que garantiza, por 462,6 millones de euros, la colección privada de Carmen Thyssen depositada en el museo Thyssen Bornemisza hasta el próximo 31 de mayo, un mes más del plazo que se habían dado en principio el Estado y ella para acordar el futuro de sus 429 cuadros.

Carmen Thyssen pretende, según ella misma explicaba a mediados de febrero, que el acuerdo sea por otros 20 años y "movilidad" para sus cuadros, que ella valora "en más de 1000 millones de euros".
 
 

elmundo.es
 




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Mensaje Re: MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA (Madrid) 
 
El Renacimiento en Venecia

Triunfo de la belleza y destrucción de la pintura. Exposición en el Museo Thyssen-Bornemisza hasta el 24 de septiembre



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Palma el Viejo (Jacopo Negretti). 'Dos ninfas en un paisaje' (Júpiter disfrazado de Diana seduciendo a Calisto).


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Giorgione (Giorgio da Castelfranco). 'Retrato de un joven', hacia 1508-1510.


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Veronés (Paolo Caliari). 'Lucrecia', 1580.


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Veronés (Paolo Caliari). 'San Juan Bautista predicando', hacia 1562.


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Palma el Viejo (Jacopo Negretti). 'Retrato de una joven', 1513-1514.


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Tiziano (Tiziano Vecellio). 'María Magdalena penitente', 1540-1546.


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Gentile Bellini. 'Retrato del dux Giovanni Mocenigo'. 1478-1483.


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Paris Bordone. 'Perseo armado por Mercurio y Minerva', hacia 1545-1555.


Museo Thyssen-Bornemisza / elpais.com
 




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Mensaje Re: MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA (Madrid) 
 
Tiziano, el color del poder

Figura de 'El Renacimiento en Venecia' del Museo Thyssen.



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El último lienzo que pintó Tiziano fue una enorme Piedad en colores predominantemente grises y pétreos y en una atmósfera nocturna. El cuadro, fuera cual fuese la intención del artista, resulta fantasmagórico, casi violento. Hoy podríamos decir, saltándonos el rigor histórico, que presenta poco menos que un clima romántico, de novela gótica.

Tiziano quiso que ese cuadro presidiera su tumba, pero no fue así. No obstante, murió el mismo año en que lo pintó, en 1576, en Venecia, víctima de la peste negra.

El carácter sombrío y dramático de esta pintura es común al del Cristo crucificado, pintado 11 años antes, un Cristo agónico y solitario, que cierra intensamente la exposición del Museo Thyssen, El Renacimiento en Venecia. Triunfo de la belleza y destrucción de la pintura.

Tiziano había disfrutado de una vida larguísima, plena de fama, honores, encargos, riqueza y relaciones con las más altas instancias del poder civil y religioso. En 1560, tenía, como poco, 77 años -no se conoce con certeza la fecha de su nacimiento-, había enviudado tres décadas atrás de Cecilia Soldano, y la muerte durante un parto, ese año, de su adorada hija Lavinia -modelo en varios de sus cuadros-, fue apagando lentamente su ánimo y oscureciendo su pintura. Tanto más cuando cuatro años antes había fallecido su mejor amigo, el poeta erótico (Sonetos lujuriosos) Pietro Aretino, que tanto había contribuido a su éxito.

Fue Pietro Aretino quien fraguó el encuentro entre Carlos V y Tiziano, en Bolonia, en 1530. De ese encuentro surgieron varios encargos y retratos del emperador, entre ellos, Carlos V a caballo en Mühlberg (1548), absoluta sublimación de la majestad y del poder guerrero del hombre más poderoso de la tierra.

La relación preferente entre Carlos V y Tiziano propició el interés máximo del entonces príncipe Felipe II por el artista. Su encuentro personal tuvo lugar en Milán, en 1548, en los inicios del felicísimo viaje por Europa del luego (desde 1556) rey más grande del orbe. Se multiplicaron los encargos y los retratos, muchos con destino al Real Monasterio de El Escorial, para el que Tiziano fue el pintor favorito de Felipe II, en demérito del también contratado El Bosco. La relación profesional entre Carlos V, Felipe II -el mayor mecenas artístico de la cristiandad- y Tiziano -que nunca pisó Madrid- explica que el Museo del Prado disponga de más de 40 obras suyas.

Y muy variadas. Porque Tiziano, además de frescos y mosaicos para templos y palacios, cultivó toda clase de géneros pictóricos y en todos dejó patente su maestría: pintura de paisaje y naturaleza, mujeres (con frecuencia muy sensuales), mitología, pintura religiosa y, sobre todo, retratos. Se calcula que Tiziano ejecutó por encargo más de 100 retratos, fuente importante de sus ingresos y de su prestigio entre reyes, papas (Pablo III), nobles y toda clase de dignatarios. En los retratos de reyes y nobles guerreros dejó el detalle -marca de la casa- del brillo en las armaduras: el brillo del poder. Y, como retratista, fue pionero de la profundización en la psicología del retratado, del mismo modo que destacó en dos terrenos poco frecuentados en su época: la pintura de caballete y el retrato de cuerpo entero (eran más comunes los primeros planos y los planos medios).

Pero la Historia ya dice, que junto a sus muchas habilidades, Tiziano dejó cátedra perenne en dos aspectos: el uso del color (mancha, luz) frente al predominio del dibujo y el empleo de la pincelada suelta (que, a veces, da a sus lienzos la apariencia de inconclusos), técnica que luego determinó la pintura de Velázquez, Goya y tantos otros hasta hoy mismo.

Aquí ya va siendo hora de citar al pintor y arquitecto Giorgio Vasari, quien, en su celebérrimo (y farragoso) libro Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos cuenta algo (poco) de una visita que Miguel Ángel y él mismo hicieron a Tiziano en su estudio veneciano. Vasari, reticente, dice que Miguel Ángel elogió después a Tiziano, pero que, también reticente, echó en falta en ella más dibujo. Previsible.

La pintura renacentista que se hacía en Florencia y Roma, la pintura de Rafael y Miguel Ángel, ponía el acento canónico en el dibujo. Sin embargo, la pintura de Venecia -con Tiziano a la cabeza- puso el acento en el color y, con la colaboración inmediata de Tintoretto -también presente en la exposición del Thyssen- y otros manieristas, arrebató predicamento a la que se hacía en las otras dos ciudades. De ahí que Miguel Ángel frunciera un poco el ceño ante Tiziano.

Nacido en Pieve di Cadore, junto a los Alpes, en fecha imprecisa -se da como límite el año 1490-, cuarto hijo de un acomodado político y militar, el niño Tiziano, que disponía de un "bello espíritu y viveza de ingenio" (según Vasari), fue enviado, por sus precoces dotes, a casa de un tío suyo en Venecia. Tenía 10 años. Aunque se movió lo suyo por temporadas (Padua, Roma, Urbino etc.), Venecia fue ya para siempre el centro de su vida y de su obra.

En Venecia tuvo Tiziano dos maestros principales: el cuatrocentista Giovanni Bellini y, por poco tiempo -debido a su muerte prematura, también por la peste- el más moderno Giorgione, discípulo a su vez de Bellini y también presente en la exposición del Thyssen. De la lectura del libro de Vasari, se infiere que Bellini forjó a Tiziano en las reglas más estrictas del dibujo y que, cuando éste quiso soltarse la mano y volar algo más libre, se fue a aprender con Giorgione, algunas de cuyas pinturas llegó a terminar.

Y, lamentablemente, no hay espacio para más, salvo para decir, por si acaso, que cuando Carlos V reclamó al pintor, Tiziano ya era, como parece lo lógico, un pintor consagrado y en plena madurez. Y un apunte final de Vasari: Tiziano vivió sus últimos años rico y tranquilo, seleccionando sus encargos y, atención, con muy poco empeño por enseñar y tener discípulos.


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Imagen mía.


Fuente y texto: elmundo.es / MANUEL HIDALGO
 




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última edición por j.luis el Martes, 25 Julio 2017, 11:48; editado 1 vez 
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Mensaje Re: MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA (Madrid) 
 
La pintura también sana

El Thyssen cederá 300 láminas de obras famosas para mitigar el dolor de los enfermos del hospital de La Fuenfría



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El proyecto 'Arte que sana el alma' donará 300 láminas de obras famosas para ayudar a curar a enfermos del hospital de La Fuenfría. / Inma Flores

Pintores como Renoir, Degas o Lichtenstein nunca se hubieran imaginado que sus cuadros servirían para ayudar en la cura de enfermos. Pero esto es precisamente lo que ocurrirá en los próximos meses en el hospital de La Fuenfría, al que el Museo Thyssen-Bornemisza (en un proyecto en colaboración con la Comunidad de Madrid) donará 300 láminas de 27 obras muy conocidas. El proyecto Arte que sana el alma tiene como objetivo que la presencia de los cuadros en las habitaciones de los pacientes ayude a reducir el dolor, la ansiedad e, incluso, la depresión. La iniciativa tiene su origen en Escocia, donde un grupo de médicos británicos comprobó los beneficios que aportaban a los pacientes tener una obra de arte en sus habitaciones.

Durante la presentación del proyecto, realizada este lunes en el propio museo, se dieron algunas claves de cómo se seleccionan las obras: “Este cuadro impresionista lo elegirían aquellos enfermos que tengan miedos, ansiedades y un estado de ánimo algo deprimido”, ha explicado Pedro Gargantilla, quien además de experto en arte es jefe de Medicina Interna del hospital. El doctor se refería a Mujer con sombrilla, de Renoir. A pocos metros y en aparente movimiento, se podía observar a la mujer protagonista del cuadro Bailarina basculando, de Degas. Según el experto, esta obra ayuda a los pacientes que están encamados después de haber sufrido una insuficiencia cardíaca o un ictus. “Se genera una esperanza de movimiento en el paciente cuando contempla el cuadro”, ha afirmado Gargantilla.

Los colores también influyen mucho en este proyecto artístico. Tanto es así que los tonos azules del mar que destacan sobre el blanco de las velas y el marrón de la arena de un cuadro de Edward Hooper aportan tranquilidad al paciente, “sobre todo a los que sufren angustia vital por estancias hospitalarias largas”, ha señalado el doctor. Se trata de la obra Marta McKeen de Wellfleet, que el pintor elaboró en 1944 en tan solo cuatro meses. “La selección de los cuadros ha sido motivada por datos científicos. Por ejemplo, a los pacientes cuando se les ponen colores verdes y azules tienen menos ansiedad y dolor, a la vez que los paisajes y la naturaleza disminuyen la frecuencia cardíaca”, ha detallado el doctor.

Tras una breve coreografía sobre las emociones a las que se enfrenta la sociedad de la mano de una alumna del Conservatorio Superior de Danza de Madrid, el consejero de Sanidad, Jesús Sánchez Martos, ha aclarado que la iniciativa es pionera en España y a nivel global “porque se permite a los pacientes elegir el cuadro que quieren en sus habitaciones”. “Nunca entendí por qué los cuartos de los hospitales son el lugar más inhóspito que existe, y además el blanco de las paredes no es un color que ayude a relajarse”, ha alegado Martos. Además, el consejero adelantó que su departamento pondrá en marcha en breve un concurso de pintura cuyas obras participantes se expondrán en las habitaciones de los hospitales de toda la Comunidad.

El gerente del Museo Thyssen-Bornemisza, Evelio Acevedo, ha señalado que “los museos ya no son solo espacios que albergan obras de arte, sino que cada día tienen una responsabilidad social”. Además, destacó la iniciativa del propio museo de habilitar una sala dedicada exclusivamente a las personas con dificultades sensoriales en la exposición de Renoir de 2016.

Julio Agredano, presidente de la asociación Freno al Ictus —dolencia que él mismo sufrió hace cinco años—, ha detallado la influencia que tuvo el arte en su recuperación. “Sufrí un ictus porque pesaba más de 100 kilos, además de tener hipertensión, colesterol y una vida sedentaria. Para recuperarme el museo me ofreció la oportunidad de prepararme un cuadro como si fuera un guía y explicárselo al público”.

Agredano recordaba perfectamente el río congelado del cuadro de Monet que le tocó relatar para los visitantes, algo que, según él, le permitió reintegrarse en la sociedad al poder volver a hablar en público sin dificultades. “Todo lo que genere emociones positivas en la rehabilitación es fundamental”, ha concluido el madrileño, mientras miraba con atención el cuadro Mujer en la bañera, de Lichtenstein, uno de los más populares del pop art y que también podrá estar en las habitaciones de los enfermos de la Comunidad muy pronto.

elpais.com
 




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Mensaje Re: MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA (Madrid) 
 
El Thyssen cierra 2016 con medio millón de euros de superávit

La posibilidad de que la colección de la baronesa saliera del museo no está contemplada en los presupuestos y objetivos previstos para 2017



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Una de las salas de la exposición 'Renacimiento en Venecia', en el Museo Thyssen de Madrid. / Jaime Villanueva

El balance económico del Museo Thyssen de Madrid cambia su tendencia negativa desde 2013. El director gerente, Evelio Acevedo, ha presentado esta mañana los resultados del ejercicio del pasado año. 2016 cerró con superávit de 504.000 euros, lo que representa un 119% más que en 2015, que acabó con un déficit de 2,7 millones. El ciclo parece que empieza a ascender desde 2013 cuyo ejercicio finalizó con un saldo negativo de 5,2 millones y 2014, con 4,5 de déficit.

Acevedo quiso destacar que el museo se autofinancia en un 78%. También hizo hincapié en que prefieren ceñirse a los objetivos planteados que en equiparaciones con otros años y que en esta comparación los resultados también son satisfactorios, ya que los gastos están un 4% por debajo del presupuesto previsto para 2016 y los ingresos, un 62% por encima de lo esperado.

De los 20 millones de euros de ingresos, la mayoría proceden de la recaudación de la taquilla del museo con 7 millones (lo que supone un 35% del total) —esta cantidad supera en 25 puntos los 5,6 millones recaudados el año anterior—, le sigue lo obtenido a través de la tienda y librería 3,3 millones (16,9%). Acevedo deja aparte la aportación del Estado en 2016 (seis millones de euros) porque no la considera “actividad del resultado del trabajo del museo”. Con respecto a 2015 el mayor aumento de ingresos fueron los obtenidos a través del alquiler de espacios, los 706.000 euros suponen un 54% más que los 457.000 del año anterior.

En el capítulo de gastos, la mayor partida se la llevan recursos humanos con un 32,4%, seguidos de los dedicados a seguridad y limpieza (16,5%). Y los que más han aumentado con respecto a 2015 son los destinados a las primas de seguros, un 121% más (417.000 en 2016 y 189.000 el año anterior).

Sin tener en cuenta la colección Carmen Thyssen

El gerente del museo, a pregunta de EL PAÍS, ha asegurado que en el presupuesto y objetivos de este 2017 no contemplaron la inestabilidad en la que se encuentra la colección de Carmen Thyssen que se expone en el museo, y aunque desde la semana pasada es seguro que las obras permanecerán en la pinacoteca hasta el 31 de diciembre, al menos, su futuro todavía se desconoce porque siguen las negociaciones entre la baronesa y el Ministerio de Cultura. Acevedo ha confirmado que no contemplan el escenario en que estas obras tuvieran que salir del museo, aun así, si eso ocurriera no afectaría “para nada” en lo previsto para este año: “Si hubiera algún impacto, no sería determinante”.

elpais.com
 




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Mensaje Re: MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA (Madrid) 
 
Picasso y Toulouse-Lautrec en los bajos fondos de París

El Museo Thyssen presenta la exposición estrella de su 25º aniversario, un novedoso diálogo entre dos genios de la modernidad



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'La serenata' (Mougins, 1965), de Picasso, una de las obras de la exposición del Museo Thyssen. / INMA FLORES

Cuando Pablo Picasso llegó a París en octubre de 1900, con apenas 19 años, Henri de Toulouse-Lautrec era un artista consagrado de 35 años, vencido por la enfermedad y al que le quedaba solo un año de vida. No se llegaron a conocer personalmente, pero ambos compartieron una misma radicalidad para romper con el arte que precedió a sus respectivas obras y un mismo gusto por temas surgidos en el lado más oscuro del París de aquellos tiempos: las noches de Montmartre, las prostitutas, los mendigos, las gentes del circo. Esas afinidades han sido objeto de estudio por varios especialistas, pero hasta ahora no habían sido plasmadas en una exposición como la que desde este martes, 17 de octubre, y hasta el 21 de enero de 2018 se puede visitar en el Museo Nacional Thyssen Bornemisza bajo el título de Picasso/Lautrec, la muestra estrella del 25º aniversario del museo.

Comisariada por Francisco Calvo Serraller, catedrático de Historia del Arte, y Paloma Alarcó, jefa de conservación del Thyssen, la exposición muestra 112 obras, de las que solo cinco proceden del museo. El resto han sido prestadas por coleccionistas públicos y privados de todo el mundo. Junto a los museos Picasso de París y Barcelona, uno de los principales colaboradores ha sido Bernard Ruiz-Picasso, nieto del artista, que no podía disimular su satisfacción durante el recorrido de las salas. De su colección personal proceden, entre otras piezas, un espectacular tapiz de Las señoritas de Avignon y un impactante retrato del amigo de Picasso Carles Casagemas muerto. Obra en la que se pueden ver las huellas en la sien del disparo con el que acabó con su vida con 20 años.

El concepto con el que han trabajado los comisarios a lo largo de tres años ha sido contar las afinidades, que no influencias, entre los dos grandes maestros de la modernidad. “Para Picasso, Toulouse-Lautrec es un alma gemela cuya obra conoce y deglute antes de trasladarse a París”, explica Alarcó. Al igual que otros grandes maestros presentes en toda la obra del artista español (El Greco, Velázquez, Ingres, Degas, Delacroix, Goya), Picasso sabe convertir en propio todo lo que le apasiona. “Capta para sí la forma de operar de los otros”, prosigue la experta, “y lo devuelve al mundo como algo propio y enriquecido".

Lo que primero le fascina a Picasso de Toulouse-Lautrec es su manera de romper con lo anterior, de dar la espalda a los academicismos y a las tendencias que reinaban entre sus colegas. Además, le seduce del francés su ironía, su interés por la caricatura y su pasión por los habitantes de la noche. “La huella inicial”, añade Alarcó, “era tan profunda que sus amigos Max Jacob, Guillaume Apollinaire y André Salmon bromeaban diciéndole: 'Encore trop Lautrec!' (¡Aún demasiado Lautrec!). Después supo muy bien volar solo”.

Calvo Serraller añade que esas afinidades no fueron una fascinación de juventud, sino que permanecieron vivas a lo largo de una ingente obra que se prolongó siete décadas. Entre sus objetos personales más queridos de su estudio en La Californie, siempre conservó un retrato de Toulouse-Lautrec, como puede verse en la famosa fotografía tomada por el fotógrafo Paul Sescau, incluida en la muestra.
 
La exposición está dividida en cinco ámbitos temáticos. En todos ellos, se confrontan las obras de los dos maestros ante un mismo asunto: Bohemios, Bajos fondos, Vagabundos, Ellas y Eros recóndito. El mundo de la bohemia, que tanto les sedujo a ambos, les permitió explorar la personalidad de sus modelos a través de las caricaturas. Autorretrato con chistera (1901), de Picasso, con trasfondo de prostitutas, recrea el ambiente nocturno de las obras de Toulouse-Lautrec frente a una serie de retratos de mujeres solitarias de los bares de Montmartre firmadas por el francés. Ambos se fijan en los marginados de la noche, aunque mientras Toulouse-Lautrec lo hace con la complicidad de quien se siente uno más entre ellos, Picasso se enfrenta al tema con los ojos de quien siente una curiosidad insaciable por el mundo de la marginación. En Moulin Rouge (1901), Picasso exagera el aspecto caricaturesco de los personajes y su visión satírica de lo que ocurría en los reservados de los cafés.

Los dos genios tienen diferentes percepciones a la hora de representar a las mujeres de los bares y tabernas. El artista francés pinta La pelirroja con blusa blanca (1889) con empatía, con una tristeza que le da un aura de nobleza. Sin embargo, Picasso se preocupa por el aspecto negativo de la vida de las prostitutas y refleja la profunda tristeza de las mujeres afectadas por la sífilis: Mujer con flequillo (1902).

¿Cómo hubiera sido su relación de haberse conocido en alguno de los cabarés que tanto les gustaban? “Se hubieran tomado unas absentas”, bromea Alarcó, “y se habrían entendido hablando de pintura”.


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Litografía 'Aristide Bruant dans son cabaret' (1893), de Toulouse-Lautrec. INMA FLORES


'La mallorquina'

Pablo Picasso pintó La mallorquina en 1905. Prestada por el Museo Pushkin de Moscú, es un gouache sobre cartón de 67 por 51 centímetros y una de las obras más bellas de la exposición. Pero lo importante para Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen, es que la técnica utilizada en obras como esta se encuentra en la intersección que hay entre el dibujo y la pintura, algo que está presente en todas las salas y que supone un planteamiento revolucionario. “En un momento en el que se considera que un cuadro está terminado cuando ocupa hasta el espacio de los marcos, obras como esta parecen inacabadas, parecen ser bocetos. Pero nada más lejos de la realidad”, argumenta Solana, “porque no son tentativas fallidas ni obras abandonadas". "Son pinturas que se han apropiado de las ventajas del dibujo. La mallorquina es, sin duda, una obra maestra”.


elpais.com / Ángeles García
 




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Mensaje Re: MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA (Madrid) 
 
Las visitas al Prado caen un 6,9 % en 2017

Las visitas al Prado caen un 6,9 % en 2017

El Museo Reina Sofía consigue alcanzar los 3.880.812 visitantes, lo que supone un incremento de un 3,6%



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Colas de acceso a la exposición 'El Camino a Guernica de Picasso', en el Museo Reina Sofía en Madrid. / Carlos Rosillo


Museo del Prado


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Tesoros de la Hispanic Society: 4.000 años de arte e historia, fue la Exposición temporal más visitada del Museo del Prado en 2017.

El Museo del Prado registró en 2017 un total de 2.824.404 visitas frente a las 3.033.754 del año anterior, lo que supone una caída del 6,9%. Aún así, supone el segundo mejor dato de su historia, según ha informado este martes el museo en un comunicado.

Las exposiciones temporales más visitadas en 2017 han sido Tesoros de la Hispanic Society of America, que alcanzó los 485.178 visitantes y Fortuny (1838-1874), que desde su apertura, el 21 de noviembre, ha recibido 120.681 visitantes. Datos que se alejan bastante de los conseguidos el año anterior con la muestra conmemorativa de El Bosco, la exposición más visitada de su historia, con 600.000 visitantes.


Museo Reina Sofía


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El Museo Reina Sofía recibió 3.880.812 visitantes durante 2017 en sus distintos espacios para contemplar la colección permanente, las 17 exposiciones temporales programadas y para asistir a los ciclos audiovisuales, conferencias, seminarios, visitas guiadas, talleres y actuaciones en directo. Esta cifra supone un incremento de un 3,6% con respecto a 2016, que a su vez había aumentado un 12,2% con respecto al año anterior.

La muestra Piedad y Terror en Picasso. El camino a Guernica, organizada dentro de la conmemoración del 80º aniversario de la creación de la obra y 25 de su llegada al Museo Reina Sofía, fue la más vista por el público al alcanzar 681.127 visitantes. Otros reclamos han sido las exposiciones de Bruce Conner, uno de los artistas norteamericanos más importantes de la posguerra; la del sudafricano William Kentridge, premio Princesa de Asturias de las Artes 2017; así como la primera retrospectiva en España sobre la también norteamericana Lee Lozano y la muestra dedicada al creador de cómics George Herriman.

En cuanto a las salas expositivas del Parque del Retiro, el Palacio de Cristal recibió 1.729.272 visitantes que acudieron a ver los proyectos de la artista italiana Rosa Barba y la colombiana Doris Salcedo. El Palacio de Velázquez atrajo a 491.554 personas a exposiciones como la del alemán Franz Erhard Walther y la española Esther Ferrer, premio Velázquez de las Artes Plásticas en 2014.


Museo Thyssen


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Exposición Lautrec-Picasso, en el museo Thyssen de Madrid.

El Museo Thyssen-Bornemisza recibió en 2017 850.496 visitantes, un 20,1% menos que el año anterior, siendo la exposición dedicada a Picasso y Lautrec, que estará abierta hasta el 21 de enero, la que mayor aceptación ha tenido, al ser vista por 119.670 personas.

Desde la implantación en febrero de 2016 de la entrada única, que permite visitar tanto la colección permanente como las exposiciones temporales con una sola entrada, el museo contabiliza tanto el número de tickets vendidos (850.496) como el de visitas a las muestras, que ascendió a 1.051.741, ya que aprovecharon para contemplar varias exposiciones.

Hasta el 28 de enero se podrá contemplar la muestra Lección de Arte, que en 2017 fue visitada por 8.428 personas, mientras que 87.183 acudieron a contemplar las Obras maestras de Budapest y 72.887 El Renacimiento en Venecia, ha informado hoy el museo en un comunicado.

Sonia Delaunay. Arte, diseño y moda fue vista por 41.281 personas; la obra de Rafael Moneo, por 17.962; la de Renoir, por 42.264; y la exposición de Bulgari y Roma, por 52.575.


Museos estatales

Los 16 museos de titularidad estatal dependientes del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte registraron en 2017 2.963.263 de visitas, un 5,4% más que en 2016. Es la cifra más alta desde que se tiene registro.


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El Museo Nacional de Artes Decorativas y el Museo Sorolla son los que han alcanzado sus cifras de visitantes más altas hasta ahora. La exposición Manolo Blahnik. El arte del zapato, del Nacional de Artes Decorativas, abierta hasta el 8 de marzo, ha conseguido duplicar el número de visitantes (104% más que en 2016) y alcanzar los 71.474.


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Museo Sorolla de Madrid.

El Sorolla supera también sus cifras con 255.047 visitantes, un 18% más que en 2016.


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En el Museo Arqueológico Nacionall, el número de visitantes ha crecido en más de un 7%, hasta llegar a las 543.027 visitas. Mientras que el de Antropología experimenta la subida más importante, con un 11% (más de 81.790 visitas), alcanzando así su récord.

El resto de museos también han registrado cifras históricas como el Museo Nacional de Arte Romano en Mérida que ha incrementado un 5,8% o el Museo Cerralbo con 136.098 visitas y casi un 4,4% de crecimiento.


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Museo Cerralbo de Madrid.



Visitantes a los Palacios y Monasterios Reales

Los Palacios y Monasterios Reales gestionados por Patrimonio Nacional han registrado 3.470.002 visitantes. Estos resultados suponen un incremento total de 104.898 visitantes, cifra que representa un 3,18% más con respecto al año 2016.


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El Palacio Real de Madrid ha sido, de nuevo, el lugar más solicitado con 1.517.887 personas, cifra que supone un incremento de un 2,88%. Solo en el mes de diciembre, 90.188 personas han contemplado ya el Belén del Príncipe de Palacio que continuará abierto hasta el domingo 14 de enero. Mientras que las estancias de la Real Cocina de Palacio, con un itinerario independiente al habitual, ha conseguido 9.774 personas.


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Mensaje Re: MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA (Madrid) 
 
Sorolla en el taller de costura

El Thyssen y el museo del pintor confrontan más de 70 obras del artista con trajes que muestran la nueva moda para la mujer que se emancipaba en el cambio de siglo



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Una visitante fotografía uno de los vestidos de la muestra 'Sorolla y la moda' que se expone junto con el lienzo del pintor 'Elena en la playa' (1909) en el Museo Thyssen de Madrid. / INMA FLORES

No hubo un día en que al salir a la calle de repente las mujeres vistieran pantalón sin complejos. Hizo falta una larga transición para ir aflojando los corsés y despojándose de miriñaques; larga y no exenta de tortura social. El solo gesto de partir la falda para poder montar en bicicleta impidió la entrada a más de una en algún club de gente decente. Pero ese camino ya se transitó. A caballo entre los siglos XIX y XX, la modernidad llegó con la moda: las faldas se acortaron, los vestidos eran holgados y sin ataduras, los talleres diseñaban ropa para una nueva mujer, más dinámica y desenvuelta, aventurera y activista que lo mismo reivindicaba el sufragio femenino que prescindía del sombrero en un ademán de libertad conquistada. Sí, la nueva moda y la emancipación femenina hicieron un buen matrimonio.

¿Y qué pinta Sorolla en todo esto? Mucho. Observador privilegiado de aquellos cambios que operaban en las grandes ciudades del mundo, París, Londres, Nueva York, el pintor trasladó a sus lienzos con la maestría de un buen sastre el brillo del terciopelo, las transparencias del tul, la suavidad del fieltro y el frescor veraniego de sargas y algodones. En sus retratos a las damas de la alta sociedad (esas clases por las que empiezan todas las revoluciones), el artista (Valencia, 1863 - Cercedilla, Madrid, 1923) no ahorró en gasas, pasamanerías, lentejuelas, sombreros de paja y plumas, sombrillas y zapatos de hebillas diamantinas.

Sorolla y la moda, así se titula la exposición que reúne en el Thyssen más de setenta lienzos procedentes de museos y colecciones de medio mundo —algunos apenas han sido expuestos en público— con los vestidos de época que se conservan en prestigiosas galerías e instituciones, como el Victoria & Albert de Londres, el Museu Tèxtil de Terrassa o el Museo de Artes Decorativas de París. Desde mañana y hasta el 27 de mayo, estas joyas de la moda y valiosos complementos acompañarán a los retratos de gran formato donde el valenciano dio rienda suelta a su gran pasión: la moda. Aunque el Thyssen expone la gran parte del material, la visita no estará completa sin acercarse al Museo Sorolla, situado en la que fuera la casa madrileña del pintor, donde algunos de estos maniquíes buscan su espejo en óleos que no se descuelgan nunca de esas paredes. Los amantes de Sorolla podrán disfrutar en esta sede de un cuadro rara vez expuesto, Amalia Romea, señora de la Iglesia, una sutileza de gasas y carnaciones que incitan a tocar.

“La modernidad estaba llegando a Europa, las mujeres ya no necesitaban una sirvienta para embutirse en aquellos vestidos imposibles, se arreglaban y salían solas de compras y Sorolla se hace eco de todo aquello, pinta una mujer empoderada y moderna”, dice el comisario de esta exposición, Eloy Martínez de la Pera, que califica al pintor como el primer personal shopper. En sus viajes, Sorolla se emociona con los cambios en el vestir que observa, y envía cartas a su mujer, Clotilde García del Castillo, a la que adora, con bocetos de los sombreros que ha visto, los vestidos, los nuevos cuellos y complementos. A su vuelta a casa llegarán los regalos para ella y para sus hijas, María y Elena, que vestirán la última moda de París, de la londinense Oxford Street y de los talleres neoyorquinos —cabe pensar que al hijo, Joaquín, también le traería algún presente—.
 
Todas posaron para él, Clotilde hasta la extenuación y siempre con una mirada serena de gran dama en sus jardines: Clotilde con traje gris, Clotilde con vestido negro, Clotilde con traje de noche.

También se han seleccionado para esta muestra los retratos que hizo a las grandes damas estadounidenses, burguesas de Nueva York cuyas fortunas crecían al mismo ritmo que se elevaban los edificios; la realeza española, alfonsos y maría cristinas, también pasaron por sus pinceles.

No por conocidos, los trazos de Sorolla dejarán de fascinar al visitante, pero será difícil escapar de la atracción que provocan los modelos elegidos para acompañar a cada cuadro. Es la moda convertida en arte. “Cientos de personas han trabajado durante año y medio para restaurar, con precisión de cirujano, lentejuelas y encajes”, explica la comisaria técnica, Paula Luengo. Hubo que buscar aquellos modelos que más se parecían al retratado por Sorolla, y lo han conseguido, otorgando así veracidad al momento de fulgurante diseño que se experimentaba en la época. Los vestidos tienen prácticamente la misma fecha que los cuadros y parecen salidos de ellos. Sorolla estaba retratando el cambio de vida con el realismo de un fotógrafo.


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Una de las cartas de Sorolla con varios modelos de sombreros dibujados. / INMA FLORES


Las marcas

Para los adinerados, y Sorolla lo era, aquellos años de Belle Époque eran felices. El arte y la moda se abrazaban y los diseñadores reivindicaron su parte. Charles F. Worth es artífice de esa transición hacia la creatividad personal: quiere que sus creaciones tengan nombre propio y estampa su firma, por ejemplo, en ese vestido rosa de seda, algodón, metal y raso que se expone en el Thyssen, perteneciente ahora a la colección Francisco Zambrana, de Málaga. Empezaban las marcas.
Pero la joya de la corona es el vestido Delphos, diseñado hacia 1920 por Mariano Fortuny y Madrazo, inspirado en las túnicas griegas, que caía sobre el cuerpo de la mujer sin ataduras. Con él, y sin ropa interior, bailó Isadora Duncan, que puso cimientos a la danza moderna, y lo lucía Peggy Guggenheim, la gran coleccionista y mecenas estadounidense. Sorolla se lo regaló a su hija en color amarillo y la retrató así. La nueva mujer estaba naciendo y el cambio de piel dejó un rastro de polisones y miriñaques que tanto tiempo le impidieron cabalgar la modernidad.


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Mensaje Re: MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA (Madrid) 
 
Los cuadros del Thyssen ganan luz

La pinacoteca cambia la iluminación para mejorar la conservación de las obras y su disfrute y reducir el consumo energético



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Una de las salas del Thyssen madrileño con la nueva iluminación. / MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA - Europa Press

Está claro que un museo sin obras pierde su sentido, pero ¿y sin luz? Sin iluminación tampoco lo tendría. Pero la importancia de este elemento no radica solo en que haya o no. Tiene un papel fundamental, tanto en la conservación de las piezas como en el disfrute de las mismas. Cuántas veces los reflejos juegan malas pasadas e impiden observar una pintura y el control de los luxes (unidad de iluminancia) es fundamental sobre todo en materiales frágiles como el papel o el tejido, pero también en la pintura.

En este sentido, el Museo Thyssen-Bornemisza, cuya tecnología ya estaba obsoleta, ha iniciado un proyecto de cambio de la iluminación de las aproximadamente 80 salas de su colección permanente y de las de exposiciones temporales, un proceso que terminará antes del comienzo del verano. Los trabajos —que ya han empezado, ya hay una decena de espacios renovados— no afectarán al público, se realizarán cuando el museo esté cerrado.

La pinacoteca cuenta con la colaboración de la Fundación Bancaria La Caixa y de Sylvania, un proveedor líder en el sector que ha trabajado, entre otros, con la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, para esta renovación con la que a través de las posibilidades que ofrecen los led se lograrán mayores niveles de eficiencia energética, se mejorará la conservación de las obras expuestas y se favorecerá su apreciación en unas condiciones más próximas a la luz del sol, “pero sin los inconvenientes que esta supone”, especificó ayer el director artístico del museo, Guillermo Solana. Se realzarán los colores y matices, con una alta fidelidad cromática que potencia zonas oscuras y logra colores más luminosos e intensos, especialmente los rojos. Además, se pueden apreciar mejor pequeños detalles y se reducirán los deslumbramientos provocados por reflejos. “La luz, además de ser el medio con el que se trabaja, es el corazón del museo”, comentó Solana.

También afectará al consumo, si se compara la potencia necesaria para los 2.136 halógenos que hay ahora con la de los nuevos 1.700 focos. Según los datos de 2017, el ahorro estimado será de un 60%.


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Mensaje Re: MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA (Madrid) 
 
Exposición temporal - Del 13 de febrero al 27 de mayo de 2018


Sorolla y la moda



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El Museo Thyssen-Bornemisza organiza, en colaboración con el Museo Sorolla, una exposición que analiza la influencia de la moda en la obra de Joaquín Sorolla que puede verse simultáneamente en ambas sedes.

Comisariada por Eloy Martínez de la Pera, la muestra reúne en torno a setenta pinturas, procedentes de museos y colecciones privadas nacionales e internacionales y algunas de ellas nunca expuestas públicamente, junto a una selección de complementos y vestidos de la época.

Gran amante de la moda, Sorolla es el cronista perfecto de los cambios en las tendencias y estilo de la indumentaria a finales del siglo XIX y principios del XX. Sus obras reúnen un evocador catálogo de vestidos, joyas y complementos, realzados por su trazo suelto y vigoroso. La exposición presta especial atención a los magníficos retratos femeninos que el pintor realizó entre los años 1890 y 1920.

museothyssen.org
 




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Mensaje Re: MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA (Madrid) 
 
El Prado, el Reina Sofía y el Thyssen, gratis para los titulares del Abono Joven



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Museo Thyssen.

El nuevo presidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido, ha anunciado este miércoles que los titulares del Abono Transporte Joven, más de 1,2 millones de menores de 26 años en la región, podrán entrar gratis a partir de este mismo jueves a los museos del Prado, Reina Sofía y Thyssen-Bornemisza.

Los titulares del Abono Transporte Joven, más de 1,2 millones de menores de 26 años, podrán entrar gratis desde el jueves a los museos del Prado, Reina Sofía y Thyssen-Bornemisza, a través, además, de una taquilla exprés.

El presidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido, ha anunciado esta ventaja para los jóvenes en el marco de la presentación conjunta, por parte de los tres museos y la Administración, de la transformación de la estación de Metro de Atocha en la 'Estación del Arte'.

Según ha explicado Garrido, los jóvenes sólo tendrán que presentar el DNI y el Abono Joven en estos tres museos y podrán acceder gratuitamente. Estos tres museos constituyen "uno de los ejes culturales más importantes del mundo", con más de 7,5 millones de visitantes anuales, han recordado desde el Gobierno regional.

El Abono Joven 30 días tiene una tarifa única de 20 euros para todas las zonas tarifarias (pudiendo viajar de la zona A a la E2) y una validez hasta la fecha en que se cumplen 26 años.


madridiario.es




     

Una iniciativa excelente.
 




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Mensaje Re: MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA (Madrid) 
 
El Thyssen recurre al micromecenazgo para restaurar una obra maestra

‘La plaza de San Marcos en Venecia’, de Canaletto, precisa de 35.000 euros para su lavado de cara



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'La plaza de San Marcos en Venecia', de Canaletto (1723-24). MUSEO NACIONAL THYSSEN BORNEMISZA

El Museo Thyssen ha decidido recurrir al micromecenazgo para restaurar una de las obras maestras de su colección, La plaza de San Marcos en Venecia, de Canaletto. En una acción inédita en los museos españoles, la pinacoteca solicita 35.000 euros para contribuir al lavado de cara de este cuadro. Por ello, en su web ha dividido el óleo en 1.000 secciones, cada una por un valor de 35 euros, que es la cantidad mínima que cada donante puede aportar, para que quien lo desee ayude al estudio técnico y limpieza del cuadro escogiendo una cuadrícula. Pasadas las nueve de la mañana de este jueves, dos días después de la puesta en marcha de esta iniciativa, la cantidad recibida por el museo se acercaba ya a los 6.000 euros. Axel, Marta, Álvaro, Marjorie… el Thyssen ha colgado el listado de los nombres de los contribuyentes como muestra de agradecimiento.

"Nos hemos sumado a algo que ya funciona en otros países, donde la gente está más acostumbrada a hacerlo, como en Francia, donde ha ocurrido con el Louvre, o el Museo de Ámsterdam", ha explicado por teléfono la responsable de Patrocinios del museo Thyssen, Pepa Octavio. En España, el Museo del Prado o el Sorolla organizaron micromecenazgos pero para la compra de obras.

Octavio apunta que la restauración de una obra como este canaletto, que incluye un estudio de los pigmentos que usó el artista, para así poder profundizar en su técnica, "cuesta bastante más" que la cantidad pedida. "Si tenemos éxito, seguramente repetiremos. Se trata de hacer a la sociedad más partícipe del arte, de la toma de decisiones, como ocurre en otros ámbitos".

La plaza de San Marcos de Venecia es un óleo de 141,5 por 204,5 centímetros que Giovanni Antonio Canal, Canaletto (Venecia, 1697-1768), pintó hacia 1723-24. Es por lo tanto una pieza de juventud de este principal representante del género "de vistas urbanas o vedute", según el museo, y en la que aparecen señas de su reconocible estilo. Canaletto pintó la plaza más famosa de la bella ciudad italiana desde un punto de vista alto, con el fin de dar un encuadre más amplio a la composición. "La línea horizontal que forman al fondo las fachadas de San Marcos y el Palacio Ducal contrasta enormemente con la verticalidad del campanile y las Procuradurías, que situadas a ambos lados dan profundidad a la perspectiva", describe el Thyssen.

La pintura de Canaletto, como se ve en esta obra, se caracteriza "por la minuciosidad en la ejecución de todos los elementos que aparecen en sus cuadros, de esta manera crea el ambiente de sus escenas urbanas". Estas vistas de grandes perspectivas de ciudades captadas con detalle fueron piezas cotizadas por nobles viajeros y amantes del arte que visitaban países como Italia o Francia.

La pinacoteca recuerda en su información el porcentaje que se puede desgravar en la declaración de Hacienda del próximo año por esta donación: "Por los primeros 150 euros, el 75% del donativo, y el resto, al 30%". Además, premiará a los participantes del crowdfunding en función del donativo: desde invitaciones al museo, pases anuales, una visita al Departamento de Restauración o una visita guiada por el director artístico, Guillermo Solana, en el área de obras de pintura italiana del siglo XVIII.

elpais.com
 




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Mensaje Re: MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA (Madrid) 
 
Del 26 de junio al 30 de septiembre


Exposición «Monet-Boudin» en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza



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Claude Monet, «El deshielo en Vétheuil» (detalle), 1880, © Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid

«Monet/Boudin» es la primera exposición monográfica dedicada a la relación entre el gran pintor impresionista Claude Monet y su maestro Eugène Boudin, uno de los principales representantes de la pintura francesa al aire libre de mediados del siglo XIX. La presentación conjunta de su obra arrojará luz sobre los años de aprendizaje de Monet y ofrecerá otra perspectiva sobre las carreras de ambos artistas y los orígenes del movimiento impresionista.


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Eugène Boudin, «Figuras en la playa en Trouville» (detalle), 1869, Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

La exposición reúne en torno a un centenar de obras de los dos pintores y muestra cómo Boudin, hacia el final de su carrera, pasó de ser mentor y maestro a convertirse en un gran admirador de la audacia de su discípulo, que en ocasiones hizo suya. Entre sus intereses artísticos comunes, la muestra enfatiza su mutua fascinación por la iconografía de la vida moderna, plasmada en escenas de veraneantes en la playa de Trouville, por los efectos cambiantes de la luz, que protagonizaron la mayor parte de los pasteles y óleos de ambos pintores, y, finalmente, por la naturaleza semisalvaje de los acantilados de las costas de Bretaña y Normandía.


musement.com
 




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Mensaje Re: MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA (Madrid) 
 
Trío de pintores al aire libre

La exposición 'Monet/Boudin', que se exhibe en el Thyssen, nos proporciona algo más que el emparejamiento de ambos artistas



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'La playa en Trouville' (1870), de Claude Monet. THE NATIONAL GALLERY

La exposición Monet/Boudin,que ahora se exhibe en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid, nos proporciona algo más que lo que sucintamente enuncia su título con el emparejamiento de Eugène Boudin (1824-1898) y de Claude Monet (1840-1926), el iniciador y el iniciado en la pintura “al aire libre”, cuyos respectivos papeles magistrales se revirtieron con el paso del tiempo, un poco como así lo ordena la ley de la vida.

Sin dejar de tener pleno sentido didáctico, esta volátil coyunda entre este par de geniales paisajistas de distinta generación, el uno representante del llamado preimpresionismo, y el otro, quien llevó al impresionismo a su cota más elevada, hay en su relación ese exceso característico del arte que no acaba de cuadrar en los manuales, porque de suyo es misterioso. El por qué Boudin, concentrando toda su atención en las nubes, representaba el horizonte como una mudable vaporosidad de inasibles acentos delicados, mientras que Monet, más dramáticamente operístico, dominaba el suyo mediante rompientes de luz que transformaban por completo el mismo motivo al simple paso de las horas.

De origen social, formación, edad, mentalidad y carácter muy dispares, sin la atención que le prestó Boudin, quizás el adolescente Monet no se hubiera dedicado a la pintura y, de haberlo hecho, es casi seguro que no se hubiese dedicado al género del paisaje, pues sus precoces dotes como caricaturista le habrían predispuesto mejor al retrato o su vis melodramática pudiera haberle convertido en un seguidor de Courbet. Pero, ahondando más en el menesteroso azar, sin la incorporación al dúo anterior del pintor J. B. Jongkind (1819-1891), un estrafalario y alcoholizado maestro holandés que hizo carrera en Francia, ninguno de los tres habría alcanzado la alta cota de respectiva calidad que los convirtió en los imprescindibles eslabones del paisaje moderno.

Es mediante este trenzado de extrañas confluencias como teje su misterioso rumbo el arte, tirando de inesperados hilos hasta hacer palmariamente visible lo oculto. En este caso, una perspectiva nueva para observar la naturaleza, que no se nos ofrece de una manera compacta y homogénea, sino infinitamente variada. Los tres comprendieron el latido palpitante de la luz, pero cada uno de ellos aportó al conjunto algo singular: Johan Barthold Jongkind, la arquitectura elástica de la composición; Boudin, la densidad vaporosa de su celaje; Monet, la milagrosa transformación de un mismo motivo con el simple paso temporal de nuestro planeta en relación con el sol. De manera que el problema de la representación de un paisaje ya no era la fijación topográfica de su perfil, sino la constante renovación de su apariencia.

Porque, en definitiva, en la naturaleza nada vive y muere, sino que todo continuamente se transforma. Esto se puede explicar de muchas maneras, pero solo el arte nos lo hace físicamente viable.


Francisco Calvo Serraller / elpais.com
 




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Mensaje Re: MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA (Madrid) 
 
Max Beckmann, el gran cronista de la Alemania del XX

El Museo Thyssen reúne 52 pinturas del pintor, prestadas por colecciones de todo el mundo



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Un visitante contempla este miércoles la obra 'Quappi con suéter rosa', en el Museo Thyssen. CARLOS ROSILLO

Autor de una obra vitalista, radical, sensual, erótica, violenta y cruel, Max Beckmann (Leipzig, 1884-Nueva York, 1950) utilizó las metáforas para narrar la trágica historia del siglo XX. Dos guerras mundiales y un exilio que le llevaría a deambular por Europa y Estados Unidos para nunca más volver a su tierra. Considerado como el artista más representativo de la cultura alemana es, sin embargo, un creador casi ausente en las colecciones españolas (el Thyssen tiene tres obras más otra de Carmen Cervera). El Museo Thyssen-Bornemisza ha inaugurado Beckmann. Figuras del exilio, primera que se le dedica en España desde hace dos décadas y en la que se reúnen 52 obras de coleccionistas de todo el mundo, principalmente de Alemania y EE UU. Se podrá ver en Madrid hasta el 27 de enero y, a partir del 21 de febrero, en el CaixaForum de Barcelona.

Tomás Llorens, exdirector del Thyssen, es el comisario de esta muestra a la que ha dedicado los cinco últimos años. Por Beckmann se adentró en los estudios del arte y este es el proyecto más satisfactorio de su larga carrera. La ha ideado en colaboración con Guillermo Solana, director artístico del Thyssen.

Venerado en Alemania, Beckmann no es muy conocido en el resto de Europa. Llorens ha explicado durante un recorrido por la muestra que se salda por fin una deuda con uno de los artistas más fascinantes del siglo XX. Según el experto, Beckmann intentó hacer un arte puramente alemán, quería contar la vida. “Es un gran pintor que se vale de las metáforas para narrar lo malo que le tocó vivir en el XX”. Individualista feroz y enemigo de toda etiqueta, la actitud de Beckmann frente al arte podría compararse a las de Van Gogh, Cézanne y Picasso: hizo en todo momento lo que quiso al margen de las tendencias.

Llorens describe al artista como un hombre afable, atractivo, bebedor y mujeriego que se casó en dos veces. La primera con la soprano Minna Tube, con quien tuvo a su único hijo, y después con la artista Mathilde von Kaulbach, Quappi, modelo de decenas de sus obras, como Quappi con suéter rosa (1932-1934), propiedad del Thyssen.

La exposición está dividida en dos partes. La primera, muy autobiográfica, se centra en Alemania, desde las vísperas de la Primera Guerra Mundial hasta el ascenso del nazismo en 1933. Periodo en el que consigue un gran reconocimiento y que termina con su expulsión de la Escuela de Fráncfort y la llegada de Hitler.

El mismo día en el que se inauguró la muestra de arte degenerado, Beckmann se trasladó a Ámsterdam. De este periodo son los trípticos (se exponen tres de los nueve que se conservan), un formato adoptado de los maestros antiguos alemanes. El hilo conductor del resto es el exilio. Sobre grupos de personajes caricaturizados y de fuerte colorido, la máscara se convierte en la gran protagonista. Tumultos de identidades confundidas abarrotan sus cuadros. Es la metrópolis moderna donde las identidades desaparecen. Finalmente, el mar es el motivo para hablar de la lejanía y del exilio, de lo inconmensurable y lo desconocido. En este apartado destaca su tríptico Los argonautas, que terminó el 27 de diciembre de 1950. Ese mismo día murió de un ataque al corazón en Nueva York.

Mayen Beckmann, nieta del artista y una de las gestoras de su legado, precisó tras recorrer la muestra que su abuelo “era, ante todo, europeo”. “Hay mucha tragedia en su obra, pero también rebosa sensualidad, humor y vida. No todo era tristeza”, afirmó.


Ángeles García
ELPAIS.COM
 




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Mensaje Re: MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA (Madrid) 
 
Max Beckmann, el exorcista

El expresionismo de este artista cobra actualidad en los cuerpos mutilados de cada telediario



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'Los argonautas', la obra que Max Beckmann terminó el mismo día de su muerte de un ataque al corazón, el 27 de diciembre de 1950, en el Thyssen. CARLOS ROSILLO

A principios del siglo XX, en los balnearios de Europa los burgueses alegres y confiados tomaban las aguas propicias y bailaban al son de orquestas de violines y trombones, sin saber que fuera de su preservada felicidad el mundo estaba a punto de saltar en pedazos. Algunos artistas fueron los primeros en presagiar esta tragedia. Pablo Picasso había sentenciado: “Cuando una figura no cabe en el cuadro se le cortan las piernas y se colocan a uno y otro lado de la cabeza”. El 28 de junio de 1914, en Baden Baden sonaba un vals bajo los perfumados tilos del parque y en medio de una perfecta armonía, de repente, la orquesta dejó de tocar. Algunos oyentes rodearon a un guardia que en ese momento estaba fijando en un tablón visible un cartel con la noticia de que el archiduque Francisco Fernando, heredero del trono del imperio austrohúngaro, y su mujer habían sido asesinados en Sarajevo.

Nadie dio demasiada importancia a ese hecho, de modo que el vals comenzó a sonar de nuevo desde el mismo compás en que se había interrumpido y aquellos felices burgueses siguieron ejerciendo su exquisita cortesía en los blancos sillones. Nadie supo explicar cómo sobrevino la guerra, pero de pronto aquel espejo de felicidad evanescente se llenó de sangre. La mayoría de pintores expresionistas alemanes, entre otros, George Grosz, Otto Dix, Erich Heckel, Ludwig Kichner y Max Beckmann ya habían presagiado en su obra este descuartizamiento de las figuras de carne y hueso que se avecinaba.

El pintor y escultor alemán Max Beckmann era reacio a que le encasillaran como expresionista. Rechazaba cualquier etiqueta. De hecho, después de la Primera Guerra Mundial, durante la República de Weimar, fue académico de las Artes, gozaba de reconocimiento y prestigio, exponía con éxito en las mejores galerías, impartía clases en centros oficiales y era agasajado por la crítica y por los representantes de la cultura establecida. Pero pasó el tiempo y, en abril de 1936, Beckmann se encontraba en Baden Baden, donde se celebraba también una fiesta y los acordes del vals sonaban bajo los mismos tilos en flor de 1914. Desde allí escribió a su segunda mujer, Matilde von Kaulbach, más conocida por Quappi, una carta llena de amarga ironía en la que describía el tenso ambiente que se respiraba entre los huéspedes del balneario: “Hoy vuelve a ser un radiante día de primavera en honor del Führer, con muchas esvásticas ondeando. Qué fantástico poder vivir este momento”. En poco tiempo, Beckmann pasó de recibir toda la veneración a ser acusado de bolchevique cultural por el Gobierno.

En 1937, comenzó el ataque sistemático del ministro de Propaganda del Tercer Reich, Joseph Goebbels, contra el arte moderno. Muchos cuadros de Beckmann fueron descolgados de los museos alemanes y sirvieron de tope en las puertas de los despachos de los burócratas del nacionalsocialismo, mientras se preparaba la gran exposición del arte degenerado en Múnich, donde los cuadros de los expresionistas se presentaron mal colgados, torcidos y arrumbados, de forma que el público pudiera someterlos a burla y desprecio. A partir de ese momento, Beckmann decidió abandonar Alemania y expresó ese propósito a algunos amigos exiliados. Hedda, una de las hermanas de Quappi, residente en Ámsterdam, a la sazón de paso por Baviera, simuló un viaje familiar y se los llevó a Holanda. El pintor ya no volvería más a su país. Murió en Nueva York en 1950.

La exposición Beckmann. Figuras del exilio, en el Museo Thyssen-Bornemisza, comisariada por Tomás Llorens, recoge 50 óleos, dos esculturas y una carpeta con 11 serigrafías, realizados por el pintor durante ambos exilios, el interior y el exterior. A la inauguración oficial asistió ayer el presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, de visita oficial en Madrid, lo que significa que Beckmann, en su día denostado por los nazis, recobró enseguida con creces la bendición oficial y ha sido exaltado por precios exorbitantes en las subastas, sin perder el efecto corrosivo que tiene de alegoría frente a la danza macabra del mundo de hoy.

La ciudad convierte al ser humano en un ente anónimo sin identidad. De hecho, cada ciudadano camina por la calle con el rostro convertido en un espectro. En esta nueva Babilonia electrónica se agitan los mismos payasos de entonces, las escenas de cabaret político se suceden hoy en los Parlamentos y el circo mediático acrecienta un interminable baile de máscaras.

En la etapa anterior a la Gran Guerra, Beckmann expresó su mundo con figuras redondeadas y con una serie de autorretratos. Luego, bajo el espejo evanescente de los felices años veinte, los burgueses decidieron olvidar la pasada carnicería y volvieron a bailar el vals y, mientras esta alegre fiesta sucedía, las criaturas de Beckmann comenzaron a adquirir una contorsión corporal casi diabólica, que no era sino la premonición de otra inminente tragedia que llegaba con la ascensión de Hitler al poder. Poco después, las imágenes de los campos de concentración convirtieron a Beckmann en un exorcista. El carnaval de violencia continúa, de forma que hoy el expresionismo de Max Beckmann se hace actualidad en cada telediario con la sucesión grotesca de cuerpos mutilados.

Manuel Vicent / elpais.com
 




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Mensaje Re: MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA (Madrid) 
 
Exposición Museo Nacional Thyssen-Bornemisza


Max Beckmann. Figuras del exilio

Del 25 de octubre de 2018 al 27 de enero de 2019



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Autorretrato con la mano levantada, uno de los más precoces, que pintó durante el verano de 1908 en Hermsdorf, el barrio del norte de Berlín donde estaba situado su estudio, nos muestra una potente imagen del artista a la edad de veinticuatro años. Su carácter inacabado, con algunas partes del lienzo a la vista, acentúa la factura suelta y empastada que lo pone en relación con los pintores alemanes de la órbita impresionista, como Max Liebermann, Lovis Corinth o Max Slevogt.


Max Beckmann (Leipzig, 1884-Nueva York, 1950) fue uno de los artistas alemanes más destacados del siglo XX. De espíritu independiente y solitario, desarrolló un estilo expresionista con un lenguaje completamente personal, alejado de cualquiera de las tendencias de sus contemporáneos.

Tras haber estudiado, de 1900 a 1903, en la Kunstschule de Weimar, una academia defensora de la pintura al aire libre, estuvo en París durante un año, protegido por el historiador alemán Julius Meier Graefe. En la capital francesa conoció la obra de los impresionistas, y descubrió a Cézanne y a Van Gogh. Desde 1904 hasta la Primera Guerra Mundial vivió en Berlín, donde se casó con su primera esposa, Minna Tube, se vinculó a la Berliner Sezession y realizó numerosas exposiciones. Se alistó voluntario en la Primera Guerra Mundial, pero tuvo que abandonar el campo de batalla por una crisis nerviosa. La guerra agudizó su escepticismo y desilusión, y su estilo pictórico se hizo más dramático. En 1917 se instaló en Frankfurt, donde años después ejerció como profesor del Städelsches Kunstinstitut. Durante los años veinte pintó numerosos retratos y autorretratos, temas figurativos, paisajes y bodegones.

En 1925 expuso en el Kunstverein de Frankfurt, en la prestigiosa galería de Paul Cassirer de Berlín y fue incluido en la muestra dedicada a la Neue Sachlichkeit (nueva objetividad) en Mannheim. Ese mismo año se casó con Mathilde von Kaulbach, llamada familiarmente Quappi, que sería a partir de entonces la protagonista de sus obras. En 1928 Gustav F.Hartlaub organizó una importante retrospectiva de su obra en la Kunsthalle Mannheim, al tiempo que su fama iba en aumento. Desde 1930 abrió un estudio en París, donde pasó largas temporadas, aunque nunca mantuvo una relación especial con el mundo artístico parisiense. Con la llegada del nazismo su vida dio un brusco giro y su ascendente fama artística se vio truncada. En 1937, al día siguiente de la inauguración de la exposición Entartete Kunst (Arte degenerado) en la que se exponían varias obras suyas, decidió salir de Alemania y residió durante unos años entre París y Amsterdam. En esta ciudad holandesa, en la que vivió refugiado durante la Segunda Guerra Mundial, hizo importantes series de obra gráfica, entre las que destacan las litografías del Apocalipsis, en las que dejó reflejada su personal visión de la situación europea. En 1948 se trasladó a vivir a Estados Unidos, donde ejerció como profesor en San Luis y Nueva York, ciudad en la que murió sin haber regresado a su país natal.


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El incisivo y personal estilo de Beckmann se tornó más suave a partir de mediados de la década de 1920, coincidiendo con el momento en que conoció y contrajo matrimonio en segundas nupcias con Matilde von Kaulbach, más conocida como Quappi. Los gruesos contornos negros, que en otro tiempo representaron con amargura la sociedad que le rodeaba, delimitan a partir de este momento los rasgos de su joven y atractiva mujer. Quappi, vestida a la moda con un cigarrillo entre los dedos es convertida por la rápida técnica de Beckmann en el prototipo de la mujer moderna: decidida y segura de sí misma. El retrato fue comenzado en 1932 y finalizado en 1934, cuando Beckmann cambió la fecha y la expresión de Quappi, haciendo su sonrisa más comedida y más acorde con la preocupación de la pareja ante la llegada de los nazis al poder.


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Stilleben mit gelben Rosen es el título con el que Beckmann anotó esta pintura en el inventario de su obra de 1937. Fue pintada en Amsterdam en pleno momento de tensión emocional, tras su huida de Berlín al día siguiente de que el führer inaugurara en la Haus der Deutschen Kunst de Múnich la muestra Entartete Kunst (Arte degenerado), en la que se aniquilaba el arte moderno. Los diez años que vivió exiliado en Amsterdam, con estancias esporádicas en París, constituyen un periodo bastante fructífero en su carrera, en el que pintó algunos de sus más importantes trípticos y composiciones alegóricas. Como consecuencia de la crisis emocional que tuvo que padecer, Beckmann se refugió en una imaginería mitológica, de denuncia del horror y de los estragos del nazismo. De forma simultánea, a modo de contrapunto, pintó una serie de bodegones y paisajes en los que el artista evita toda alusión alegórica o cualquier tipo de denuncia política.


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Este óleo sobre lienzo fue pintado por Max Beckmann durante su exilio en Rokin, barrio de Amsterdam, en los últimos meses del año 1942. Representa una pareja en primer plano, la mujer en el medio de la composición mirando al frente, vestido con chaqueta y un pañuelo sobre la cabeza de amarillos ácidos, el hombre de perfil en la derecha con tonos verdes y azules. A la izquierda una gran franja negra de la que sale una especie de poste de luz, también de color amarillo ácido, y de la sombra oscura surge un animal en negro, sobre el que se deja ver un fondo en violeta. La rodilla izquierda del hombre parece apoyarse sobre una especie de banqueta. Las dos caras se miran entre sí sin tocarse, pero sus tonos se empastan. Se diferencian, sin embargo, el amarillo de la mujer y el azul del gorro del soldado y de la chaqueta. Su pantalón tiende a verdes azulados, perdiéndose su pie y la banqueta, asimismo, en negro. La bestia que contempla la «despedida» tiene los ojos, nariz y cabeza remarcados


museothyssen.org
 




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Mensaje Re: MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA (Madrid) 
 
Dalí y el surrealismo de la colección Abanca llegan al Thyssen

El óleo 'Las rosas sangrantes' es el eje en torno al que el museo ha montado la exposición que se podrá visitar de manera gratuita



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'Las rosas ensangrentadas' (1930), de Salvador Dalí... Enlace

El óleo Las rosas sangrantes (1930) está considerada una de las obras más importantes del periodo surrealista del artista de Cadaqués. El dolor y la culpa están representadas en el cuerpo de una mujer desnuda a la que apenas se ve el rostro. Su pubis es una melena de león y las rosas cargadas de sangre se inspiran en las fuertes dolencias ginecológicas de Gala. Esta famosa pieza es el eje en torno al que el Museo Thyssen de Madrid ha montado la exposición Dalí y el surrealismo en la colección de arte Abanca que se podrá visitar de manera gratuita y hasta el 27 de enero en la terraza interior del museo. Son 13 obras entre las que se encuentran las firmas de Óscar Domínguez, Joan Miró, Maruja Mallo, Eugenio Granell, Max Ernst o Giorgio de Chirico. Esta es la segunda exposición que la entidad bancaria surgida de la segregación de Novacaixagalicia realiza en el Thyssen.

Poco conocida en el resto de España, la colección de Abanca se inició a mediados de los noventa con la idea fundacional de conservar, promover y divulgar la producción de artistas gallegos. El proyecto creció con la inclusión de grandes nombres españoles e internacionales. Juan Carlos Escotet, presidente de Abanca, explica que actualmente cuentan con 1.343 obras de arte pertenecientes a 239 artistas entre los que figuran Braque, Chagall, Juan Gris, Léger, Kandinsky, Gutiérrez Solana y Tàpies.

Este martes, durante la presentación de la muestra, Guillermo Solana, director artístico del Thyssen, habló de la importancia del movimiento surrealista y de la relación que mantuvieron Bretón y Dalí hasta la expulsión del catalán del grupo. Solana asegura que sobre este pequeño conjunto de obras se puede seguir el desarrollo del movimiento artístico y su entorno empezando por el precursor, Giorgio de Chirico, para continuar con figuras centrales como Max Ernst o Joan Miró y seguir con una segunda generación representada por Óscar Domínguez, Wilfredo Lam, Roberto Matta y Eugenio Granell. Entre la obra realizada por creadores gallegos, destacan los cuadros de Granell, Maruja Mallo y Urbano Lugrís. Este último es, según Solana, difícil de clasificar, pero no encuentra razones por las que no añadirle a la nómina surrealista.

Juan Ángel López Manzanares, conservador de la colección y comisario de la exposición, ha ordenado las piezas con la intención de destacar la doble faceta creativa del surrealismo entendido como "escritura automática" y "el relato de los sueños". "Es una dualidad en la que no solo estaba en juego la primacía de la escritura frente a la pintura y, con ella, la existencia o no de una plástica surrealista; sino también una toma de partido por un tipo de creación instintiva y azarosa, o por otra de carácter más premeditado y razonado, elaborada a partir de la memoria", explica López Manzanares.


Ángeles García / elpais.com
 




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