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Museo De Bellas Artes De Bilbao
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Mensaje Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
Este trabajo esta dedicado al Museo de Bellas Artes de Bilbao, es actualmente uno de los principales museos de pintura y escultura de España. Alberga una gran colección de Arte Antiguo, Arte Moderno y Contemporáneo, Arte Vasco, Obra sobre Papel y Artes Decorativas.


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El Museo de Bellas Artes de Bilbao es uno de los grandes desconocidos. Su colección y su línea expositiva supera con mucho la del Guggemheim. Pero, claro, no va envuelto de oropel y fanfarrias... Este museo se destaca por la búsqueda de la contemporaneidad sumada a la riqueza de sus colecciones más importantes. Sus directivos destacan el vínculo que mantiene el museo con la ciudadanía, entidades públicas y artistas locales y del mundo, que marcan la calidad de las exposiciones a través de donaciones o ayudas en compras de nuevas piezas.

El edificio de este museo nace en 1945 y es el resultado de la fusión del primer Museo de Bellas Artes y el de Arte Moderno. Con más de un siglo de historia se ha convertido en uno de los lugares preferido por los turistas por las impresionantes colecciones de arte que allí se encuentran.


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Las Colecciones. Las obras que aquí encontramos comprenden una cronología que va desde el SXVII hasta la actualidad. Entre sus 8.000 piezas podemos hallar pinturas, esculturas, obras sobre papel y artes aplicadas.

La colección permanente consta de tres núcleos fundamentales: Arte Renacentista y Barroco, Arte Contemporáneo y Arte Vasco. En ellas podemos encontrar las mejores obras de artistas como Bermejo, Benson, Mandijn, De Vos, Moro, Sánchez Coello, El Greco, Ribera, Zurbarán, Van Dyck, Murillo, Arellano, Meléndez, Bellotto, Goya, Paret, Villaamil, Gauguin, Cassatt, Sorolla, Guiard, Ensor, Regoyos, Zuloaga, Anselmo Guinea, Sunyer, Arteta, Vázquez Díaz, Lipchitz, Delaunay, Gargallo, Bacon, Chillida, Tàpies, Saura, Lüpertz, Eduardo Arroyo y Barceló, entre otros.


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Como en los museos importantes, se realizan con frecuencia exposiciones temporales -actualmente se presenta la de El joven Murillo con un centenar de obras del pintor realizadas en su juventud. La misma permanecerá abierta hasta el 17 de enero de 2010. El Auditorio de  la cinemateca del museo será sede, el próximo 23 de diciembre, del Festival Internacional de cine documental y cortometraje de Bilbao que finalizara el 29-.

El Museo de Bellas Artes de Bilbao, posee una importante biblioteca  en la que se destaca la documentación sobre arte vasco. Un recinto en donde investigadores y público en general pueden encontrar libros, monografías, publicaciones periódicas y material audiovisual vinculado al arte.

Espero que la información que he recopilado de este museo sea de vuestro interés.




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Datos del Museo de Bellas Artes de Bilbao
• Dirección: Plaza del Museo, 2
• Horarios: De martes a domingo de 10.00 a 20.00 horas. Lunes cerrado.
24 y 31 de diciembre de 10.00 a 14.00 horas
Cerrado el 25 de diciembre y el 1 y 6 de enero.
Su web: http://www.museobilbao.com/



Museo de Bellas Artes de Bilbao


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El Museo de Bellas Artes de Bilbao, está situado en la ciudad de Bilbao, en el norte de España, y es actualmente uno de los principales museos de pintura y escultura del país. Su historia es singular pues surgió gracias al patrocinio de coleccionistas locales, en una ciudad con tradición artística más bien corta y sin grandes colecciones de la nobleza o eclesiásticas.

El Museo de Bellas Artes de Bilbao se creó en 1908 y se inauguró en 1914 con un fondo artístico legado por el empresario y filántropo Laureano de Jado. Este primer Museo de Bellas Artes se fusionó en 1939 con el Museo de Arte Moderno fundado en 1924, y la institución resultante abrió las puertas de su sede actual en 1945. Contribuciones de las instituciones locales, de individuos privados y las propias adquisiciones del museo ayudaron a formar el perfil esencial de la colección y orientaron su crecimiento subsecuente. La necesidad de formar una colección representativa empezando casi de cero, permitió afinar el criterio de selección.

Tras unos modestos inicios en la Escuela de Artes y Oficios del barrio de Achuri, la institución se trasladó a un edificio de nueva planta en el parque Casilda Iturrizar, pulmón verde de la ciudad. Vagamente inspirado en el Museo del Prado, el edificio sigue líneas neoclásicas combinando la piedra y el ladrillo rojo. Fue proyectado por los arquitectos Fernando Urrutia y Gonzalo Cárdenas, y en 1962 fue declarado Monumento Nacional.

En los años 60-70 se erige un segundo edificio, conectado al primero por una galería. Se trata de una construcción más audaz, de línea minimalista y materiales modernos como metal y vidrio, influida por la arquitectura de Mies van der Rohe. La ampliación fue proyectada por los arquitectos Álvaro Líbano y Ricardo Beascoa. Parte de su planta baja se dejó abierta a modo de soportal, si bien con motivo de las obras de modernización de los años 90, dicho espacio se cerró y acondicionó como sala de exposiciones. Esta reforma y ampliación del museo fue proyectada por el arquitecto Luis María Uriarte, abriéndose al público en noviembre de 2001.

En mayo de 2009, el alcalde de Bilbao Iñaki Azkuna comentó públicamente la oportunidad de emprender otra ampliación. Ante las limitaciones urbanísticas para ampliar el edificio una vez más, se plantea la opción de buscar una segunda sede, a la cual se trasladarían los fondos de arte más reciente, que permanecen almacenados en gran parte.


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Museo de Bellas Artes de Bilbao. Primera ampliación. Vista del edificio moderno, c. 1971.


Colección permanente

La colección del Museo de Bellas Artes de Bilbao reúne un destacado conjunto patrimonial de más de 10.000 piezas: aproximadamente 1.500 pinturas, 400 esculturas, más de 6.500 obras sobre papel y un millar de piezas de artes aplicadas. Conserva ejemplos relevantes de las principales escuelas europeas desde el siglo XIII hasta nuestros días y otras colecciones excepcionales como la colección Palacio de arte oriental, la colección de cerámica de Manises de los siglos XIV-XVI o la colección Taramona-Basabe de bronces etruscos, itálicos, romanos e ibéricos, cuya cronología se remonta al siglo VI a. C.

Tiene especial interés la pintura de la escuela española, con obras relevantes de El Greco, Morales, Ribera, Murillo, Zurbarán, Paret y Goya, entre otros. También la pintura flamenca y holandesa con Gossart, Benson y Coecke, Mandijn, Vredeman de Vries, De Vos, Jordaens, Van Dyck, Grebber o Ruisdael. En 2012 el museo ha sumado un importante ejemplo de Lucas Cranach el Viejo: Lucrecia (1534).7 Posee, además, la más importante colección de artistas vascos y es en ese aspecto la institución de máxima referencia por sus fondos artísticos y documentales, su tradición investigadora y su cercanía a los propios artistas.

Mención aparte merece el fondo de obra sobre papel, con estampas y grabados de Durero, Van Meckenem, Georg Pencz, Goltzius, Rembrandt, Sandrart, Piranesi, Goya, Fortuny, Carlos de Haes, Cézanne, Picasso, Duchamp, Lipchitz, Utamaro, Hokusai, Rouault, Hockney, Allen Jones, Immendorff, Bacon y Saura, entre otros.

Un recorrido esencial por las salas del museo incluye obras singulares de Bermejo, Benson, Mandijn, Vredeman de Vries, Cranach el Viejo, De Vos, Moro, Sánchez Coello, El Greco, Pourbus, Gentileschi, Ribera, Zurbarán, Van Dyck, Murillo, Arellano, Meléndez, Bellotto, Mengs, Goya, Paret, Villaamil, Ribot, Zamacois, Madrazo, Gauguin, Cassatt, Sorolla, Guiard, Iturrino, Ensor, Regoyos, Romero de Torres, Zuloaga, Sunyer, Arteta, Gutiérrez Solana, Vázquez Díaz, Lipchitz, Delaunay, González, Gargallo, Bacon, Palazuelo, Oteiza, Appel, Chillida, Caro, Millares, Tàpies, Saura, Lüpertz, Kitaj, Blake, Arroyo y Barceló, entre otros.


Distribución por épocas


Románico y gótico (s. XIII – s. XV)

El recorrido comienza con ejemplos del arte románico catalán y esculturas del gótico francés y alemán. Junto a ellos, extraordinarias piezas hispano-flamencas: Pere Nicolau, Bertomeu Baró, el Maestro de San Nicolás, Diego de la Cruz y Bartolomé Bermejo.


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Majestad de Cristo en la cruz. Anónimo catalán. Colección del Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Flagelación de Santa Engracia, de Bartolomé Bermejo. Colección del Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Cristo de Piedad, de Diego de la Cruz. Colección del Museo de Bellas Artes de Bilbao


Renacimiento y manierismo (s. XVI – comienzos s. XVII)

Con los primitivos flamencos y holandeses, Gossart, Ambrosius Benson y Pieter Coecke van Aelst, aparece el Renacimiento en el norte y las formas del manierismo adaptadas por los artistas flamencos como Jan Mandijn, Hans Vredeman de Vries o Marten de Vos. Se llega a los refinados retratos cortesanos españoles del siglo XVI con Antonio Moro y uno de sus discípulos destacados, Alonso Sánchez Coello, y su continuador, Pantoja de la Cruz. También, un destacado retrato de Pourbus el Joven y obras de Luis de Morales y El Greco.


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La Sagrada Familia, de Jan Gossart "Mabuse". Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Retrato de Felipe II, de Antonio Moro. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Retrato de doña Juana de Austria, princesa de Portugal, de Alonso Sánchez Coello. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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La Anunciación, de El Greco. Museo de Bellas Artes de Bilbao


Barroco (s. XVII)

El siglo XVII se inicia con obras de la escuela italiana –Orazio Gentileschi, Giovanni Battista Crespi y Domenico Piola– y se adentra en la pintura española barroca, representada con piezas relevantes de los grandes maestros y escuelas de la época, Herrera el Viejo, Pedro de Orrente, José de Ribera, Francisco de Zurbarán, Bartolomé Esteban Murillo, Carreño de Miranda, Juan de Arellano y Sánchez Coello. La pintura flamenca y holandesa sale de nuevo al paso con Jacob Jordaens, Anton Van Dyck, Pieter de Grebber y Jacob Ruysdael.


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Vista de sala del edificio antiguo. A la izquierda, el gran cuadro de San Sebastián de José de Ribera, y a la derecha, La Virgen con el Niño Jesús y San Juan Bautista niño, último cuadro firmado y fechado que se conoce de Zurbarán.


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Anton Van Dyck - Lamentación sobre Cristo muerto, c. 1627-1632. Óleo sobre lienzo, 156,5 x 256,7 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Rembrandt - Retrato de Cornelis Claesz Anslo. 1641. Aguafuerte y punta seca sobre papel. 20.4 x 16.1 cm., papel. 18.8 x 15.9 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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San Pedro en lágrimas, de Bartolomé Esteban Murillo. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Lot y sus hijas, de Orazio Gentileschi. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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San Sebastián curado por las santas mujeres, de José de Ribera. Museo de Bellas Artes de Bilbao


Rococó y clasicismo (s. XVIII – primera mitad s. XIX)

Se reúnen aquí artistas destacados del siglo XVIII, fundamentalmente españoles. El ilustrado Luis Paret y Alcázar que, exiliado varios años en Bilbao, pintó vistas de la Villa y de los puertos del Cantábrico. El genio de Goya brilla con los retratos de sus amigos Zapater y Moratín, acompañado por el talento retratista de Vicente López Portaña y por el bodegonista de Luis Meléndez. El vedutismo italiano está representado a gran nivel por el veneciano Bernardo Bellotto.


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Retrato de Martín Zapater, de Goya. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Capricho arquitectónico con un palacio, de Bernardo Bellotto. Museo de Bellas Artes de Bilbao


Romanticismo, realismo e impresionismo. Artistas vascos I (s. XIX – 1ª mitad s. XX)

Con obras de Antonio María Esquivel, Joaquín Manuel Fernández Cruzado y Andrés Cortés y Aguilar se recorre el costumbrismo andaluz, el madrileño con Leonardo Alenza y Lucas Velázquez, el paisaje realista con Carlos de Haes y Aureliano de Beruete, y las escenas de historia y de costumbres con Raimundo de Madrazo, Vicente Palmaroli, Álvarez Catalá, Francisco Pradilla, Antonio Gisbert, Alejandro Ferrant y el escultor Mariano Benlliure. Junto a ellos, un magnífico bodegón del francés Ribot muestra ecos del barroco español. La escuela de Mariano Fortuny está representada por José Jiménez Aranda y por el bilbaíno Eduardo Zamacois, quien, junto a Francisco de Paula Bringas y Juan de Barroeta, dio inicio a la pintura vasca moderna.

Algunas obras mayores de la pintura vasca de este momento, y el particular puntillismo de Darío de Regoyos, conectado con el foco renovador de Bruselas, se ponen en contexto con la pintura de la norteamericana Mary Cassatt y con el realismo de Santiago Rusiñol y Joaquín Sorolla. En el vestíbulo hay ejemplos de la escultura vasca del cambio de siglo: Nemesio Mogrobejo y Moisés de Huerta. A través del ventanal se contempla el monumento a Arriaga, obra maestra de Francisco Durrio.

En el primer piso aparecen los artistas vascos de finales del siglo XIX y primera mitad del XX, siguiendo la estela de Adolfo Guiard, Regoyos y Anselmo Guinea, y algunas obras relacionadas de importantes pintores españoles y europeos. Obras maestras de Ignacio Zuloaga, Francisco Iturrino, Juan de Echevarría o Ricardo Baroja, algunos de los cuales tuvieron éxito en el París de la época, integrándose en los movimientos renovadores −como el fauve Iturrino, amigo de Derain, Vuillard, Matisse y Picasso− o colaborando en la formulación de la estética de la Generación del 98 −como Zuloaga y Baroja−. La pintura etnicista vasca alcanza su cota mayor en Aurelio Arteta, los cuatro hermanos Arrúe: José, Alberto, Ramiro y Ricardo, y los dos hermanos Zubiaurre: Valentín y Ramón. Otros, como Julián de Tellaeche, pintor del mar, el intimista Benito Barrueta y el sofisticado José María de Ucelay, completan el panorama.

En escultura destaca la obra simbolista de Durrio, amigo de Gauguin y Picasso y personaje clave para la integración de los artistas vascos en París. De Gauguin, precisamente, se muestra un extraordinario cuadro de su estancia en Arlés, así como otro de su amigo y seguidor Paul Sérusier.

Una de las colecciones más interesantes de la escultura vasca es la de Quintín de Torre, cuya obra conecta singularmente con la sensibilidad del realismo y el expresionismo contemporáneos.


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Lavanderas en Arles, de Paul Gauguin. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Mujer sentada con un niño en brazos, de Mary Cassatt. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Bufones jugando al cochonnet, de Eduardo Zamacois. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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La reliquia, de Joaquín Sorolla. Museo de Bellas Artes de Bilbao


Arte contemporáneo. Artistas vascos II

En el edificio moderno se inicia un recorrido desde el siglo XX hasta nuestros días. Aparecen el cubismo −Juan Gris, Jean Metzinger, Henri Hayden, Jacques Lipchitz− y sus derivaciones −María Blanchard, Robert Delaunay−, el futurismo −Celso Lagar, Antonio de Guezala− y el expresionismo −James Ensor, Oskar Kokoschka−. Les acompañan esculturas de Pablo Gargallo y Julio González, y obras influidas por las propuestas geométricas o la estilización de las formas −Torres García, Aurelio Arteta, Vázquez Díaz−, junto a pinturas surrealistas de Óscar Domínguez, Alberto Sánchez, Josep de Togores o Nicolás de Lekuona.


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Escultura "Lugar de Encuentros IV", Chillida Museo de Bellas Artes de Bilbao

A continuación, Jorge Oteiza, una de las figuras de la vanguardia vasca, introduce con su escultura los movimientos constructivistas o espacialistas del arte europeo tras la Segunda Guerra Mundial. Junto a él, Pablo Palazuelo demuestra su magisterio sobre esta inicial escultura vasca. Agustín Ibarrola, por su parte, representa un realismo social mediante recursos cartelistas y espacialistas. Destacadas piezas de Chillida, el gran escultor vasco que tanto influyó en el arte de su entorno, muestran las diferentes materias y la búsqueda de la forma en un excepcional universo poético. En las cristaleras, Darío Urzay propone su investigación sobre la relación entre pintura y fotografía.

En 1966 se crearon los llamados Grupos de la Escuela Vasca −Gaur (Guipúzcoa), Hemen (Vizcaya) y Orain (Álava)− que reunieron a los más significativos artistas vascos surgidos desde finales de los años cuarenta. En los siguientes espacios aparecen obras de los pintores Amable Arias, José Luis Zumeta y Rafael Ruiz Balerdi, relacionados con el expresionismo abstracto, y de los escultores Nestor Basterretxea, Remigio Mendiburu y Vicente Larrea, que centran su interés en propuestas informalistas y geométricas.

En un ámbito independiente se reúnen algunos de los grandes nombres de la abstracción española, fundamentalmente de índole informalista y caracterizada por la práctica ausencia de color, como los expresionistas interesados por la materia −Tàpies, Manolo Millares, Lucio Muñoz− o por una pintura de grandes rasgos gestuales −Antonio Saura−. Les acompañan obras de la difícilmente clasificable Vieira da Silva, de los expresionistas abstractos Bram Van Velde y Karel Appel, y del poeta y pintor gestual francés Henri Michaux.


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Espacio expositivo de Arte contemporáneo. Museo de Bellas Artes de Bilbao

A continuación pueden verse obras de artistas vascos alternando con otros internacionales que realizan propuestas figurativas de carácter pop, surrealista o de diferentes realismos: Andrés Nagel, Juan José Aquerreta y Mari Puri Herrero, junto a artistas figurativos ingleses como Francis Bacon, Kitaj, Peter Blake y John Davies o españoles como Eduardo Arroyo, Equipo Crónica, Luis Gordillo y Pérez Villalta. Cercanos aparecen algunos ejemplos de la transvanguardia italiana −Mimmo Paladino, Ernesto Tatafiore−, con su imaginativa figuración, y del neoexpresionismo alemán −Markus Lüpertz−. A todos ellos les acompaña Miquel Barceló, una de las figuras españolas de más difusión internacional con un particular expresionismo figurativo y matérico.

Para terminar, una serie de autores vascos –Badiola, Bados, Irazu, Morquillas, Gortázar, Ortiz de Elgea, Mieg, Ramos Uranga, Goenaga, Daniel Tamayo o Jesús Mari Lazkano– se sitúan en las recientes tendencias del arte con reminiscencias del constructivismo junto a referencias objetuales que dan testimonio de la complejidad de la vida urbana y de los conflictos existenciales y sociales del mundo contemporáneo, así como de la multiplicidad de sentidos que ofrecen los mensajes que recibe el hombre actual.


Nuevas adquisiciones


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"Hanging figures" de Juan Muñoz, Museo de Bellas Artes de Bilbao. Hanging Figures se inscribe dentro de un amplio conjunto de obras colgantes que el artista comenzó a producir en 1997, año en el que fue realizada. Como en otras piezas de la serie, Muñoz transforma por completo la forma habitual de contemplar la escultura al modificar radicalmente el punto de vista del espectador.


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La escultura 'Bilbao', de Richard Serra.  Museo Bellas Artes de Bilbao.

Política expositiva y Política expositiva. Anualmente el museo presenta un importante programa de exposiciones que atiende diversos intereses... Más info


Obras sobresalientes

    - Adolfo Guiard La aldeanita del clavel rojo - C. 1903
    - Alberto Sánchez Figuras con paisaje - C. 1960-1962
    - Ambrosius Benson Piedad al pie de la cruz (fragmento) - C. 1530
    - Anónimo, catalán. Descendimiento y El diluvio o El Arca de Noé - último tercio del siglo XIII
    - Anton Van Dyck Lamentación sobre Cristo muerto- C. 1634-1640
    - Antoni Tapies Gran óvalo o Pintura - C. 1955
    - Antonio Moro (Anthonis van Dashort) Retrato de Felipe II - C. 1549-1550
    - Aurelio Arteta El puente de Burceña - C. 1925-1930
    - Bartolomé Bermejo La flagelación de Santa Engracia - C. 1474-1478
    - Bartolomé Esteban Murillo San Lesmes - C. 1655
    - Bernardo Bellotto Paisaje con palacio o Capricho arquitectónico con palacio - C. 1765-1766
    - Darío de Regoyos El baño en Rentería. Soir Eléctrique - C. 1899
    - Diego de la Cruz Cristo de Piedad - C. 1485
    - Eduardo Chillida Alrededor del del vacío I - C. 1964
    - El Greco (Domenikos Theotokópoulos) La Anunciación - C. 1596-1600
    - Francis Bacon Figura tumbada en espejo - C. 1971
    - Francisco de Goya Retrato de Martín Zapater - C. 1797
    - Francisco de Zurbarán La Virgen con el niño Jesús y San Juan Niño - C. 1662
    - Francisco Durrio Cabeza de Cristo - C. 1895 - 1896
    - Ignacio Zuloaga Retrato de la Condesa Mathieu de Noailles - C. 1913
    - Jan Mandijn (o Mandyn) Festín burlesco - C. 1550
    - Joaquín Sorolla La reliquia - C. 1893
    - Jorge Oteiza Retrato de un gudari armado llamado Odiseo - C. 1975
    - José de Ribera San Sebastián curado por las Santas Mujeres - C. 1621
    - José Gutiérrez Solana Mujeres de la vida - C. 1915-1917
    - Juan de Arellano Canastilla de flores - c.1671
    - Juan de Barroeta Vista del Abra de Bilbao desde Algorta - 1886
    - Luis Fernández Cabeza de toro muerto - C. 1939
    - Luis Meléndez Bodegón con frutas y un jarro - C. 1773
    - Luis Paret y Alcázar Vista del Arenal de Bilbao - C. 1783-1784
    - Luis Paret y Alcázar Vista de Bermeo, 1783
    - Mary Cassatt Mujer del sentada con un niño en sus brazos - C. 1890
    - Michel Erhart Santa Ana, la Virgen y el niño - C. 1485-1490
    - Orazio Gentileschi Lot y sus hijas - C. 1628 del
    - Óscar Domínguez Le Chasseur (El Cazador) - C. 1933
    - Paul Cezanne Bañistas - C. 1896-1898
    - Paul Gauguin Lavanderas en Arlés - C. 1888
    - Robert Delaunay Mujer desnuda leyendo - C. 1920
    - Utagawa Kunisada Actor de Kabuki como leñador - C. 1815

Algunas obras representativas


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Luis Paret y Alcázar - Vista de Bermeo, 1783. Museo de Bellas Artes de Bilbao
El Museo de Bellas Artes de Bilbao adquirió esta obra en 2017 gracias al patrocinio de BBK y la aportación de los Amigos del Museo. "Vista de Bermeo, 1873" de Luis Paret además de ser una de las obras más sobresalientes de la pintura española del siglo XVIII, está considerada como la primera imagen moderna y puramente artística que se conserva de una localidad vasca. Estricto coetáneo de Goya, Paret, que residió en Bilbao entre 1779 y, al menos, 1787, aborda la vista como un encuentro social, en el que dignifica los tipos y costumbres, y que, en el caso del País Vasco, es un testimonio gráfico sin precedentes. Pintada en 1783 para que el futuro Carlos IV, por entonces Príncipe de Asturias e hijo del rey Carlos III, decorara su residencia de recreo en El Escorial, la obra fue concebida para hacer pareja con otra vista de Bermeo en la que se captaba el puerto en el transcurso de una borrasca –pintura esta última actualmente desaparecida. La obra, que conserva el Museo de Bellas Artes de Bilbao, muestra casi con exactitud el puerto viejo, del que ofrece una visión panorámica de su acantilado que se inicia en la iglesia gótica de Santa Eufemia, a la izquierda, continúa en la casa-torre Ercilla (localizada en el centro del cuadro) y llega hasta las ruinas de la desaparecida iglesia de Santa María de la Atalaya, a la derecha. Con pincelada exquisita y minuciosa (se reconocen fácilmente la fuente de los Dos Caños o las escarpadas escaleras de Utsa), el pintor recrea la accidentada orografía del litoral vasco sujeto a singulares efectos lumínicos y atmosféricos.


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Adolfo Guiard - El aldeano de Bakio, 1888. Museo de Bellas Artes de Bilbao.
Además de por su interés artístico, El aldeano de Bakio es una obra destacada dentro de la trayectoria de Guiard por la controversia que suscitó en la prensa local de la época al ser presentada al público en un establecimiento de la calle Correo, en Bilbao, tal y como documentó el historiador del arte Javier González de Durana en la monografía que escribió sobre el pintor, editada por el museo y por la Caja de Ahorros Vizcaína en 1984. Según se narra en ella, a los elogios al cuadro publicados en 1888 por el escritor costumbrista Nicolás Viar, respondió cuatro días más tarde el poeta Antonio Trueba con una agria crítica sobre el estilo impresionista de la obra. La polémica tuvo más episodios y en ella terminó por intervenir también Miguel de Unamuno. Si bien el magisterio de Guiard como dibujante era unánimemente reconocido, su uso del color en gamas armónicas de gran sutileza y fuerte efecto atmosférico fue objeto de discusión entre críticos y aficionados.


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«El cardenal», 1912 de Ignacio Zuloaga. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Aurelio Arteta. El puente de Burceña. 1925-1930. Óleo sobre lienzo. 100 x 83.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Luis Meléndez Bodegón con frutas y un jarro, c. 1773. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Utagawa Kunisada Actor de Kabuki como leñador, c. 1815 . Museo de Bellas Artes de Bilbao



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"Monumento a Juan Crisóstomo Arriaga", de Francisco Durrio, en la actualidad.


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Monumento al compositor Juan Crisóstomo Arriaga, junto al Museo de Bellas Artes de Bilbao. La estatua, de Francisco Durrio, representa a Euterpe, musa de la música, llorando por la muerte de Arriaga.


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Fachada del edificio antiguo del Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Fachada del edificio moderno y actual entrada principal del Museo de Bellas Artes de Bilbao




Centenario de la Exposición Internacional de 1919

El museo presenta, gracias al patrocinio de Metro Bilbao, un número monográfico del Boletín y una Jornada de estudio sobre Bilbao 1919



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El Bellas Artes de Bilbao exhibe juntas las 22 obras compradas en la Exposición de 1919.

Las aspiraciones de modernidad de la Asociación de Artistas Vascos, que desarrolló su actividad durante las cuatro primeras décadas del siglo pasado, tuvieron uno de sus episodios más señalados en la celebración del 30 de agosto al 15 de septiembre de 1919 en las desaparecidas Escuelas de Berástegui (cuyo solar ocupa hoy el Palacio de Justicia de Bilbao) la primeraExposición Internacional de Pintura y Escultura. El acontecimiento –del que se cumplen cien años– fue relevante para el contexto artístico del Bilbao de la época y también para el posterior devenir coleccionista del propio Museo de Bellas Artes.


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«Las lavanderas de Arles, 1888, de Paul Gauguin

Organizada por la entonces llamada Diputación Provincial de Vizcaya y por una comisión presidida por Ramón de la Sota e integrada por artistas, arquitectos, coleccionistas y expertos –como el influyente crítico de arte bilbaíno Ricardo Gutiérrez Abascal Juan de la Encina–, la muestra fue determinante para el devenir artístico de la ciudad, pues contribuyó enormemente a la formación de los jóvenes artistas al reunir, aunque con cierto retraso, obras de creadores internacionales de primera línea como Picasso, Cézanne, Gauguin, Van Gogh, Maurice Denis o Mary Cassatt.


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«Las mujeres de la vida», c. 1915-7, de José Gutiérrez Solana

La exposición reunió más de cuatrocientas obras de ciento treinta y nueve artistas procedentes del País Vasco, Madrid, Cataluña y Francia. Entre los participantes se encontraron firmas consolidadas del arte vasco, como Iturrino, Losada, Arteta, Guezala, Larroque, Maeztu, Tellaeche, los hermanos Zubiaurre o Quintín de Torre, junto a catalanes que trabajaban en la órbita del modernismo o el noucentismo (Rusiñol, Canals, Casas, Nonell, Pichot, Casanovas, Borrell Nicolau, Julio Antonio), pero también pintores de prestigio en el mundo del arte oficial español (Aureliano de Beruete, Manuel Benedito o José Rodríguez Acosta), independientes como Gutiérrez Solana o García Maroto e incluso a creadores vinculados con la renovación internacional de los lenguajes artísticos de esos años, como Picasso o el escultor Pablo Gargallo.


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«Retrato de la esposa del pintor y de su hijo Ricardo», c. 1918 de Ricard Canals

Por su parte, las salas dedicadas a los artistas extranjeros acogieron una espléndida representación del arte francés de finales del siglo XIX y comienzos del XX a través de pintores vinculados al impresionismo como Monet, Pissarro, Sisley, Forain, Mary Cassatt o el precursor Eugène Boudin; artistas cercanos al realismo de Courbet (presente en la exposición con una obra), como Cottet; simbolistas (Redon); neoimpresionistas (Seurat o Signac); postimpresionistas (Cézanne, Van Gogh, Le Sidaner o Gauguin, representado con diecinueve obras); nabis (Maurice Denis, Vuillard, Valloton) y fauvistas (Matisse, Van Dongen, Girieud, Manguin, Marquet, Jacqueline Marval). Quizás tomando como modelo el respetado Salón d'Automne de París, que tenía por costumbre homenajear a artistas destacados en el desarrollo del arte moderno, la exposición dedicó salas monográficas a los pintores Juan de Echevarría, Ignacio Zuloaga, Darío de Regoyos y Hermen Anglada Camarasa.


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«El paria castellanos», 1917 de Juan Echevarría

Como novedad respecto a otros grandes certámenes artísticos organizados hasta entonces, en la Primera Exposición Internacional de Pintura y Escultura de Bilbao no se otorgaron ni medallas ni premios, y la Diputación prefirió destinar el dinero a la compra de algunas obras con destino al Museo de Bellas Artes de Bilbao. El 30 de agosto de 1919 el jurado encargado de su selección, formado por los pintores Santiago Rusiñol, Óscar Rochelt y José Moreno Villa, el ilustrador Luis Bagaría, el historiador del arte Manuel B. Cossío, el crítico de arte Ricardo Gutiérrez Abascal, el arquitecto Manuel Mª Smith, el cineasta Nemesio M. Sobrevila, el musicólogo y periodista Juan Carlos de Gortázar, su hermano Ricardo, el coleccionista Ramón Aras Jáuregui y Gregorio de Ybarra, decidió adquirir veintidós de las obras presentes en la exposición.


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«la mujer sentada con un niño en brazos», 1890 de la pintora Mary Cassat

Sería este el núcleo que tres años después daría origen al Museo de Arte Moderno y que incluyó, entre otros, los cuadros Mujer sentada con un niño en brazos de Mary Cassatt o Laveuses à Arles (Lavanderas en Arlés) de Paul Gauguin, que, por entonces y durante mucho tiempo, fueron las primeras obras de estos dos destacados pintores postimpresionistas en una colección pública de nuestro país. De la Sota, además, adquirió y donó el Retrato de la condesa Mathieu de Noailles de Zuloaga, y otras obras que también participaron en la exposición, como dos litografías de Cézanne, se incorporarían más tarde a la colección.


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«Desnudo bajo la parra», c.1909-10 de Hermen Anglada Camarasa

Con ocasión de esta efeméride, el alfabeto del museo se renueva presentando en la sala A las obras compradas entonces por la Diputación, entre las que se encuentran, además de las mencionadas de Cassatt y Gauguin, pinturas de Juan de Echevarría (2), Isidre Nonell, Paul Sérusier, José Gutiérrez Solana, Hermen Anglada Camarasa, Domingo Carles, Charles Cottet, Henri Le Sidaner y Ricard Canals, así como los aguafuertes de Francisco Iturrino (4) o Xavier Nogués (4) y dos esculturas de Joan Borrell y Julio Antonio.


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Ignacio Zuloaga - Retrato de la condesa Mathieu de Noailles, 1913. Óleo sobre lienzo, 152 x 195,5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao.
Retrato de la condesa Mathieu de Noailles representa a la poetisa parisina de origen greco-rumano Anna Elisabeth de Brancovan. Unos pesados cortinajes enmarcan el retrato, subrayando así su carácter escenográfico. Sin embargo, Zuloaga opta por abrir la composición a un celaje inspirado, también, en los fondos de El Greco, cediendo todo el protagonismo a la sensual figura de la mujer. Por último, en el ángulo inferior derecho, dispone sobre una mesa un bodegón con libros, que evocan la devoción por la literatura, un collar de perlas, distintivo de la pasión, y un jarrón con rosas, símbolo del amor: un pequeño compendio simbólico de la personalidad de la condesa y, a su vez, una actualización del tema de la vanitas del barroco español. A pesar de ser considerado por la crítica artística internacional de comienzos del siglo XX como uno de los mejores pintores del momento, en España, sin embargo, Zuloaga fue acusado de exaltar el atraso nacional. Su formación ajena al mundo académico, la influencia de los círculos intelectuales parisinos y su vinculación con la Generación del 98, le llevaron a tomar como referencias la cultura popular y la pintura españolas del siglo XVII y la figura de Goya. Todas esas influencias proporcionaron a sus obras expresividad y penetración psicológica, que, junto a la visión romántica y a su habilidad en la ejecución, fueron los factores clave de la producción posterior de Zuloaga. [J.N.G.]


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El director de, Museo de Bellas Artes de Bilbao, Miguel Zugaza, en la sala del centenario.




CONTINÚA MÁS ABAJO...
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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Editado por j.luis, Viernes, 10 Abril 2020, 21:18: quisiciones
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... CONTINUACIÓN



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Museo de Bellas Artes de Bilbao



Algunas obras



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Goya. Retrato del poeta Moratín. 1824. Óleo sobre lienzo. 60 x 49.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Zurbarán. Santa Isabel de Turingia. 1635-40. Óleo sobre lienzo, 125 x 100 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Zurbarán. Santa Catalina de Alejandría, c. 1650-60. Óleo sobre lienzo, 125 x 100,5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


 109_1586605518_758015

Zurbarán. La Virgen con el Niño Jesús y San Juan Bautista niño. 1662. Óleo sobre lienzo, 169 x 127 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Zurbarán. La Santa Faz. 1660. Óleo sobre lienzo, 104,3 x 84,5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


 84_1586603159_485663

Solana - (José Gutiérrez Solana) Mujeres de la vida. 1915-1917. Óleo sobre lienzo. 99 x 121 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


 85_1586603302_276734

Sánchez Coello. Doña Juana, princesa de Portugal. 1557. Óleo sobre lienzo. 116 x 93.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Claudio Coello. Retrato de Teresa Francisca Mudarra y Herrera, c. 1690. Museo de Bellas Artes de Bilbao


 06_1586550454_658621

Ambrosius Benson. Piedad al pie de la Cruz. 1530. Óleo sobre roble. 68 x 88 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Berthomeu Baró. Virgen con el Niño, Ángeles y Famila de donantes. 1470. Óleo sobre tabla. 156 x 129 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


 09_1586550660_677603

Diego de la Cruz. Cristo de Piedad. 1485. Óleo sobre tabla. 84.5 x 71 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


 10_1586550743_128203

Frans Pourbus II "Pourbus el Joven". Retrato de Doña María de Médici. 1622. Óleo sobre lienzo. 214.7 x 124.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


 14_1586551227_576300

Maestro de San Nicolás. El Apóstol San Juan y la copa envenenada. 1475. Óleo sobre nogal. 192 x 107 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


 15_1586551279_936507

Maestro de San Nicolás. La Predicación del Apóstol San Juan. 1475. Óleo sobre nogal. 189.5 x 123 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao
 

 16_1586551357_420408

Maestro de San Nicolás. La Resurrección de Drusiana. 1475. Óleo sobre nogal. 189.2 x 122.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


 59_1586600644_287976

Guillaume Voiriot. Retrato del poeta Charles-Pierre Colardeau. 1771. Óleo sobre lienzo. 73 x 59.2 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


 114_1586629337_493010

Lucas Cranach el Viejo. Lucrecia. 1534. Óleo sobre tabla. 50,5 x 36,2 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Murillo. San Lesmes. 1655. Óleo sobre lienzo. 243.5 x 179 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


 18_1586551547_683744

Quentin Massys. Los cambistas. Atribuido a. Primer cuarto del siglo XVI. Óleo sobre roble. 124 x 95.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


 11_1586550950_231713

Jan Gossaert "Mabuse". La sagrada Familia. 1525-1530. Óleo sobre roble. 56 x 42 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


 12_1586551061_206165

Luis de Morales "el Divino"-. La Piedad. 1560. Óleo sobre roble. 72 x 50 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


 13_1586551163_657818

Maestro de Retascón. Salvador Mundi. 1425-1440. Temple sobre tabla. 166.5 x 84.3 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


 20_1586551671_432908

Ignacio Iriarte. Paisaje con figuras, c. 1660. Óleo sobre lienzo, 107,5 x 163 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


 21_1586551749_184357

Jan Mandyn. Festín burlesco. 1550. Óleo sobre roble. 98.5 x 147 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


 22_1586551832_706271

Gutiérrez Cabello. Capricho Arquitectónico con Moisés salvado de las aguas. 1655-1665. Óleo sobre lienzo. 104 x 163 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


 23_1586551916_885120

Juan de Roelas. La Predicación de San Andrés. 1610. Óleo sobre tabla. 50 x 148.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Juan Ribalta. La Adoración de los pastores, c. 1620. Óleo sobre cobre, 15 x 29,5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao. Esta pequeña obra maestra está pintada en el reverso de una plancha de cobre, grabada con una escena de predicación de San Luis Beltrán y firmada "J. Ribalta mano propia". Se trata de una de las obras más exquisitas de Juan Ribalta. Su técnica, de pinceladas breves y densas que definen las formas y que, en el paisaje, sugiere un espacio verdadero y palpitante, con sus rústicas casas encaladas bañadas por una luz crepuscular, hace recordar lo que Palomino –el biógrafo de los pintores españoles– decía: que la técnica de Juan era, en contraposición a la de su padre, Francisco, "más suelta y golpeada". El colorido, al estar sobre soporte metálico, es fresco y luminoso, por prescindir de la preparación rojiza para las telas, que da a los lienzos valencianos su característica tonalidad tostada.


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Martín de Voss. El rapto de Europa. 1590. Óleo sobre roble. 133.7 x 174.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Pedro Orrente. El Sacrificio de Isaac. 1616. Óleo sobre lienzo. 133.5 x 167 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Vredeman de Vries. Arquitectura fantástica con personajes. 1568. Óleo sobre roble. 84.5 x 118.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Pantoja de la Cruz. Retrato de Felipe Manuel de Saboya, c. 1604, hijo de Carlos Manuel I de España y de Charles Emmanuel I, Duque de Saboya, nieto de Philip II. El artista representa al príncipe heredero al trono en Savoya llevar una armadura de origen lombardo y el collar de la Orden Annunziata, al más alto nivel del Reino de Saboya. Este retrato es uno de los retratos más importantes pintadas por el artista. (Museo de Bellas Artes, Bilbao)


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Sorolla. Retrato de Miguel de Unamuno. 1920. Óleo sobre lienzo. 143 x 105 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Adolfo Guiard. La aldeanita del clavel rojo. 1903. Óleo sobre lienzo. 73 x 60 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao. En sus obras, Guiard conjuga la paleta clara con el predominio del dibujo de elegantes líneas, influencia de Degas. En estos trabjos desarrolla el paisaje y la escena costumbrista sobre la burguesía y las clases populares del Bilbao del cambio de siglo.  


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Adolfo Guiard. Paz (Industria). 1901-1902. Óleo sobre tabla. 35 x 23 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao. Obra de Adolfo Guiard


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Adolfo Guiard. La ría del Desierto. 1897. Óleo sobre tabla. 27 x 35 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao. Obra de Adolfo Guiard


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Adolfo Guiard. Comercio. 1901-1902. Óleo sobre tabla. 35 x 23 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Darío de Regoyos - Baño en Rentería. 1901. Óleo sobre lienzo. 76,5 x 57,5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Darío de Regoyos - El Urumea. 1904. Óleo sobre tela. 61 x 50 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Darío de Regoyos - La Diagonal (Barcelona). Óleo sobre tela. 49,5 x 60,5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Darío de Regoyos - Camino de Miracruz. 1895. Óleo sobre lienzo. 66 x 43,5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Darío de Regoyos - Iglesia de Lezo. Óleo sobre lienzo, 55 x 67 cm. 1907. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Darío de Regoyos - La Ría de Bilbao. 1910. Óleo sobe lienzo. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Darío de Regoyos - Santa Lucía-Durango. Óleo sobre tela. 64,8 x 55,3 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Darío de Regoyos - Plaza de un pueblo. Óleo sobre cartón. 0.28 x 0.41 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Darío de Regoyos - Aurresku con lluvia en Mondragón. 1905. Óleo sobre tabla. 34 x 46 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Anselmo Guinea - Retrato femenino. 1894. Óleo sobre lienzo. 75 x 52.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Anselmo Guinea - Gente. Un puente en Roma. 1904. Óleo sobre lienzo. 147 x 190.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Anselmo Guinea - ¡Cristiano!, 1897. Óleo sobre lienzo, 264 x 395 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Anselmo Guinea - 'Pascua florida'. Museo de Bellas Artes de Bilbao. Este cuadro es una obra fundamental de la etapa de madurez del artista, que recoge la influencia de sus estancias parisinas en el colorido aplicado con técnica impresionista y en el encuadre fotográfico.


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Francisco Iturrino - Bañistas. 1916. Óleo sobre lienzo. 92 x 110 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Francisco Iturrino - En la piscina. 1916. Óleo sobre lienzo. 94.5 x 110 cm. Museo de Bellas Artes. Bilbao


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Francisco Iturrino - Jardín. 1913-1914. Óleo sobre lienzo. 64.5 x 50.2 cm. Museo de Bellas Artes. Bilbao


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Francisco Iturrino - Jardín con surtidor. 1913-1914. Óleo sobre lienzo. 94.3 x 69.9 cm. Museo de Bellas Artes. Bilbao


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Francisco Iturrino - La mujer del abanico. 1899-1901. Óleo sobre lienzo. 94 x 73 cm. Museo de Bellas Artes. Bilbao


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Francisco Iturrino - La tablada. 1901-1902. Óleo sobre lienzo. 90 x 100 cm. Museo de Bellas Artes. Bilbao


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Francisco Iturrino - Retrato de D. Rafael Echevarría. 1913. Óleo sobre lienzo. 145 x 115.4 cm. Museo de Bellas Artes. Bilbao


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Francisco Iturrino - Retrato de D. Juan Bayo. 1918. Óleo sobre lienzo. 195.5 x 132.5 cm. Museo de Bellas Artes. Bilbao


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Francisco Iturrino - Zoco de Tánger. 1912. Óleo sobre lienzo. 68 x 100 cm. Museo de Bellas Artes. Bilbao


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Joaquim Sunyer. Pastoral. 1919. Óleo sobre tela. 65.5 x 81.5 cm. Nuseo de Bellas Artes de Bilbao


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Joaquim Sunyer. Desnudo en el campo. 1925. Óleo sobre lienzo. 100 x 81 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Pablo Uranga. Escena de Semana Santa. Óleo sobre lienzo. 50 x 65 cm. Museo de Bellas artes de Bilbao


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Pablo Uranga. Prueba de Bueyes en Elgueta. Óleo sobre lienzo. 0.66 x 0.96 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Pere Nicolau. Retablo de los gozos de la Virgen María. Temple sobre tabla. 259 x 221 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Eduardo Zamacois y Zabala - La Visita Inoportuna, c. 1868. Óleo sobre tabla, 23 x 29.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Alberto Sánchez Pérez. Figuras con paisajes. 1960-1962. Gouache sobre papel. 152 x 300 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Ángel Larroque. Maternidad. 1895. Óleo sobre lienzo. 129 x 201 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Anglada Camarasa. Desnudo bajo la parra. 1909. Óleo sobre lienzo. 140 x 85 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Antonio Carnicero. Elevación de un globo ante la Corte de Carlos IV. 1783. Óleo sobre lienzo. 78.3 x 102.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Bacon - (Francis Bacon) Figura tumbada en el espejo. 1971. Óleo sobre lienzo. 198.5 x.147.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Bellotto. Paisaje con Palacio o Capricho Arquitectónico con un Palacio. 1765-1766. Óleo sobre lienzo. 48.7 x 79.2 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Benito Barrueta. Interior de estudio. 1917. Óleo sobre lienzo. 58 x 78.8 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Beruete. Madrid desde El Pardo. 1909. Óleo sobre lienzo. 45.5 x 73.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Carlos de Haes. Paisaje oriental. Óleo sobre lienzo. 1886. Óleo sobre lienzo, 190 x 130 cm.. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Cesetti - (Giuseppe Cesetti) El almohadón rojo. 1933. Óleo sobre lienzo, 62,5 x 100 cmMuseo de Bellas Artes de Bilbao


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Cezanne. Bañistas. 1896-1898.: Litografía en color sobre papel Ingres de Arches MBM. Medidas: 47,4 x 56 cm (papel) 42,6 x 52,4 cm (huella). Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Cortés Aguilar. La Feria de Sevilla. Óleo sobre lienzo. 148 x 204,5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Delaunay. Mujer desnuda leyendo. 1920. Óleo sobre lienzo. 81.7 x 93.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Díaz Olano. Sonata (o La violonchelista) 1909 - 1910. Óleo sobre lienzo. 109 x 130,5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Doménico Piola. Job y sus hijos. 1649. Óleo sobre lienzo. 175.6 x 220 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Echevarria - (Juan Echevarria) Florero con plátanos, limones y libros. 1917. Óleo sobre lienzo, 125,5 x 104 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Fernand Léger. Composición. 1940. Grafito y gouache sobre papel. 32.5 x 38 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Francisco Iturrino. Bañistas. 1916. Óleo sobre lienzo. 92 x 110 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Gauguin. Lavanderas en Arlés. 1888. Óleo sobre lienzo. 74 x 92 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Genaro Lahuerta. La siesta. 1942. Oli sobre tela. 81 x 100 cm. Colección Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Ibarrola - (Agustín Ibarrola) Casas y policias. Óleo sobre lienzo. 183 x 175.2 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Jardín. Francisco Iturrino. 1913-1914. Óleo sobre lienzo. 64.5 x 50.2 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Kokoschka. ¡Ayuda a los niños vascos!. 1937. Gouache sobre papel. 96.9 x 74.2 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Julián de Tellaeche. El puerto. 1924. Óleo sobre cartón. 75 x 94,8 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


 64_1586600994_484178

Juan de Arellano. Canastilla de flores. 1671. Óleo sobre lienzo. 84 x 105.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


 65_1586601073_584795

Luis Meléndez. Bodegón con frutas y un jarro. 1773. Óleo sobre lienzo. 49 x 36.8 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Lucas Velázquez. La comunión. 1855. Óleo sobre cobre. 26.5 x 39.7 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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'Retrato de Federico de Madrazo pintando' de Raimundo de Madrazo y Garreta. 1875. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Luis Fernández. Cabeza de toro muerto. 1939. Óleo sobre papel adherido a tablex. 76.2 x 107.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Luis Paret y Alcázar. Vista de El Arenal de Bilbao, c. 1783. Óleo sobre lienzo, 75,7 x 110,5 cm cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Maeztu - (Gustavo de Maeztu) El orden. 1918-1919. Óleo sobre lienzo. 198.5 x 268.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Maeztu - (Gustavo de Maeztu) Las mujeres del mar. 1916. Óleo sobre lienzo. 217 x 232 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Manuel Losada. Los remeros. 1912. Óleo sobre lienzo. 100.5 x 171.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Metzinger. Naturaleza muerta. 1919. Óleo sobre lienzo. 73.3 x 100 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Mongrell Torrent. Cartel taurino. 1904. Cromolitagrafía. 30,1 x 16,5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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José María Ucelay. 'Escena de conversación, ocio o Hemingway y Duñabeitia'. 1957. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Montecelli. Damas en un parque. 1860-1870. Óleo sobre tabla. 43 x 56.7 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Ortega Muñoz. Verano. 1957-1958. Óleo sobre lienzo. 74 x 93 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Palencia - (Benjamín Palencia) Piornos en flor. 1951. Óleo sobre lienzo. 65 x 81 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Paul de Vos. Concierto de aves. Óleo sobre lienzo. 155.8 x 191 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Paul Serusier. Sincronía en verde. 1913. Óleo sobre lienzo. 81.4 x 60.3 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Pieter de Grebber. Músicos. 1620-1623. Óleo sobre lienzo. 91 x 73.7 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Pla Gallardo. La condesa de Yumuri. 1906. Óleo sobre lienzo. 150 x 189,5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Souto (Arturo Souto). Acordeonista. 1931. Lápiz y aguada sobre papel. 50,2 x 65 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Sunyer. Desnudo en el campo. 1925. Óleo sobre lienzo. 100 x 81 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Sunyer. Teresa. 1923. Óleo sobre tela.00 x 73 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Ucelay - (José María Ucelay) Naturaleza muerta. 1949. Óleo sobre lienzo. 71.7 x 91.8 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Ucelay - (José María Ucelay) Neskatil-bat (una muchacha). 1922. Óleo sobre lienzo. 90,5 x 100,7 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Van Loo. Retrato de Señora. 1756. Óleo sobre lienzo. 91.5 x 73.4 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Van Ruysdael. Pantano en un bosque al anochecer. 1660. Óleo sobre lienzo. 77.7 x 92.2 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Van Velde. Composición. 1970. Óleo sobre lienzo. 130 x 195 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Vázquez Díaz. La fábrica bajo la niebla. 1920. Óleo sobre lienzo. 103.5 x 124.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Vicente López. Retrato de Don Juan Francisco Ximénez del Río, Arzobispo de Valencia. 1799-1800. Óleo sobre lienzo. 123.8 x 89 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Villegas Cordero. Retablo de la iglesia del Salvador en Sevilla. 1879. Óleo sobre lienzo. 67,5 x 45,5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Zabaleta - (Rafael Zabaleta) Espigadoras. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Zubiaurre - (Valentín de Zubiaurre) Besolaris. 1916-1917. Óleo sobre lienzo. 195.5 x 246 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Zubiaurre - (Valentín de Zubiaurre) Los intelectuales de mi aldea. 1912-1913. Óleo sobre lienzo. 150.5 x 200 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Zuloaga. Retrato del conde Montealegre. 1893. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Zuloaga. Doña Rosita Gutiérrez. Óleo sobre lienzo. 166 x 140 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Zuloaga. El cardenal. 1912. Óleo sobre lienzo. 201 x 136 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao




Algunas esculturas


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'Virgen con el Niño' (Anónimo) Mediados del S.XIV. Piedta tallada y policromada. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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'Santa Ana, la Virgen y el Niño' de Michel Erhart 1485-1490. Madera tallada y policromada. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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'(Cada) monumento de guerra' de John Davies 1974-1977. Técnica mixta. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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'Cabeza de mujer (Cabeza de mi madre)' de Markus Lüpertz 1987. Bronce pintado. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Pablo Gargallo. 'Gran profeta', Bronce, 1933. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Jorge Oteiza. Retrato de un gudari armado llamado Odiseo (Variante del Homenaje a Mallarmé, 1958), Acero. 1975. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Nemesio Mogrobejo Abásolo'Hero y Leandro', Bronce, 1904. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Julio González i PellicerMujer llamada "Los tres pliegues". Hierro forjado y soldado 1931-1932. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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José Ramón Anda. Baikaiku navarre. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Eduardo Chillida. Hierros de temblor II. 1956. Hierro forjado, 28,5 x 63 x 25 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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La escultura monumental "Lugar de encuentros IV" (1973-1974) del artista Eduardo Chillida (San Sebastián, 1924-2002), tras su reciente restauración. Museo de Bellas Artes de Bilbao


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Eva y Riveglio, "El despertar" de Nemesio Mongrobejo. En el exterior de la antigua ientrada al Museo de Bellas Artes de Bilbao podemos ver otro encuentro artístico que guarda uniformidad en cuanto a su concepción estética, son las dos obras contemporáneas de Nemesio Mogrobejo que flanquean la fachada neoclásica en ambas hornacinas. Las esculturas de bronce se pueden situar entre las corrientes impresionistas, el clasicismo y el simbolismo de fin de siglo en los que se muestra el “ideal” de los cuerpos desnudos del hombre y la mujer.


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Una “Eva” que le llevo una década trabajar (1894/1904) para lograr esa soltura armoniosa, sensual y delicada que parece girar grácilmente y en equilibrio y...


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un “Il Risveglio” o “El despertar” (1903) que deja en evidencia la sinuosidad surgida desde el interior de su armoniosa anatomía y excelente modelado corporal, que marca una leve tendencia a desperezarse.
Nemesio Mogrobejo Abásalo fue un artista bilbaíno que logró transmitir sentimiento a la materia en todas sus obras. Si bien tuvo una vida trágica mantuvo una amplia confianza en sus dotes artísticas que le permitieron modelar cuerpos desnudos como estos que vemos aquí. Sus obras tienen una cierta reminiscencia a Rodin y que surge de su presencia a la Exposición que se le dedicara al mismo con motivo de la muestra del año 1900 en París. (Mª Pilar de minube.com)



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"Monumento a Juan Crisóstomo Arriaga", de Francisco Durrio. Museo de Bellas Artes de Bilbao. Situado en el exterior del Museo de Bellas Artes de Bilbao, el Monumento a Juan Crisóstomo de Arriaga, propiedad del Ayuntamiento de Bilbao, es una de las obras más destacadas de Francisco Durrio. Consta de una escultura en bronce dorado, dispuesta sobre basamento y pedestal de granito rosa (medidas del conjunto: 550 x 445 x 610 cm), que representa a Euterpe, musa de la música, en un gesto que simboliza el dolor por la prematura muerte del célebre compositor bilbaíno. La escultura mostraba acumulación de polución y suciedad, así como escorrentías en la zona de caída del agua formadas por diminutas concreciones verdosas de cloruro de cobre. La intervención consistió en una suave limpieza general, tratando después las escorrentías para retirar los cloruros de cobre e inhibir su proliferación. Se aplicó una protección general con barnices y ceras específicas para el bronce, se limpió el basamento y se revisó el circuito de agua. Patrocinio a cargo de la empresa Andamiajes SENDO y colaboran los alumnos de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco, dirigidos por el Departamento de Conservación y Restauración del Museo.



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Museo de Bellas Artes de Bilbao, vista nocturna

Ver selección de obras del Museo de Bellas Artes de Bilbao: http://servicios.elcorreo.com/anive...leta/index1.htm



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al Museo de Bellas Artes de Bilbao, sin duda uno de los grandes museos españoles. Este trabajo recién reeditado está dedicado a gambitorre, un amante de este fabuloso museo que me ha hecho algunas recomendaciones para realizar esta presentación. Espero que le guste.


Fuentes y agradecimientos: museobilbao.com, pintura.aut.org, commons.wikimedia.org, es.wikipedia.org, commons.wikimedia.org, minube.com, elpais.com, epdlp.com, servicios.elcorreo.com y otras de Internet.
 




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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
Gracias J.Luis por este nuevo trabajo. Pedazo de museo de Bellas Artes de Bilbao, menuda colección como bien dices menos conocido que el Guggemheim pero en el interior nada que envidiar.

Un Saludo.
 




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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
La verdad que sí xerbar, no lo conozco personalmente el Bellas Artes de Bilbao, pero la colección que alberga es infinitamente mejor que la del Guggemheim, que luce mucho por fuera pero su interior deja mucho que desear, al menos las obras que exhibe su colección permanente en el interior.


 



Saludos
 




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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
El fotógrafo de la experimentación


El Museo de Bellas Artes de Bilbao presenta una retrospectiva de Alberto Schommer   




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El Museo de Bellas Artes de Bilbao acoge una exposición retrospectiva de Alberto Schommer (Vitoria, 1928). La muestra, que permanecerá abierta hasta el 16 de mayo, revisa la figura y la trayectoria de más de 57 años de Schommer, uno de los fotógrafos más destacados del panorama creativo español. En la muestra se incluyen más de cien obras seleccionadas por el teórico y experto en la obra del Schommer, Alejandro Castellae, comisario de la exposición. En la foto, obras tridimensionales de la serie Cascografías volumétricas, de 2008. LUIS ALBERTO GARCÍA

La popularidad que el fotógrafo Alberto Schommer (Vitoria, 1928) consiguió con sus series de retratos -un Salvador Dalí coronado como un rey o Taracón levitando con un crucifijo entre sus brazos- le convirtieron en el cronista visual de la España de la Transición. Pero Schommer no ha sido sólo un fotógrafo de estudio, capaz de seducir a los personajes con poder y a los artistas para que posaran para él con un toque surrealista o consintieran un fotomontaje. La retrospectiva que hoy ha inaugurado el Museo de Bellas Artes de Bilbao con cerca de un centenar de fotografías realizadas entre 1952 y 2009 muestra a un artista que se "enfrenta a la experimentación sin complejos", en palabras del comisario de la exposición, Alejandro Castellote.


La retrospectiva arranca con las imágenes que realizó hasta 1966, la época que empezó a cuajar su estilo personal. La exposición incluye ejemplos de los trabajos realizados fuera del estudio, como sus series de Paisajes negros, imágenes urbanas y otras fotografías, seleccionadas entre más de 60 libros y catálogos editados.

Con las Cascografías, Schommer transforma las dos dimensiones de la fotografía introduciendo el volumen. Y al final del recorrido los retratos se convierten en poliedros, que en cada cara muestran un enfoque complementario del personaje.



EL PAÍS
 




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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
El oro de los dioses estalla en Bilbao


El Museo de Bellas Artes exhibe la maestría de los orfebres prehispánicos

La exposición alberga 253 piezas únicas procedentes del Museo de Bogotá
      
Durero fue de los primeros que vieron arte donde otros veían poder y rito




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Colgante del periodo Tairona (900d. C.-1700 d. C).

Alberto Durero fue de los pocos que supieron ver. Mientras los españoles exhibían piezas de oro para agrandar la leyenda del nuevo mundo que estaban explorando en el siglo XVI -eso fue unos años antes de que comenzasen a fundirlo para costear otras conquistas y otras guerras-, el pintor alemán visitó una colección de orfebrería del reino de Moctezuma, llevada hasta los Países Bajos para agasajar a Carlos V. "Entre ellas vi tesoros de arte extraño, exquisitamente trabajados, y me maravillé del genio sutil de estos hombres de tierras distantes. No tengo suficientes palabras para describir las cosas que vi ante mis ojos", escribió, dando una lección de modernidad que el mundo del arte tardaría varios siglos en asimilar. Durero, que era hijo de orfebre, vio arte donde otros venían riqueza, poder o ritos primitivos. El oro nunca viaja solo.

Aunque ocurra 500 años y varias revoluciones artísticas después, uno puede comprender lo que sintió el pintor mientras examina máscaras, collares, brazaletes, pectorales, orejeras o narigueras diseñados sobre oro o tumbaga (una aleación de cobre, plata y oro) por anónimos artistas prehispánicos que habitaban tierras que hoy pertenecen a Colombia y que desde ayer pueden verse en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Oro sagrado reúne 253 piezas de diversas culturas precolombinas, que pertenecen a los fondos del Museo del Oro del Banco de la República de Bogotá, guardián de una de las colecciones prehispánicas más importantes del mundo (atesora unas 50.000 piezas de metales, tejidos, cerámica o piedra).

Como siempre, no es un fondo cerrado. Colombia, advertía ayer Clara Isabel Botero, exdirectora del Museo del Oro hasta su jubilación, es un filón arqueológico-artístico por aflorar. Una de las piezas más impactantes de la exposición por su sobriedad contemporánea -un alfiler rematado en forma de palma y martillado entre el 100 antes de Cristo y el 400- pertenece a una zona arqueológica (Calima-Malagana), localizada cerca de Cali en 1992. Botero camina hacia otra vitrina, donde reina un solitario objeto dorado que también podríamos encontrar en la Tate Modern: "Es un poporo, un recipiente donde se almacenaba cal que más tarde se mezclaba con coca vegetal para los ritos chamánicos. Es tan estilizado que allí en el museo le llamábamos el brancusi".

De nuevo la referencia al arte. No es baladí. A lo que escapó a los clásicos cánones europeos le costó ser reconocido como arte. En el XIX se le trató como material arqueológico y pasó a engrosar las colecciones de Ciencias Naturales de grandes museos. Con el XX comenzó cierto reconocimiento, si es que se puede considerar tal la clasificación como arte primitivo. Lo bueno es que fascinó a muchos artistas (Gauguin o Picasso, por poner dos nombres) que contribuyeron a ir sustituyendo la etiqueta de arqueología por la de arte.

En un ensayo escrito para la exposición Oro sagrado, el historiador Efraín Sánchez advierte del desconocimiento que rodea a las piezas de metalurgia prehispánica colombiana: "No sabemos absolutamente nada sobre sus artífices individuales. No sabemos con precisión cuándo fueron elaboradas. No sabemos con claridad qué fin cumplían dentro de sus sociedades. No sabemos a ciencia cierta qué simbolizan".

Y aunque se muestren como una colección completa, las piezas huyen de la uniformidad facilona: provienen de 12 áreas arqueológicas diferenciadas y de un periodo tan vasto como los dos milenios que van del 500 antes de Cristo hasta la llegada de los españoles, en el 1500. Despacharlas con los mismos rasgos sería tan poco riguroso como si un colombiano igualase el urbanismo histórico de Sevilla con el de Salamanca.

Las sociedades donde se crearon compartieron su afición por la orfebrería, lo que denota cierto grado de desarrollo. No conocían la rueda, no usaban la escritura y no tenían caballos: eso también las unía. Eso, y algún ritual que alimentó un sueño perverso que persiguieron en vano unos cuantos españoles con tanta ambición como credulidad: El Dorado. Una leyenda tejida sobre un ritual observado por los primeros europeos que recorrieron las tierras altas de Colombia: un hombre embadurnado en miel y polvo aurífero arrojaba desde una balsa al fondo de una laguna objetos de oro y esmeraldas en ofrenda a sus dioses. "Los intentos por desecar lagunas y encontrar esos tesoros llegan hasta casi nuestros días", confiesa Germán Ramírez, jefe de museología del Museo del Oro.

La exposición se ha dividido en seis bloques temáticos, entre los que destaca el antropomórfico, por el contraste con las creaciones europeas. En ellos pueden verse piezas que reproducen a hombres con rasgos de jaguar, simios, aves o peces que, según los etnógrafos, perseguían trasladar algunas propiedades de los animales a los humanos.


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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
Guinea, un pintor moderno


El Bellas Artes de Bilbao muestra su influencia en la evolución estética del arte vasco



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Un restaurador trabaja sobre un lienzo de Guinea.

El Museo de Bellas Artes de Bilbao cuenta en su colección permanente con la pintura de Anselmo Guinea (Bilbao, 1855-1904) Gente. Un puente de Roma (1904), una obra realizada en una de sus estancias en la capital italiana, donde entró en contacto el realismo social y consolidó un manejo más libre de las luces y las pinceladas. La influencia de Guinea en las transformaciones estéticas de la pintura vasca en el tránsito del siglo XIX al XX será mostrada en la exposición monográfica que el Bellas Artes abrirá al público el próximo martes con casi 80 obras, más de la mitad inéditas y otras muchas no expuestas al público desde hace 100 años.


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La exposición parte de un trabajo de investigación realizado por el historiador Mikel Lertxundi Galiana, miembro de la comisión asesora del museo, que ha puesto el foco de atención en el virtuosismo de Guinea y en su forma de captar la luz. Entre las obras que han sido restauradas para la antológica se encuentra el lienzo de gran formato Jura de los fueros de un señor de Bizkaia, que habitualmente se exhibe en la Casa de Juntas de Gernika.

La exposición prestará atención a los géneros que Guinea cultivó a lo largo de su carrera: las escenas costumbristas, el paisaje y el retrato. El núcleo principal estará formado por las pinturas al óleo, pero también se mostarán acuarelas y dibujos.

    La muestra recoge  los géneros de las escenas costumbristas, el paisaje y el  retrato

Los primeros pasos de Guinea en el arte fueron los paisajes realistas pintados en Bilbao en la década de 1870. Más tarde completó su formación en Italia y se interesó por la pintura orientalista y las obras de historia y costumbres. Su contacto con el pintor Adolfo Guiard (Bilbao, 1860–1916) acercó a Guinea a los postulados impresionistas, aplicados sobre todo en los fondos de las composiciones.


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Pascua florida de Anselmo Guinea

A finales del siglo XIX conoció en París el impresionismo, el puntillismo y el modernismo. Su pintura ganó entonces en luminosidad y fluidez. Las piezas reunidas en la antológica destacarán su contribución a la renovación del costumbrismo y el paisajismo vascos, aferrados a una visión ruralistas.

La exposición llegará hasta las obras romanas, atentas, como Gente. Un puente de Roma, al realismo social y el costumbrismo italianos.


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Anselmo Guinea. Gente. 'Un puente en Roma'. 1904. Óleo sobre lienzo. 147 x 190.5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao


Anselmo Guinea (1855-1906). 'Los orígenes de la modernidad en la pintura vasca' permanecerá abierta en el Bellas Artes hasta el próximo 20 de mayo.



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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
El artista José Ramón Anda expone en el Museo de Bellas Artes de Bilbao tres décadas de trabajo


La madera se hace escultura

‘Formas contra el tiempo’ reúne 39 obras que revelan "la proporción como belleza"



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José Ramón Anda, ayer, ante uno de sus murales expuestos en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. / FERNANDO DOMINGO-ALDAMA

José Ramón Anda (Bakaiku, Navarra, 1949) creció rodeado de robles castaños y nogales, en el seno de una familia de ebanistas que le enseñó a conocer el alma de la madera y la técnica de manipularla con el mimo del artesano. La formación académica en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, su interés por los italianos Giacomo Manzú, Marino Marini o Arturo Martini — a quienes conoció en su etapa de estudio en Roma— y la obra de Jorge Oteiza acabó por modelar su forma de entender la escultura. La pausada reflexión y el prolongado proceso de elaboración de su obra obligan han espaciado su presentación al público. El Museo de Bellas Artes de Bilbao muestra ahora Formas contra el tiempo, una colección de 39 esculturas que recorren tres décadas de trabajo y, en palabras del comisario de la exposición, el escultor Javier Balda, muestra los “valores intemporales” del “idealismo” y de “la proporción y la exactitud como belleza”.

La exposición sale de los limites del museo. En los jardines exteriores se exhiben dos piezas en bronce, concebidas como el prólogo y el epílogo de la muestra. Son Kirolari zaharra (1974-2009), una figura masculina desnuda, e Ikusmira (2011), la obra a la que se enfrenta, y pone de manifiesto el interés constante en su la atención constante por mantener la escala humana. Antes de llegar a la sala que contiene el grueso de la exposición, el trabajo de Anda se expone en el vestíbulo del museo. Allí, Atarieren besarkada (2004-2006) forma un arco de entrada al museo.

La muestra incluye piezas con vocación de crecer en escala

Entre las piezas seleccionadas para la muestra se encuentran las esculturas-mueble, una faceta de la investigación de Anda en los límites entre el diseño y la escultura. La sala que reúne la mayor parte de las obras de Formas contra el tiempo revela la íntima relación del artista con la madera. La serie Planos cruzados, iniciada hace ya 30 años y todavía en evolución, es un ejemplo de la austeridad formal del escultor sobre la base de la relación entre curvas y planos, tallados en madera de nogal.

Troncos huecos es una serie posterior que Anda puso en marcha al encontrar de forma fortuita varios ejemplares centenarios de roble. El escultor trabaja en la obras la naturaleza para crear espacios. En las paredes de la sala cuelgan los murales geométricos, tallados en madera de plátano, roble, tejo, boj y nogal.

Sobre una mesa de diez metros de largo se han reunido 18 piezas de pequeño tamaño bajo el título Quiero hacerme mayor. No son maquetas, advierte el comisario, sino ideas formales que nacieron con vocación de crecer en escala y convertirse en obra pública.



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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
Además de su colección permanente, el Museo de Bellas Artes de Bilbao propone regularmente un importante programa de exposiciones temporales.



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José Ramón Anda (Bakaiku, Navarra, 1949) procede de una familia de tallistas y ebanistas, por lo que pronto entró en contacto con las cualidades y técnicas constructivas de la madera, elemento, por otra parte, muy presente en su entorno natural. Entre 1970 y 1974 estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando en Madrid y durante esos años se centró en la representación expresionista del cuerpo humano. Buen ejemplo de ello es la escultura Kirolari zaharra que, en el exterior del museo, recibirá al visitante junto a Ikusmira, un observatorio del hombre y el universo.

Tras estos comienzos completó su formación en la Academia Española de Bellas Artes de Roma y allí pudo conocer la escultura clásica y la de destacados artistas italianos contemporáneos como Giacomo Manzú, Marino Marini y Arturo Martini, que habrían de influir en su obra, tal y como se trasluce en Unamuno, retrato totémico que se expone en la sala 29 del edificio antiguo. Esta escultura despertó siempre la admiración de Jorge Oteiza, cuyas teorías espacialistas y sobre el desarrollo procesual del trabajo determinaron en buena medida la obra de Anda. A estas influencias se sumaron la del escultor, diseñador y arquitecto suizo Max Bill, discípulo de Walter Gropius en la Escuela de la Bauhaus, y la admiración por la perfección formal y el respeto por las características de cada material, propios de Eduardo Chillida. Con este bagaje, Anda ha desarrollado una escultura abstracta y de base organicista en la que combina planteamientos racionalistas y espacialistas con un profundo interés por los aspectos sensoriales de la materia.


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Jose Ramón Anda junto a una de sus obras

El itinerario expositivo continuará en el vestíbulo con Atariaren besarkada, que articula un límite espacial para sugerir una puerta de acceso. Le seguirán Miracielo segoviano, realizada en un tronco vacío de 3,80 metros de altura y, en la primera planta, Iranzuko mahaia, una de las llamadas esculturas-mueble de Anda, relacionadas con su interés por el diseño contemporáneo.

Ya en la sala, se situarán en primer lugar 6 obras en madera de nogal de la serie Planos cruzados, caracterizadas por la relación entre curvas y planos. Les siguen otras tantas piezas de la serie Troncos huecos, que Anda inició a comienzos de los años ochenta al encontrar varios ejemplares extraordinarios de troncos de roble centenarios. En ellas Anda lleva al límite la cualidad cóncava de la madera para crear obras que invitan a entrar al espectador o lugares protegidos que envuelven el vacío interior. En las paredes se muestran 3 piezas murales, Ikut nazakezu, Sol entre nubes y Luna entre nubes, concebidas como un ejercicio racionalista de formas geométricas. Están, por último, 18 piezas de pequeño tamaño de la serie Quiero hacerme mayor. Son maquetas o estudios previos de obras con la intención de ser producidas posteriormente a gran escala, para ser esculturas públicas. Están realizadas en diversos materiales (bronce, madera, escayola, aluminio, mármol y hierro) y se presentan todas –salvo una, que cuelga suspendida del techo– sobre una gran mesa metálica de 10 metros de largo construida para la ocasión.


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En total se exhibirán 40 piezas, seleccionadas para poner de manifiesto la evolución de más de 30 años de una trayectoria artística caracterizada por piezas de gran belleza y sobriedad formal.


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En la imagen: Ezustekoa II, 2002-2007. Madera de roble, 89 x 92 x 77 cm. Colección particular. Obra de José Ramón Anda


Más info: www.museobilbao.com/exposiciones/jose-ramon-anda-187
 




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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
El poder del volumen


La exposición 'Fernando Botero. Celebración' exalta el color y las formas curvas de la pintura del artista colombiano



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Fernando Botero ante la obra 'El baño' (1989) en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. / SANTOS CIRILO

“Yo no pinto gordas”, repite el artista Fernando Botero (Medellín, 1932). “Yo trato de expresar el volumen como una parte de la sensualidad del arte”. La figuración de Botero se ha sostenido a lo largo de toda su carrera sobre la fuerza del color y las líneas curvas para componer escenas con personajes rechonchos, que aparecen tanto en los bailes populares como en las corridas de toros. Ha sido, explica Botero, el resultado de buscar un estilo propio en su trabajo. A lo largo de 2012 ha celebrado su 80 cumpleaños mostrando su inconfundible obra en distintas exposiciones en todo el mundo. Ahora la antológica Fernando Botero. Celebración se presenta en el Museo de Bellas Artes de Bilbao con 80 obras.

Las gordas, y los gordos, que se identifican a primera vista con nombre de Botero aparecen en los desnudos, en las escenas de circo, en los retratos de curas y en las versiones de grandes cuadros de la historia del arte que el artista colombiano ha reinterpretado. Son redondeadas las frutas que componen sus naturalezas muertas y los hombres encapuchados que pintó en la serie dedicada a los presos iraquíes torturados en la prisión de Abu Ghraib. Botero explica que trata a sus figuras “como si fueran casi comida”. Y ningún detalle se escapa al afán de redondear las formas. “Hay una coherencia en todas las figuras del cuadro en un deseo de estilo de dar protagonismo al volumen”, destaca.

La exposición que hoy se inaugura en Bilbao es un resumen de la selección que el pasado mes de marzo se presentó en el Palacio de Bellas Artes de México, la más amplia retrospectiva de su trabajo. Es una colección de pinturas expuesta en las salas del museo que se complementa con una de sus monumentales esculturas en bronce, una figura de caballo ubicada en la Gran Vía.

Trato de expresar el volumen como parte de la sensualidad del arte"

Botero tiene a sus espaldas una carrera profesional que inició en 1948 trabajando como ilustrador en el diario El colombiano, en Medellín. Tres años más tarde presentó en Bogotá su primera exposición individual. De formación autodidacta, se trasladó poco después a Madrid para estudiar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Después de residir en distintas ciudades europeas y en Nueva York, en 1973 fijó su residencia en París y trasladó sus orondas figuras a la escultura. Lina Botero, la hija del artista, ha sido la comisaria de Fernando Botero. Celebración, una exposición que arranca reflejando las influencias recogidas en su obra temprana del Renacimiento italiano, el muralismo mexicano y la tradición colombiana.

“Es mi trabajo sin distracciones”, dice Botero al recorrer la exposición. El recorrido descubre el salto de un tema a otro sin perder el objetivo de exaltar el color y el volumen. La atención a las obras inspiradas por Latinoamérica y las escenas de la vida burguesa abren paso a las series dedicadas al clero, al circo a Abu Ghraib y a los bodegones. Los cuadros de Piero della Francesca, Van Eyck o Rafael son reconocibles, pero pasados por el tamiz de las curvas de Botero. El tema que elige para su pintura, dice, es solo un pretexto. "El artista debe tener una concepción de la pintura. El estilo se mantiene sea el tema amable o dramático, aunque cambien los colores para comunicar el sentimiento del artista", explica.

Botero sigue en activo, siguiendo el camino que abrió hace más de 50 años, ajeno a las tendencias fiel a la pintura-pintura, de pincelada fina y composiciones exuberantes. Su ultima serie esta dedicada al vía crucis. "En el arte del siglo XXI se ha tratado de reemplazar la pintura con otras manifestaciones", reflexiona. Pero a Botero le parece que el vídeo está más cerca del cine y las instalaciones, del teatro. "A la pintura le queda trayectoria ¿por qué reemplazarla?"


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Botero llega a caballo. Un bronce monumental avanza la antológica que el Bellas Artes dedica al artista colombiano. En la imagen el director del Bellas Artes, Javier Viar, (derecha), ante la escultura de Botero, junto a Gorka Martínez, director general de BBK Fundazioa.

La obra de Botero, se titula Caballo con bridas. Es de bronce pulido. Pesa 1.610 kilos. Mide tres metros de altura. Esta monumental escultura en bronce de Fernando Botero (Medellín, Colombia, 1932), instalada desde hoy en la Gran Vía de Bilbao, enfrente del Palacio Foral, forma parte de la exposición Fernando Botero. Celebración que el Bellas Artes bilbaíno abrirá el próximo 8 de octubre de 2012.



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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
El marino vasco Shanti Andia, el Temerario’, en el Bellas Artes de Bilbao


'La obra invitada' incluye este cuadro de Zubiaurre, que ha sido presentado en la pinacoteca vasca



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El cuadro 'El marino vasco Shanti Andía, el Temerario', pintado por Ramón de Zubiaurre en torno al año 1924, puede observarse hasta el próximo 5 de enero en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. La diputada de cultura, Josune Ariztondo, y el director del museo, Javier Viar, han presentado esta obra, que llega a Bilbao dentro del programa La Obra Invitada, que patrocina la Fundación Banco Santander.

Ahora llega una pieza enblemátoca de la pintura vasca de comienzos del pasado siglo, que pertenece a los fondos del Museo Reina Sofía, de Madrid. Dotado de unas considerables proporciones, de más de dos metros de altura, a su interés artístico se suma el hecho de que su origen se sitúa en la ilustración del libro de Pio Baroja Las inquietudes de Shanti Andia, cuya primera edición es de 1911. No obstante, en la reedición del libro en 1920, Ramón de Zubiaurre y Ricardo Baroja, hermano del escritor, se encargaron de las ilustraciones.

Este cuadro se expone en la sala 31 del edifico antiguo del museo bilbaíno, en donde se muestran también otras obras del mismo autor, que permiten disfrutar de la variedad de los temas que eligió Ramón de Zubiaurre. "Representa toda una época, entronizando este mundo de tradiciones, raíces que la pintura vasca desarrolló de una manera magistral durante muchos años", ha explicado Javier Viar, director del Museo de Bellas Artes.

Según indica Rebecca Guerra Pérez, la escena representada parece referirse a algunos pasajes concretos de la novela, como el capítulo titulado "la tempestad" donde el protagonista, haciendo honor a su apodo como "temerario" se hace a la mar en pleno temporal.

Cabe significar que Zubiaurre obtuvo la medalla de primera clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, con esta obra, que fue presentada junta a otros cuadros como "Retrato de mi hermana Pilar" (1911) y "Los intelectuales de mi aldea" (1912), que pertenecen a la colección del museo bilbaíno.

Viar ha recordado que Ramón de Zubiaurre formó parte de una familia "singular" de cinco importantes personalidades, entre las que destacan su padre músico, y su hermano Valentín, también pintor. Aunque el hermano mayor recibió más apoyos y Ramón de Zubiaurre jugó "un papel secundario"


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Josune Ariztondo y Javier Viar observan el 'El marino vasco Shanti Andía, el Temerario' de Zubiaurre. / Fernando Domingo Aldama


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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
Regoyos, el quijote impresionista


El artista se adentró a contracorriente en las nuevas formas de plasmar la luz al aire libre

Una antológica conmemora en el Museo de Bellas Artes de Bilbao el centenario de su muerte




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Un visitante observa las pinturas de Darío de Regoyos en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. / FERNANDO DOMINGO-ALDAMA

Darío de Regoyos (Ribadesella, Asturias, 1857-Barcelona, 1913) fue retratado por el pintor belga Constantin Meunier vestido de tuno, tocando la guitarra y junto a un gran vaso de cerveza. Otros colegas también le pintaron rasgando la guitarra y cantando, una afición que cultivó en las juergas con los amigos y en recitales de poesía, y le hizo ganar una gran popularidad en los ambientes artísticos europeos de finales del siglo XIX.  La fortuna heredada de su padre (el arquitecto que diseñó el barrio madrileño de Argüelles) le permitió conocer las tendencias que entonces se abrían camino y dedicarse a la pintura a contracorriente de las tendencias dominantes en el arte español de la época, aventurándose a entrar en el impresionismo, pero también a crear el simbolismo de la España negra. "Lo que define a Regoyos es su rebeldía", defiende Juan San Nicolás el comisario de la exposición Darío de Regoyos. La aventura impresionista, que este lunes se inaugura en el Museo de Bellas Artes de Bilbao."Quiso ser él y manifestarse a través de su evolución".

El joven pintor se rebeló primero contra la herencia de su maestro, el paisajista Carlos de Haes. Reconocía su admiración por De Haes, pero no le gustaba su paleta de colores. En Bruselas encontró nuevos caminos para su pintura en contacto con artistas como Camille Pissarro, Georges Seurat y Paul Signac. Su influencia le llevó al puntillismo, sin pasar antes por el impresionismo, en una evolución diferente a la de los maestros franceses. De aquella época muestra la exposición Las redes (1893) o paisajes de San Sebastián en los que plasma escenas en la playa de La Concha.

El trabajo meticuloso que requerían las escenas puntillistas le obligaba a permanecer en el estudio y abandonar su gusto por pintar al aire libre, sin bocetos, en formatos pequeños, fáciles de transportar y de rápida ejecución. Y Regoyos volvió a salir a pintar a la calle, siempre fiel a los postulados impresionistas, que le hicieron ganarse el desdén de la crítica y la ausencia de clientes.

    Lo que define a Regoyos es su rebeldía", señala el comisario de la exposición

El Regoyos impresionista plasmó la luz de los paisajes del Cantábrico y los pueblos vascos, pero también escenas rurales de otros puntos de España y de la modernización industrial. En sus cuadros plasmó los efectos de la luz sobre los colores de la naturaleza, en amaneceres, puestas de sol, aguaceros, tormentas y escenas nocturnas. Fue el gran pintor impresionista español, "un artista único hasta 1900", destaca San Nicolás.

Repudiado en España por acercarse a la corriente que revolucionaba la pintura en Europa, recuerda el comisario, se mantuvo dentro de los postulados impresionistas toda su vida. "Fue un quijote que pintó por sentimiento y rebeldía", explica San Nicolás. "Nunca persiguió intereses económicos y pintaba lo que no se vendía".

Darío de Regoyos. La aventura impresionista, con más de un centenar de obras y documentos, se expondrá en el Museo Thyssen-Bornemisza a partir del próximo mes de febrero y, posteriormente, en el Museo Carmen Thyssen, de Málaga, en una versión reducida.

Regoyos fue un viajero incansable, que buscaba constantemente nuevos paisajes para sus cuadros, con una endeble salud que no siempre le permitía soportar las inclemencias del tiempo al aire libre. Junto al poeta belga Émile Verhaeren recorrió en 1888 la España profunda, descubriendo tradiciones y los ritos.  El pintor ilustró las crónicas de su compañero de viaje con xilografías que fueron publicadas en el libro España negra. Otras muchas obras del pintor se acercaron a la misma temática, con un punto de vista, destaca San Nicolás, original. "Se centró en el papel de la mujer, descubriendo que su influencia no está en las manolas que se veían en otras pinturas sino en las mujeres que aguantan las penalidades de la vida con estoicismo", dice el comisario. "Pintó la España recia y seria, el silencio, la soledad y la tristeza".

Entre 1884 y 1912 visitó y trabajó con regularidad en el País Vasco, donde expuso con frecuencia y, por fin, encontró compradores. Su vinculación con los pintores vascos también fue intensa, especialmente con Adolfo Guiard, Manuel Losada e Ignacio Zuloaga, con quienes emprendió la tarea de renovar el ambiente artístico de la época.

Regoyos cerró su carrera en Barcelona, donde residió ya gravemente enfermo de cáncer el último año de su vida con escasos recursos económicos. Siguió pintando hasta el final. La exposición muestra los cuadros que reflejan la Diagonal y el Tibidabo, y los paisajes de San Feliú de Torrelló. "Se  arruinó por el arte", asegura San Nicolás.


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Una pintura de Darío de Regoyos en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Más info



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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
Paisajes para enmarcar

A Darío Regoyos no le gustaban los bocetos. Prefería trabajar directamente del natural, au plein air, con pinceladas rápidas y fugaces. Solo así conseguía plasmar en su lienzo la esencia de cada paisaje, género que, a pesar de no estar muy valorado a finales del siglo XIX y principios del XX, le permitió investigar sobre la luz y el color. Considerado como el principal representante español del impresionismo, este asturiano que se codeó con artistas de la talla de Georges Seurat, Paul Signac y Camille Pissarro es el protagonista de la nueva exposición del Museo Bellas Artes de Bilbao.

Darío de Regoyos (1857-1913) La aventura impresionista permanecerá abierta hasta el 26 de enero de 2014. Tras su paso por Bilbao, la muestra viajará, en versiones reducidas, al Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, a comienzos del año próximo, y, posteriormente, al Museo Carmen Thyssen Málaga.



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No es frecuente encontrar entre las pinturas de Regoyos trabajos en los que no exista la presencia humana. Para dotar de vida y movimiento las escenas de mercado, de festejos o de procesiones, el artista recurre a la representación de grupos y multitudes, de una forma indefinida y sin detalles.



Algunas obras de la exposición


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Las escenas a vista de pájaro, las diagonales en profundidad o los encuadres fragmentados, que caracterizan los años de mayor plenitud del artista, dejan ver las influencias de la estampa japonesa y de la fotografía.


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Acostumbrado a pintar al aire libre, entre sus obras abundan los trabajos en pequeño y mediano formato, pues le evitaban complicaciones a la hora de transportarlos.

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Aunque, en 1887, Regoyos se interesó por el puntillismo, pronto abandonó esta técnica que le impedía trabajar al aire libre. El pintor se mantuvo siempre fiel a las teorías impresionistas, e hizo de los paisajes nocturnos una de sus debilidades. En esta estampa de San Sebastián, donde residió durante largas temporadas, recoge un anochecer en la Playa de La Concha, con las siluetas de Monte Igueldo y de la Isla Santa Clara de fondo.


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Fruto de sus investigaciones sobre el color y los contrastes lumínicos resultan estos dos trabajos, en los que el artista escoge un mismo motivo y dos momentos distintos del día para plasmar la fugacidad de los efectos de la luz, expresando así la impresión inmediata que produce la contemplación directa de la realidad.


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Las tormentas, los vendavales o los aguaceros son algunos de sus temas predilectos, perfectos para descubrir los infinitos juegos de tonalidades que esconde su paleta.


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Apasionado por viajar, recorrió España, Bélgica, Holanda, Francia e Italia en busca de motivos pictóricos. El humo y el movimiento de los barcos y trenes, elementos propios de la vida moderna, también son frecuentes en sus pinturas. Ejemplos de ello son El paso del tren o esta estampa bilbaína fechada en 1910.


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Aunque prefería trabajar bajo la luz fina del Cantábrico, Regoyos también paseó sus lienzos y pinceles por otras regiones, como demuestra esta escena del litoral mediterráneo español . Tal y como acostumbraba a hacer con las obras que enviaba a las exposiciones, Regoyos firmó este lienzo al dorso con el título Amandiers an Fleur para facilitar así al galerista su identificación y el precio que debía cobrar en caso de venta.



Victoria Gallardo / metropoli.com
 




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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
Darío de Regoyos - La aventura impresionista Exposición hasta el 26 de enero de 2013


“Simplemente Darío”


Más de 130 obras, entre óleos, pasteles, acuarelas, dibujos y grabados, integran la exposición "Darío de Regoyos (1857-1913). La aventura impresionista"



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Aurresku de Darío de Regoyos

Una gran exposición organizada con ocasión del centenario del fallecimiento del principal representante español del impresionismo, Darío de Regoyos, ocupa las paredes del Museo de Bellas Artes de Bilbao y próximamente viajará a los Museos Thyssen de Madrid y Málaga. Más de 130 obras, entre óleos, pasteles, acuarelas, dibujos y grabados, junto con documentación original que anhela poner al día aspectos íntimos de la personalidad, relaciones profesionales y perfil biográfico del autor rebelde. Un hombre que se retrataba junto a una guitarra en Bruselas, se hacía llamar simplemente Darío, y vestía de tuno para salir de juerga por las calles de la capital belga.


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Vendredi Saint en Castille (ViernesSanto en Castilla), 1904. Óleo sobre lienzo. 81 x 65,5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao

La preparación en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, de la mano de Carlos de Haes, como dibujante de paisajes, y la Real Academia de Bellas Artes de Bruselas, donde tuvo la oportunidad de educar la mano en el dibujo de la figura humana, conformaron su personalidad. Doble formación artística, en el paisaje y la figura, que desplegó su característica manera de pintar. Pintura que recogía escenas serpenteadas de hombres y mujeres; aunque sobre todo mujeres trabajadoras, que individualmente protagonizaban la obra, “mientras el hombre permanecía en actitud relajada”, apuntaba el comisario de la muestra. Al igual que Gauguin revolucionó el impresionismo con sus bellas tahitianas, Regoyos, en su España negra, pintó a una mujer que nadie había retratado hasta entonces, diferente a las manolas que imperaban en aquel momento. Una España que es un canto en femenino, incide Juan San Nicolás, comisario de la exposición y gran conocedor de la obra y vida del artista.

 
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Théo van Rysselberghe (1862-1926) - Guitarrista. Retrato del pintor español Daríode Regoyos, 1882. Óleo sobre tabla. 30 x 42,5 cm. Musées royaux des Beaux-Arts de Belgique, Bruselas


Diferente

Quiso ser especial, diferenciarse de los demás, se resistió a la norma, a las restricciones estilísticas, al qué dirán, y apostó por el paisaje cuando nadie lo hacía. Contradijo la voluntad paterna, que le dirigía hacia una carrera de ciencias o a la arquitectura. “Un díscolo que un buen día tuvo que lucir un chaqué, con su correspondiente sombrero de copa, y se restregó por la pared para no dejar ver que estrenaba traje, y mucho menos que le tomaran por alguien sumiso a las normas”, explica San Nicolás en el hermoso catálogo de la muestra.

El primer impresionista español salió al campo para retratar la realidad que le circundaba con sus propias normas y sobre pequeños lienzos, al igual que los Macchiaioli, pre-impresionistas italianos; grandes desconocidos y precursores de las tendencias estilísticas que años después revolucionarían el arte europeo. “Quiso expresar en sus obras la impresión inmediata que produce la apariencia de las cosas, la fugacidad de los efectos de la luz y la presencia rotunda de las sombras. Trabajaba directamente del natural, au plein air, con rapidez y sin bocetos previos”, apunta Juan San Nicolás.

 
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Los polluelos, 1912. Óleo sobre lienzo. 55 x 46 cm. Museu de Montserrat, Barcelona

 Dio sus primeros pasos en el pre-impresionismo, con la utilización de la espátula, que le daba una libertad de movimiento que el pincel limitaba. En Bruselas entró en contacto con los grupos europeos de vanguardia L’Essor y Les XX. Allí pintó retratos y paisajes y demostró un claro interés por los efectos lumínicos. Un conocimiento que desplegó sus alas gracias a la relación del pintor con los artistas belgas y franceses, James Ensor, Camille Pisarro, Georges Seurat y Paul Signac y el norteamericano, James McNeill Whistler.

En 1888, tras un viaje alrededor de la península ibérica junto al poeta Émile Verhaeren, surgió la “España negra“, filosófica e intimista. Uno de sus cuadros más representativos, destacado exponente de esta tendencia es “NOCHE DE DIFUNTOS“; fragmentado en tres piezas reunidas en la exposición y clara muestra del crudo simbolismo del autor. Son obras anti comerciales que realizó por auténtico amor al arte. Un presagio de lo que sería el fin de sus días, enfermo y arruinado por la dificultad que encontró para vender una obra que no reflejaba una realidad fácil de digerir.

 
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Mercado de Dax, 1909. Óleo sobre lienzo. 61 x 50 cm. Colección particular

Desde 1887 y durante unos pocos años, utilizó la técnica puntillista, en toda su extensión. Una de las obras cumbres del género es el bello lienzo, “LAS REDES“, presente en la muestra del Bellas Artes.

El puntillismo, como su propio nombre indica, se caracteriza por la utilización exacerbada del punto, el relleno del cuadro mediante pequeños trazos. Esta técnica limitaba la capacidad creativa del pintor, que por el contrario deseaba pintar al natural con agilidad, retratar un momento, una escena tal cual sucedía con realismo vital. Aunque no abandonó esta exquisitez estilística por completo, durante su madurez postimpresionista, aparecían “áreas puntillistas” en la escena.

 
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Plaza de Burgos por la mañana, 1906. Óleo sobre lienzo. 81 x 59 cm. Colección particular
 
Regoyos participó en varias muestras colectivas en Bruselas, Amberes, Gante, Amsterdam, París, Madrid o Barcelona, para más tarde, y por mediación de su amigo Pisarro, exponer individualmente en París, en 1897. Ya en el nuevo siglo se vinculó al grupo de artistas vascos, Manuel Losada, Adolfo Guiard, Francisco Iturrino, Pablo Uranga e Ignacio Zuloaga. Colectivo de rasgos audaces que aspiraba a renovar el contexto artístico local. En 1907 Darío se desplazó a Durango, y más tarde se instaló en Bilbao y Las Arenas. “Prefería la fina luz del Cantábrico, que le permitía pintar a cualquier hora del día”.

Lourdes Moreno, directora del Museo Thyssen de Málaga, relata cómo el espíritu viajero de Regoyos le llevó a Santander. Un pintor difícilmente clasificable, continuaba, pintor de la sutileza, de la luz del norte, a la que tanto amó y que aportó su saber a la renovación de la pintura vasca que surgió entre el S.XIX y el XX. Asturiano de nacimiento, aunque con una “tendencia sanguínea a venir al País Vasco”, Juan San Nicolás refleja la importancia del origen familiar del pintor. Sus padres nacieron en Balmaseda, vínculo que jugó un papel fundamental en el nexo de unión del autor con el norte de la península.

 
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La Concha, nocturno, c. 1906. Óleo sobre lienzo. 54 x 65 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga

 
“Pintaba el silencio, la soledad, la tristeza, lo no comercial, y por ello murió enfermo y arruinado” reseña el comisario de la exposición. Nunca pintó por fines económicos, la posición acomodada de su familia, su padre era un destacado arquitecto, se lo permitió. La creencia personal, el autoconvencimiento y una lucha por defender la libertad del arte, en defensa del nuevo movimiento impresionista, frente a la imperante corriente académica de Roma, motivaron que el autor fuera repudiado en su propio país.
 
El tiempo reconoce la genialidad, más allá de la ceguera momentánea, pone a cada cual en su sitio y convierte una aventura, en una sólida realidad.

 
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Almendros en flor, 1905. Óleo sobre lienzo. 46 x 61 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen, Málaga


El Museo de Bellas Artes de Asturias está presente en la exposición con tres obras: el autorretrato, propiedad del institución, y otros dos lienzos en depósito: "Por los muertos", del coleccionista Juan Antonio Pérez Simón, y "Víctimas de la fiesta", de Cajastur.


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'Autorretrato', de Regoyos. Museo de Bellas Artes de Asturias, se expone en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.


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'Víctimas de la fiesta', de Regoyos. Museo de Bellas Artes de Asturias, se expone en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.


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'Baño en Rentería', de Regoyos, se expone en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.


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'Aguacero. Bahía de Santoña' (1900), de Regoyos, se expone en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.



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Darío de Regoyos pintando en una foto sin datar

 

DARÍO REGOYOS (1857-1913). LA AVENTURA IMPRESIONISTA. MUSEO DE BELLAS ARTES DE BILBAO. SALA BBK, 07/10/13 – 26/01/14.

 
Itinerancia; Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid (18/02/14 – 01/06/14) y Museo Carmen Thyssen Málaga (26/06/14 – 12/10/14)

 

Por Itxaso Elorduy / bilbaoclick.com / lne.es
 




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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
Francis Bacon no tiene quien le mire

Los trabajadores del Museo de Bellas Artes de Bilbao cierran la pinacoteca por vez primera en un siglo, en demanda de mejores condiciones laborales



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Los empleados en la puerta del museo de Bilbao.

Francis, el hijo menor de Sir Nicholas Bacon, no tiene quien le mire en Bilbao. El Museo de Bellas Artes está cerrado, por vez primera en sus más de cien años de historia, debido a una huelga de sus trabajadores, que reclaman mejores condiciones a la empresa que les paga, Manpower. A El Greco, Murillo y Zurbarán o a Chillida y Zuloaga, les pasa lo mismo que a Francis Bacon, entre otros muchos que tienen obra permanente en la pinacoteca vasca: siguen colgados, o apoyados en el suelo o en peanas, pero ya no disfrutan de los vistazos cómplices de quienes pagan para admirar sus líneas y colores.

Un total de 34 trabajadores entre auxiliares de sala, personal de tienda, taquilla, recepción y educación, creen que los 880 euros que cobran, con las pagas prorrateadas para una jornada completa, y desempeñando sus tareas de lunes a domingo, es un abuso. El pasado 16 de mayo pararon como advertencia. El lunes de esta semana la dirección del Museo tuvo que retrasar la inauguración de una esperada exposición sobre el hiperrealismo. Y a partir de hoy las puertas están, por vez primera en un siglo, cerradas a cal y canto. Esta semana continuarán las negociaciones con la empresa.

"Lo nuestro es un penoso hiperrealismo", han denunciado los empleados en una conferencia de prensa, jugando con la exposición que se ha quedado pendiente. Le piden a la dirección que cambie de empresa subcontratista, y a Manpower que antes mejore sus condiciones, porque en caso contrario, el conflicto no tendrá fin. Los sindicatos que lideran la batalla sindical son ELA y LAB. 30 de los 34 empleados han comenzado hoy una huelga indefinida.

El museo ha tenido que retrasar sin fecha, la inauguración de la exposición y espera que se produzca un acercamiento en los próximos días. Escultura hiperrealista 1973-2016 reúne 34 esculturas realizadas por los 26 artistas más representativos del movimiento. Es la primera exposición cuyo objetivo es mostrar una revisión profunda de la figuración humana a lo largo de los más de cincuenta años de existencia del hiperrealismo.

Entre los artistas que esperan a la reapertura de la pinacoteca en esta muestra están George Segal, Duane Hanson y John DeAndrea. Además, tienen obra el español Juan Muñoz, el italiano Maurizio Cattelan, la belga Berlinde de Bruyckere, los australianos Ron Mueck, Sam Jinks y Patricia Piccinini o el canadiense Evan Penny, entre otros.

Fuentes oficiales del centro han querido aclarar que el conflicto laboral no se ha debido a que el museo "haya apretado las tuercas" a la empresa adjudicataria en lo referido al precio por dichos servicios en la última licitación, realizada el año pasado, sino todo lo contrario. Al parecer la licitación se hizo al alza, con lo que se adjudicó por más dinero que el año anterior por prestar dichos servicios".


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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
La colección de Alicia Koplowitz se expondrá en Bilbao en verano

El Museo de Bellas Artes de Bellas Artes presentará una selección de obras de la empresaria, que hasta ahora solo se ha visto en París



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Una mujer mira 'Mujer pelirroja', de Amedeo Modigliani, en la muestra de Alicia Koplowitz en París. / GABRIEL BOUYS AFP

El Museo de Bellas Artes de Bilbao presentará el próximo mes de julio una exposición de obras de la colección de la empresaria Alicia Koplowitz inédita en España. Hasta ahora sus obras solo han podido verse en París, donde se exhiben en el Museo Jacquemart-André hasta el próximo 10 de julio.

El anuncio de la presentación de la muestra en Bilbao coincide con la llegada al Museo de Bellas Artes del exdirector del Prado, Miguel Zugaza, que el pasado lunes volvió a la dirección del centro. Zugaza fue el máximo responsable del Bellas Artes entre 1996 y 2002, etapa en la que impulsó la ampliación de las instalaciones y la modernización de su funcionamiento.

Alicia Koplowitz, la novena fortuna de España, valorada en 2.050 millones de euros por la revista Forbes, ha coleccionado arte desde la adolescencia. El coleccionismo, ha explicado en el catálogo de la exposición de París, ha sido para ella "un viaje iniciático", que le ha servido "de escudo ante las vicisitudes de la vida". "He invertido [en la colección] parte de mi patrimonio y lo he hecho para que el conjunto sea conservado y pueda estar a disposición de los demás”, añade.

El Museo de Bellas Artes ha explicado en un comunicado que la exposición estará formada por una selección de cerca de 90 obras, que abarca piezas antiguas y contemporáneas. En París la exposición se presenta bajo el título De Zurbarán a Rothko. Colección Alicia Koplowitz y recoge 53 obras adquiridas por la empresaria en las últimas tres décadas. La colección se encuentra habitualmente repartida entre el domicilio de Alicia Koplowitz en Madrid y la sede Omega Capital, su fondo de inversiones.

El comisario de la exposición en París, Pablo Melendo, encontró en la colección un reflejo fiel de la personalidad de Alicia Koplowitz. "Es una mujer serena y reflexiva, nada frívola o mundana. Su colección no está construida con el criterio frío del inversor, sino con el placer que le procura observar y descubrir el arte”, explicó Melendo, exconsejero delegado de Sotheby’s en Madrid. “No es una colección que pretenda epatar”, añade. “No le gusta la ostentación. No es casual que no tenga ningún warhol y nada de pop art". En palabras de la coleccionista, cada obra suscitó en ella "una emoción y, a veces, una pasión en grandes dosis" y  "siguen formando parte de mi vida”.

Su nómina de artistas es impresionante, algunos poco frecuentes en colecciones privadas españolas, como Pantoja de la Cruz, Zurbarán y Arellano. En la exposición de París se ha descubierto la evolución de las adquisiciones, desde los maestros españoles e italianos (Goya, Canaletto) que compondrían una colección aristocrática hasta Van Gogh, Toulouse Lautrec, Schiele, Tàpies, Lucien Freud y Louise Bourgeois. 

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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
Alicia Koplowitz: el feminismo es todo un arte

La empresaria exhibe por vez primera en España su fabulosa colección privada, expuesta en el Bellas Artes de Bilbao



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Dos visitantes contemplan 'Sin título', de Willem de Kooning, en la exposición de la colección Koplowitz en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. A la izquierda, 'Rumor sin límites VI', de Chillida. / FERNANDO DOMINGO-ALDAMA

Más información y obras de Alicia Koplowitz

El desembarco de la colección privada de Alicia Koplowitz en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, gracias a la habilidad de su director, Miguel Zugaza, sirve para disfrutar de un paseo asombroso por la historia del arte en 90 piezas (desde la cabeza de una reina griega del siglo III antes de Cristo hasta una enorme tela de Anselm Kiefer de 2014). Pero también sirve como base de reflexión sobre dos asuntos bien interesantes. Uno es la relación entre el arte y el dinero. El otro, los inusitados formatos en que puede llegar a manifestarse el puñetazo feminista.

Para engarzar esas dos conversaciones sirve de perfecta bisagra esta empresaria y filántropa nacida en Madrid en 1952. Sí: la excopropietaria del gigante del ladrillo FCC (Fomento de Construcciones y Contratas) y actual líder de Omega Capital, el exitoso fondo de inversión que fundó en 1998 tras dejar a su hermana Esther y abandonar FCC, reúne una triple condición. Multimillonaria (2.328 millones de euros de patrimonio neto según la Lista Forbes 2017), amante y compradora de arte (dueña de una de las colecciones privadas más importantes del mundo). Y, a nada que uno contemple con un poco de atención esta exposición de Bilbao, feminista en activo.

Alicia Koplowitz ha traído a Bilbao 90 obras, casi el doble de las que llevó al museo Jacquemart- André de París en lo que supuso —hasta hace apenas tres semanas— la primera exhibición pública de su colección. Y una parte importante, por no decir la inmensa mayoría, de este conjunto tiene al universo femenino como principio y fin del discurso expositivo. No se trata aquí de una mera acumulación de pinturas y esculturas con la mujer como tema. Se trata de que, en la selección de obras que podrá verse en Bilbao desde el 28 de julio hasta el 23 de octubre, comisariada por Almudena Ros, lo femenino es lo poderoso y, más allá de eso, lo dominante, y no solo en número.

Igual dan las majas y las celestinas de Goya que las vírgenes vestidas de gitanas de Luis de Morales. Las afroditas de la época helenística que las dafnes de Julio González. Las pelirrojas de Modigliani que las féminas poéticas y terribles de Schiele. La manaza enorme y poderosa de Cabeza y mano de mujer, un picasso de echarse a temblar. La dignidad vertical de las mujeres desnudas de Giacometti. Y la impronta aristocrática de esas duquesas y esas condesas deliciosamente anacrónicas (como la de Haro, un goya que Koplowitz hizo volver del exilio). O la Mari de Antonio López, un óleo sobre tabla de 1961. O la atormentada lectora de Toulouse-Lautrec, o las bañistas de Gauguin (Mujeres a la orilla del río, adquirida en subasta por 10 millones de euros). O, definitivamente, ese Hércules enhebrando una aguja a los pies de Ónfala (otra vez Goya). Incluso el Hombre clásico, de Willem de Kooning, o el triple autorretrato de Francis Bacon aparecen como deconstruidos y desmejorados en la sala donde se exponen...

A tenor de lo seleccionado por su propietaria para el Bellas Artes de Bilbao, la mujer es la que manda. Consecuencia lógica, por otra parte, de la propia realidad empresarial protagonizada por la interesada, que preside fundaciones, compra arte desde hace 30 años y se sentó y se sienta en sucesivos consejos de administración, desmintiendo así la triste realidad del flagrante ninguneo femenino en la cúpula de las empresas españolas a manos de tanto triunfante macho alfa con corbata.
 
“Esta exposición es el resultado de emociones, pasiones y recuerdos inolvidables que han formado parte y siguen formando parte de mi vida”, sostiene en un texto del catálogo Alicia Koplowitz, que no quiso comparecer ante los medios de comunicación para defender a sus mujeres y a sus diosas, pero que sí estará el jueves en la inauguración de la exposición.

El otro tema de reflexión a que da pie la exposición es la relación entre el dinero y el arte, relación en la que han tomado parte por igual papas, reyes, nobles y mecenas de toda ley. La cuestión podría resumirse así: una multimillonaria (Koplowitz) y una corporación (Omega Capital) deciden gastarse gran parte de su dinero en comprar arte y ahora deciden enseñarlo. Otra corporación a la que tampoco le va tan mal a fin de mes, como es Petronor, decide hacer posible que la hasta hace poco invisible colección Koplowitz se instale en Bilbao, patrocinando la muestra (con un presupuesto de en torno a 400.000 euros). A todo ello se suma la astucia y la rapidez innatas de Miguel Zugaza. Tras dejar en diciembre la dirección del Prado, Zugaza volvió a coger las riendas del Museo de Bellas Artes de Bilbao, que ya había dirigido entre 1996 y 2001. En las reuniones del Patronato del Prado solía coincidir con Koplowitz. Cuando supo que su colección iba a ser expuesta en París, le escribió un mensaje: “Qué envidia, Alicia”. Ahora el tesoro de la empresaria aterriza en Bilbao. Para tres meses y en versión megamix.


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'Retrato de la condesa de Haro', de Goya, en la exposición en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. / FERNANDO DOMINGO-ALDAMA


A nuevo director, nuevo museo

La muestra Colección Alicia Koplowitz. Grupo Omega Capital es el primer puñetazo en la mesa de Miguel Zugaza como director del Bellas Artes de Bilbao. Pero no el único. Zugaza quiere dar una vuelta completa al museo y para ello tiene en mente un proceso de modernización que incluye una ampliación de 5.000 metros cuadrados, con un nuevo vestíbulo soterrado, y la rehabilitación de la antigua entrada principal, la que da a la plaza de Euskadi.

Además, el exdirector del Prado se ha asegurado el patrocinio fiel de una empresa como Petronor. La petrolífera ha costeado los gastos de la exposición Koplowitz y, según lo anunciado por su presidente, Emiliano López Atxurra, seguirá colaborando con el museo: “Este es el inicio de un bonito noviazgo. No te vamos a perder de vista, Miguel”. Hasta hace poco, Petronor patrocinaba al Athletic Club. Adiós al fútbol, hola a la cultura.



elpais.com
 




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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
El Bellas Artes de Bilbao repasa la poco conocida historia del grabado en color

Se muestran obras en papel de autores como Cézanne, Miró, Francis Bacon, Gordillo, David Hockney y Cristina Iglesias



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El Bellas Artes Bilbao repasa la poco conocida historia del grabado en color. / EFE

El Museo de Bellas Artes de Bilbao ha producido una exposición que repasa la poco conocida historia del grabado a color a través de obras en papel de autores de categoría internacional como Cézanne, Miró, Francis Bacon, Gordillo, David Hockney y Cristina Iglesias, entre otros.

Realizada con 59 grabados seleccionados del amplio fondo de obra sobre papel del museo, formado por más de 3.000 piezas, la muestra, bautizada "Más allá del negro. El grabado en color en la colección del Museo de Bellas Artes de Bilbao", descubre al espectador la evolución a lo largo de los últimos tres siglos de una de las facetas más desconocidas de este arte, habitualmente asociado a la estampación en blanco y negro.

La exposición, enmarcada en la celebración de la Feria Internacional del Grabado de Bilbao (FIG), que tendrá lugar del 16 al 19 de noviembre próximo, ha sido concebida y comisariada por el jefe del Departamento Colecciones del Bellas Artes de Bilbao, Javier Novo.

El director de la centenaria pinacoteca bilbaína, Miguel Zugaza, ha destacado que se trata de una exposición que sorprenderá al visitante porque es la primera vez que en España se ofrece "una breve historia del grabado a color".

La muestra, organizada de forma cronológica en tres salas, se inicia con grabados del siglo XVIII, época en la que empieza a experimentarse con las estampaciones en color en Europa, y también permite descubrir las diferentes técnicas empleadas por cada artista en la grabación de sus obras y los distintos formatos elegidos para plasmarlas.

En la primera sala se incluyen obras de estampadores japoneses como Hokusai e Hiroshige, que inspiraron a los europeos, y de artistas franceses como Janinet y Demarteau y el italiano Bartolozzi.

En esta primera sala se puede observar, según ha puesto de manifiesto el comisario Javier Novo, que los grabados realizados en dicho siglo son técnicamente muy superiores a los realizados en los siglos posteriores, aunque artísticamente son más pobres, por limitarse a la reproducción en papel de las obras de los grandes maestros.

EL auge del grabado en color en el siglo XVIII sufre un retroceso a principios del XIX y un nuevo éxito a finales del mismo y, a partir de ese momento, numerosos artistas como Dario Regoyos y el vasco Francisco Iturrino, y los franceses Paul Cezanne y el cartelista Jules Cheret, incorporaron sistemáticamente el color a su producción en papel.

En la siguiente sala están representados los grabados realizados por artistas pertenecientes a los distintos movimientos que surgieron al calor de la efervescencia artística en Europa entre entre finales del XIX y la primera mitad del siglo XX, como el surrealismo, el formalismo, etc., que produce un cambio en la forma de la aplicación del color en el grabado, ha precisado Novo.

En esta sala se muestran trabajos de mediano y gran formato de artistas de renombre internacional como Joan Miró, Robert Motherwell, Joseph Beuys y Frank Stella, y obras de extraordinario colorismo, como las de los españoles Gerardo Rueda, Luis Feito, Joan Hernández Pijuan y Albert Ráfols-Casamada.

En la última sala se muestra la progresión experimentada por las técnicas de realización del grabado en la segunda mitad del siglo XX en obras de Georg Baselitz, Francis Bacon, James Rosenquist, David Hockney , Jim Dine, admirador del pintor y grabador noruego Edvard Munch, Luis Gordillo, Eduardo Arroyo, Andrés Nagel y Cristina Igleisas, entre otros.

elmundo.es
 




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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
Arcimboldo, más botánico que surrealista

El Bellas Artes de Bilbao reúne por primera vez las tres obras en España del artista del XVI que popularizó las cabezas de frutas y flores en una muestra que reivindica su mirada científica



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'La primavera' (1563), de Arcimboldo. Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid

De una humilde familia de pintores, llegó a tener tratamiento de noble en la potentada corte de los Habsburgo del siglo XVI. Gracias, en gran medida, a las frutas, verduras, flores y animales que venían del Nuevo Mundo. Giuseppe Arcimboldo (Milán, 1526-1593) se quedó deslumbrado con aquella fauna y flora que entonces resultaba tan exótica y fue introduciendo en sus cuadros maíz, berenjenas, tomates, pimientos, peonías, lirios, claveles, aguileñas, mariquitas, lagartos o saltamontes.

Lo hizo después de reconocer sus limitaciones y dejar los retratos al uso, que carecían de alma, para dedicar su innegable virtuosismo a pintar fantásticas cabezas compuestas (teste composte) que le granjearon fama y dinero y le abrieron las puertas de la historia de la pintura y de la retina del público, que reconoce de inmediato sus creaciones, más botánicas que surrealistas, como se presentaron a principios del siglo XX.

Ya en sus años en la corte de Viena y Praga cosechó un enorme éxito. Todos querían un afrutado y botánico cuadro del manierista italiano. Pero no han pervivido muchas pinturas originales, poco más de una treintena en todo el mundo. Y solo tres en España. Al menos eso es lo que está documentado (siempre puede haber un coleccionista muy discreto).


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'Flora meretrix' (c. 1590), de Arcimboldo. Marco: 'cassetta en pietre dure' diseñado por Federico Zeri.

Esos tres óleos, Flora (1589), Flora meretrix (1590) y La primavera (1563) se exhiben juntos por primera vez desde hoy en el Museo de Bellas Artes de Bilbao en la exposición cuyo título es diáfano: Arcimboldo. Las floras y La primavera. Las dos primeras proceden de una colección particular española (se pudieron ver hace tres años en la Fundación March) y la tercera es una de las piezas más icónicas de la colección de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, radicada en Madrid.

“Es una exposición pequeña, pero matona”, afirmó ayer el director del centro, Miguel Zugaza, cuyo desenvoltura para sintetizar en titulares exposiciones históricas viene refrendada por sus casi 15 años al frente del Prado. Los originales están arropados por 11 obras relacionadas con Arcimboldo; dos buenas copias (de la época) de la serie Las estaciones: El otoño y El invierno, de la colección de la duquesa de Cardona; retratos de algunos de los protectores y coleccionistas, como el de los emperadores austriacos Maximiliano II (de Antonio Moro, préstamo del Prado) y su hijo Rodolfo II (de Alonso Sánchez Coello, de la colección real de la reina Isabel II), o tres tratados de botánica y de ciencia, que evidencian sus intereses y la sofisticación intelectual del artista y de la corte que frecuentaba.

Hoy es un pintor incluso popular. Pero vivió siglos de ostracismo, “un prolongado e injusto olvido histórico”, en palabras de Zugaza, hasta su redescubrimiento a principios del siglo XX gracias al primer director del MoMA de Nueva York, Alfred H. Barr, que lo incluyó entre los artistas precursores del movimiento surrealista europeo en la ahora legendaria exposición Fantastic Art. Dada Surrealism (1936-37). “Desde entonces, su popularidad ha ido creciendo, principalmente a través de sus cabezas compuestas”, agregó.

Patrocinada por Banca March y abierta hasta el 5 de febrero, la exposición es pequeña pero sostiene una tesis potente: la lectura surrealista de la obra de Arcimboldo obedece a una mirada del siglo XX sobre una obra del siglo XVI que no se corresponde con el “afán erudito” del pintor, apuntó Zugaza, ni con su voluntad de reflejar de manera científica la naturaleza y el periodo histórico en el que vivió, la curiosidad por los hallazgos provinientes de América o el impacto estético de las ilustraciones de los tratados de plantas y animales del Nuevo Mundo.

Leonardo da Vinci

El coordinador de la muestra, José Luis Merino, explicó que las características cabezas compuestas de Arcimboldo no son originales, pero las elevó a la “máxima calidad”. El actual director del Prado, Miguel Falomir, señala en el catálogo que la ascendencia de Leonardo da Vinci en la obra de Arcimboldo se reconoce tanto por ser el creador de las “teste grottesche e di carattere” (cabezas grotescas y de caracteres) como por su aproximación a la naturaleza. En el Milán natal del manierista se mantuvo largamente la influencia de Leonardo.

Las cabezas de Arcimboldo no son el fruto de la fantasía intransferible de un genio como, por ejemplo, El Bosco, sino la plasmación de una tradición y de las inquietudes del momento realizadas con una gran inventiva y precisión, no exenta del placer lúdico de la pintura.

Merino añadió también que Arcimboldo pretendía reflejar la grandiosidad y poderío del entonces emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Maximiliano II (1527-1576), contemporáneo de Felipe II, y de su hijo Rodolfo II, emperador del Imperio Austro-Húngaro, para los que pintó varias obras.


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Mensaje Re: Museo De Bellas Artes De Bilbao 
 
Las cartas y los lienzos que cuentan el ascenso de Goya

La primera muestra del artista en Bilbao reúne en el Museo de Bellas Artes un centenar de piezas que retratan el ambiente del Madrid al que llega para convertirse en pintor del rey



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'Muchachos trepando a un árbol' (1791-1792), de Francisco de Goya. / MUSEO DEL PRADO

Tenía Goya un asunto pendiente con Bilbao, o quizá era Bilbao la que lo tenía con Goya. Fuera como fuese, la deuda queda saldada a partir de este miércoles: por fin el pintor llega a esta ciudad en la que no había estado y lo hace en forma de exposición: Goya y la corte ilustrada, un recorrido en paralelo por las dos vertientes del pintor: la humana y la de genio de la pintura, muy superior al resto de sus contemporáneos de los que también se exhiben obras en la muestra.

La parte humana corre a cargo de las 13 cartas de Goya (Fuendetodos, Zaragoza, 1746 – Burdeos, 1828) a Martín Zapater, su amigo de la infancia, que se exhiben en la muestra del Museo de Bellas Artes de Bilbao y que funcionan como eje vertebrador de esta. En la caligrafía del pintor se pueden leer sus pensamientos, intereses, logros y las noticias que le da al compañero que dejó en Zaragoza y que le une con sus raíces, sus círculos de amigos y familiares. “Dime si la niña de Manuel se acuerda de mí”, escribe el artista el 27 de junio de 1781, y firma: “Tu Paco Goya”. En otra del 7 de julio de 1786 dice: “Martín mío, ya soy pintor del Rey”. Estas misivas forman parte de las 147 que pertenecen al Museo del Prado (prestador de 72, de las 96 piezas de la muestra): la correspondencia del artista aragonés a Zapater, la de este a Goya no se conserva. La lectura de las letras de tinta de este “genio” de la historia del arte -término que usa la comisaria de la exposición Manuela B. Mena, jefa de conservación del Pintura del siglo XVIII y Goya del Prado. Ella misma sabe que es un cliché pero explica que Goya verdaderamente lo merece junto con poquísimos más: “Rafael, Miguel Ángel, Tiziano, Rubens, Rembrandt, Velázquez...”- convierten al visitante en un voyeur que espía la vida de Goya en la corte.

De cómo era Madrid y el ambiente que se encontró en la ciudad el aragonés cuando llegó en 1775, hablan tanto sus obras como las de sus coetáneos. De las obras que se exponen, un tercio son de Goya, el resto de artistas contemporáneos como Mariano Salvador Maella, Francisco Bayeu, Luis Paret, Giandomenico Tiepolo... incluso, una mujer, algo nada habitual a finales del siglo XVIII: Francisca Ifiginea Meléndez, una miniaturista, pintora de cámara -“la misma categoría que Goya y con el mismo sueldo que él: 50.000 reales”, cuenta la comisaria-. La exposición, que hasta el 21 de enero se pudo disfrutar en CaixaForum de Zaragoza, tiene un apéndice como celebración de que por fin una monográfica de Goya pisa Bilbao: 11 retratos del pintor de Fuendetodos a personalidades de origen vasco o navarro tales como Francisco de Cabarrús, conde de Cabarrús o Juana Galarza de Goicoechea y Martín Miguel de Goicoechea...
 

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'Retrato de Martín Zapater' (1797), de Francisco de Goya. / MUSEO DE BELLAS ARTES DE BILBAO

Entre Vista de Fuenterrabía, o la de Bermeo, de Paret (esta última recién adquirida), La pradera de San Isidro, de José del Castillo, o El paseo de las Delicias, de Bayeu, destacan inevitablemente las obras de Goya como La gallina ciega, El pelele (que hace sentir al espectador que una sala del museo bilbaíno se ha transformado en una del Prado) o los retratos de Carlos III, de Carlos IV y de su amigo Martín Zapater (que junto con el de Moratín son las dos únicas obras del aragonés que custodia el Bellas Artes de Bilbao). Es admirable su factura, su técnica económica, limpia y precisa -se puede seguir el trayecto de una pincelada con la mirada-. “Con menos consigue más que los demás”, asegura Mena. La intención que le da a los ojos de las refinadas damas cuando miran a los majos, o a los trabajadores de La vendimia mientras otros disfrutan de las uvas recogidas y la manera de retratar a los reyes realizados tras la Revolución Francesa son sutilezas solo dignas del de Fuendetodos.


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