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Gregorio Fernández
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Mensaje Gregorio Fernández 
 
Este trabajo está dedicado a un gran escultor Gregorio Fernández fue el máximo exponente de la Escuela de Valladolid, heredero de la expresividad y refinamiento de Alonso Berruguete, Juan de Juni y Pompeo Leoni.

Desarrolló principalmente su obra por Castilla, Extremadura, Galicia, Asturias y el País Vasco. Se dedicó a su oficio en cuerpo y alma, formando en Valladolid un gran taller con varios aprendices y colabores.

Su realismo, era un tanto recio, pero no vulgar ni morboso, se aprecia en la honda expresión de los rostros, en la forma de destacar las partes más significativas y en los elementos que añade (postizos) para aumentar la sensación de autenticidad; los ojos son de cristal, las uñas y los dientes de marfil, los coágulos de sangre son de corcho, las gotas de sudor y las lágrimas son de resina…


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Medallón dedicado al escultor Gregorio Fernández (hay un error en el medallón, en la primera letra del apellido) en la fachada del Museo del Prado. Madrid. Medallón esculpido por Ramón Barba en 1830.


Gregorio Fernández es una de las personalidades más relevantes de la escultura barroca española y, en concreto, de la Escuela de Valladolid.

Gregorio Fernández. Nació en Sarria (Lugo) en 1576 y se trasladó a Valladolid en 1605 debido a que allí se había establecido la corte. Completó su formación con Rincón y comenzó a atender importantes encargos provenientes de una clientela adinerada, como por ejemplo, Felipe III, el Duque de Lerma, los Condes de Fuensaldaña o las principales órdenes monásticas.

En Valladolid, también estudió las obras de Juan de Juni y de Pompeo Leoni. De este último adquirió una elegancia estilizada y académica, como se aprecia en su estilo inicial y de Juni, tomó las imágenes religiosas de gran dramatismo, aunque Gregorio Fernández incorporó un mayor naturalismo en sus obras.

Su producción refleja un cambio estilístico. Parte de un refinado manierismo y va evolucionando hacia el naturalismo barroco. Adecua sus trabajos a los ideales contrarreformistas que imperaban en la época y que consideran al realismo como el lenguaje plástico más idóneo. Las figuras se policroman con colores sobrios para evitar la distracción del fiel. Las actitudes son calmadas pero de intenso dramatismo y se emplean postizos como ojos de cristal, dientes de marfil, etc., para reforzar ese acercamiento a lo real.

Gregorio Fernández fue uno de los grandes maestros de la escultura religiosa en madera policromada. Su realismo se aprecia en el estudio anatómico que realiza de los cuerpos, plasma la tensión de los músculos, la blandura de la carne o la suavidad de la piel. Las actitudes son calmadas, recayendo la carga expresiva en el rostro y las manos.

Emplea ropajes con pliegues muy marcados que favorecen los contrastes lumínicos entre luces y sombras y postizos para aumentar la sensación de autenticidad.

Realizó numerosos retablos, pasos procesionales y, también, imágenes aisladas. Sus pasos procesionales son escenas narrativas con figuras a tamaño natural. Tengo sed y Camino del Calvario son ejemplos de su primera etapa, mientras que el Descendimiento, de 1623, refleja ya la madurez de su estilo.

Destaca el de La Piedad con los dos Ladrones, ejecutado en 1616 para la cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias de Valladolid. El grupo central, en el que se encuentra la Virgen y Jesús, está compuesto en diagonal. La Virgen eleva el brazo derecho en señal de dolor, mientras con su mano izquierda sostiene al Hijo, que se apoya en su regazo. Ambos están tratados con belleza y elegancia, mientras que los dos ladrones suponen un magnífico estudio anatómico.

Dimas, el bueno, tiene una actitud serena y su rostro, tranquilo, se dirige hacia el grupo central. Gestas, el malo, con el cuerpo más crispado, el pelo agitado y un rostro desagradable, tiene la cabeza vuelta hacia el espectador.

Para el retablo mayor de las Huelgas Reales de Valladolid llevó a cabo el altorrelieve de Cristo desclavándose para abrazar a san Bernardo. Está interpretado de manera natural, pero con gran intensidad emocional.

Una de sus obras maestras es el relieve del Bautismo de Cristo del antiguo convento del Carmen Descalzo, en Valladolid. Los dos protagonistas están tratados como si fueran figuras exentas, haciendo hincapié en la anatomía de los cuerpos y en los quebrados pliegues para conseguir mayor volumen.

Con sus imágenes aisladas logró crear tipos iconográficos que alcanzarán gran éxito durante barroco español y que él mismo repetirá originando series. Entre las dedicadas al tema pasional sobresalen el Cristo de la Flagelación, el Ecce Homo, el Crucificado o Cristo yacente. Son representados siempre muertos, con los pies cruzados.

El Cristo Yacente representa a Cristo muerto sobre un sudario y refleja de forma muy naturalista el cuerpo de Cristo agotado por el dolor y el sufrimiento y un rostro demacrado. La policromía es sobria. Añade postizos, como por ejemplo, dientes de marfil, heridas de corcho, ojos de cristal, uñas de asta.

Sus Inmaculadas están representadas con el cuerpo cilíndrico, las manos juntas, el manto trapezoidal, cabeza con corona y aureola de rayos metálicos.

Los modelos de Gregorio Fernández tuvieron gran repercusión tanto en Valladolid como en todo el norte de España a lo largo del siglo XVII. Promovió, además un importante taller y contó con numerosos seguidores.

Espero que la obra de este espléndido escultor, Gregorio Fernández, sea del agrado de los visitantes de esta sección del foro de xerbar.






ALGUNAS OBRAS


 18cristo_atado_a_la_columna_20131225

Cristor atado a la columna (c. 1623); Gregorio Fernández (1576-1636). Iglesia Penitencial de la Vera Cruz (Valladolid).


 17gregorio_fern_ndez_bautismo_20140703

Bautismo de Cristo, madera policromada, c.1630; escultura de Gregorio Fernández (1576-1636), policromía atribuida a Diego Valentín Díaz. Museo Nacional de Escultura, Valladolid.


 16_gregorio_fernandez_inmaculada_la_redonda_logrono_spain

Inmaculada Concepción, La Redonda, Logroño. Obra de de Gregorio Fernández


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Inmaculada Concepción, Iglesia de la Vera Cruz (Salamanca). Obra de de Gregorio Fernández


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Talla de San Francisco, obra ejecutada por Gregorio Fernández entre 1625 y 1630, en la iglesia de Santo Domingo de Silos de Arévalo, provincia Ávila


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Catedral de Valladolid, Valladolid. Obra de Gregorio Fernández


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Santo Domingo de Guzmán (Hacia 1625). Escultura en madera policromada de Gregorio Fernández. Iglesia de San Pablo (Valladolid)


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Cristo de la Luz. 1630. Capilla del Palacio de Santa Cruz (Universidad de Valladolid). Obra de Gregorio Fernández


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Cristo del Consuelo, 1610. Obra de Gregorio Fernández


 31retablo_del_nacimiento_huelgas

"Retablo del Nacimiento" (1614) de Gregorio Fernández, en la antigua capilla de San Juan. Monasterio de las Huelgas Reales. Valladolid.


 35retablo_mayor_iglesia_del_monasterio_de_las_huelgas_reales_valladolid

San Bernardo. Retablo mayor. Iglesia del Monasterio de las Huelgas Reales (Valladolid), obra de Gregorio Fernández


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Retablo de las Huelgas Reales. Valladolid. Las esculturas son obra de Gregorio Fernández


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Escultura de San Gabriel del escultor Gregorio Fernández. Procede de la desaparecida iglesia vallisoletana de San Miguel y se encuentra en la embocadura del presbiterio de la parroquia de San Miguel y San Julián de Valladolid.


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Escultura de San Rafael del escultor Gregorio Fernández. Procede de la desaparecida iglesia vallisoletana de San Miguel y se encuentra en la embocadura del presbiterio de la parroquia de San Miguel y San Julián de Valladolid.


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Escultura de San Felipe del escultor Gregorio Fernández. Procede de la desaparecida iglesia vallisoletana de San Miguel y se encuentra en el retablo mayor de la parroquia de San Miguel y San Julián de Valladolid.


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Escultura de San Pablo del escultor Gregorio Fernández. Procede de la desaparecida iglesia vallisoletana de San Miguel y se encuentra en el retablo mayor de la parroquia de San Miguel y San Julián de Valladolid.


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Retablo mayor. Iglesia de San Miguel y San Julián (Valladolid), obra del escultor Gregorio Fernández


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Santa Isabel; talla de Gregorio Fernández. Retablo de la capilla del convento de Santa Isabel (Valladolid).


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La Piedad o La quinta angustia, iglesia de san Martín, Valladolid, en procesión. Obra de Gregorio Fernández


 30quinta_angustia_20131226

«La Quinta Angustia», imagen de la Piedad en madera policromada, por Gregorio Fernández (1576-1636); iglesia de San Martín (Valladolid).


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Piedad. Museo Nacional de Escultura, Valladolid. Obra de Gregorio Fernández


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San sebastián. Museo Nacional de Escultura, Valladolid. Obra de Gregorio Fernández


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Santa Teresa de Ávila. Museo Nacional de Escultura, Valladolid. Obra de Gregorio Fernández


 24gregorio_fern_ndez_diego_de_alcal_20140703

San Diego de Alcalá, c. 1605. Museo Nacional de Escultura, Valladolid. Obra de Gregorio Fernández


 24gregorio_fern_ndez_san_pedro_20140703_1

San Pedro en cátedra, madera policromada, c.1630; escultura de Gregorio Fernández (1576-1636), policromía atribuida a Diego Valentín Díaz. Museo Nacional de Escultura, Valladolid.


 25_gregorio_fern_ndez_camino_del_calvario

Camino del Calvario (1614), obra de Gregorio Fernández, excepto la figura del Cristo (1610), obra de Pedro de la Cuadra. Museo Nacional Colegio de San Gregorio, Valladolid (España).


 26gregorio_fern_ndez_la_sexta_angustia_1616_17

La Sexta Angustia (1616-1617), obra de Gregorio Fernández. Procede de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias de Valladolid. Museo Nacional Colegio de San Gregorio, Valladolid (España).


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Paso procesional Sed Tengo (1612-1616), obra de Gregorio Fernández. Procede de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Valladolid. Museo Nacional Colegio de San Gregorio, Valladolid (España).


 28iglesia_de_san_miguel_arc_ngel_vitoria_retablo

Retablo mayor (dos cuerpos) de la iglesia. Realizado por el maestro Gregorio Fernández (1624-1632) en Valladolid, siendo ensamblado por Juan Velázquez.


 20el_retablo_de_gregorio_fern_ndez

Retablo mayor. Iglesia de San Miguel Arcángel (Vitoria). Las esculturas son obra de Gregorio Fernández


 33retablo_plasencia

Retablo mayor de la catedral nueva de Plasencia (Cáceres). Las esculturas son obra de Gregorio Fernández


 29retablo_de_la_inmaculada_concepci_n_catedral_de_astorga

El obispo de Astorga, Alonso Mexía de Tovar (o Alfonso Mejía de Tovar) encarga a Juan de Peñalosa y Sandoval (1627) un retablo para la imagen de La Purísima, del escultor Gregorio Fernández.


 47_valladolid_iglesia_vera_cruz_descendimiento_gregorio_fernandez_ni

Iglesia de la Vera Cruz. Valladolid,  Escena del paso del Descendimiento. Obra del escultor Gregorio Fernández.


 48_valladolid_monasterio_valbuena_26_iglesia_retablo_sagradafamilia_lou

Iglesia del Monasterio cisterciense de Santa María de Valbuena en el término de Valbuena de Duero (Valladolid). Retablo de la Sagrada Familia, del siglo XVII, obra del escultor Gregorio Fernández.


 50valladolid_monasterio_valbuena_27_iglesia_retablo_sanbernardo_lou

Retablo de San Bernando. Iglesia del Monasterio cisterciense de Santa María de Valbuena en el término de Valbuena de Duero (Valladolid). Retablo de la Sagrada Familia, del siglo XVII, obra del escultor Gregorio Fernández.


 46valladolid_descalzas_reales

Convento de las Descalzas Reales de Valladolid (España). Imagen en piedra de la portada atribuida a Gregorio Fernández.


 45sepulcro_de_los_condes_de_fuensalda_a_iglesia_de_san_miguel

Sepulcro de los Condes de Fuensaldaña en la Iglesia de San Miguel y San Julián (Valladolid). Obra de Gregorio Fernández (1617)


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Santísimo Cristo de El Pardo. obra del escultor Gregorio Fernández


 44_valladolid_real_m_de_san_joaquin_y_santa_ana_4

Cristo Yacente, obra de Gregorio Fernández (1634), en el Museo del Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana (MM Cistercienses), Valladolid


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Cristo yacente. Catedral de Segovia. Obra de Gregorio Fernández. Capilla hornacina, Capilla del Descendimiento. Una obra del máximo exponente de la escultura barroca castellana.


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Cristo yacente (1627) conservado en el Museo Nacional de Escultura, Valladolid.


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Cristo yacente de Gregorio Fernández (1634). Iglesia de San Miguel y San Julián, Valladolid.


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'Arcángel san Gabriel'. Museo Diocesano. Catedralicio de Valladolid. Obra de Gregorio Fernández



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Retrato de Gregorio Fernández, Diego Valentín Díaz, Museo Nacional de Escultura.


Ver más obras de Gregorio Fernández



PUES ESTO ES TODO AMIGOS, ESPERO QUE OS HAYA GUSTADO LA IMPRESIONANTE OBRA DEL ESCULTOR GREGORIO FERNÁNDEZ. SIN LUGAR A DUDAS UNO DE LOS MÁS GRANDES DEL BARROCO ESPAÑOL.


  
Fuentes y agradecimientos: commons.wikimedia.org, es.wikipedia.org, elpais.com, C.V. Cervante y otras de Internet
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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última edición por j.luis el Martes, 09 Febrero 2016, 09:23; editado 11 veces 
j.luis Enviar mensaje privado Enviar correo al usuario
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Mensaje Re: FERNÁNDEZ, Gregorio 
 
Gracias J.Luis Gregorio Fernández sin duda merece un rincón en nuestra galería de escultores.  

Un Saludo.
 




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Antes que nada lee las NORMAS del foro.
Los mensajes deben de ser con respeto y educación hacia todos los usuarios.
Xerbar Administrador del Foro.
 
xerbar Enviar mensaje privado Visitar sitio web del autor/es
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Mensaje Re: FERNÁNDEZ, Gregorio 
 
Xerbar. Me alegro que te guste el escultor Gregorio Fernández, la verdad estoy aprendiendo un montón, realizando las Galerías.

Por cierto xerbar, echale un vistazo a la galería de Courbet, creo que te gustará.




 

FELIZ NAVIDAD
 




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última edición por j.luis el Miércoles, 07 Octubre 2015, 18:12; editado 1 vez 
j.luis Enviar mensaje privado Enviar correo al usuario
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Mensaje Re: Gregorio Fernandez 
 
Si alguien está interesado he subido nuevas imágenes de esculturas de Gregorio Fernandez.



 



Saludos.
 




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j.luis Enviar mensaje privado Enviar correo al usuario
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Mensaje Re: Gregorio Fernandez 
 
Este escultor tenía su taller en la calle del Sacramento (hoy Paulina Harriet) a el se le asigna una frase que es la siguiente "Aquí se hacen santos", estaba casado con María Pérez y tuvo una hija que se llamaba Damiana, también tuvo un hijo que murio a los pocos meses de nacer.
El paso de la Quinta Angustia lo conozco muy bien. La fecha de su muerte fué el 22 de Enero de 1636 en Valladolid.Este escultor sentía gran admiración por Juan de Juni, porque compró a los herederos de Juan de Juni la casa y el taller en donde trabajó. La frase de "Aquí se hacen santos" la tomó hace varios años Miguel Angel Tapia.
 



 
Nacho Cortes Llanes Enviar mensaje privado
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Mensaje Re: Gregorio Fernández 
 
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Theatrum: LA PIEDAD O QUINTA ANGUSTIA, fusión de naturalismo y belleza mística



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NUESTRA SEÑORA DE LA PIEDAD
Gregorio Fernández (Sarria,Lugo,1576-Valladolid,1636)
Hacia 1627
Madera policromada y postizos
Capilla de San Ildefonso de la iglesia de San Martín, Valladolid
Procedente del convento de San Francisco de Valladolid
Escultura barroca española. Escuela castellana



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La imagen de Nuestra Señora de la Piedad es un icono vallisoletano por excelencia, una imagen sacra que sigue impactando a cuantos la contemplan en su discurrir callejero durante las celebraciones de Semana Santa. Sin embargo, no fue concebida con fines procesionales, sino para permanecer asentada en la hornacina principal de un retablo que presidía la capilla de Nuestra Señora de la Soledad en la iglesia del desaparecido convento de San Francisco, tal como fue descrito en 1660 por fray Matías de Sobremonte en su manuscrito Historia del Convento de San Francisco, en el que proporciona datos fundamentales para su identificación, entre ellos la más antigua atribución de la autoría de esta obra maestra al genial escultor Gregorio Fernández, hoy aceptada sin reservas.

En la iglesia de aquel céntrico y descomunal convento franciscano don Juan de Sevilla y su esposa doña Ana de la Vega habían fundado en 1590 una capilla familiar de la que ostentaban su patronato. Transcurridos unos años, a causa del enlace matrimonial con una descendiente de la familia Sevilla y Vega, dicho patronato pasó a manos de don Francisco de Cárdenas, señor de Valparaíso y Fresno de Carballeda, que hacia 1627 fue el comitente de la imagen de la Piedad y su correspondiente retablo para presidir la capilla, una iniciativa que sin duda los franciscanos, tan proclives a las representaciones de la Pasión, debieron aceptar con complacencia.


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Es posible que en la elección del tema y del escultor influyera sobre los Cárdenas una obra precedente que había causado verdadero asombro en el panorama artístico vallisoletano: el paso procesional conocido por entonces como el Descendimiento —hoy denominado Sexta Angustia— que Gregorio Fernández había realizado en 1616 para la Cofradía de las Angustias, en cuya composición se incluía una novedosa y magistral imagen de la Piedad, con la Virgen y Cristo muerto tallados en un mismo bloque.

No obstante, la imagen no sigue estrictamente aquella experiencia procesional de carácter tridimensional, sino que el gallego retoma el modelo del altorrelieve que ya había realizado entre 1610 y 1612, en su primera etapa, para la iglesia de los Carmelitas Descalzos de Burgos1, después evolucionado en el ejemplar naturalista que hiciera en 1625, en plena madurez, para la ermita de la Piedad2 del complejo conventual de Santa Clara de Carrión de los Condes (Palencia). Todas ellas siguen una iconografía heredera de aquella creada por Francisco de Rincón entre 1602 y 1604 para presidir el ático del retablo mayor de la iglesia penitencial de Nuestra Señora de las Angustias de Valladolid, contratado en 1602 por su suegro el ensamblador Cristóbal Velázquez, donde establece un prototipo a partir de la escena creada por Gaspar Becerra entre 1558 y 1562 para el retablo de la catedral de Astorga, a su vez inspirada en el célebre dibujo que Miguel Ángel realizara en 1538 para Vittoria Colonna (Isabella Stewart Gardner Museum, Boston).


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Piedad. Francisco de Rincón, 1602-1604. Retablo mayor de la iglesia de las Angustias, Valladolid

Esta imagen, que se engloba en la serie de "Piedades" realizadas por Gregorio Fernández en Valladolid, supone la reinterpretación en la sociedad barroca, condicionada por los postulados trentinos, de una antigua iconografía medieval aparecida como tema independiente a finales del siglo XIII, evolucionada a principios del XIV en algunos conventos del entorno del Rin y muy difundida a lo largo del siglo XV en el centro y norte europeo, especialmente en Francia y Alemania.

El modelo sería depurado por influencia de místicos franciscanos como San Bernardino de Siena, en cuyos escritos imaginaba a la Virgen en este episodio extraviada de dolor y rememorando al tiempo los felices momentos en que acunaba a Jesús siendo niño. También fueron decisivos los aportes de iconografía mental divulgados en las Revelaciones de Santa Brígida y en las Meditaciones sobre la vida de Cristo de San Buenaventura, siempre con la intención de ensalzar el papel de la Virgen como corredentora a través del drama vivido durante el sacrificio de su Hijo.


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Piedad. Gregorio Fernández, 1610-1612. Iglesia del Carmen o Carmelitas Descalzos, Burgos

Estas representaciones de la Piedad fueron muy difundidas en Castilla merced a las rutas comerciales abiertas con centroeuropa, después reinterpretadas por los artistas locales hasta que en el siglo XVI la preocupación por las proporciones y la lógica del Renacimiento generó la humanización del tema hasta convertirle en una alegoría del dolor: la Compassio Mariae o la Pasión compartida por Madre e Hijo. Buenos ejemplos dejaría Juan de Juni en las múltiples versiones que, tanto en relieves de barro como en esculturas en piedra y madera, realizó a lo largo de su vida laboral.

La escena descriptiva de la Piedad se condensa en dos figuras que expresan un dolor sublime: la de María sufriente al sujetar junto a ella el cuerpo de Cristo muerto, recién descendido de la cruz y como episodio previo al Santo Entierro. Así lo representa en esta imagen Gregorio Fernández, en este caso con la Virgen rodilla en tierra, con gesticulación declamatoria con la cabeza y los brazos levantados en gesto de súplica y desconsuelo, y el cuerpo inerte de Cristo, colocado sobre un sudario que reposa en su regazo y que mantiene un forzado equilibrio a través del brazo derecho de Jesús remontando la rodilla de la Virgen.

Esta composición, aparentemente sencilla, se acompaña de un magistral juego de matices y contrapuntos que ejercen sobre el espectador una fuerte influencia psicológica. A pesar de su concepción frontal, por estar destinada a ser encajada dentro de una hornacina como obra devocional, los volúmenes de la imagen se despegan del fondo creando un fuerte contraste de luces y sombras y, mediante el giro de las cabezas, consigue distintos y variados valores expresivos de igual fuerza tanto en su vista frontal como desde los costados.


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Piedad. Gregorio Fernández, 1625. Monasterio de Santa Clara, Carrión de los Condes (Palencia)

Con sabiduría combina elementos cerrados, como el cuerpo inánime de Cristo, con una correcta anatomía replegada que describe un pronunciado arco sobre la blanca curvatura del sudario, con otros abiertos propios de la gesticulación barroca, como los brazos levantados y la cabeza en diagonal de la Virgen, lo que produce la caída vertical del manto por la parte trasera arropando la composición en forma de finas láminas y permitiendo que las figuras, presentadas como una instantánea, se muevan con magistral naturalidad y veracidad en el espacio, contrastando la desnudez de Cristo con los voluminosos ropajes que recubren a la Virgen.

En la figura de Cristo, es destacable la serenidad y el realismo anatómico, verdadera obsesión del piadoso escultor en su etapa de madurez, con un blando modelado de gran clasicismo que se aparta de la imagen truculenta de la tortura. Aquí todo es reposo, resignación y solemnidad, con el cuerpo ajustado a los paños y las piernas colocadas recordando su posición en la cruz. La figura evidencia el sentido de la muerte corporal, con el vientre hinchado y la llaga del costado bien visible.


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Piedad. Gregorio Fernández, hacia 1627. Iglesia de San Martín, Valladolid

En su caracterización, la cabeza sigue el prototipo creado por el escultor en las figuras de Cristo, con un tallado virtuoso en la barba de dos puntas; minuciosos cabellos que caen por el lado derecho en forma de larga melena sobre el hombro y por la izquierda remontan la oreja dejándola visible; melena con raya al medio y con los característicos mechones sobre la frente; órbitas oculares muy pronunciadas y con ojos postizos de cristal en forma de media luna que establecen una mirada perdida; la boca entreabierta dejando apreciar la lengua y dientes de hueso sugiriendo el último suspiro; una encarnación en tonos pálidos y con hematomas violáceos y pequeños regueros sanguinolentos resaltados con resina, así como un paño de pureza gris-azulado que atenúa la desnudez.

El estatismo mortal de la figura de Cristo contrasta con el movimiento atemperado de la Virgen, que presenta los brazos levantados en gesto de incomprensión y desamparo, efecto reforzado con la colocación de las manos en tensión, con la palma abierta y los dedos rectos y separados a modo de súplica. La Virgen aparece derrumbada en el momento más dramático, manteniendo el equilibrio con la rodilla izquierda apoyada en el suelo y la derecha flexionada al frente para sustentar a Jesús, una disposición muy estudiada que permite establecer un espacio para colocar el cuerpo en su regazo y el expresivo brazo sin vida por encima de su rodilla.


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La Virgen luce una indumentaria que responde al modelo mariano creado por el escultor, con una saya de lino interior sólo visible en los puños, una túnica roja anudada a la cintura y con los puños vueltos, un manto azul y recorrido por una escueta orla ornamental que le cubre la cabeza y los hombros, así como gruesos zapatos negros, uno de ellos asomando bajo la túnica, y un elaborado juego de tocas blancas envolviendo el rostro, elementos que se convertirían en la marca del taller fernandino, en este caso compuesto por una toca ajustada al rostro que llega hasta el pecho, del tipo usado por las religiosas, y otra a modo de velo cubriendo la cabeza y con el característico pliegue simétrico sobre la frente, ambas simulando una muselina adornada con un sencillo motivo lineal en los ribetes y trabajadas, al igual que los bordes del manto, en finas láminas que sugieren un tejido real. En esta obra se aprecia el peculiar modo de trabajar los pliegues, cuyos duros dobleces se suavizan en esta etapa de madurez como síntoma de una búsqueda obsesiva por conseguir el mayor naturalismo.


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Como es habitual en Gregorio Fernández, el componente emocional se concentra en la cabeza, en este caso elevada y ligeramente girada hacia la derecha. El trabajo del rostro sigue las pautas utilizadas por el escultor en otras figuras femeninas, como Santa Catalina de Siena (iglesia de San Pablo de Valladolid), Santa Escolástica (Museo Nacional de Escultura), Santa Clara (Monasterio de la Concepción de Medina de Rioseco), Santa Isabel de Hungría (Convento de Santa Isabel de Valladolid) y Santa Teresa (Museo Nacional de Escultura), con rasgos de gran clasicismo en las cejas arqueadas, la nariz recta, los párpados ligeramente hundidos, la mirada hacia arriba y la boca entreabierta, incorporando como postizos realistas ojos de cristal y dientes de hueso. El resultado es un rostro de una gran belleza y expresividad dramática, capaz de conmover a los fieles a través de los sentidos.

La policromía, que durante mucho tiempo permaneció oculta bajo toscos repintes, fue recuperada durante la restauración definitiva realizada en 2004. Su estética se ajusta a la moda del momento, con las encarnaciones tratadas como pintura de caballete y los paños con aplicaciones de colores lisos acompañados de discretas orlas en los ribetes. Este trabajo, según lo hizo público Jesús Urrea, fue llevado a cado por el pintor Diego de la Peña bajo la supervisión de Gregorio Fernández.



PERIPECIAS DE LA ESCULTURA


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La magnífica imagen de la Piedad permaneció en el convento de San Francisco hasta la Desamortización de 1836, momento en que fueron confiscados sus bienes. Sin embargo, la imagen no fue recogida en el recién creado Museo Provincial de Bellas Artes de Valladolid, como tantas obras procedentes de conventos e iglesias vallisoletanas, sino que fue reclamada por la familia Salcedo y Rivas, heredera de la antigua familia que ostentaba el patronato de la capilla y que en esos años también poseían el patronato de una capilla dedicada a San Ildefonso en la iglesia de San Martín. Se trataba de una fundación realizada en 1622 por don Alfonso Fresno de Galdo, que llegó a ser obispo de Honduras y cuyo palacio se encontraba en la vecina calle del Prado.

Colocada inicialmente en la capilla de los Galdo, debido a la multitudinaria devoción que despertaba en el barrio de San Martín, en 1912 fue trasladada a un altar situado en el brazo derecho del crucero, aunque finalmente, con el deseo de rodearla de la mayor dignidad, el retablo con la imagen fue colocado en una espaciosa capilla barroca, levantada entre 1694 y 1698 bajo el patronato de don Gaspar Vallejo y cerrada con una reja de 1701, que ocupa el segundo lugar del lado del Evangelio. Dicho retablo fue ensamblado por Xaques del Castillo y aparece coronado por una pintura que representa La imposición de la casulla a San Ildefonso, obra de Diego Valentín Díaz.


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Tras la regeneración de los desfiles de Semana Santa emprendida desde 1920 por don Remigio Gandásegui, arzobispo de Valladolid, en colaboración con Francisco de Cossío y Juan Agapito y Revilla, que también incluía la recuperación de las cofradías históricas y la creación de otras nuevas, se decidió revitalizar la Cofradía de la Piedad, fundada en 1578 y con la historia más compleja de las cinco cofradías históricas de Valladolid.

En un principio tuvo como primera sede canónica la iglesia del Rosarillo, aunque pronto se le adjudicó como sede canónica la parroquia de San Martín, por hallarse en ella la imagen de la Piedad de Gregorio Fernández que Agapito y Revilla había identificado como procedente del convento de San Francisco y que salió por primera vez en procesión en la Semana Santa de 1927. Tres años después la Cofradía de la Piedad se comprometió a rendirla culto convertida en su imagen titular, siendo aprobados por el arzobispo Gandásegui los estatutos de la recuperada hermandad en 1934.


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Determinado su uso procesional, fue necesario recomponer y cubrir la parte trasera del manto de la imagen, originariamente ahuecada, elaborándose también una bella carroza cuyos adornos florales son admirados desde entonces. Asimismo, se completó el conjunto con una cruz con cantoneras y ráfagas de plata, colocada a espaldas de la Virgen (actualmente incorporando un sudario de tela real), y con la colocación de una corona de tipo resplandor en la Virgen y tres potencias en Cristo, ricas piezas de orfebrería realizadas en plata que ya forman parte de la fisionomía tradicional.


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En nuestro tiempo, Nuestra Señora de la Piedad ha sido protagonista de un hecho insólito producido a partir del hundimiento de las bóvedas de la iglesia de San Martín el 15 de marzo de 1965, motivo por el que la imagen, afortunadamente sin daños, fue puesta a salvo en la cercana iglesia de las Descalzas Reales, donde desde 2001 permaneció al culto atendida por la comunidad de clarisas.


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Una vez realizadas las obras de restauración de San Martín, entre 2004 y 2007, la Junta de Gobierno de la Cofradía de la Piedad, que encontró tan buena acogida en el vecino templo, se negó a regresar a su sede canónica oficial, dando lugar a un estrambótico pleito en el que tuvo que intervenir el Consejo Pontificio.


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Finalmente, en diciembre de 2011, gracias a la mediación de Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid, se pusieron fin a las desavenencias entre la Cofradía y la parroquia de San Martín, regresando la Virgen de la Piedad a su capilla tradicional, donde este icono fernandino sigue recibiendo una gran veneración y protagoniza algunos de los momentos más emocionantes de la Semana Santa de Valladolid.
  

NOTAS

1 TRAVIESO ALONSO, José Miguel. Simulacrum, en torno al Descendimiento de Gregorio Fernández. Domus Pucelae, Valladolid, 2011, p. 186.


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La Piedad como paso procesional de la Semana Santa de Valladolid




 

Por su interés reproduzco el artículo publicado por J. M. Travieso el 17 de junio de 2014 / domuspucelae.blogspot.com.es
 




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Mensaje Re: Gregorio Fernández 
 
El Siglo de Oro español cautiva Berlín

Un museo alemán ofrece por primera vez un recorrido del arte que floreció en el célebre periodo, de las obras de Velázquez a esculturas de Gregorio Fernández... y dibujos



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Una mujer observa 'El bufón don Diego de Acedo, el Primo' y 'Marte', de Velázquez, en la exposición en Berlín.

El título de la gran exposición que se inaugura hoy en Berlín y que estará abierta el público a partir del próximo viernes durante tres meses es breve y puede inducir a engaño: El Siglo de Oro, la era de Velázquez. Es cierto, la obra de Diego Velázquez será una de las grandes atracciones de la exposición, pero la muestra que se podrá ver en los salones de la Gemälde Galerie no está centrada solo en el gran pintor español, sino que tiene la delicada misión de mostrar al público una dinámica artística que floreció en la España del siglo XVII, un siglo que curiosamente marcó el comienzo de un declive imparable del imperio que dominaba al mundo en esa época.

La muestra es inédita incluso para el público español. Por primera vez en Alemania un museo ofrece un apasionante recorrido del arte que floreció en el famoso Siglo de Oro en todas sus formas, pintura, esculturas y dibujos y que, gracias a los comisarios de la muestra, se exhibe en forma cronográfica y por regiones. La idea central es no solo mostrar las obras de los artistas que recibieron el apoyo de la Corte en Madrid, sino también los trabajos de pintores y escultores que vivían en los centros culturales de Valencia, Toledo, Sevilla y Valladolid.

“Lo que queremos es mostrar a lo largo de todo el siglo XVII, inclusos los últimos veinte años del siglo XVI, lo que fue la historia del arte en España, en pintura y en escultura, y no solamente en los centros más conocidos, o con los artistas más famosos como son Velázquez, Murillo y el Greco”, dijo Maria Lopéz-Fanjul, comisaria de la muestra. “Queríamos contar también lo que fue la España del momento”.


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Un visitante observa 'Cristo yacente', de Gregorio Fernández, en Berlín.

El resultado del trabajo que duró casi cuatro años para reunir más de 140 obras es espectacular y no dejará indiferente al visitante. Un gran mapa de lo que fue el imperio español, “el más poderoso de la época”, según la comisaria, es la primera visión que tiene el visitante. Los cuadros, las esculturas y los dibujos de la que ha sido calificada como la exposición más importante del año en Berlín son exhibidos gracias a préstamos de 64 museos, instituciones y colecciones privadas, desde el Museo del Prado, el Metropolitan de Nueva York y el Museo Nacional de Esacultura de Valladoilid.

En una exposición sobre el Siglo de Oro español no pueden faltar las obras de Velázquez, El Greco, Murillo o Zurbarán, y en la muestra de Berlín, se exhiben obras maestras de los cuatro artistas como los tres mejores zurbaranes del mundo, según la comisaria: Santa Margarita de Antioquía, San Francisco de Asís según la visión del papa Nicolás V y Don Alonso Verdugo de Albornoz.

La exposición también se da el lujo de exhibir el primer cuadro pintado por Velázquez —Tres músicos— y varias obras maestras del pintor sevillano como Marte y una serie de retratos. Pero una de las primicias de la muestra la representa la presencia la obra escultórica Camino del Calvario, realizada por Gregorio Fernández, que ha salido por primera vez del Museo Nacional de Escultura de Valladolid y que posiblemente se convierta en una de las atracciones de la muestra. "El paso procesional será un hito fundamental de nuestra exposición”, dijo Michael Eissenhauer, director general de los museos de Berlín, cuando anunció que la gran obra de Fernández, un maestro genial de la propaganda eclesiástica de la época, seria expuesta en la muestra.


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Camino del Calvario, realizada por Gregorio Fernández. Colección Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

La fiesta cultural española que estará a disposición del público a partir del viernes incluye también originales de libros, como la segunda edición en alemán del Quijote fechada en 1683 y una selección de obras gráficas de maestros como Rivera, Cano y Murillo que pertenecen al Kupferstichkabinett, una dependencia del Kultur Forum de Berlín.

“La exposición El Siglo de Oro. La era de Velázquez es el punto cultural culminante de 2016 en Berlín”, dijo el director general de los museos de Berlín, orgulloso de haber podido reunir bajo un mismo techo una oferta artística única en el mundo y que fue concebida en España hace ya más de 400 años. “No solo es excepcional, sino que es asombroso lo que la pintura española generó en esa época”.


elpais.com
 




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Mensaje Re: Gregorio Fernández 
 
EL RETABLO MAYOR DE LA IGLESIA PENITENCIAL DE NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS


El retablo mayor de la iglesia penitencial de Nuestra Señora de las Angustias es uno de los más curiosos y hermosos de cuantos pueblan los templos de nuestra ciudad. La belleza salta a la vista. Cuenta con la particularidad de encontrarse encajado en una hornacina horadada en la cabecera del templo y rematada en forma semicircular. Tanto las paredes laterales que rodean el retablo como las superiores están completamente decoradas con preciosas pinturas murales de la misma época. Las pinturas murales no fueron muy frecuentes en el arte vallisoletano, y menos lo es que sean de una calidad tan elevada.


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En la fabricación de este retablo participaron cuatro personajes: Martín Sánchez de Aranzamendi, patrón de la iglesia y comitente del retablo; el ensamblador Cristóbal Velázquez; el escultor Francisco Rincón; y el pintor y policromador Tomás de Prado. Como podemos observar, los tres artistas eran la “crème de la crème” del panorama artístico vallisoletano del momento. Así, en el año 1600 Sánchez de Aranzamendi se concertó con Cristóbal Velázquez, miembro fundador de la destacada familia de ensambladores vallisoletanos, para realizar el retablo mayor de la iglesia penitencial de las Angustias, cuya construcción también fue costeada por Aranzamendi. El ensamblador, que percibiría por su ejecución la crecida suma de 3.800 reales, se comprometió a tenerlo acabado para el día de San Juan Bautista de 1601. Como es frecuente en los contratos de los retablos, se especifica que la madera debería ser muy seca y estar limpia, y que una vez que se asentase el retablo, éste habría de estar un tiempo sin dorar ni policromar (es decir, en blanco) para comprobar la existencia de grietas u otra serie de desperfectos.
Una vez transcurrido el referido año, Francisco Velázquez, hijo de Cristóbal, fue el encargado de desmontar el retablo para poder dorarle y policromarle. Esta tarea corrió a cargo de Tomás de Prado, el cual parece que en 1607 se ocupó también, por deseo expreso de Sánchez de Aranzamendi, de realizar las pinturas murales que hemos referido (en los libros se alude a “cuatro figuras”, que son exactamente las que hay, dos a cada lado del retablo), las de los cuatro ángeles de las pechinas de la cúpula y las armas de patrón.


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Estamos ante un retablo de porte clasicista que ha sido considerado como la obra maestra de su autor, y además este retablo puede ejemplificar el clasicismo, en arquitectura y escultura, imperante en Valladolid en el primer decenio del siglo XVII. Probablemente la traza procediese de otra mano ajena a Cristóbal Velázquez, pero situada en el entorno de la construcción de las Angustias, “tal vez el mismo Nates”, pues se percibe el efecto de una estructura de columnas y entablamento superpuesto a un plano, formado por un banco, cuerpo principal y ático. Martín González expone el hecho novedoso que supone que para el tema central se recurriese a un relieve y no a una pintura, lo que supone a la vez una concepción palladiana, ya que en Italia los retablos se ponían al servicio de las pinturas y, por último, la forma apaisada del ático también es típica de Palladio.
El retablo, que asienta sobre un potente zócalo, se haya conformado por un banco, un solo cuerpo y ático. El banco se haya fragmentado en diferentes compartimentos que exhiben las figuras de los Evangelistas y de San José y Santa Úrsula, tres a cada lado del sagrario, el cual ocupa la parte central. El Sagrario luce al Salvador en la portezuela y en los laterales dos hornacinas hoy vacías. De los tres santos de cada lado, los de los extremos (San José y Santa Úrsula) se hayan pintados mientras que los otros dos están esculpidos en relieve. Los cuatro Evangelistas se hallan de pie y dispuestos simétricamente. Portan un libro en su mano izquierda y la derecha se la llevan al pecho. A sus pies los símbolos del Tetramorfos. Sobre el tablón central de cada lado, que se hayan más adelantados, apean las columnas que articulan el cuerpo del retablo.


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El cuerpo se haya presidido por un espectacular relieve, o “medallón” (como así llamaban en ocasiones a los relieves) de la Anunciación-Encarnación, que es la advocación del templo, pues la Quinta Angustia es la estricta de la cofradía. La inclusión de un relieve central es algo ciertamente novedoso puesto que solía ser más habitual una escultura del titular o una gran pintura (o pala de altar). El altorrelieve de la Anunciación presenta las efigies de la Virgen, del Arcángel San Gabriel y del Padre Eterno en una teatral y elegante composición. Por la grandiosidad de la labra nos recuerda a los “retablos escenarios”, aunque no llega a invadir todo el sitio disponible, que comparte con dos santos. Urrea y Martín González hablan de “fachada retablo”. El Arcángel San Gabriel se aparece a la Virgen y permanece flotando en el espacio en tanto que hace el anuncio, mientras la Madre de Dios lo mira con cierto asombro. El evento se desarrolla en la alcoba de María, con los elementos usuales que así lo delatan, como son el dosel de su cama o el atril sobre el que se asienta un libro abierto. El Padre Eterno contempla el suceso desde las alturas y es introducido en la composición por el Arcángel, quien le apunta con el dedo índice de su mano izquierda. El pasaje está tratado con gran delicadeza, como se observa en la belleza de los rostros de los protagonistas. En el medio del episodio vemos un grueso jarrón de azucenas que pregona la pureza de la Virgen.


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Flanquean este gran medallón dos potentes esculturas en bulto redondo de San Lorenzo y San Agustín, tamaño del natural y bulto completo. El primero aparece revestido de diácono y porta un libro y la parrilla en la que fue martirizado; por su parte, San Agustín tiene la cabeza tocada por una mitra, viste capa pluvial con broche en el centro y exhibe báculo en la diestra.


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San Lorenzo


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San Agustín

Finalmente tenemos el ático, al cual se accede tras traspasar un entablamento con entrantes y salientes y ricamente dorado y policromado con rameados vegetales. Este ático lo componen dos pilastras que sujetan un entablamento triangular que tiene en su interior pintado un medallón flanqueado por puntas de diamante. En el medallón se aprecia un rostro (será el de la Virgen). Dentro del ático tenemos, quizás, la imagen más interesante del conjunto: la Quinta Angustia, advocación original de la Cofradía. La Virgen eleva los brazos en señal de dolor, mientras que el cuerpo muerto de su hijo se sujeta entre las piernas de su Madre, de suerte que uno de sus brazos se apoya sobre la rodilla derecha de María. Para García Chico la composición de la escena es muy natural, acentuando con acierto todos los accidentes que intervienen en la acción que debe expresar y es una “obra ejecutada como toda la escultura del retablo, por Francisco de Rincón, artista que sabía manejar la gubia de forma magistral”. La Virgen estaría sentada sobre una elevación del terreno, mientras que la figura inerte de Cristo queda levantada del suelo a partir de la cintura, al servirle de apoyo la pierna de María. Esta disposición, cuya procedencia se debe buscar en la obra de Juan de Juni a través de piezas como la Piedad de Medina del Campo, tuvo una gran trascendencia para la historia del arte vallisoletano ya que inspiró a Gregorio Fernández para su grupo de la Quinta Angustia del paso del Descendimiento de esta misma cofradía -actualmente conservado en el Museo Nacional de Escultura, y para la Piedad que talló para el Convento de San Francisco y que actualmente se encuentra en San Martín y es la imagen titular de la Cofradía de la Piedad. El grupo bien merecería ser procesional.


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FRANCISCO RINCÓN. Quinta Angustia. Fachada de la iglesia penitencial de Nuestra Señora de las Angustias


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GREGORIO FERNÁNDEZ. Piedad del paso del Descendimiento de la Cofradía de las Angustias que actualmente se encuentra en el Museo Nacional de Escultura


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GREGORIO FERNÁNDEZ. Piedad realizada para una capilla del desaparecido Convento de San Francisco, actualmente en la iglesia de San Martín, siendo imagen titular de la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad

Ya sabemos quién realizó las partes arquitectónica y pictórica del retablo, pero, ¿quién se ocupó de la escultórica?. Pues fue, ni más ni menos, que Francisco Rincón, el mejor escultor vallisoletano durante los años anteriores y posteriores al año 1600, es decir un artífice a caballo entre el manierismo romanista y el incipiente naturalismo, del cual fue introductor. Siempre se le ha conocido por ser el “maestro de Gregorio Fernández”, pero es una afirmación del todo inaceptable por cuestiones cronológicas. Lo más lógico es pensar que el genio gallego fue oficial de Rincón. Pues bien, Rincón era familiar de los Velázquez, autores del retablo, y más concretamente yerno de Cristóbal, el cual a no dudarlo le contraría para realizar la escultura del retablo. Aunque las esculturas no están documentadas, según Martín González “el examen estilístico hace irrebatible” la atribución de estas esculturas en favor de Francisco Rincón. El análisis estilístico acredita una identidad absoluta con la estatuaria de la fachada, de suerte que la atribución hay que efectuarla sin reserva.


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Antes de que se descubriera la paternidad de las esculturas se barajaron varios nombres. Así, Antonio Ponz atribuyó la imagen de la Piedad del ático a Gregorio Fernández, considerándola como “figura entera del natural, sentada, de excelente expresión”. Bosarte también las creyó de Fernández: “la que está en la parte superior del retablo principal de la iglesia de las Angustias. Está tan alta que no podemos hacer un juicio de sus perfecciones. Tiene muy echado el manto sobre la cara. Su composición es como la general de este asunto: Nuestra Señora sentada sosteniendo sobre las rodillas el cuerpo del Señor difunto. Todo lo demás de este retablo mayor de las Angustias se atribuye a Pompeyo Leoni y ciertamente no es de Hernández”.


PINTURAS MURALES

Se desconoce el autor de las magníficas pinturas murales que decoran la capilla mayor y que a su vez sirven de “encuadre” al retablo mayor. En ocasiones se ha atribuido su realización al pintor Tomás de Prado, autor de la policromía del retablo; sin embargo, y por comparación con otras obras suyas, parece bastante extraño que hubiera realizado tan buenos murales. Para comenzar, hemos de distinguir entre dos conjuntos: las pinturas de las pechinas de la cúpula y el escudo de los Aranzamendi que remata la capilla mayor, y las pinturas que literalmente forran el retablo mayor. Las primeras, que consisten en cuatro ángeles portadores de las Arma Christi pudieron haber sido perfectamente realizadas por Tomás de Prado puesto que son algo más toscas que las otras; sin embargo, las segundas, las que flanquean el retablo mayor es imposible que sean suyas, poseen una calidad muy superior y que se deberán a un autor que habrá conocido o tenido nociones del arte italiano. Hay que subrayar que estas pinturas murales de gran calidad de la capilla mayor estuvieron ocultas durante varios siglos y solamente salieron a la luz de nuevo a raíz de la restauración llevada a cabo a principios de 1998. Fue entonces cuando aparecieron estos frescos que estaban ocultos por una capa de yeso.


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La paternidad de estas pinturas no está totalmente determinada a favor de Tomás de Prado. Sin embargo, una consulta más amplia, sin confirmar la autoría de Prado sí nos abre alguna luz sobre esta posibilidad, pues en el Libro de Gasto de la construcción de la iglesia, consta el siguiente asiento: “En la ciudad de Valladolid, a 28 días del mes de enero deste año de mill y seiscientos y syete, yo Thomas de Prado, pintor, vezino desta ciudad de Valladolid, digo que por quanto por mandado del señor Martín Sánchez de Aranzamendi… pinté y dorée el retablo y quatro figuras y arco del altar de la yglesia de Nuestra Señora de las Angustias y los quatro angeles que están en las pichinas de la media naranja y armas y los balaustres y formas del coro, todo lo qual nos benimos a combenir y concertar en onze mill y duzicientos y ochenta y seis reales”.


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La Fe


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La Caridad


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La Prudencia


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La Templanza

La duda se plantea en las expresiones: “quatro figuras y arco del altar”, que corresponden a las pinturas que nos ocupan, las cuales muy deterioradas por el picado y revoco, han sido objeto de una profunda y completa restauración por los técnicos de la Fundación Gabarrón. Pese a su deterioro inicial a causa de los picados, la intervención de dichos técnicos, en el año 2001, ha permitido contemplar la muy apreciable calidad de las pinturas, principalmente en su parte superior, que representa en el lado del Evangelio a la Fe con el símbolo del cáliz y la cruz, en el de la Epístola, a la Caridad, y situadas en la parte inferior probablemente otras virtudes que representan a la Prudencia y la Fortaleza.


Fuente: artevalladolid.blogspot.com
Publicado por Javier Baladrón Alonso en, junio 24, 2017
 




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