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JOAN MIRÓ
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Mensaje Re: JOAN MIRÓ 
 
Londres


La cueva de Joan Miró

Una galería londinense y el nieto del artista recrean el estudio del mallorquín para una venta/exposición de obras tardías del pintor.



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Joan Miró, en su estudio, en un retrato que forma parte de la exposición 'Miro's Studio'. GALERÍA MAYORAL - EFE

"Nunca sueño de noche, siempre lo hago en mi estudio. Duermo como un tronco; en cambio, despierto y trabajando, sueño", así explicó Joan Miró (1893-1983), en cierta ocasión, la génesis de su producción artística. Y para captar el espíritu del estudio que le llevaba a soñar y a pintar, la galería Mayoral ha reconstruido parte del estudio mallorquín de Miró en una galería de Londres para una exposición que irá después a Nueva York. Cuadros expuestos en el mismo contexto y ambiente doméstico y personal que envolvió al pintor desde la década de 1950 cuando se estableció en Mallorca hasta su muerte el día de Navidad de 1983.

Joan Miró no hubiese podido tener un nieto más entusiasta en el proceso de creación de su abuelo que el que le ha salido con Joan Punyet Miró, empapado de la biografía del artista en varias lenguas, explica, como maestro que se sabe bien la lección, las influencias que convergieron en el pintor para generar sus cuadros. "Desde el hombre de las cavernas simbolizado en la pared de piedra (en Mallorca y en Londres) hasta Jackson Pollock y el lienzo blanco en el suelo (también en Mallorca y en Londres) sobre el que el americano arrojaba chorros de pintura, pero cada gota tiene un significado, y Miró le seguía en su maestría", explica el nieto recordando cómo, a los 10 años de edad, entró, cogido de la mano del abuelito, al estudio haciéndole ya preguntas inquisitivas sobre el porqué de la vida y el arte.

La galería Mayoral de Barcelona ha roto un molde con este montaje. En otras ocasiones se han reconstruido estudios de artistas, como el de Francis Bacon, trasladado de Londres a Dublín. La particularidad de esta recreación es, al fin y al cabo, presentar las obras, en venta, de forma distinta a la manera tradicional de colgarlas en las paredes para que los potenciales compradores las contemplen paseándose por delante de ellas. Aquí los cuadros, colocados sobre caballetes o de cualquier otra forma, como los tenía Miró en Mallorca, conviven con objetos que él recogía y guardaba, si no como fuente de inspiración, sí como referencia a su vida. Un porrón que guarda pintura en lugar de bebida, hojas secas que ya parecen plastificadas, postales de la Costa Brava previas a la llegada del turismo masivo, objetos obsoletos como la vara de desempolvar los colchones de lana, una peonza junto a un mortero de cocina de la cerámica tradicional catalana, un botijo, un molinillo de café de manivela... utensilios domésticos junto a imágenes de Marcel Duchamp, Pablo Picasso o su boda con Pilar Juncosa.


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El sol de Mallorca -el mar no lo han podido trasladar- recibe al visitante en la galería Mayoral de Londres en forma de un círculo hecho de paja desgalichado en los rayos solares y sólido en el centro colgando del techo. La impecable mecedora que mecía a Joan Miró tienta a sentarse y observar alrededor la cantidad de objetos que acumulaba en su espacio. El arquitecto Josep Lluís Sert, exiliado a Estados Unidos de América, tras la guerra civil española, fue quién le diseñó el estudio cuya esencia ha sido ahora trasladada a Londres. Joan Punyet Miró se adelanta a defender a su abuelo ante la sospecha de que le motivaron a instalarse en la España franquista mientras algunos de sus amigos comían el pan amargo del exilio. "Quiso ayudar a su madre porque ella estaba sola al acabar la guerra, por eso, optó por regresar a su país", atestigua Joan como si no fuese la primera vez que da explicaciones sobre el asunto.

El nieto del artista surrealista también sueña despierto y trabajando. Su sueño, a punto de hacerse realidad, es ver el triangulo (Barcelona-Mallorca-Mont-roig) de museos dedicados a Joan Miró. Uno en Barcelona, la ciudad en la que nació y donde ya dispone de un museo; el de Mallorca, donde residió la última etapa de su vida y murió, y el de Mont-roig (Tarragona) donde vivió de joven hasta salir al extranjero. "Este año 2016 veremos la inauguración del museo de Mont-roig y mi sueño se hará realidad", pregona ante la audiencia que le escucha en la inauguración de la muestra.

"Esta es una forma revolucionaria de presentar la obra de Joan Miró, nunca se había hecho una cosa así", cuenta Jordi Mayoral, director de la galería barcelonesa. La exposición de Londres, en el corazón del mercado del arte (Duke Street, 6) en el barrio de Saint James, permanecerá abierta del 21 de enero al 12 de febrero. Del 3 al 6 de marzo se presentará en la feria de arte Armory de Nueva York.


elmundo.es
 




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Mensaje Re: JOAN MIRÓ 
 
Miró: el amor por los objetos

CaixaForum Madrid recorre la heterodoxia artística del creador catalán en una exposición de 109 obras



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Algunas de las esculturas de Joan Miró que se muestran en la exposición 'Miró y los objetos'.

A lo largo de toda su vida, Joan Miró (Barcelona, 1893 - Palma de Mallorca, 1983) acumuló en sus estudios todos aquellos objetos que encontraba y habían llamado su atención: Conchas, esponjas, manillares de bicicletas, un trozo de alfombra o unos cubiertos. Por un lado, los usaba para decorar su lugar de trabajo, pero muy pronto empezaron a formar parte de sus collages, esculturas y cerámicas, como también hicieron dadaístas y surrealistas. En una carta enviada a su amigo Matisse, en 1936, habla de su afición: “Me siento atraído por una fuerza magnética hacia un objeto, sin premeditación alguna”.

De esa esa intensa relación trata la exposición Miró y el objeto que hasta el 22 de mayo se puede ver en las salas de CaixaForum Madrid. Realizada en colaboración con la Fundación Miró de Barcelona, la exposición muestra 109 obras fechadas entre 1916 y 1981, prestadas por coleccionistas públicos y privados de todo el mundo, en las que se narra como el artista perpetra su personal asesinato de la pintura y ensalza la obra de arte más allá del caballete y de las telas convencionales.

Comisariada por William Jeffett, responsable de exposiciones del Salvador Dalí Museum de Saint Petersburg (Florida), la impactante muestra guarda un orden cronológico y el espectador aprecia los dos grandes momentos en los que Miró decidió acabar con la pintura convencional. El comisario señala que el artista exploró por primera vez la idea de la antipintura en 1930. “En una serie de telas calculó con gran precisión la composición para luego eliminarla tachando la imagen. En 1974 Miró realizó una serie de telas quemadas para su gran retrospectiva en el Grand Palais de París. tiempo, propuso una serie de esculturas en bronce, hechas también a partir de assemblages de objetos, cerámicas y tapices, como expresiones poéticas más allá de la pintura”.

En el primero de los seis ámbitos en los que está dividida la exposición, se puede apreciar la atracción primigenia de Miró por los objetos y su primera relación creativa con ellos a partir de su representación pictórica. Incluye una selección de naturalezas muertas entre las que destacan dos de 1922-1923 procedentes del MoMA de Nueva York: supusieron sus primeros intentos conscientes de incorporar objetos humildes en su producción y reivindicar el valor de los elementos populares como materia artística.

Viene después el ámbito en el que se da cuenta de su batalla contra el arte convencional. Después de conocer a Breton y aliarse con los surrealistas crea algunas de sus obras más rompedoras, como su serie Bailarinas españolas (1928) y los collages Sin título (1929), compuestos con materiales no artísticos. En 1930 realiza una serie de (anti)pinturas, donde se presentan imágenes canceladas o tachadas. En esta línea de experimentación, un año después, Miró crea una serie de pinturas-objeto que son puros ensamblajes hechos con objetos encontrados en la calle.Es entonces cuando irrumpe en su obra el objeto físico para no abandonarla ya jamás.

La exposición avanza con obras realizadas en la década de los cuarenta, hechas con materiales inusuales y soportes no asociados a las técnicas tradicionales de bellas artes: conglomerado de madera, fragmentos de metal, fibrocemento. El comisario concluye explicando que el artista quebranta así los enfoques convencionales de la pintura mediante la incorporación de materiales no pictóricos o la selección de formatos inusuales, negando la función tradicional del arte como ilusión y, a la vez, afirmando su condición material como objeto. Estas investigaciones le conducirán, posteriormente, al mundo de la cerámica y de la escultura.

Intercaladas entre los diferentes ámbitos artísticos, se muestra una selección de algunos de los objetos encontrados en los estudios de el artista, junto a fotografías en las que se le puede contemplar trabajando sus nuevos materiales.


elpais.com
 




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Mensaje Re: JOAN MIRÓ 
 
‘La Masía’ de Miró y de Hemingway

Un libro reconstruye la relación entre el pintor y el escritor que compró la pintura en 1925 y no se separó nunca de ella



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El escritor Ernest Hemingway junto a 'La masia' y una amiga. JFK LIBRARY BOSTON

Si Plutarco viviera podría escribir una de sus famosas Vidas paralelas con dos de los iconos culturales del siglo XX como son el pintor Joan Miró y el escritor Ernest Hemingway. En ausencia del historiador griego, el periodista y profesor Àlex Fernández de Castro parece haber cogido el testigo en su libro La Masía. Un Miró para Mrs. Hemingway publicado por la Universitat de València, en el que, además de aportar un buen número de datos biográficos de estos creadores, reconstruye su relación a partir La Masía, una obra maestra del catalán que comenzó en 1921 en Mont-roig, Tarragona, en la casa de veraneo familiar y terminó en París al año siguiente. “Han sido nueve meses de trabajo constante y pesado... Sufría terriblemente, bárbaramente, como un condenado”, aseguró Miró. Una obra que tras verla Hemingway en el estudio parisino del pintor de Rue Blomet, no paró hasta conseguirla en 1925 y no se separó de ella nunca, convirtiéndose en su cuadro preferido, pese que el autor de Fiesta reunió una importante colección de arte, con obras de Paul Klee, Juan Gris, André Masson, entre otros. “No fue una amistad profunda, pero si duradera, pese a que Hemingway no se destacó por ser muy fiel a las mujeres y a sus amigos”, asegura el autor que ha empleado más de cinco años en escribir el libro, tras consultar fondos personales del pintor y el escritor, aquí y al otro lado del Atlántico.

Trocearla para venderla

En el exhaustivo libro aparecen infinidad de historias. Una de ellas recoge el relato de Hemingway de la noche que compró la pintura en septiembre de 1925 en la que, junto a John Dos Passos y Evan Shipman, recorrieron bares y restaurantes de París con la intención de pedir dinero a los amigos y conocidos. Tras reunir los 3.500 francos, Hemingway se llevó la tela en un taxi descubierto. “El viento infló el gran lienzo como si fuera una vela”, escribió en 1934 el autor de Por quién doblan las campanas. “En casa lo colgamos y Miró vino, lo vio y dijo ‘Estoy muy contento de que seas tú quien tenga La Masía”. No era de extrañar. El representante del pintor, Léonce Rosenberg no veía otra salida para venderlo que “trocear la pintura en ocho pedazos, porque era muy grande y venderla al por menor”.

Según Fernández de Castro la obra representa la esencia de lo que es Cataluña para Miró, un pintor enamorado del campo y sus valores por encima de lo urbano; algo en lo que coincide con Hemingway que escribió que la obra “contiene todo lo que sientes por España cuando estás allí y todo lo que sientes cuando estás lejos y no puedes ir”. La cita la escribió en 1934, el mismo año en que recuperó el cuadro después de haberse separado de la primera de sus cuatro mujeres, Hadley Richardson, por su 37 cumpleaños. “Hemingway se lo pidió prestado una temporada, pero nunca se lo devolvió”, explica el autor del libro que ha recopilado la correspondencia entre los dos creadores: “Unas 20 misivas, entre cartas, telegramas y postales”.

La relación entre “estos artistas tan diferentes, físicamente; uno alto y fuerte; el otro bajito, aunque siempre le gustaba la actividad física; también de carácter, ya que Hemingway era extrovertido, fanfarrón, con un ego despampanante, descuidado en el vestir, bebedor incansable y viajero; y el otro era tímido, sedentario, pulcro y bebedor moderado” tuvieron puntos de unión, según Fernández de Castro: “Los dos eran espíritus atormentados, compartían un sentimiento trágico de la vida; Hemingway se suicidó en 1961, mientras que Miró encontró el equilibrio gracias a la estabilidad familiar y se protegió mucho más, pero era un hombre muy pesimista, más allá de su aspecto sereno”. El libro recoge coincidencias curiosas, como que a los dos les gustaba boxear y que Miró hizo de sparring de Hemingway tal y como recordaba años más tarde: “Nos veíamos a menudo, no solo como amigos. A veces, nos veíamos cara a cara en el cuadrilátero, donde los dos asistíamos a clases de boxeo. Él era un gigante, un coloso y yo muy bajito. Era bastante cómico”, escribió el pintor.


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Hemingway con unos amigos en el comerdor de Finca Vigía presidido por 'La masía'.

El cuadro se hizo inseparable del premio Nobel, tal y como recogen las fotografías que acompañan el texto, y le acompañó allí donde vivió: Chicago, Florida y Cuba. “No fue una relación intima entre ellos, pero si larga en el tiempo. En 1959 Miró le escribió una carta pidiéndole permiso para restaurar la obra de forma exhaustiva, tras prestarla para la exposición antológica del pintor en el MoMA. Hemingway le hizo caso y amplió el plazo de préstamo de la obra al museo; por eso, tras estallar la revolución cubana la obra ya estaba fuera del país en manos de su cuarta esposa Mary Welsh”. Fue ella la que en 1986 la cedió a la National Gallery de Washington, donde es una de las obras maestras.


Donación de David Soul

En uno de los viajes que ha realizado Fernández de Castro para documentarse, visitó Finca Vigía, la casa cubana en la que Hemingway vivió 21 años. Desde el exterior vio una copia a tamaño natural de La Masía de Miró, objeto de su trabajo. Tras preguntar, las vigilantes de la vivienda le explicaron que la copia la había donado el actor y cantante David Soul, famoso por su papel como detective Kenneth Hutchinson, de Starsky y Hutch, un enamorado de Hemingway. El británico ha realizado un documental en la que se explica la restauración del legendario Chrysler New Yorker Convertible de 1955 del escritor. “He intentado ponerme en contacto con él, pero no he recibido respuesta”, explica Fernández de Castro.


elpais.com
 




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Mensaje Re: JOAN MIRÓ 
 
La corrupción tiene su museo en Brasil

La exposición de obras de arte de reputados artistas como Picasso, Miró o Dalí, requisadas en casos de lavado de dinero, desvela una práctica millonaria



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Obra atribuida a Miró y requisada por la justicia brasileña.

El éxito de la exposición Obras bajo la vigilancia del Museo Oscar Niemeyer, abierta en Curitiba (Brasil), ha obligado a sus organizadores a extenderla hasta noviembre. No todos los días se pueden ver juntos cuadros de Picasso, Dalí, Miró, Oiticica, Vik Muniz, Djanira y Heitor dos Prazeres o Renoir.

Es un lujo al que solo podía acceder Renato Duque, exdirector de la petrolera estatal Petrobras, quien escondía las obras detrás de un armario que se abría por control remoto, hasta que fueron requisadas por la policía en la Operación Lava Jato, que ha dejado al descubierto el mayor caso de corrupción de la historia de Brasil, y, de paso, el lucrativo negocio que supone el lavado de dinero a través de piezas artísticas.


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Obra de Amircal de Castro requisada.

Las Obras bajo vigilancia suman una pequeña selección de trabajos que Duque compró para lavar dinero, y que, tras su detención, se muestran ahora al público. En lugar de El salón de los rechazados de los impresionistas parisinos de 1863, se puede hablar de El salón de los confiscados, lienzos requisados en operaciones delictivas.

Retratos de los corruptos



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Retrato del político Jose Dirceu pintado por Gabriel Giucci, para El salón de los corruptos, que exhibe en São Paulo.

Al tiempo, en la galería Portes Vilaseca de São Paulo, se abre El salón de los corruptos, una serie de retratos pintados por Gabriel Giucci de los implicados en la Operación Lava Jato, muchos de ellos defensores del proceso de destitución de la presidenta Dilma Rousseff. Como dice el texto que acompaña a la exposición, la serie no está finalizada.

Gracias a las gestiones del juez Fausto Martin de Sanctis, que ha ordenado las principales operaciones en las que se requisaron obras de arte, junto con el juez Sérgio Moro, por primera vez la policía brasileña no pone su mirada solo en coches de lujo, joyas o cajas fuertes en las casas de los detenidos. Ahora, además, se fija profesionalmente en los cuadros que cuelgan de las paredes.

El magistrado también está detrás del cuidado de las obras requisadas, su correcto almacenaje, catalogación y distribución por distintos museos del país. La donación de las piezas a las pinacotecas ha logrado un cambio de actitud por parte de directores, coleccionistas y galeristas. De aceptar en algún caso sin objeciones maletines cargados de billetes por la venta de su catálogo o sonreír en las fotografías junto con los hoy arrestados que donaban sus obras para exposiciones temporales han pasado a facilitar información sospechosa al juez.

Millones de dólares

De Sanctis publicó en 2013 un libro —Money laundering through art: A criminal justice perspective— en el que ya abordaba el modus operandi de los criminales y por qué se decantaron por el lavado de dinero a través del arte. Entre los motivos más tentadores, figuran la facilidad para su transporte, el desconocimiento del valor de las obras y la escasa vigilancia que existe sobre las transacciones artísticas.

“Una vez requisamos unas estelas mayas, y México las reclamó. Me puse a investigar y les pude responder que no, que al ser mayas podían ser de Honduras, de Guatemala… Yo no tenía ni idea de arte. Entré en un mundo que me acabó apasionando”, afirma Martin de Sanctis desde su despacho en el Tribunal Regional Federal de São Paulo.

Él fue quien dirigió las pesquisas en el primer gran caso de lavado de dinero usando piezas artísticas. Ocurrió en 2006 y el principal culpable fue el director del brasileño Banco Santos, Edemar Cid Ferreira. Fue condenado a 21 años de cárcel.

En su mansión se encontraron desde trabajos de artistas contemporáneos como Damien Hirst Basquiat, Lichtenstein o Kiefer, hasta arte medieval, como los dos pórticos barrocos que decoraban el comedor de la vivienda. “Incluso los azulejos de la piscina eran obra de un artista, Volpi, y los del garaje, de Athos Bulcão, el autor de los azulejos de Brasilia”, recuerda el magistrado. Era una de las mayores colecciones privadas de arte de Brasil: más de 2.000 piezas, valoradas en unos 30 millones de dólares (unos 26,3 millones de euros al cambio actual).

A nadie le parecieron extrañas las compras en efectivo y por precios desorbitados de obras por parte de Ferreira, quien llegó a ser el presidente de la Fundación de la Bienal de São Paulo, hasta que se vieron en 2010 sus adquisiciones decorando los muros del Museo de Arte Moderno de São Paulo, en otra exposición de trabajos en cuyas cartelas figuraba la frase en portugués “obra requisada por la justicia brasileña”.

Han sido en conjunto millones de dólares y miles de obras usadas para lavar dinero. Las consecuencias son la inflación del valor del arte y la potenciación del mercado brasileño. El comercio del arte sigue al alza en Brasil pese a la crisis económica y política. Mientras, la Operación Lava Jato sigue destapando delitos y Edemar Cid Ferreira disfruta de su libertad provisional en una casa vecina a su anterior mansión y visita museos cuando puede. Ahora es un espectador más.


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Mensaje Re: JOAN MIRÓ 
 
Miró ya tiene casa en Oporto

La ciudad portuguesa alojará la colección del pintor catalán que salió a la luz al quebrar el Banco Portugués de Negocios



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Una especialista da los últimos retoques a una de las obras del artista.

“Es feo, muy feo, diría que deliberadamente feo. El cuadro más feo de Miró”. Robert Lubar contempla Cabeza de hombre. Es el comisario de Joan Miró, materialidad y metamorfosis, la exposición de la Fundación Serralves, en Oporto, que recoge las obras del artista mallorquín guardadas en un banco que se fue a la quiebra.

El carácter inédito de la muestra, que se mantendrá hasta final de enero, atrajo ayer a las primeras autoridades de Portugal y España: el presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, el primer ministro António Costa y el presidente español en funciones, Mariano Rajoy. La muestra ocupa dos pisos de la Casa art decó, declarada monumento nacional, y hoy se abre al público.

Lubar no ha dejado fuera de la selección a Cabeza de hombre, una mancha ocre con trazos grises. “Es una pieza insólita; casi toda la obra de Miró tiene algo de representación, esta no”. Las obras reunidas van de 1924 a 1981, dos años antes de su muerte. La muestra, con la colaboración de la Obra Social La Caixa, no sigue un orden cronológico y sí el diálogo entre las obras, técnico o estético. Nada más entrar, uno de los primeros impactos es La fornarina (1929), la versión imaginaria del retrato realizado por Rafael cinco siglos antes.

La colección se mantendrá unida y en Oporto, creándose un triángulo mironiano entre esta ciudad, Barcelona y Palma de Mallorca. “Los tres polos se complementan”, señala Lubar. “La fundación catalana es impresionante y tiene un fondo documental riquísimo, la mallorquina brilla en la obra de los últimos años del artista. Aquí hay piezas de gran valor estético e histórico”.


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Mirada de una visitante a 'Mujeres y pájaros' en la exposición 'Joan Miró, materialidad y metamorfosis'.

La ciudad portuguesa disfrutará de esta colección y de su jugosa historia: el Banco Portugués de Negocios compró en 2006 los 85 cuadros al coleccionista japonés Kazumasa Katsuta y después entró en quiebra. Nacionalizado, el Gobierno la quiso subastar pero hubo mucha resistencia popular y se paralizó. El nuevo Gobierno socialista ha decidido que Oporto se queda con Miró.

En la planta baja, Lubar destaca la cubista Bailarina española (1924), pintada tres años después de la picassiana que descansa en el Louvre. Más allá, los exuberantes Personajes y estrellas en la noche (1965) y La fiesta de los pájaros y las constelaciones (1974), tan potentes que parece increíble que no estuvieran en algún museo. Lubar recuerda el descubrimiento de esta colección, hace tres años. “Me llamaron de Christie’s para dar una conferencia antes de su subasta. Me quedé paralizado al verlos todos juntos”.

La muestra contiene trabajos inusuales de Miró, como su obra en celotex de 1937 o seis realizadas con masonite, un material industrial para la construcción, y algunas de sus telas quemadas creadas para la antológica del Grand Palais de París en 1974.

Experto en arte del siglo XX, Lubar siempre se inclinó por este artista. “El impacto que tuve hace tres años al descubrir esta colección fue el que tuve a los 10 años y vi por primera vez uno de sus cuadros. Me impresionó la fuerza de sus colores, sus formas. Esa reacción primaria es lo más importante en el arte”.


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Mensaje Re: JOAN MIRÓ 
 
Mapfre abre en Madrid un Espacio Miró con 65 obras cedidas por la familia del artista

Las pinturas, valoradas en unos 150 millones de euros, corresponden a los años finales del creador catalán



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Asistente a la inauguración del espacio Miró. / David González - EFE
 
A partir de hoy, Madrid suma un nuevo espacio dedicado a Joan Miró (Barcelona, 1893- Palma, 1983) gracias al depósito que de manera gratuita ha realizado los cinco herederos españoles en la Fundación Mapfre. Son 65 obras, firmadas en su mayor parte a partir de 1960, que están aseguradas en 45 millones de euros y cuya valoración en el mercado fonda los 150 millones, según estimaciones de Pablo Jiménez Burillo, director del área de cultura de la Fundación Mapfre. El nuevo espacio, recuperado de dos plantas de la sede principal, jugará el papel de colección permanente para la institución. El depósito se ha firmado por el plazo de cinco años, renovable por otros cinco, aunque Jiménez Burillo está convencido de que todas las obras se quedarán de manera indefinida.

Joan Punyet Miró, nieto del artista y portavoz de la Sucesión Miró explica por teléfono a EL PAÍS la decisión de él y su familia de depositar estas obras en Madrid forma parte de su deseo de difundir la obra de su abuelo por todo el mundo. “Mi abuelo era un catalán partidario de una nueva España sin diferencias. Tenemos obra depositada en Barcelona y Palma de Mallorca. En el Reina Sofía está perfectamente representado gracias al pago de los derechos de sucesión. Pero queríamos un lugar propio para su obra en la ciudad de Madrid. Nosotros pensamos, como él que hay que construir puentes que nos unan. Y esta es una buena manera”.


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Dos visitantes frente a un cuadro de Miró. David González - EFE

El portavoz de la familia explica que las obras que ahora se pueden ver en Madrid de manera permanente estaban en los diferentes domicilios familiares de las islas baleares y que, salvo excepciones, no se han sido expuestos al público.
Pablo Jiménez Burillo, quien durante la presentación a la prensa prefirió no decir quienes eran los propietarios (“cinco coleccionista españoles anónimos”), explicó que el depósito se hace con el único compromiso de exponer y difundir la obra de Miró. “Podemos prestarlas o intercambiarlas para otras exposiciones en el extranjero o en España. Nos comprometemos a investigar y conservar cada obra. Durante el tiempo de cesión, los propietarios nos legan los derechos de reproducción de las pinturas”.

Robert Lubart Messeri, estudioso de la obra de Joan Miró, aseguró en la presentación que durante sus décadas el artista realizó su obra más salvaje, brutal y luminosa. “Este espacio da acceso a una nueva visión. Es el Miró de siempre, y también el más sorprendente”.

El espacio Miró está distribuido en dos plantas y dividido en cinco secciones. La primera es un homenaje a la relación que mantuvieron Miró y Calder, como muestra el Retrato de Joan Miró, realizado en alambre de acero por Alexander Calder. Este conjunto de obras expuestas son regalos con los que el propio Calder obsequió a Miró.

La segunda parte , titulada El signo y el gesto, muestra piezas posteriores a las series de las Constelaciones. Hay obras como La mujer española (1972), donde ya se puede ver como el artista utiliza materiales propios del informalismo europeo: arpillera, cartón o lienzo sin bastidor. Viene después una tanda de obras con motivos clásicos en su trayectoria, Mujeres, pájaros y estrellas, sobre los que estudia lo que hasta entonces ha sido su propia pintura. Los monstruos o Personages que emergen del lienzo y sus desafíos a la pintura a base de telas rotas o pegotes dispersos a propósito, cierran el nuevo espacio Miró.


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Mensaje Re: JOAN MIRÓ 
 
Miró y el silencioso influjo sumerio

Una exposición aborda el impacto de Mesopotamia en artistas como Henry Moore, Alberto Giacometti o Willem de Kooning



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La estatuilla del sacerdote de Assur del II milenio a.C. junto a 'Girl', de Henri Moore, de 1931. Joan Sánchez

Joan Miró clavó con chinchetas en las paredes encaladas de su taller de Son Boter, en la actual Fundació Pilar i Joan Miró, una docena de fotografías, en realidad, recortes de una revista que mostraban las estatuas del valle de Diyala y la icónica mascara de Warka, la mona lisa sumeria, que con sus 5.300 años de antigüedad pasa por ser una de las obras de arte más destacadas de la primera civilización de la historia que se extendió por el sur de Mesopotamia, entre los ríos Tigris y Éufrates hace seis milenios. No es la única relación de Miró con obras de esta cultura. No se sabe cuándo el artista tuvo su primer “impacto visual” con el mundo sumerio, pero en una visita que realizó al Museo del Louvre en 1963 junto a Pierre Schneider le dijo al historiador “vayamos a mis barrios” en referencia a la zona de Sumeria, confesándole que antes iba más al museo por las pinturas y “ahora, cada vez más, vengo por esto”.

La fascinación de Miró por estas piezas, el primitivismo de sus formas y sus grandes ojos no es único en el mundo del arte. A este influjo silencioso está dedicado la exposición Sumeria y el paradigma moderno (hasta el 21 de enero) que inaugura la Fundación Joan Miró de Barcelona en el que las obras creadas hace miles de años conviven y dialogan con algunas de las esculturas, pinturas y proyectos arquitectónicos de artistas contemporáneos.

Todo comenzó en la primera mitad del siglo XIX cuando las grandes potencias occidentales, como Francia, Gran Bretaña y Alemania, comenzaron a excavar en el Próximo Oriente; una zona con un interés estratégico, ya que su control permitía la conexión con la India e Indochina, pero también permitía estudiar las ciudades que aparecían en un libro fundamental como era la Biblia, algo que se aprovechaba para legitimar el interés sobre estas tierras, consideradas zonas cristianas.

La exposición, comisariada por el especialista Pedro Azara (Las casas del Ánima en 1997 y Mediterráneo. Del mito a la razón, en 2014, entre otras muchas), explica, de forma didáctica, cómo se produjo el descubrimiento y la exploración del Próximo Oriente, cómo las publicaciones científicas se hicieron eco, pero también cómo los periódicos recogían las conferencias que permitían difundir al gran público los nuevos hallazgos —como la que se celebró en marzo de 1929 en Ateneo Barcelonés sobre las tumbas reales de Ur—; unos hallazgos que se difundieron también en exposiciones como la Universal de Chicago de 1933 o las coloniales de París, Londres y Marsella, entre 1859 y la Segunda Guerra Mundial. También puede verse cómo estas tierras exóticas, cuna de muchos de los avances de la humanidad como la agricultura y la ganadería, aparecían en cromos coleccionables que ofrecían marcas comerciales o en novelas como Asesinato en Mesopotamia escrita por Agatha Christie, una historia que la inglesa conocía de primera mano porque estaba casada con Max Mallowan, segundo de Charles Leonard Woolley, director de las excavaciones en Ur.


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En primer plano, figura femenina de la Edad del Bronce Medio, detrás, maqueta de 'Monumento' de Joan Miró, de 1964. Joan Sánchez
 
Figuras votivas

La exposición tiene su punto culminante en la sala donde se percibe de forma clara cómo algunos artistas, entre ellos Miró, quedaron impresionados, se empaparon e hicieron suya la estética de estas obras primitivas y anónimas que fueron vistas como obras primigenias y no mediatizadas. Entre los artistas, Henri Michaux, Paul Klee y Juan Batlle que a partir de los signos cuneiformes inventaron una escritura personal que llevaron a sus lienzos. Herni Moore, Alberto Giacometti, Willem de Kooning y el propio Miró que quedaron impresionados por las esculturas de Gudea y de figuras votivas de orantes que llevaron a alguno como Giacometti a tener en su taller una copia. Junto a un sacerdote barbado con una pesada falda de lana de oveja de Assur se exponen tres figuras de un joven Moore con volúmenes, miradas y poses semejantes. Por su parte, Kooning vio en el MoMA de Nueva York en los cincuenta un orante masculino de Tell Asmar que reflejó en las seis obras de su serie Women (una de ellas está en la exposición) tal y como se ve en el tamaño de los ojos, la posición de las manos y la frontalidad de la figura, mientras David Smith creó sus obras tras descubrir en 1936 en Atenas las posibilidades de los sellos cilindros grabados al rodar por una superficie blanda.

Le Corbusier, otro de los grandes, tampoco quedó al margen del influjo de esta nueva civilización. Su proyecto no construido de 1929 para la Sociedad de Naciones de Ginebra, el Mundaneum, incluía un enorme edificio escalonado inspirada en el zigurat, la mítica torre de Babel bíblica.


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Uno de los dibujos de Giacometti 'Nature morte dans l'atelier', de 1927 y, en primer plano, la cabeza del rey Gudea del Louvre. / Joan Sánchez


Menos arte egipcio y griego

En la biblioteca personal de Joan Miró abundaban, sorprendentemente, las publicaciones dedicadas a Mesopotamia. Mucho más que las de arte egipcio, cicládico, griego u oriental. Entre las obras , una primera edición de La historia empieza en Sumer, de Samuel Noah Kramer de 1957, y una edición española de Assur,de André Parrot (1961).

Según desvela Marc Marín en uno de los artículos del magnífico catálogo que acompaña la exposición, los recortes sumerios que el artista colocó en las paredes de su estudio —que Francesc Català-Roca captó en 1968— provienen de un artículo que escribió el asiriólogo francés Jean Bottéro en Arts & Loisirs, de 1966, que se publicó con motivo de la exposición Tesoros del Museo de Bagdad que se inauguró en el Louvre.


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Mensaje Re: JOAN MIRÓ 
 
Joan Miró, por primera vez a solas en Buenos Aires

Una muestra exhibe en el Bellas Artes 50 obras de las últimas dos décadas de la vida del artista catalán



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"Mujer, pájaro y estrella", el plato fuerte de la muestra de Miró en Buenos Aires.

En 1956, el artista catalán Joan Miró se traslada a un nuevo estudio en Son Abrines de Mallorca. En ese taller-vivienda reúne por primera vez en su historia la totalidad de su producción anterior. Allí es que revisa y redefine toda su obra. Desde ahí hasta su muerte en 1983, sus cuadros, dibujos y esculturas expandieron sus límites conceptuales a través del cuestionamiento de su propia naturaleza. Ese valioso legado fue depositado en el Museo Reina Sofía de Madrid y hoy llega a la ciudad de Buenos Aires en lo que es la primera exposición enteramente dedicada al surrealista, que estará abierta al público en forma gratuita hasta el 25 de febrero en el Museo Bellas Artes.

Miró: la experiencia de mirar es el nombre que recibe la muestra, que viajará en marzo de 2018 al Museo de Arte de Lima, en Perú, y juega en su título con el verbo conjugado en pasado del nombre propio del artista catalán. La mayoría de estas obras encadenadas por el misterio de la analogía muestran personajes abstractos a los que se ha sustraído deliberadamente el drama que los habita. Es el pasaje del dibujo a la escultura. Y a la imagen en movimiento. Y trae a Argentina una de las obras plásticas más querida por grandes y chicos: Mujer, pájaro y estrella, el sentido homenaje del artista a Pablo Picasso.

“Los argentinos van a tener oportunidad de ver obras que a lo mejor no son tan conocidas, como el homenaje a Picasso, que ha sido muy difundida por el merchandising, y van a entrar muy bien en el Miró final, que es un resumen de toda su trayectoria y que está muy vivo”, expresa a EL PAÍS Carmen Fernández Aparicio, una de las curadoras, junto a Belén Galán Martín, ambas del Museo Reina Sofía.


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La exhibición tiene una fuerte presencia de esculturas.

La muestra exhibe 50 obras de las últimas dos décadas de la vida del artista. Son 18 pinturas, seis dibujos, 26 esculturas y dos filmes: Miró parle (Miró habla), de 1974, del fotógrafo y realizador francés Clovis Prévot, que incluye una profunda entrevista al artista, de 1972. El otro es el cortometraje Miró l’altre (Miró, otro), de 1969, dirigido por Portabella, que documenta la composición y posterior destrucción por parte del artista de un mural.

La etapa tardía de Miró mantiene un relativo ocultamiento, dado que sus obras más conocidas refieren al período de entreguerras y posguerra. “Para nosotros es una oportunidad porque uno de los fines del museo es difundir su colección y como no todo puede estar expuesto en el Reina Sofía, conformamos exposiciones que puedan itinerar. Nos hace muchísima ilusión porque esta exposición estuvo antes en cuatro museos norteamericanos, pero con Argentina tenemos muchísima afinidad”, agrega Fernández Aparicio.
 

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Carmen Fernández Aparicio, curadora de la muestra.

“Miró es dueño de un lenguaje más gestual”, describe el director del Museo Bellas Artes, Andrés Duprat, “Es un pintor que ha tomado mucho del arte abstracto del Siglo XX, y en general, el arte abstracto aleja, pero en el caso de él hay un misterio, puede ser el uso de los colores primarios, la composición, la gestualidad que hace referencia a los dibujos de los niños o no sé qué puede ser, pero en Argentina hay mucha empatía con su obra”.

La muestra había sido preparada para Estados Unidos, incluso se presentó en Seattle y luego volvió a España. Se emplearon diversos vuelos para trasladarla, para que en caso de un accidente no se pierda la colección entera. El Bellas Artes de Buenos Aires firmó con el Reina Sofía de Madrid un convenio de colaboración para intercambiar obras, pero también profesionales y técnicos y la instalación de Miró: la experiencia de mirar es resultado de ese acuerdo. “Argentina es un país al que España le es muy cerca y hay un trio mágico que son Picasso, Dalí y Miró que son artistas, además de muy conocidos, muy familiares y queridos para el país”, afirma Duprat.

“En Miró hay un modo de trabajar el color que es fascinante, entonces atrae a los niños. Sus trazos tienden a la simplificación y tienen mucha fuerza. Esta exposición demuestra que es un hombre que trabaja con entera libertad y los niños también lo hacen, sin prejuicios. El acto de la creación también es un juego y el artista es un poco un niño. Es el que hace algo sin ninguna funcionalidad, simplemente por el acto y la belleza de crear”, cierra Fernández Aparicio.
 

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"Miró: la experiencia de mirar" continúa hasta el 25 de febrero.


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Mensaje Re: JOAN MIRÓ 
 
El IVAM mostrará al Miró más heterodoxo en una exposición con más de 100 obras

El museo valenciano dispondrá de 7,3 millones de euros de presupuestos para 2018


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El director del IVAM, José Manuel G. Cortés y el consejero de Cultura, Vicent Marzà. / MÒNICA TORRES

El Institut Valencià d'Art Modern (IVAM) dedicará una de las 11 exposiciones programadas para 2018 al genial artista Joan Miró. Es la primera vez que este museo valenciano organiza una muestra dedicada al pintor, cuya inauguración está prevista para el próximo febrero, y que reunirá más de un centenar de obras cedidas por unos 15 museos y fundaciones y colecciones privadas. Será la más amplia que se ha organizado nunca en Valencia, destaca el director del IVAM, José Miguel G. Cortés.

Es la primera vez que el centro museístico, que cumplirá sus primeros 30 años de vida en 2019, afronta una muestra de estas características. Antes había sido imposible por limitaciones económicas, ha confesado García Cortes, quien, con el consejero de Cultura a su lado, ha precisado que el IVAM contará en 2018 con 7,3 millones de euros de presupuesto, un millón de euros más que el anterior.

La muestra titulada Miró. Orden y desorden ofrecerá una visión diferente del artista surrealista a traves de pinturas, esculturas, dibujos, cerámicas, cateles o producción vinculada con las artes escénicas. La exposición será comisariada por el doctor en Historia del Arte y profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona Joan Maria Minguet Batllori. "Veremos un Miró menos conocido que impacta por su modernidad", ha añadido el director.

Las otras dos grandes exposiciones de la temporada será la dedicada a la artista francesa Annette Messager, último premio Julio González que otorga el museo, y perteneciente a una generación de mujeres que en los años 70 reivindicaron la igualdad y un protagonismo en la esfera pública.

La tercera gran muestra, Habitar el Mediterráneo, se sumergirá en las raíces mediterráneas y en los grandes asentamientos humanos, las ciudades o redes de ciudades; y relacionará obras arqueológicas traídas del British Museam de Londres o del Louvre de París con obras de arte contemporáneo. Artistas como Ellsworth, Marwan Rechmaoui, Hrair Sarkissian o Sergi Aguilar, entre otros.

En línea con la filosofía establecida por la nueva dirección del IVAM, en 2018 habrá un espacio dedicado a mujeres y género, cuya muestra estrella será Mujeres y vanguardia en València (1930-1980). En la muestra se repasarán las aportaciones de las mujeres al mundo del arte en estas décadas. "Un grupo de mujeres cuyo trabajo no es suficientemente conocido", apuntan desde el museo.

El Institut organizará en octubre de 2018 su segundo congreso internacional, dedicado al futuro papel de los museos.

García Cortés ha repasado las grandes cifras del museo y los inversiones previstas en las instalaciones "para que el IVAM sea lo que tiene que ser", ha apostillado el consejero valenciano Vicent Marzà. La entidad invertirá el año próximo en la cámara acorazada donde se custodien las obras del museo, en mejorar la climatización de sus salas e implantar el wifi o unas mejoras en la explanada de de entrada al recinto. 

El IVAM, que según Marzà fue rescatado por el actual Gobierno valenciano de "las cenizas" en que lo dejó convertido la anterior administración del PP, cerró 2014 con unos 70.000 visitantes reales y en 2016 la afluencia ascendía a 125.000. "Son buenas cifras pero queremos más", ha dicho García Cortés.

La Generalitat proporciona más del 90% del museo del IVAM, mientras el Ministerio de Cultura aporta unos 170.000 euros anuales y la esponsorización -todavía incipiente- otros 150.000 euros. El centro de arte trabaja en la apertura de una especie de subsede en la localidad alicantina de Alcoi en colaboración con la Fundación de la CAM.

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Mensaje Re: JOAN MIRÓ 
 
El Miró más indisciplinado y crítico estalla en el IVAM

La muestra exhibe en Valencia 200 piezas, desde pinturas a colaboraciones teatrales, mediante las que el pintor cuestionó el arte



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Exposición 'Joan Miró, orden y desorden' en el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM). / Mònica Torres

Cuando se cumplen 125 años del nacimiento del pintor, el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) reivindica al Miró más heterodoxo y comprometido. “En 1973, a los 80 años, Miró sintió una necesidad de indisciplina absoluta y realizó la tela rasgada, lo que los expertos llaman ‘el Fontana de Miró” explicó ayer Joan M. Minguet, comisario de la exposición Joan Miró, orden y desorden ante la emblemática pieza expuesta. “No queríamos hacer un mausoleo para un genio, sino reflejar el espíritu crítico y el cuestionamiento del arte que caracterizó a Miró a lo largo de su vida”, declaró el director del IVAM, José Miguel G. Cortés, en la primera exposición que el centro dedica a la obra del pintor catalán. “Se trata de mostrar la capacidad que el creador ejerció sobre el espectador para perturbar, revelar, o transformar su mirada”.

Artista metódico y, al mismo tiempo, con una gran energía para la experimentación, la exposición comienza con el Miró más ordenado, el artista figurativo de tradición mediterránea de sus primeras obras que, como recordó el comisario Joan M. Minguet, “fue un completo fracaso de crítica y de público, no vendió ni una sola obra en su primera exposición”, y llega hasta sus obras más rupturistas.

Ahí están sus famosas telas quemadas que presentó en el Grand Palais de París en 1974 con las que el creador “lleva la radicalidad al extremo”. “A los 80 años quiso demostrar que estaba más vivo que nunca, y lo planteó utilizando el fuego para desmantelar la representación, para situar el lienzo en otro orden”, dice Minguet. “La exposición plantea el choque entre el orden y el desorden y esos ingentes deseos de experimentación que vivió Miró a lo largo de su itinerario plástico. Un proceso que llevó a crear un alfabeto visual propio, aparentemente sencillo, pero de gran profundidad”, añade el comisario.

Las obras tienen vida

“La obra de Joan Miró está viva. Y él sigue vivo a través de ella” aseveró el responsable del IVAM haciendo hincapié en la extrema contemporaneidad de su figura. La exposición reúne cerca de 200 obras entre pinturas, esculturas, dibujos, cerámicas, carteles o piezas singulares como las que realizó para el teatro y la danza. Trabajó en los decorados para Mori el Merma, un espectáculo de 1978 del Teatre de La Clacla, inspirado en Ubú rey, de Alfred Jarry, que se estrenó en la Transición en el Liceo de Barcelona. También se exhiben algunos de sus trabajos para los Ballets Rusos de Sergei Diaghilev, el empresario ruso que reunió el ballet y las vanguardias en el siglo XX. La exposición presta atención también a sus cerámicas y al cartelismo. “En la obra de Miró el cartel supone la captación instantánea de su mundo iconográfico y la posibilidad de llevar la provocación que sus signos generaban en las galerías o en los museos al centro de la vida pública” explicó Minguet. “Miró fue capaz de crear un mundo ordenado para luego subvertirlo. Fue un artista que quiso asesinar la pintura en 1927, pero que, sin embargo, no dejó de pintar, de crear durante cerca de medio siglo”, sentenció Cortés.
La exposición permanecerá abierta hasta el 15 de junio y reúne obras procedentes de una quincena de instituciones nacionales e internacionales como los museos Reina Sofía, Thyssen- Bornemisza y la Fundació Joan Miró.


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Dos de los cuadros del artista catalán que componen la exposición. MÒNICA TORRES

 
Un provocador con brochazos de grafiti

En 1969 Joan Miró es una figura aceptada por la Administración franquista. Una exposición en 1968 en el Hospital de la Santa Creu de Barcelona supuso su reconocimiento oficial promovido por el Ministerio de Información y Turismo, entonces liderado por Manuel Fraga.

Como “contestación” a la muestra institucional el Colegio de Arquitectos de Cataluña organizó una exposición con la ayuda del estudio de arquitectura PER que acabó produciendo uno de los actos más transgresores de la cultura en el tardofranquismo. El pintor ejecutó una acción plástica sobre los cristales exteriores del colegio en los que realizó varias inscripciones de contenido político. La performance mironiana de creación-destrucción quedó recogida íntegramente en el documental Miró, el otro (1969) de Pere Portabella, quien después le puso música de Carles Santos.
 




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Mensaje Re: JOAN MIRÓ 
 
Los objetos con los que Miró esculpió su leyenda

El Centro Botín lleva a Santander un centenar de piezas representativas de todas las etapas del artista



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'Femme'(1981), de Joan Miró. / Belén de Benito

Huesos, cestos de arpilleras, botellas de vidrio, viejas tronas, un silbato, cajas de ensaimadas. Los restos de todo aquello que en algún momento formó parte de la vida de Joan Miró (Barcelona, 1893 - Palma, 1983) y luego habría de ser desterrado, se sitúa en la base sobre la que creó su fascinante obra escultórica, una forma de expresión artística y poética que definió su larga trayectoria de experimentación. A aquellos misterios consagra el Centro Botín de Santander la nueva exposición del espacio que sobrevuela la bahía de Santander: un conjunto de un centenar de obras producidas entre 1928 y 1982 y nunca antes reunidas que se podrán ver hasta el 2 de septiembre. Coproducida en colaboración con la Obra Social La Caixa, aspira a diseccionar el proceso creativo del artista al mostrar junto a las obras finales los materiales cotidianos que las inspiraron, los bocetos preparatorios y pruebas de los trabajos de fundición. El conjunto lo completan fotografías del artista y vídeos.

La parte científica viene avalada por la comisaria María José Salazar, una de las máximas expertas en Miró, y por Joan Punyet, nieto del artista y portavoz de la Successió Miró. El resultado es un inmenso bosque dividido en cinco miradores retrospectivos en los que se aprecia el afán permanentemente del creador por la experimentación.

Durante la presentación a la prensa en un día en el que el Cantábrico se mostró inclemente al otro lado de los grandes ventanales de la fundación, Punyet aportó algo de calidez al recordar a su abuelo como a un “padre maravilloso”. “Tuvo una hija, Dolors, mi madre, y cuatro nietos, dos de ellos fatalmente desaparecidos. En su vida había dos ámbitos separados por una línea endeble que a veces nos dejaba cruzar: la de la familia y la de su obra. Nunca paró de trabajar para encontrar un lenguaje universal que fuera la quintaesencia de la poética surrealista. Cada día, cuando salía a pasear, volvía cargado de tesoros que le servían para bucear en los sueños y descifrar para nuestra mirada las diferentes formas de comprender el arte”.

¿Y qué era lo que más sorprendía al niño de todo aquello con lo que el abuelo volvía a casa? “Los huesos y los esqueletos de animales muertos. Podían ser de perros, de cabras, de conejo… Todo le venía bien y todo ello lo colocaba y ordenaba luego en su estudio como parte de ensamblajes de obras futuras”.


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'L'oeil attire les diamants' (1971), de Joan Miró. Belén de Benito

“En el completo discurso que hemos podido armar, su vinculación a la tierra y a la naturaleza es una constante que recorre sus obras, por cierto tituladas todas en francés por él”, añadió Salazar, que ha dedicado el catálogo a Emili Miró, nieto mayor del artista. Con él, inició el proyecto de esta exposición hace años.

El relato arranca con La danseuse espagnole (1928), más una pintura o collage que una escultura, y termina en Personnage (1982), creada a partir de una servilleta que se llevó del restaurante barcelonés La Puñalada con 90 años ya cumplidos. Por el camino, aguardan hitos de su carrera como el grupo de bronces que inicia a finales de los 40 bajo el nombre de Femme, y que retoma periódicamente con insólitas mezclas de hueso, piedra y hierro; piezas monumentales, como Souvenir de la Tour Eiffel (1977), obra de tres metros de altura concebida con objetos ensamblados; o las esculturas pintadas de 1967. “Aconsejado por su entonces galerista, Pierre Matisse y antes por su amigo Giacometti”, recuerda Salazar, “se atrevió a llenar de color sus criaturas. Se expusieron en Nueva York y los coleccionistas se las quitaban de las manos”.

La mayor parte de lo expuesto es propiedad de la familia. Punyet Miró, su representante ayer en Santander, aseguró, con todo, que, en contra de lo que sucedió con la llegada del color a la obra de Miró, no se trata de renovar el interés del mercado por la escultura de su abuelo, sino de colocarla en el contexto de idóneo para apreciarla en su justa medida, gracias a una suma de piezas que considera “irrepetible”. “La cotización de la pintura de mi abuelo es muy superior a la escultura. Es otro mundo”, explica. “Nosotros queremos que difunda a fondo todo Miró. Este verano tendremos listo el catálogo de dibujos y el 1 de octubre el Grand Palais de París conmemora la antológica que le dedicaron en 1976. Será la mayor exposición que se le ha dedicado nunca a mi abuelo”, anuncia.

El capítulo de lo que queda de Miró por venir lo completa la puesta en marcha de la tercera fundación dedicada al artista. Estará en la masía familiar de Mont-roig (Tarragona), un lugar en el que se mostrará una selección de obras y en el que, a diferencia de Palma o Barcelona, no habrá exposiciones temporales. Las últimas noticias en torno al artista, al menos de momento, pasan por Madrid. Hablan de la creación de un eje Miró, que recorra la Castellana desde el Reina Sofía, museo al que la familia realizó una donación en 1985, la Fundación Mapfre, donde se exponen con carácter permanente 65 piezas del pinto, hasta el palacio de Exposiciones y Congresos, donde desde 1979 está uno de sus murales.

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Mensaje Re: JOAN MIRÓ 
 
Retrato del artista ensimismado

El periodista Josep Massot accede al archivo familiar del creador para escribir una monumental biografía



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Louise Bourgeois y Joan Miró, en Nueva York en 1947.

“La pintura de Miró es el camino más corto de un misterio a otro” (Leiris). “De todos los pintores contemporáneos, Miró pasa por el más secreto” (Queneau). “Fue el hombre más misterioso, más impenetrable que he encontrado en toda mi vida” (Pierre Loeb, su marchante francés). “Lo sé todo de él y no sé nada de él” (su amigo Joan Prats)… A ese núcleo de misterio, la imagen estereotipada de Joan Miró (Barcelona, 1893 - Palma de Mallorca, 1983) suma la idea de un artista atónito, aislado, un poco intuitivo y pueril —de ahí que sea tan preferido por los niños—, que gracias a su estética dispersa, pura y astral, ocupa un lugar destacado en la pléyade de la pintura moderna.

Los numerosos conatos de biografías que se han hecho —Jacques Dupin, Georges Raillard, Lluís Permanyer, Josep Meliá, Rosa Malet, etcétera— se estrellaron contra el muro de ladrillos del mítico laconismo del pintor, contra su extremo celo por preservar su intimidad.

El periodista Josep Massot ha logrado romper ese muro, o rodearlo, para trazar una detallada y apasionante biografía del pintor barcelonés que nace ya con el marchamo de canónica y definitiva y que hace trizas esos estereotipos. Joan Miró. El niño que hablaba con los árboles (Galaxia Gutenberg) es el retrato de un artista de su tiempo sometido a las influencias de sus contemporáneos, un agente activo en el corazón de las vanguardias, que huyendo del provinciano ambiente artístico barcelonés —dominado por un novecentismo helenista y patriotero—, y tras la estela de su admirado Picasso, que ya a los 35 años era el rey de la pintura mundial, llega a París al mismo tiempo que llega Tristan Tzara. Tzara y Breton, Masson y Artaud, Leiris y Bataille, Picabia y Picasso, el libro sigue el progreso de Miró en el meollo del arte del siglo XX, y sus numerosas variaciones y excursos componen una historia de las vanguardias a través del pintor barcelonés.

Al preguntarle al autor cuánto tiempo le ha llevado escribir esta biografía, responde: “Toda la vida”. Massot conoció a Miró siendo adolescente: “Para mí, era el abuelo de mi amigo David. Era un señor encantador, y como yo era muy joven e ingenuo, saqué la errónea conclusión de que todos los artistas eran así. Yo lo veía como el conejo blanco de Alicia en el País de las Maravillas: siempre tenía prisa”. Su largo trato con la familia le ha dado acceso a los archivos familiares, a su correspondencia y a otras fuentes nunca hasta ahora estudiadas; incluso a la lectura de todos los libros de la biblioteca personal del artista, que es quizá la vía el acceso más directo a la psique de un hombre.

Lo que Massot mejor recuerda del pintor en la Mallorca de los años setenta era su noble generosidad, de la que da algunos ejemplos conmovedores. La vida de Miró es una historia de esfuerzo titánico por sobreponerse a sus deficiencias en busca de la plenitud y de la espiritualidad más allá de la pintura, a la que se proponía, como sostuvo repetidas veces, “asesinar”, como quien tira la escalera después de acceder a las nubes. Era un hombre dual, paciente de alguna tipología bipolar o depresiva, escindido entre un optimismo creativo y un fondo de melancolía sombría. Su infancia fue un sufrimiento permanente bajo la tutela de un padre tiránico que le gritaba cosas como: “¡Hasta el aire que respiras me pertenece!”; su juventud, la vocación de la pintura, arte para el que no estaba muy dotado. Su primera exposición, en la que cifraba altas esperanzas, le deparó mil burlas… A todas esas dificultades opuso una voluntad de acero y un estilo de vida de rigor espartano, que incluía la rutina horaria, la práctica deportiva sistemática, la alimentación cuidada (incluido el hábito de masticar muy lentamente)… Y, para mantener controlados demonios interiores a los que daba rienda suelta en el taller, la estabilidad doméstica, buscando el matrimonio, después de años de “permanente enamoramiento” con diferentes mujeres: Lola Anglada, pintora feminista, compañera suya del Cercle de Sant Lluc; con Dora Bianca, pintora polaca en París, especializada en pintar payasos del circo Medrano, modelo de dos cuadros fundamentales, Madame B y Madame K; con la independiente y deportista Pilar Tey, a la que dejó prácticamente plantada ante el altar so pretexto de una impostergable visita a Madrid para asistir a una exposición de Goya; entre muchos otros amores menores. Finalmente la hermana y la madre del artista tomaron cartas en el asunto y le presentaron a la que sería su esposa: Pilar Juncosa, a la que él describirá como “la chica más hermosa y más dulce del mundo y sin mácula de intelectualidad”. Así se declaró el pintor:

—Pilar ¿te sabría mal que te quisiera?

Y así consintió ella:

—Peor me sabría que no me quisieras.

Cada vez que se sentía estancado, Miró iba a ver a Picasso. Una visita a su taller bastaba para inspirarle, pero su firme propósito era superarle, lo que logró en cierto sentido —si es que tienen alguno estas jerarquías— al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando sus famosas Constelaciones llegaron a Estados Unidos donde reinaba el expresionismo abstracto, con el que Miró conectó inmediatamente. Picasso en cambio nunca quiso abjurar de la figuración. “Picasso era el último gran artista del siglo XIX”, sostiene Massot, “Duchamp y Miró los primeros del siglo XX”.


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'JOAN MIRO: EL NIÑO QUE HABLABA CON LOS ARBOLES'


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Autor: Josep Massot.
Editorial: Galaxia Gutenberg (2018).
Formato: tapa dura (832 páginas)
Precio: 28,40€
 




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Mensaje Re: JOAN MIRÓ 
 
Joan Miró: cómo convertir un tomate en una obra de arte

Todas las etapas de uno de los artistas españoles que mejor viajó por las vanguardias del siglo XX están representadas en el Centro Botín de Santander

La muestra coincide con el 125 aniversario del nacimiento del artista y es una oportunidad clave para entender toda su fantasía




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«La poética de Miró es capaz de transformar un objeto cualquiera en una obra artística de gran formato», afirma María José Salazar, comisaria -junto a Joan Punyet, nieto del artista- de Joan Miró: esculturas 1928-1982. Y así, nada más entrar en la exposición, vemos una gran escultura a color que surgió de su visión de una pinza de la ropa, una castaña y un pistacho. También comprobamos cómo un tomate le puede sugerir una enorme escultura de bronce con un aire a lo Henry Moore o la caja de herramientas de un amigo le inspira una extraña pieza experimental.

Joan Miró se adentraba en el alma de los objetos para, a partir de ahí, desarrollar su propia creación, que tiene mucho que ver con la intuición, la poesía y el mundo onírico. «La transformación de los objetos en obras de arte dan a Miró una gran modernidad y le convierten en un artista del siglo XXI», según reconoció ayer la comisaria. En el mismo sentido se manifestó Joan Punyet Miró, quien señaló que si Picasso es el artista del siglo XX su abuelo lo es del siglo XXI y que Joan Miró es un artista que cada día se revaloriza más en todo el mundo.

La exposición de esculturas, que reúne 94 piezas de todas sus etapas, se inaugura hoy en el Centro Botín de Santander y estará abierta hasta el 2 de septiembre. Se trata de una muestra única e irrepetible ya que, según señaló Joan Punyet, se ha diseñado exclusivamente para el espacio del Centro Botín, y dada la ambición de la muestra y la fragilidad de algunos materiales no podrá trasladarse a ningún otro lugar. Las obras de la exposición proceden de las dos fundaciones de la familia Miró, de su colección privada, del Museo Reina Sofía, de la Fundación La Caixa (entidad para quien Miró diseñó en 1979 su logo), la Fundación Matisse, así como de coleccionistas privados.

«Esta exposición va a cambiar la visión que tenemos del Miró escultor. A partir de ella vamos a descubrir a un nuevo Miró», afirmó María José Salazar, que insistió en lo complejo que ha sido llevarla a cabo. De hecho, ella misma empezó a trabajar en la muestra en el año 2012, antes de la inauguración del Centro Botín, con el nieto del artista Emilio Fernández Miró (que falleció después) y continuó con Joan Punyet, al tiempo que señaló las facilidades dadas por la familia para su realización. «Es una muestra muy ambiciosa y definitiva. El discurso escultórico de Miró está completo. En la muestra podemos ver todos sus periodos, todos sus momentos clave, así como todos los materiales que utilizó».

Además de las esculturas, se muestra una parte de los objetos cotidianos que inspiraron al artista, así como vídeos sobre su proceso de trabajo y de fundición. Miró siempre iba con un batín y le gustaba mancharse las manos y trabajar, como un compañero más, con los de las fundiciones, recuerda su nieto. El artista trabajó con hierro, madera, yeso, fibra de vidrio, poliuretano, hueso, resinas sintéticas y bronce. A partir de 1967, y por sugerencia del escultor Alberto Giacometti, se decidió a pintar sus esculturas ante el escepticismo de los fundidores que veían el bronce como un material noble que no debía disfrazarse.

La exposición recoge la última obra que Miró realizó poco antes de morir, Personnage, de 1982, una gran escultura que el artista realizó inpirándose en una servilleta que se llevó del restaurante La puñalada, hoy ya cerrado. «La vio, la dobló y esos mismos pliegues recorren la pieza», reconoció ayer su nieto. También se puede ver Danseuse Espagnole, de 1928, una pintura mixta que es su primer trabajo en la búsqueda de una tercera dimensión. Hay que advertir que todas las obras de Miró están tituladas en francés, ya que el artista consideraba que era el lenguaje del arte, de su arte, que aprendió en su estancia en París, cuando formó parte de la creación de los movimientos dadaístas y surrealistas.

Entre las piezas significativas de la muestra se encuentran Femme, de 1949, con la que se inicia en el bronce; Femme et oiseau (hizo varias versiones inspiradas en la mujer); L'Oeil attire es diamants, de 1974, con la que retoma sus trabajos experimentales, o la monumental Souvenir de la Tour Eiffel, una escultura de 1977 realizada con objetos ensamblados.

En el moderno y luminoso espacio del Centro Botín, encima del mar, la exposición de Miró se ha agrupado en cinco espacios diferentes, cinco historias, cinco mundos diferenciados de Miró que conforman a un mismo artista. En el primer bloque se ofrece el Miró de los años 30 y 40, el Miró de las vanguardias, en donde ya aparecen sus Femmes, sus trabajos con objetos encontrados, sus primeros bronces procedentes de la cerámica y piezas de hierro, material que luego abandonará definitivamente.


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El segundo espacio configura la gran explosión del artista, donde se encuentran piezas muy significativas, como la pinza de la ropa o la escultura de la servilleta, y otras esculturas a partir de objetos cotidianos o encontrados, como una caja de ensaimadas, un tenedor, un bote... «Su mujer Pilar no dejaba que esas esculturas entrasen en casa y las consideraba chatarra. Así que las tenía que dejar en su taller, lo mismo que los objetos que iba recogiendo», señaló María José Salazar, que fue la intermediaria en el pago de los derechos de sucesión al Estado (la primera vez que se hacía en España) tras el fallecimiento del artista el 25 de diciembre de 1983. «La familia fue muy generosa», reconoce la hoy comisaria. «Se donaron varias pinturas, y luego yo pregunté a su viuda si no tenían esculturas, y Pilar Juncosa nos regaló medio centenar, que hoy están en el Museo Reina Sofía».

La parte experimental, rabiosa y llena de ingenio se muestra en el tercer espacio de la exposición, con piezas singulares y su retorno a los orígenes artísticos. Aquí se puede apreciar un homenaje a Salvador Allende, una escultura hecha a partir del número de El Mercurio que recogía el asesinato del presidente chileno, atravesado por una viga y posteriormente pintado. También se encuentra la curiosa escultura del Moma, hecha con madera de embalaje. «Miró aprovechaba todo».

La exposición no tiene un recorrido cronológico, sino íntimo, poético o de afinidades. En el cuarto espacio se contemplan obras monumentales, hechas a veces de cosas domésticas como una jabonera o un pavo de Pascua. «Son esculturas que parecen ligeras pero pesan toneladas», reconocieron los comisarios, quienes hablaron del interés de Miró por plantar sus grandes obras en los espacios abiertos de las ciudades, como Chicago, Milán, Madrid, Barcelona...

El quinto espacio, que se asoma a la Bahía de Santander, recoge casi todas las esculturas pintadas de Miró, que se inician a partir de 1967. Aquí se pueden contemplar dos taburetes (de bronce) que representan al hombre y a la mujer, Monsieur y Madame, de 1969, diversas variaciones sobre Femmes y Personnages, así como su conocida Jeuna fille s'evadant, de su primer año colorista.

«La obra de Joan Miró es muy amplia y en esta exposición se pueden descubrir un gran número de obras escultóricas y objetos y dibujos preparatorios que se exponen por primera vez», dijo Joan Punyet, quien señaló, como cabeza visible de la familia y los herederos, que «no existe mucha obra inédita de Miró aunque de vez en cuando aparece un dibujo. Poca cosa más porque llevamos 50 años investigando todas estas colecciones particulares y los museos para que estén evidentemente bien inventariadas, catalogadas y publicadas para evitar falsificaciones».



La vida del artista que hablaba con los árboles


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Miró es el único gran artista que revolucionó el arte del siglo XX que no contaba con una biografía exhaustiva. Hay obras breves de síntesis, pero faltaba un libro que resolviera el enigma Miró y disolviera los numerosos clichés que distorsionan la mirada que sobre este artista tenemos», afirma el periodista Josep Massot, quien se ha atrevido a abordar una biografía extensa de un hombre de silencios, que tendía a ocultarse en cuanto notaba que se le acercaban demasiado. 'Joan Miró. El niño que hablaba con los árboles' (Ed. Galaxia Gutenberg) es una biografía no oficial de Joan Miró, en la que se habla de su infancia, de su complicada relación con su autoritario padre, de sus múltiples amores, de su paso por París y su participación en el dadaísmo y el surrealismo, de su relación de amor y odio con Picasso, así como de sus obras a favor de la República y su regreso a la España franquista en 1940. Para Massot este artista fue un hombre que estuvo en una lucha constante para lograr el equilibrio entre un Miró salvaje y un Miró apacible y dandy. «Hoy nadie discute que Miró es un pintor universal, uno de los grandes, un artista de un mundo profundo y complejo, pero durante muchos años se estuvo diciendo que lo que pintaba lo hacía un niño de guardería», comenta Massot, quien recuerda la frase de Octavio Paz: «Miró pinta como un niño de 5000 años». El artista decía que le entendían mejor los poetas que los críticos. «Su genio es el del niño que se asombra al ver cosas por vez primera, pero que posee, al mismo tiempo, las armas del hombre adulto». Josep Massot, amigo de adolescencia de David, el nieto mayor (ya fallecido) de Joan Miró, conoció al artista y reconoce que la familia Miró le ha dado todas las facilidades y le ha abierto las puertas, aunque la suya no es una biografía oficial. Massot también ha investigado en numerosos archivos y ha viajado a Nueva York para hablar con su marchante norteamericano, Pierre Matisse, el hijo del pintor postimpresionista y con numerosas personas que le conocieron o estuvieron a su alrededor. Massot confiesa que este libro siempre lo ha llevado encima y le ha costado hacerlo 40 años. «Miró no fue el niño eterno, el hombre ingenuo atrincherado en su taller, ni el medio monje, medio campesino, que se encerraba en sus largos silencios y que sólo sabía hablar con monosílabos... La vida de Miró es un ejemplo titánico de superación de sus limitaciones, un rebelde perpetuo que, bajo la máscara de un atildado burgués, un día de su infancia se propuso liderar el mundo artístico y alzar su mano hacia el cielo para alcanzar las estrellas», concluye Massot en el prólogo.


elmundo.es
 




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Mensaje Re: JOAN MIRÓ 
 
La subasta de los tesoros de los Rockefeller entusiasma a los coleccionistas

'Joven con una cesta de flores' de Picasso se vende por 115 millones en una subasta en la que Matisse y Monet batieron marcas



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Joan Miro (1893-1983) Mural I, Mural II, Mural III

Mucho antes que Bill Gates, Jeff Bezos y Ken Griffin estuvo David Rockefeller. Empezó a construir su colección de arte en los años 1950 y 1960, junto a su esposa Peggy. Entonces no había tantas grandes fortunas compitiendo por las obras más preciadas. El magnate decidió antes de morir subastarla entera para destinar el dinero a caridad. Emergieron así lienzos como Fillette a la coberbeille fleurie de Pablo Picasso, vendida este martes por 115 millones de dólares (97 millones de euros) en un noche en la que se recaudaron 645 millones en dos horas.


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Empleados de Christie´s ajustando el lienzo de Picasso. / TOLGA AKMEN - EFE

Las subastas de primavera en Nueva York arrancan con fuerza seis meses después de que el Salvator Mundi de Leonardo da Vinci destrozara todos los récords. Christie´s parte la temporada esta vez en dos semanas. La primera está dedicada entera a los tesoros que David y Peggy Rockefeller acumularon durante su matrimonio, en la que está considerada como la mayor colección privada que sale a subasta en la historia del arte.

Marc Porter, presidente de Christie´s para las Américas, explica que les llevó un año preparar la subasta. El lienzo de la joven desnuda sosteniendo una cesta de flores era la pieza más valiosa de las más de 2.000 que integra la colección. Picasso lo pintó cuando tenía 23 años. David Rockefeller lo adquirió a la hermana de Leo Stein. Su valor antes de empezar la puja se estimaba en 70 millones. La subasta arrancó en 90 millones. El martillo cayó dos minutos después en 102 millones, cantidad a la que se sumó la comisión.


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Obra de Henri Matisse / AP

La profusión de arte que llenó sus seis mansiones no tiene igual. Como indica Porter, tenía un gran conocimiento del mercado y fue tan astuto como su padre al invertir. Le ayudó haber presidido gran parte de su vida el consejo del Museo de Arte Moderno (MoMA). Eso le dio acceso a las obras más preciadas que salían a la venta. Su madre, Abby Aldrich, fue una de las creadoras de la institución.

El magnate adquirió así Odalisque couchée aux magnolia de Henri Matisse. Se vendió por 80,75 millones, superando el anterior récord del artista con Les coucous, tapis bleu et rose. Los Rockfeller fueron uno de los grandes promotores del arte moderno y de los primeros en entrar en ese mercado. Le gustaban los colores intensos. Ayudaron a entender el nuevo canon de artistas como Cézanne, Braque, van Gogh o Gauguin.

Quedan pocas obras de esta categoría y con tanto gusto en manos de coleccionistas privados como el Nympheas en fleur de Claude Monet, subastado por 84,68 millones y con el que el artista marca también un nuevo récord. Son obras que los coleccionistas llevan décadas siguiendo.


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Claude Monet’s ‘Nymphéas en fleur’


Precios asequibles

En total se van a subastar medio millar de pinturas hasta el viernes y algunas de ellas se ofrecen a precios asequibles, cuando se comparan con las obras maestras. Pomme, de Pablo Picasso, abrió la noche con 3,97 millones. De ahí escaló a 31,81 millones con La table de musicien de Juan Gris y 35,18 millones para La Vague de Paul Gauguin. La noche siguió con La rade de Grandcamp de Georges Seurat (34 millones), Fleurs dans un vase de Paul Gauguin (19,4 millones) y Exterieur de la gare Saint-Lazare, effet de soleil de Claude Monet (32,9 millones), junto a Mural I, Mural II y Mural III de Joan Miró (20 millones).


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Juan Gris. La table de musicien

Tras este primer lote en el que se subastaron 44 obras, la colección de David y Peggy Rockefeller bate sin dificultad los 484 millones recaudados hace nueve años con la de Yves Saint Laurent y Pierre Bergé. Durante las semanas previas se especuló con que la venta podría acercarse a los 1.000 millones cuando caiga definitivamente el martillo el viernes. La familia repartirá el dinero entre el MoMA, la Asociación de las Américas y otras organizaciones sin ánimo de lucro.

El nieto de John Rockfeller falleció hace un año, a los 101 años. Su familia era lo más cerca que se puede encontrar a la nobleza en un país sin reyes. Eso hizo que el valor de los artículos más pequeños que se subastaron por Internet se dispararan. “Esta atracción no es tanto porque fuera una celebridad”, explica Porter, “sino porque era un gran coleccionista, desde la pinturas más caras a las piezas decorativas más simples”.

“Compraban arte porque les atraía no por el retorno de la inversión”, apunta el presidente de Christie´s para las Américas. La colección incluye muebles antiguos de estilo inglés, piezas de cerámica, porcelanas, alfombras persas, figuras africanas y otras reliquias. Ni los organizadores eran capaces de estimar el dinero que iba a generar los objetos de menor valor. Un pinza de oro para billetes partía a un precio de 800 dólares, tras 50 ofertas superó los 26.000 dólares (22.000 dólares).
 
“El amor por el arte y las cosas bellas eran el centro de la casa”, dice su hijo David, que espera que los nuevos dueños le dejen poder alguna vez visitar los cuadros con los que se crió durante la niñez. Unas 50.000 personas visitaron la muestra previa durante la gira antes de llegar a Nueva York. El objetivo mínimo de 500 millones que se daba para toda la subasta se superó rápido. Las joyas de su mujer se ofrecerán en junio.


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David Rockefeller y su esposa. / Peggy - AP


elpais.com
 




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Mensaje Re: JOAN MIRÓ 
 
Miró terrenal, Miró metafísico

Una gran retrospectiva en París recuerda la dimensión política y la inquietud cósmica del artista. La muestra, la primera en la ciudad en cuatro décadas, reivindica su periodo tardío


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El artista Joan Miró, trabajando en la obra, en París, en 1961.
 
Joan Miró regresa a París por la puerta grande. El pintor catalán protagonizará, a partir del próximo miércoles, una gran retrospectiva en el Grand Palais de la capital francesa, que revisará la totalidad de sus 70 años de creación artística a través de 150 obras de primer nivel. Se trata de la primera antológica de estas características que se organiza en París desde 1974 y una de las principales muestras celebradas en las últimas décadas, si se observa el número y la envergadura de los préstamos obtenidos. Todo ello podría explicarse por el nombre de su comisario, Jean-Louis Prat, que dirigió durante varias décadas la Fundación Maeght y fue íntimo amigo de Miró hasta la muerte del pintor en 1983.

La muestra expone la dicotomía existente en la obra de Miró, dividida entre su interés aparente por los asuntos prosaicos, que expresa su fijación por la tierra, el mar y el cielo, y la inquietud metafísica que estos encubren. Esa doble vertiente parece reflejada en la que tal vez sea su primera obra maestra, La masia (1921-22), evocación de la casa familiar que estará presente en la primera sala de la retrospectiva, a la que llega prestada por la National Gallery de Washington, en cuya colección figura hoy, tras haber pertenecido a Ernest Hemingway. “El cuadro evoca la tierra que produce todo lo que hace subsistir al hombre, pero también ese cielo misterioso que, más tarde, Miró intentará conquistar”, explicaba Prat en la noche del jueves en una de las salas de exposición, con las últimas cartelas todavía por colgar.


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Joan Miró Peinture vers 1973 huile et craie sur toile ; 270 x 355 cm Espagne, Palma de Majorque Fundació Pilar i Joan Miró a Mallorca © Successió Miró / Adagp, Paris 2018 Arxiu Fotogràfic de la Fundació Pilar i Joan Miró a Mallorca / photo Joan Ramon & David Bonet

Para el comisario, se tiende a olvidar que la trayectoria de Miró dibuja una reinvención constante, como si estuviera inscrita en un movimiento perpetuamente inacabado. “La suya fue una conquista permanente de un lenguaje marcado por la libertad”, sostiene Prat. La exposición refleja sus distintas metamorfosis. Miró se definió como fauve cuando empezó a pintar, sin duda por los colores que llevaba en su paleta. Después se inscribió en un peculiar realismo, inspirado en los frescos romanos y las miniaturas persas.

Pero pronto se dio cuenta de que el mundo exterior no le inspiraba. Encontró una nueva fuente de creación buscando esos mundos paralelos que se esconden en este, aunque de manera muy distinta a la del grupo surrealista, con el que también tuvo una breve vinculación. De hecho, Miró decía que nunca soñaba cuando dormía. “Yo solo sueño de día”, dice en una entrevista recogida por la muestra, sin alegoría aparente.
Por su parte, Prat define su estilo como “único en el mundo”. Ni figurativo ni abstracto, sino todo lo contrario. “Miró deja de lado las convenciones de todo tipo. No quiere representar el mundo que le rodea, sino el mundo en el que él cree”, señala el comisario.


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Dutch Interior (III). 1928. Oil on canvas, H. 51-1/8, W. 38-1/8 inches (129.9 x 96.8 cm.). Bequest of Florene M. Schoenborn, 1995 (1996.403.8). Image licenced to Marie Poulain Agence photo de la RMN by Marie Poulain Usage : - 4600 X 4600 pixels (A3) © Image copyright © The Metropolitan Museum of Art / Art Resource
 
La segunda ruptura tiene lugar durante los años treinta, cuando Miró intuye el peligro del fascismo, antes de experimentarlo en sus carnes. Es la época de sus pinturas salvajes, que reflejan un sentimiento ominoso y una amenaza imprecisa y amorfa. En medio de la barbarie de la Guerra Civil y de la Segundo Guerra Mundial, Miró vuelve a redefinir su lenguaje expresivo. “Entiende que hay una esperanza. Se dirige entonces hacia algo totalmente nuevo”, opina Prat.

De ahí surgirán las Constelaciones, una veintena de gouaches que comienza en Normandía, repletas de misteriosos ideogramas flotando en el cielo. En plena hecatombe, Miró se refugia en lo cósmico. Pero no lo hace por escapismo, sino indicando otro camino. Lo demuestra la frase del pintor que despide al visitante al cruzar el último umbral: “La gente entenderá cada vez mejor que traté de abrir las puertas a un nuevo futuro, contra todas las ideas equivocadas y todos los fanatismos”.


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Joan Miró La Ferme 1921-1922 huile sur toile ; 123,8 x 141,3 cm États-Unis, Washington National Gallery of Art don de Mary Hemingway, 1987 © Successió Miró / Adagp, Paris 2018 Photo National Gallery of Art, Washington

Su recorrido también puede entenderse como un viaje hacia el vacío. “En sus últimos cuadros no hay casi nada, aunque eso no significa que reflejen la nada”, explica Prat. Su exposición aspira a reivindicar esa etapa tardía. Si la última antológica de envergadura que Francia dedicó a Miró, celebrada en 2004 en el Centro Pompidou, prefirió centrarse en sus primeros años como código fuente de todo el arte que vendría después, la muestra que se inaugura el miércoles parte de la idea contraria. Es esa última etapa, tal vez la menos conocida o celebrada, la que constituye el sumun de su lenguaje pictórico.

“Es comprensible que sea menos apreciada. Es algo que también le sucedió a Picasso, a Matisse y a todos los grandes que siguieron pintando de acuerdo con su visión, para estar en paz consigo mismo y no con el mercado. Miró creó, hasta el último suspiro, una obra tardía que servirá de referencia a la generación que llega después”, apunta Prat, que observa parecidos más que razonables con la obra de Basquiat. El último cuadro de la muestra es un lienzo quemado de 1973, que parece ejecutar literalmente el “asesinato de la pintura” que había defendido medio siglo antes. Llega poco después del tríptico dedicado a Salvador Puig Antich, La esperanza del condenado a muerte: una mancha de color sobre un fondo blanco y una línea negra. “Es un espacio religioso, de meditación, de soledad y de silencio. Es una capilla”, dejará dicho el pintor al terminarlo.


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Joan Miró L’Espoir du condamné à mort II 9 février 1974 acrylique sur toile ; 267 x 351 cm. Espagne, Barcelone Fundació Joan Miró © Successió Miró / Adagp, Paris 2018 Photo

La muestra también recuerda la importancia de su casa de Mont-roig, en el campo de Tarragona, que el pintor veía como una especie de matriz creativa. Cuidó su vínculo con la casa con cierta superstición: cuando se marchó por primera vez a París, en 1919, lo hizo con hierba de su jardín en la malta. "No es casualidad que conservase esa masía hasta el final. Era un lugar de trabajo y le hacía preservar un vínculo con una de las cosas que le importaban: la tierra catalana. Pero no era por espíritu catalanista, ya que siempre se definió por su apertura mediterránea. Nunca creyó en el repliegue o el aislamiento, del que conocía muy bien los peligros. Miró fue un catalán internacional", dice su amigo y comisario.

Al pintor le gustaba comparar su trabajo con el de un jardinero. "Mi taller es un huerto", solía decir. Le apasionaba, como recuerda Prat, la paciencia del agricultor, su respeto al método, su gusto por el trabajo bien hecho y su devoción por la semilla de la que surgirá algo nuevo. La exposición se esfuerza en recordar que, pese a la sencillez que tanto exhibió, Miró no fue solo un payés, sino también un filósofo y un poeta. "Creía que en la vida hay una sola certeza: la que nos indica que terminará por llegar un mañana", concluye el comisario.


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Joan Miró L’Oiseau migrateur 26 mai 1941 gouache et huile sur papier ; 46 x 38 cm. Collection particulière © Image


Los Reyes abren la muestra

Los Reyes de España viajarán el próximo viernes a París, donde inaugurarán oficialmente la gran exposición dedicada a Miró, dos días después de su apertura al público. Visitarán la retrospectiva junto al presidente francés, Emmanuel Macron, y su esposa, Brigitte, con quienes cenarán en el Elíseo después de descubrir la muestra. El ministro de Cultura, José Guirao, también acompañará a los Reyes.



EL PAÍS
París - Álex Vicente
Successió Miró / Adagp, Paris 2018
Fundació Joan Miró, Barcelone / Jaume Blassi
The Metropolitan Museum of Art
 




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Mensaje Re: JOAN MIRÓ 
 
El taller de Miró comparte sus secretos

Los dos estudios del pintor en Mallorca abren mañana al público después de una rehabilitación que ha vuelto a colocar cada objeto e incluso las gotas de pintura ahí donde el artista los dejó



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Interior del estudio en Mont-roig de Miró.

“Quiero que todo quede como esté después de mí en el momento en que yo desaparezca”. Las palabras de Miró (Barcelona, 1893-Palma, 1983) resuenan, ahora con la voz de su nieto, Joan Punyet Miró, en el audiovisual que prepara al visitante que quiera descubrir el taller mallorquín del artista, diseñado por el arquitecto Josep Lluís Sert en 1956, y que mañana se presenta, remozado y reconstruido al milímetro, tal como lo dejó el artista al morir. “No puedo trabajar seriamente sin haber creado previamente un ambiente propicio para hacerlo”, decía Miró, y ese ambiente es el que ha repuesto un equipo dirigido por Patricia Juncosa, quien, tras su estancia en Boston y en el MoMA de Nueva York, es la jefa del departamento de colecciones de la fundación del pintor, además de recopiladora de la correspondencia Sert-Miró.

La oportunidad de respirar la misma atmósfera del creador barcelonés y ser testigos de sus procesos de trabajo se cumple en pocas ocasiones en los casos de artistas de talla universal. En 1998 fue trasladado el caótico estudio de Francis Bacon del Soho londinense a Dublín. Cada hoja de la monstruosa montaña de papeles y desperdicios fue colocada exactamente en la misma ubicación original. Igual se ha hecho en el taller Sert: cada gota de pintura, cada recorte de diario colgado con chinchetas en las paredes, cada objeto, cada lienzo inacabado, cada fotografía y cada pincel han vuelto a ser instalados en su lugar, como si se hubiera congelado el tiempo. Pero a diferencia del de Bacon, el taller Sert mantiene su íntima relación con el universo mironiano.


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Exterior del taller de Sert.

 
La magia

El sol, el mar, el silencio, el cielo azul que tanto inspiraron al artista reciben al visitante antes de penetrar en los secretos que guarda “la cueva”, como llamaba Miró a su estudio, porque allí conjuraba todos sus saberes para crear la magia de sus obras. “El taller recién reconstruido de Giacometti en París tiene el contenido original, pero no está en el mismo lugar. Por el contrario, el de Le Corbusier se encuentra en el mismo edificio, pero no tiene el contenido original”, dice Juncosa. “Lo mismo sucede con los estudios de Munch en Oslo o con la reproducción del despacho de Gómez de la Serna en Madrid”, añade Francesc Copado, director de la Fundació Miró Mallorca, para subrayar la excepcionalidad de contar con los dos estudios de Miró, el de Mallorca y el Mas de Mont-roig del Camp, reconstruidos y abiertos al público.

Copado dice que la iniciativa surgió cuando los técnicos advirtieron la necesidad de reparar diversas patologías que sufría el edificio, originadas por la humedad y por los problemas causados al tapar Miró los lucernarios que Sert había diseñado para que, además de luz natural, captara las corrientes del aire, una idea inspirada en las edificaciones de climas tropicales. Miró —dice Patricia Juncosa— los hizo cerrar, porque, ya anciano, tenía frío y, así, quebró el comportamiento del edificio.

 
Mapeo e inventariado

Lo que era un problema se convirtió en una oportunidad. Se aprovechó el vaciado del edificio para realizar un exhaustivo mapeo e inventariado de las manchas de pintura del pavimento, lo que permitió tener una visión global del taller y reconstruir cómo Miró se movía por el espacio y cómo lo utilizó, además de identificar las manchas de pintura y asociarlas a obras concretas. El Departamento de Colecciones ubicó, gracias a filmaciones y fotografías de la época, todos los objetos, que, según el inventario, suman casi 4.000 piezas. De esta forma, se ha podido reconstruir fielmente, sin concesiones al artificio, el espacio original de los setenta, la época de máxima ebullición de Miró, y acometer su relectura. La diferencia es que, para preservar las obras originales, los 65 lienzos expuestos son reproducciones exactas, ejecutadas con el consentimiento y la supervisión de Successió Miró (la entidad fundada por sus herederos que administra sus creaciones), debidamente seleccionadas, identificadas y destruidas las pruebas. “Esta intervención —aseguran los técnicos— permite además mostrar las pinturas sin marco y sin vidrio, como obras en curso, apilarlas, apoyarlas en la barandilla, e incluso ponerlas en el suelo, tal como las tenía Joan Miró durante los años en que trabajó en el taller”.

La metódica reconstrucción es una novedad de gran importancia para que los investigadores puedan profundizar en el estudio de las fuentes iconográficas de Miró. “La disposición anterior no funcionaba”, afirma Juncosa. Se había ocupado todo el espacio, de manera que se hurtaba el paseo entre sus obras, un método esencial en el proceso de trabajo de Miró. Se habían introducido también objetos de otros lugares y, por el contrario, faltaban piezas, trasladadas al taller vecino de Son Boter. “Para un artista que daba tanta importancia a la reflexión sobre el equilibrio, lo vacío y lo lleno, recuperar este elemento era urgente, así como haber podido dibujar, gracias al mapeado de las gotas de pintura, los movimientos que hacía en el taller”, dice la conservadora de la fundación.

La realización del inventario ha permitido descubrir que hay varios objetos duplicados en los talleres de Mont-roig y de Palma de Mallorca, y que dan cuenta de sus fijaciones: un retrato de Pablo Picasso, otro de Joan Prats, un sol de palma, una calabaza, un pez globo, un balancín, varias postales.

Cuando Sert acabó las obras del estudio mallorquín en 1956, Miró quedó paralizado y estuvo tres años sin pintar al óleo. El motivo no fue solo su dedicación a la obra gráfica y a los murales de cerámica, sino sobre todo la extrañeza de sentirse en un espacio deshabitado, sin referencias. Para paliarlo, se dedicó a crear su propia pinacoteca, recogiendo objetos encontrados en la playa, en el campo o en las calles: esqueletos de caracolas, ranas, ratas o murciélagos; piedras; alambres; instrumentos de laboreo… “Pronto creerán que es un vagabundo”, se alarmaba su mujer, Pilar Juncosa.

Ahí, en el taller Sert, el visitante podrá visualizar la peculiar pinacoteca mironiana, a la que él daba más relieve que a los cuadros del Prado. Las piedras de las montañas de Cornudella de su infancia, la paleta de porcelana que le regaló su madre cuando era niño o el viejo banco de trabajo de su abuelo ebanista con fotos de artistas de época pegadas a su gastada madera y que podría pasar por un collage de Rauschenberg…


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Detalle de los pinceles y de otros materiales en el estudio.

 
Recortes

Hay dos máscaras y dos tejidos estampados de Oceanía, una cultura muy querida por Breton y por el primer marchante francés de Miró, Jacques Viot. Una de las máscaras es la que prestó para el número especial de la revista D’Ací d’Allà de 1934 y que sirvió para divulgar de forma didáctica al público catalán el arte de vanguardia, y que fue fundamental después para que Tàpies, en el páramo cultural de la posguerra española, accediera al arte innovador. Sobre una mesa, se ve un ejemplar del libro Picasso: œuvres reçues en paiement des droits de succession, que Miró anotó cuidadosamente. En las paredes, detalles que se repiten, recortes con formas circulares, la obsesión por el ojo, la espiral, reproducciones de pinturas románicas (una de ellas, del Apocalipsis), fotos de astros, una postal con otro de sus elementos recurrentes, el hombre que alza sobre sus hombros un niño (San Cristóbal) o una muchacha… Entre los recortes de prensa, varios aluden a Duchamp o a la necesidad del arte infantil. Y entre las decenas de objetos, juguetes, sus queridos siurells baleares, figuritas de barro de artesanía popular, mallorquinas o de otras culturas; mariposas disecadas, anuncios en los que aparecen distintos insectos o piezas de quincallería, recuerdos de sus viajes a Japón…

Copado dice que la segunda fase de los trabajos consistirá en reconstruir el taller de Son Boter y, antes, en acometer la reparación de las cubiertas del edificio de la fundación, seriamente dañadas por las humedades ocasionadas por la capa de agua que Rafael Moneo diseñó. El proyecto ya cuenta con la aprobación del arquitecto y del Ayuntamiento de Palma. Las obras, previstas para finales del 2019, obligarán al cierre de los espacios expositivos al menos durante tres meses, lo que se aprovechará para mostrar los lienzos durante este período en un museo de Canadá.


elpais.com
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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