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CHILLIDA, Eduardo
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Mensaje Re: CHILLIDA, Eduardo 
 
Las instituciones vascas apoyan la nueva vida de Chillida-Leku

El museo del artista vasco más universal se abrirá a mediados de 2018 y será gestionado por la prestigiosa galería suiza Hauser & Wirth



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Vista este viernes del museo Chillida-Leku, en Hernani (Gipuzkoa). / JAVIER HERNÁNDEZ

El museo Chillida-Leku recobrará desde mediados de 2018 “toda la esencia” del escultor vasco más universal, afirma Susie Guzman, directora de Hauser & Wirth Nueva York. Esta prestigiosa galería suiza ha alcanzado un acuerdo con los herederos de Chillida para reabrir el año que viene la finca Zabalaga, cerrada al público desde 2011. Las instituciones vascas, que en el verano de 2016 echaron al traste una operación para adquirir el museo por 100 millones de euros, han acogido hoy con satisfacción el anuncio de su reapertura. Para el consejero de Cultura, Bingen Zupiria, es “una gran noticia para la cultura vasca”, ha dicho tras prometer que el Gobierno vasco “colaborará en lo que haga falta” para que sea realidad “cuanto antes”.

Chillida-Leku permanecía cerrado este viernes, cubierto a ratos por un manto de nieve y helado por un frío polar. De puertas adentro, el clima era otro diferente, "Estamos expectantes y muy contentos", aseguran sus empleados al calor del acuerdo alcanzado con Hauser & Wirth: el santuario que conserva la obra del escultor vasco más universal se abrirá de nuevo al público a mediados de 2018. Esto un antes y un después en la nueva vida del museo ubicado en Hernani (Gipuzkoa). La familia mantendrá el control sobre la propiedad de las obras y la galería se compromete a conservar estas como "una unidad" en el recinto natural que actualmente ocupan.

Es "una gran noticia", "excelente", "magnífica", coinciden ahora los representantes de las instituciones vascas, aquellos que hace un año y medio echaron a perder en el último momento las esperanzas de reabrir Chillida-Leku. La familia del escultor, ante la imposibilidad de llegar a un arreglo económico con el Gobierno vasco y la Diputación de Gipuzkoa, ha conseguido aliarse con la galería Hauser & Wirth, dirigida por Iwan y Manuela Wirth, que asumirán la representación mundial de la obra del escultor vasco y guiarán la nueva programación del museo. Ninguna de las partes ha ofrecido detalles de la operación: "Es pronto para dar detalles, estamos trabajando con la familia para desarrollar un modelo nuevo y sostenible para un lugar que tenía gran significado personal y artístico para Eduardo Chillida", explica Guzman a este diario.

En julio de 2017, las negociaciones entre las instituciones vascas con los herederos de Eduardo Chillida (San Sebastián, 1924-2002) estuvieron a punto de alumbrar un acuerdo por el que el Gobierno vasco y la Diputación guipuzcoana se comprometían a abonar 50 millones cada uno en 20 años en la adquisición del museo ubicado en la finca Zabalaga. Pero la institución foral echó al traste in extremis el proyecto. La decisión la tomó el diputado general de Gipuzkoa, Markel Olano (PNV), en contra del criterio del responsable foral de Cultura, el socialista Denis Itxaso.

Chillida-Leku toma ahora nueva vida bajo los auspicios de una de las galerías de arte contemporáneo más afamadas del mundo. Hauser & Wirth, con sedes en Zúrich, Nueva York, Londres, Somerset y Los Ángeles. Representa a artistas como Louise Bourgeois, Paul McCarthy o Philip Guston. "Tenemos un programa de artistas", comenta la directora de la sala neoyorquina, "que incluye importantes escultores europeos de postguerra como Hans Arp, Fausto Melotti y Henry Moore, así como el gran escultor americano David Smith". ¿Y por qué este interés por Chillida?: "España siempre ha suscitado un interés personal y artístico en Iwan y Manuela Wirth, y desde siempre han sido grandes admiradores de Eduardo Chillida, cuya obra ya expusieron hace 25 años en una de las primeras exposiciones de la galería dedicada al arte español", añade Susie Guzman.

Hauser & Wirth, fundada en 1992 como un modesto espacio comercial asentado en Zúrich y con algunos de los artistas más cotizados del planeta en su cartera. esconde las condiciones del acuerdo; los Chillida solo admiten que las conversaciones han sido "fluidas". La familia se ha impuesto "discreción total". Tampoco se ha adelantado por las partes cómo será la nueva etapa del museo de autor, pero podría guardar alguna semejanza con la filosofía que inspira el espacio multidisciplinar que los galeristas gestionan en el condado inglés de Somerset, donde las obras de arte conviven en un entorno con hotel, bar, la galería de arte y una granja. "Compartimos con la familia [Chillida] un interés por la educación y un fuerte enfoque hacia la comunidad local, aspectos muy ligados tanto a Chillida-Leku como a Hauser & Wirth Somerset, e inseparables también de los ideales y el legado de Eduardo Chillida", dice Susie Guzman.

"Nuestra idea inicial es abrir Chillida-Leku al público en la segunda mitad de 2018", añade. Esta decisión ha sido recibida con agrado por las autoridades. El consejero de Cultura, Bingen Zupiria, ha calificado el anuncio de "gran noticia para la cultura vasca". "El Gobierno vasco va a colaborar en lo que haga falta para que sea una realidad cuanto antes. De este modo, Chillida-Leku en Gipuzkoa, junto con el Guggenheim y el Bellas Artes en Bizkaia y el Artium en Álava, constituyen una plataforma muy importante para la promoción del arte vasco en el mundo", ha agregado en declaraciones realizadas en el Parlamento.

El Ministerio de Cultura, que no ha valorado el acuerdo para la reapertura de Chillida-Leku, se ha mantenido en un segundo plano en este asunto, aunque ha apoyado las negociaciones que la familia Chillida ha llevado adelante, antes con las instituciones vascas y ahora con la galería suiza. El diputado de Cultura, Denis Itxaso, que reaccionó contrariado cuando su socio (el PNV) abortó el año pasado la adquisición del museo, ha considerado que la reapertura es una "magnífica noticia para Euskadi", pues constituye un "patrimonio cultural y turístico de primera magnitud que nunca debió desaprovecharse". El alcalde donostiarra, Eneko Goia (PNV), ha indicado que la noticia es "excelente". Luis Intxauspe, regidor de Hernani, en cuyos terrenos se ubica el museo, ha expresado su "alegría" por "la importancia cultural y turística que tiene Chillida-Leku para la cultura vasca".

El museo inaugurado en septiembre de 2000, al que acudían una media de 80.000 visitantes al año antes de su cierre el día 31 de diciembre de 2010, ha mantenido una actividad restringida a visitas concertadas, convenciones y otras citas culturales. Una media de 8.000 personas han podido disfrutar de un entorno natural de 13 hectáreas de extensión donde se conservan unas 40 obras de Chillida.

elpais.com
 




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Mensaje Re: CHILLIDA, Eduardo 
 
El museo Chillida-Leku se reabrirá al público en abril de este año

El espacio cultural en homenaje al escultor vasco permanece cerrado desde 2011 y solo se podía visitar con cita previa



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Lotura XXXII, escultura de Chillida en acero que se puede ver en Chillida Leku. Iñigo Santiago

El museo Chillida-Leku, el imponente espacio artístico al aire libre que acoge más de 40 obras de gran formato del escultor vasco más universal, reabrirá sus puertas en abril de este año tras permanecer cerrado al público desde enero de 2011, cuando la familia del artista decidió el cierre por la crisis económica y la falta de ayudas oficiales. "Estamos francamente encantados ante esta nueva etapa que va a experimentar Chillida-Leku”, afirma Luis Chillida en nombre de los herederos.

La reapertura de Chillida-Leku supone un antes y un después en la vida del museo ubicado en Hernani (Gipuzkoa), donde han seguido celebrándose actividades culturales y recibido visitas durante estos últimos años, aunque de forma restringida y bajo cita previa. El museo que conserva el corpus de obra más amplio y representativo de Chillida, inaugurado en 2000, recuperará la actividad de difundir y mostrar la obra del escultor vasco gracias al acuerdo que sus herederos alcanzaron en diciembre de 2017 con la galería suiza Hauser & Wirth para relanzar este museo de autor.

"El hecho de poner de nuevo en pleno funcionamiento el museo nos ilusiona y estamos seguros de que nuestros padres estarán felices por ello. No nos cabe duda de la gran expectación que despierta la reapertura, y el creciente interés que la obra de Chillida ha tenido irá seguro en aumento a futuro", asegura la familia Chillida en un comunicado hecho público este jueves. Actualmente en Chillida-Leku se están llevando a cabo trabajos de restauración que permitirán acoger a un flujo continuado de visitantes mayor, según informa en la misma nota la sucesión de Eduardo Chillida.

Luis Chillida, uno de los hijos del escultor y director del museo durante la etapa anterior, ha expresado este jueves su "ilusión" y "satisfacción" por poder anunciar la reapertura del espacio cultural el día en que se conmemora el 95 aniversario del nacimiento de su padre. "Estamos muy contentos e ilusionados por el futuro de Chillida-Leku. Este nuevo impulso va a significar un hito", ha reconocido.

El museo afrontará esta nueva fase a partir de abril "con la misma filosofía" que caracterizó a Chillida-Leku hasta 2010, asegura Luis Chillida, aunque "se abrirá a otro tipo de propuestas y actividades, como exposiciones de artistas contemporáneos" de Eduardo, así como "préstamos de prestigiosas colecciones privadas".

Para emprender estas obras de renovación, el museo cuenta con la complicidad y apoyo de las distintas administraciones públicas del País Vasco. Asimismo, la galería de arte Hauser & Wirth, que ha asumido la representación de la familia desde finales de 2017, está trabajando en estrecha colaboración con esta para salvaguardar su legado, gracias a su experiencia de más de 26 años en el sector. Hauser & Wirth es una de las más importantes galerías de arte contemporáneo del mundo, con sedes en Zúrich, Nueva York, Londres, Somerset y Los Ángeles. Representa a artistas como Louise Bourgeois, Paul McCarthy o Philip Guston.

No han trascendido aún los detalles de la operación que acordaron en su día la familia y los responsables de la galería suiza. Esta entidad privada llegó como un salvavidas para lograr la continuidad de Chillida-Leku, que en 2010 tuvo que echar la persiana ahogada por las pérdidas económicas. El museo llegó a recibir una media de 80.000 visitas durante el primer año de actividad, pero la afluencia de público fue cayendo hasta quedarse en unos 60.000 cuando decidió su cierre en 2010, lo que provocó un ERE para los 23 trabajadores del museo. Una media de 8.000 personas han podido disfrutar de este enclave natural y artístico de 13 hectáreas de extensión durante los años en que ha estado cerrado al público en general.


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Caserío de Zabalaga, siglo XVI, sede del museo. Mikel Chillida

Durante este periodo de ocho años sin actividad, la familia Chillida ha tratado de acordar con las instituciones vascas un modelo de gestión que permitiera su reapertura, pero todos los intentos se fueron al traste. Un informe encargado en 2014 por el Gobierno vaso a la empresa Lord Cultural Resources determinó que Chillida-Leku tendría asegurada su viabilidad económica con una aportación pública anual de 392.226 euros.

En julio de 2017, los Chillida y las instituciones vascas estuvieron a punto de alumbrar un acuerdo. Gobierno vasco y la Diputación de Gipuzkoa se comprometían a abonar 50 millones de euros cada uno en un periodo de 20 años para la adquisición del museo, pero la institución foral, en manos del PNV, decidió echarse atrás en el último momento e hizo fracasar el proyecto. Ese fue el detonante que llevó a la familia del escultor a buscar un aliado en la iniciativa privada para volver a darle vida al museo.

La nueva etapa de Chillida-Leku estará dirigida por Mireia Massagué, que asume esta responsabilidad tras haber sido directora del Gaudí Exhibition Center y haber trabajado previamente en el Teatre Nacional de Cataluña. Massagué lleva trabajando en Chillida-Leku desde octubre del año pasado y su labor al frente del museo guipuzcoano se realizará en estrecha colaboración con la familia Chillida, que sigue ostentando la propiedad y controla la gestión del museo.

Renovación parcial

El nuevo equipo de directivo tratará de transformar Chillida-Leku en "un lugar de encuentro internacional", con la "complicidad del territorio [vasco] y la sociedad local", según han expresado. El proyecto cuenta, asimismo, con la aportación del arquitecto de naturaleza holandés Piet Oudolf, pionero del movimiento New Perennial. Sus diseños de jardines y paisajes –entre los que destacan el Jardín Lurie de Chicago o la High Line de Nueva York– se asientan sobre premisas ecológicas.

Gracias al buen estado general en el que se encuentran las instalaciones de Chillida-Leku, no ha sido necesaria una renovación total, sino que se está realizando una actualización respetuosa del entorno. El caserío Zabalaga –edificación central del museo– conservará exactamente el mismo aspecto y estructura que concibió Chillida, pero contará con una iluminación mejorada y con mayor aislamiento en suelos y techos, así como con una adecuada accesibilidad para personas con movilidad reducida. A estas mejoras se suma la puesta en marcha de instalaciones tales como un centro de bienvenida, una cafetería, una tienda y la adecuación del parking, que mejorarán la experiencia de los visitantes.

Chillida Leku está ubicado a las afueras de Hernani, muy cerca de San Sebastián y está compuesto por un paraje de esculturas al aire libre y un espacio de exposiciones en el interior del caserío de Zabalaga; una construcción tradicional vasca construida en el siglo XVI. La casa y sus terrenos adyacentes fueron adquiridos en los años 80 por Eduardo Chillida y su esposa, Pilar Belzunce, quienes personalmente los restauraron y acondicionaron durante más de 15 años. Este proyecto de rehabilitación fue llevado a cabo en estrecha colaboración con el arquitecto vasco Joaquín Montero, que les ayudó a desarrollar esta visión sumamente personal del espacio expositivo. El escultor buscaba un hogar para sus obras –un “lugar” (en euskera, leku)– donde las generaciones futuras pudieran conocer y experimentar su arte en un emplazamiento inigualable.


Nueva dirección

La elección por parte de Chillida de esta ubicación para el museo refleja la conexión que mantuvo durante toda su vida con la comunidad local, el paisaje y la arquitectura del País Vasco. El edificio histórico está rodeado por 11 hectáreas (110.000 metros cuadrados) de terreno a lo largo de las cuales pueden admirarse cerca de 40 esculturas originales del artista entre las que destacan Buscando la luz I (1997) o Lotura XXXII (1998) realizadas con acero corten, un material con fuertes resonancias del pasado industrial de la región.

Los trabajos de actualización están siendo desarrollados bajo la supervisión del arquitecto argentino Luis Laplace, conocido por sus trabajos de interiorismo y restauración respetuosa y sostenible. Laplace está trabajando en estrecha colaboración con el arquitecto Jon Essery Chillida, nieto del escultor.
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Mensaje Re: CHILLIDA, Eduardo 
 
Chillida Leku volverá a abrir sus puertas en abril después de 8 años


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Chillida Leku, el museo al aire libre situado en la localidad de Hernani (Gipuzkoa) que acoge el corpus de obra más importante del artista guipuzcoano, reabrirá sus puertas el próximo mes de abril.

Según ha anunciado este jueves la familia de Eduardo Chillida en un comunicado, en el museo situado en torno al caserío Zabalaga de Hernani se "están llevando a cabo trabajos de restauración que permitirán acoger a un flujo continuado de visitantes mayor" y que incluyen una "actualización respetuosa" de las instalaciones.

Chillida Leku se cerró al público en enero de 2011 y desde entonces solo podía ser visitado bajo cita previa.


EFE / elmundo.es
 




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Mensaje Re: CHILLIDA, Eduardo 
 
El renacimiento de Chillida

El próximo 17 de abril reabre el Museo Chillida-Leku después de 10 años cerrado. La exposición 'Ecos' reunirá obra poco conocida del artista y exhibirá parte de su archivo personal, en parte inédito, al que ha tenido acceso EL MUNDO



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Eduardo Chillida delante de 'El peine de los vientos' en 1996. EFE

A seis kilómetros de San Sebastián, Eduardo Chillida encontró en los años 80 el lugar para levantar un cosmos nuevo, ese territorio mítico donde el espacio no limita con nada. Quizá con el horizonte, con el aire, con el cielo. Una mañana, el artista visitó el caserío de Zabalaga, en Hernani, una construcción del siglo XVI, y supo entonces que su sitio era ese. Ahí fijó su fundación y su museo, adquiriendo la casa principal y, algo después, los terrenos adyacentes. Lo llamó Chillida-Leku. Convirtió aquella campa de 11 hectáreas en una arcadia propia donde trabajó en la rehabilitación durante 15 años, junto a su mujer, Pilar Belzunce, y en colaboración con el arquitecto Joaquín Montero). El remate fue la apertura al público de aquel sueño cierto, el 16 de septiembre de 2000. Pero una década más tarde, el 31 de diciembre de 2010, la crisis económica sirvió de excusa a unos y a otros (Diputación de Guipuzkoa y PNV) para candarlo. Los visitantes habían bajado de 80.000 en los primeros años a 60.000. Eso y las desavenencias en los criterios de financiación aceleraron el final.

Más de nueve años ha permanecido cerrado, hasta que un acuerdo de los herederos con la galería suiza Hauser & Wirth, representante en exclusiva de la obra del escultor desde 2017, ha impulsado de nuevo la 'resurrección' del museo que Chillida quiso y armó. El próximo 17 de abril abre las puertas por segunda vez (bajo dirección de Mireia Massagué) y será con una exposición del artista vasco en el caserío y con una selección de sus piezas monumentales (40) ocupando la superficie exterior, que en esta ocasión cuenta con la intervención de uno de los más destacados paisajistas, el holandés Piet Oudolf.


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Esculturas y visitantes en el Museo Chillida-Leku en Hernani. IÑAKI ANDRÉS

En esta nueva etapa, el caserío de Zabalaga acogerá por dentro la muestra 'Ecos', que despliega parte del trabajo de Eduardo Chillida y reúne (además de piezas raramente expuestas) numerosos documentos inéditos del archivo de este poderoso creador. EL MUNDO ha tenido acceso a algunas piezas de ese material, que da cuenta de los múltiples intereses del escultor: su entusiasmo por poetas como Goethe y Jorge Guillén (de uno de sus versos salió el lema que fue clave para la concepción de su obra: 'Lo profundo es el aire'), su relación con coetáneos como el pintor Pablo Palazuelo, sus reflexiones alrededor del espacio y los materiales, las anotaciones sobre algunas de sus obras míticas ('Peine del viento') y sobre uno de sus proyectos más vapuleados: intervenir en Tindaya, la montaña sagrada de la cultura guanche en Fuerteventura.

"Paso la vida buscando en mi estudio para intentar aproximarme a lo que desconozco". Chillida dejó escrita esta certeza en un folio sin fechar. Y en esa vocación de avanzar siempre hacia la luz del fondo, hasta el lugar de lo que no tiene nombre, fundó una de las sendas de su expedición en el arte. Pero también de tantas obsesiones que no calmó la violencia del martillo, el fuego líquido de la fundición, la carnadura de la piedra. En un texto inédito dedicado al pensador y poeta alemán Johann Wolfgang von Goethe habla también de otra de las constantes de su pensamiento: la luz. "La casa de un hombre como Goethe no podía tener cubierta, la luz que él buscó será su techo". Consideraba la luz y el espacio hermanos gemelos del tiempo.

Y también son reveladoras las ideas que deja en una hoja sobre el proyecto de Tindaya: "En este momento se está estudiando la posibilidad de que una montaña de la isla de Fuerteventura, en las Islas Canarias, pueda acoger un gran espacio en su interior. Si la aventura es posible, tendrá tres comunicaciones con el exterior. Dos de ellas buscando la luz del sol y de la luna, y la tercera abierta hacia el oeste, hacia la mar. El horizonte, otra vez inalcanzable". Y como postdata de ese documento deja una idea flotando, extraña, feliz y agónica: "¿No será el horizonte la patria de todos los hombres?".

Porque Educardo Chillida no sólo llegó a una especie de libertad extraordinaria en sus piezas, sino que la amplitud masiva de su pensamiento era una extensión más de su lenguaje plástico. Los materiales imponen sus propias iniciativas, pero pensar el alcance de lo inalcanzable era para el artista la más extraordinaria opción de libertad, que de algún modo es estar siempre con un pie en el aire.


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Carta manuscrita de Eduardo Chillida.

Resulta difícil comprender al completo la galaxia psíquica y creativa de Eduardo Chillida lejos también de su palabra (de su palabra escrita). Y desde ahí se llega a la importancia en su obra que tiene la música (Bach y Mozart, sobre todas las cosas), el mar, el movimiento, la arquitectura, el poema, Dios y sus sombras. La exposición que acoge esta segunda etapa de Chillida-Leku incide además en ese otro costado de la aventura creativa del escultor, en aquello que lo conectaba con la duda y la filosofía, con el ensueño de lo inconcreto como formulación de la abstracción. En ese aspecto cruzaba con algunos compañeros de viaje preocupaciones, desconciertos, desamparos. Una de las cartas que le envía el pintor Pablo Palazuelo desde París da cuenta de las dudas que Chillida se planteaba en los primeros pasos de su trayectoria. Dice Palazuelo: "Querido Eduardo, te veo en tu garajillo trabajando y pasando frío. No te apures si al principio no salen las cosas. Yo estoy tan seguro como siempre de que saldrán hermosas y emocionantes. Ten paciencia, ya ves, yo trabajo mejor desde que sé que tú has empezado y estoy más cerca de ti. ¿Verdad que cuando se piensa tenemos mucha suerte?...".

Este sugerente material, en parte aún desconocido, apuntala lo mucho aún por descubrir en la recuperación del sueño mejor soñado del artista vasco, su Chillida-Leku. Una forma de incidir en todas esas interrogantes que el escultor resolvía mediante el hecho de su obra, pero también mediante la escritura. Fue un excelente lector. Se preguntaba y se respondía en la duda, nunca en la certeza. La obra de Chillida es también una enorme cuestión abierta. Y la belleza que busca es el último lugar de la inocencia.

El 17 de abril, cuando los primeros visitantes vuelvan a pisar la campa que lleva al caserío de Zabalaga, la obra de Chillida recuperará uno de sus muchos motivos: ser un espacio de encuentro, de reflexión, de estancia y tránsito. "Sé que dentro de mí hay estabilidad", decía. "Pero no me conformo con eso, sigo buscando. Es lo que me mantiene vivo (...) Pienso que ese es el único camino para conectar con los demás. En realidad, todos somos muy parecidos y lo que a mí me emociona les hará vibrar también a los otros hombres".

De algún modo, esa fue la vocación originaria de aquella sospecha arrebatada que sintió al ver por vez primera lo que sería Chillida-Leku. Algo más que un depósito de esculturas. Algo más que un bosque multiplicado. Algo más que un espacio con puertas. Algo más que todo lo pensado. Pues nace del entusiasmo, de lo improbable, de lo posible, de la desorientación y del hallazgo, materiales con los que levantó a pulso su obra.


elmundo.es
 




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Mensaje Re: CHILLIDA, Eduardo 
 
Chillida Leku despierta de su pesadilla



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Ocho años después de su cierre por inviabilidad económica y problemas de gestión, el santuario artístico de Eduardo Chillida en Hernani (Gipuzkoa) reabrirá sus puertas el 17 de abril. No hay lugar mejor para asomarse a la obra del escultor español más universal del siglo XX. Adiós a la maldición de Chillida Leku. Bienvenidos a la casa del padre.


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La escultura de hierro 'Mesa Luca Pacioli. Obra de Eduardo Chillida.

SON LAS SEIS de la tarde (30/03/2019) y una tibia luz que hace nada era de plomo y ahora es anaranjada cubre de mil matices, pátinas y gamas cromáticas los lomos de los colosos de hierro. La escultura Buscando la luz, un tótem de acero sinuoso y cargado de poesía, se convierte en la metáfora perfecta del momento. Los granitos rosas de la serie Lo profundo es el aire descansan en las campas de Zabalaga. Todo tiene como un aire prehistórico entre lo ritual y lo ancestral, es un mundo que retrotrae a estelas funerarias, dólmenes y monolitos, pero es a la vez un mundo moderno, vigente, imperecedero, todo un milagro artístico marca de la casa. Se entremezclan la sorda quietud del lugar y las vistas bucólicas de los montes con la urgencia ruidosa de las excavadoras, los tractores y los camiones avanzando entre el barro. Se trabaja contra reloj. Renace Chillida Leku.


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Luis (izquierda) e Ignacio Chillida, hijos de Eduardo Chillida, en el caserío del siglo XVI que alberga obras de pequeño formato en Chillida Leku.  

El psicodrama colectivo que el 1 de enero de 2011, justo una década después de su ilusionante apertura, acabó con el cierre de este museo de esculturas al aire libre único en el mundo quedó atrás. El viejo sueño del escultor donostiarra Eduardo Chillida (1924-2002) y de su esposa, Pilar Belzunce (1925-2015), en su día diluido en la tormenta perfecta de los vaivenes políticos, los recelos familiares y la inviabilidad económica, vuelve a tomar cuerpo. El acuerdo alcanzado a finales de 2017 entre los descendientes del artista y los galeristas suizos Hauser & Wirth permitirá —cuando pocos apostaban ya por ello— abrir de nuevo las puertas de este lugar mágico situado en el término municipal de Hernani (Gipuzkoa) y a 15 minutos en coche del centro de San Sebastián. Es el legado del más universal de los escultores españoles del siglo XX: 40 obras de gran formato (hierro, acero, granito) desplegadas por las 11 hectáreas de hierba verde, robles, hayas y chopos, y medio centenar de obras de mediano y pequeño formato instaladas en el caserío del siglo XVI, un asombroso contenedor de piedra, madera y cristal, una escultura en sí mismo.


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La escultura de acero 'Buscando la luz', en las campas de la finca de Zabalaga (Hernani, Gipuzkoa)

Las puertas de Chillida Leku (“el lugar de Chillida”) volverán a abrirse el 17 de abril. Lo harán con una exposición antológica sobre la obra del artista, Eduardo Chillida. Ecos, comisariada por su hijo Ignacio y que resumirá de manera exhaustiva su viaje creativo desde los años cuarenta hasta 2000 a través de series como las Gravitaciones (pequeños relieves en papel), las Lurras (esculturas elaboradas en piedra chamota) y algunas obras de hierro de gran tamaño como Del plano oscuro (1956), procedente del Reina Sofía; Hierros de temblor (1957); Yunque de sueños VII (1959); Deseoso (1954), propiedad de la Fundación La Caixa, o Elogio al hierro III, perteneciente a la colección de arte del BBVA. Parte de las obras procede de museos y colecciones privadas de varios países, algunas de ellas nunca o raramente expuestas. La muestra dedicará especial atención al proyecto Peine del viento, quizá el más popular y querido de toda la carrera del artista donostiarra: las tres esculturas incrustadas por él en 1977 en sendas rocas metidas en el mar allá donde acaba San Sebastián por la parte del monte Igueldo y la escenografía arquitectónica de Luis Peña Ganchegui han sido declaradas bien cultural con la categoría de conjunto monumental por el Ayuntamiento donostiarra. Es el paso previo para la petición a la Unesco de la declaración del Peine del Viento como patrimonio de la humanidad.


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'Gora bera III' (acero corten, 1991)

Chillida Leku vuelve y lo hace con un envoltorio renovado por el arquitecto argentino Luis Laplace con la ayuda de Jon Esery Chillida, nieto del escultor, y del prestigioso paisajista holandés Piet Oudolf. “Hemos tratado de readaptar un museo que fue hecho en otra década y de pensar cuáles son hoy sus necesidades, de forma que haya cambios pero que sean casi imperceptibles”, explica Laplace. Dos pabellones de moderna construcción situados en la entrada del recinto albergarán un centro de acogida de visitantes, una tienda-librería, una cafetería-restaurante (Lurra, supervisada por el cocinero Fede Pacha) y una pequeña sala de exposiciones para obras de papel.
 
Una nueva directora desembarca en Hernani: la barcelonesa Mireia Massagué, hasta hace poco responsable del Gaudí Exhibition Center de la capital catalana. Aunque la toma de las decisiones clave en lo artístico y en lo financiero llegará de la mano de los galeristas Iwan y Manuela Wirth. Es la ambición, y sobre todo el dinero, de una empresa privada logrando lo que las instituciones públicas —Gobierno vasco, Diputación de Gipuzkoa, Ayuntamientos de San Sebastián y Hernani, y Ministerio de Cultura— no quisieron o no pudieron lograr. Todo un signo de estos tiempos en los que el dinero público ya no es la única moneda de curso legal, ni siquiera la prioritaria, en la vida de los grandes equipamientos culturales.


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Eduardo Chillida y Pilar Belzunce, en Zabalaga, con 'Homenaje a la tolerancia' ARCHIVO EDUARDO CHILLIDA

La nueva responsable del centro es consciente de estar ante un reto de amplio calado: “Se trata de un museo que siempre generó muchas expectativas. Las circunstancias que acompañan a esta reapertura nos son muy favorables, porque Gipuzkoa y Euskadi en general han cambiado mucho en los últimos 10 años. Y en los últimos 5 ha crecido la economía pivotando en gran medida en torno al turismo, la cultura y la gastronomía. Es un momento muy bueno”. Una de sus prioridades es fidelizar al público de proximidad, especialmente remiso en la etapa anterior (apenas un 15% de los visitantes que acudieron entre 2000 y 2010 procedieron de Gipuzkoa): “Eduardo Chillida concibió este lugar como un museo en su tierra y no tendría sentido sin la interacción del visitante de aquí”, admite Massagué. En un principio, estaba previsto que la venta de entradas online arrancara el 1 de abril, pero los responsables del museo decidieron adelantarla al viernes 29 de marzo. (www.museochillidaleku.com).


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'Zuhaitz VI' (acero corten), de Eduardo Chillida.

En un saloncito de la villa familiar situada en una esquina de la finca de Zabalaga, Luis e Ignacio Chillida, hijos del escultor, exhiben una indisimulada euforia ante este renacer. De los términos económicos del acuerdo, de los plazos y de la letra pequeña firmada con Hauser & Wirth no habrá explicaciones: “No tiene sentido hablar de términos económicos. Este es un acuerdo entre dos personas privadas, una galería y una sociedad familiar, y entonces ¿por qué tenemos que dar explicaciones? Si hubiera por medio dinero público, pues claro que habría que explicarlo, pero al ser privados, no hay por qué”, comenta Ignacio Chillida, quien durante muchos años se ocupó de la edición de los grabados de su padre, y que ahora mismo desarrolla la ingente tarea de elaborar y editar el catálogo razonado de toda la obra escultórica.


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Una vista del caserío Zabalaga. Alex Iturralde

La decisión de la pareja formada por Iwan Wirth y Manuela Hauser de apostar por la marca Chillida no solo implicará la reapertura de este santuario personal del artista. El acuerdo sellado con la familia convierte a Hauser & Wirth en los representantes mundiales de la Sucesión Chillida. La intención de los galeristas suizos (elegidos hace tres años por la revista ArtReview como los personajes más influyentes del mercado mundial del arte) es dar un impulso comercial y de prestigio a la obra del artista. Su presencia constante en ferias y subastas de todo el mundo y sus galerías de Zúrich, Londres, Somerset (suroeste de Inglaterra), Nueva York y Los Ángeles contribuirán, sin duda, a ello. “Nuestra decisión no es solo de carácter filántrópico”, reconoce Iwan Wirth a El País Semanal, “sino también estratégico; el objetivo es posicionar Chillida Leku en un mundo del arte que ha cambiado mucho desde la creación del museo”. Wirth considera que la obra de Chillida no ocupa hoy el lugar que merece en el mercado global del arte. Y quiere corregirlo: “La obra de Chillida es admirada en Europa y en Japón, y tiene un enorme potencial para serlo cada vez más en Estados Unidos y en el resto de Asia. Pero comparada con la de otros grandes artistas, creemos que está hoy infravalorada y nuestra ambición es cambiar eso en el futuro”. En la actualidad, los galeristas y empresarios suizos controlan los derechos de estrellas del arte contemporáneo como Philip Guston, Ron Mueck o Paul McCarthy y el legado de vacas sagradas del arte moderno como Henry Moore o Louise Bourgeois.
 

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Parte de la familia Chillida posa para 'El País Semanal' en el interior del caserío Zabalaga, del siglo XVI, alma de Chilida Leku.

Gestionar el museo de Zabalaga ni siquiera era su prioridad. “Ellos primero nos contactaron con el objetivo de ser los representantes mundiales de la Sucesión Chillida. Era 2017, y nosotros les dijimos que sí, que nos podía interesar, pero que eso no podía ir solo, que en ese trato había que incluir la reapertura porque no se podía separar, y que por tanto debían gestionar ellos el museo. Y ellos, con un par de narices, dijeron que sí”, recuerda Ignacio Chillida. A eso se le llama matar dos pájaros de un tiro. Uno de los más importantes gestores culturales de este país, que prefiere permanecer en el anonimato, lo explica así: “A la familia le ha venido Dios a ver. Hauser & Wirth va a conseguir algo que ni ellos ni las instituciones hubieran conseguido nunca: poner la obra de Chillida en lo alto del panorama internacional”. Sin embargo, Iwan Wirth asegura que tuvieron clara desde el principio la necesidad de reabrir el museo al público: “El hecho de que uno de los principales legados del artista, Chillida Leku, no estuviera abierto era inaceptable para nosotros como representantes mundiales de la Sucesión”.


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'Arco de la libertad' (acero corten), escultura de 1993.  

En todo ello incide el actual consejero de Cultura del Gobierno vasco, Bingen Zupiria (PNV). Lejos de lamentar que las instituciones vascas se hayan quedado al final sin participar en la gestión de Chillida Leku [estuvieron a punto, pero las luchas internas en el seno del PNV dieron al traste en julio de 2016 con un acuerdo entre la Diputación de Gipuzkoa y el Gobierno vasco que estaba a punto de cerrarse y por el que cada una de esas instituciones aportaba 50 millones de euros por asumir el control del museo], Zupiria comenta: “Esta es una noticia excelente. Estamos hablando de una alianza estratégica de la familia con una de las infraestructuras más importantes del mundo del arte; porque Hauser & Wirth es mucho más que una galería, es un conglomerado que se dedica a la representación de artistas y que tiene una enorme capacidad de mover obras, nombres, lugares. Todo eso va a permitir un reposicionamiento de la obra de Eduardo Chillida en el mundo del arte”.

Frente a la interpretación general, Luis Chillida, que llevó las riendas del museo durante su primera época (2000-2011), sostiene que el centro nunca llegó a cerrar del todo sus puertas, aunque se alegra del desenlace al que ahora se ha llegado. “Nosotros hemos seguido recibiendo aquí a gente con cita previa, han venido entre 6.000 y 8.000 personas al año, y esa gente ha podido visitar este lugar de una manera muy especial…, pero no era lo que querían nuestros padres, claro”.


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La escultura de granito 'Escuchando a la piedra IV' (1996).

En 2010, con la crisis económica en su apogeo y la incapacidad de la familia de gestionar un centro que arrojaba un déficit anual de casi 400.000 euros según la consultora Lord Cultural Resources, Chillida Leku tuvo que cerrar sus puertas. Más de 800.000 personas se habían paseado por las campas de Zabalaga durante aquellos 10 años. Los herederos del escultor tuvieron que vender obras para hacer frente a las pérdidas. Todo acabó en un ERE y con los 23 trabajadores del museo en la calle. “En efecto, el famoso déficit de Chillida Leku del que tanto se ha hablado existió y, a diferencia de otros museos, a los que se les daba un presupuesto para funcionar, nosotros nos lo tuvimos que comer con patatas durante varios años. Y la única forma de hacerlo fue ir vendiendo obra, no teníamos otra manera de generar recursos”, apunta Luis Chillida. El momento crítico llegó en 2016 con la capitalidad cultural europea de San Sebastián: el principal reclamo cultural de la ciudad permaneció cerrado durante todo aquel año.

Hay que recurrir a los orígenes para comprender el presente de ciertas cosas. Los de Chillida Leku se remontan a 1982, el año en que Eduardo Chillida deja de trabajar con Aimé Maeght, su galerista desde los años cincuenta, y busca un lugar definitivo en el que ir varando sus criaturas de hierro, piedra, madera, acero, alabastro… En Villa Paz, la casa familiar del Alto de Miracruz de San Sebastián, donde el escultor tenía también su taller, apenas había espacio para almacenar cinco o seis de sus grandes formatos. Así que empezó a buscar, por un lado, un contenedor natural en el que el tiempo fuera dejando su poso de óxido sobre los grandes hierros y, por otro, un taller más grande para trabajar la piedra, las lurras de tierra chamota o esos granitos rosas que se traía lo mismo de la fábrica de Ingemar en la vecina Usurbil que de unas canteras de la India.


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El sol atraviesa una de las ventanas de la estela XII de la serie 'Lo profundo es el aire', obra en granito rosa realizada en 1990.

La serie de granitos Lo profundo es el aire, que también puede contemplarse en este museo, es el mejor ejemplo de todo ello. Estudios exploratorios pero a la vez precisos de la relación entre arte, espacio y vacío —tan querida y estudiada por el filósofo Martin Heidegger, con quien Chillida llegó a firmar conjuntamente una edición de El arte y el espacio— fueron a la postre el germen de lo que acabaría convirtiéndose en uno de los proyectos más queridos del escultor: Tindaya. El vaciado de la montaña sagrada de los canarios en la isla de Fuerteventura. Proyecto añorado. Proyecto malogrado.

Pero volvamos a Zabalaga. Dar con unos terrenos grandes y accesibles para enormes moles de hierro en las cercanías de San Sebastián, y que además permitieran la entrada de grúas y camiones para transportar las esculturas, parecía misión imposible en aquellos inicios de los años ochenta. Hasta que un buen día, Chillida celebró una exposición de obra gráfica en la casa de Goya en Burdeos. A la muestra asistió el entonces cónsul de España en Burdeos, Santiago Churruca. Cuando la familia iba a regresar a San Sebastián, él les pidió si podía volver con ellos en el coche, ya que tenía que vender unos muebles de una casa que poseía en el campo, cerca de la ciudad. Era Zabalaga. Al llegar, Eduardo Chillida empezó a pasearse por aquellas campas verdes e inmensas y por aquel caserío del siglo XVI semiderruido. El flechazo fue instantáneo. Había encontrado el hogar para sus criaturas. Era el germen de Chillida Leku, aunque en aquellos días no existía en sus cabezas la idea de un museo. La restauración finalizó en 1997. En 2000 tuvo lugar la ­inauguración. Los reyes Juan Carlos y Sofía, el presidente del Gobierno José María Aznar, el lehendakari Ibarretxe y el canciller alemán Gerhard Schröder acompañaron al artista y a Pilar Belzunce aquel día.


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La nueva directora del museo Chillida Leku, la barcelonesa Mireia Massagué, en el caserío del siglo XVI.

En el caso del escultor guipuzcoano, regresar a ­Hernani suponía un reencuentro con su historia per­sonal. Como Ulises, y por segunda vez, Chillida volvía a su Ítaca particular, a esa casa del padre que, retomando el título del poema de Gabriel Aresti (Nire aitaren etxea, La casa de mi padre), acabaría inmortalizando en 1987 en una tremenda carcasa de hormigón que desde entonces descansa cerca del Árbol de Gernika. Mucho antes, en 1951, a su regreso de París, el creador donostiarra se había instalado en la villa de una tía suya, Vista Alegre, en el barrio hernaniarra de La Florida. Allí, en la forja del herrero Manuel Illarramendi, aprendió a trabajar el hierro. Así lo recuerda el hoy alcalde de Hernani, Luis Intxauspe (EH Bildu): “Chillida es un artista con una proyección mundial incuestionable cuya trayectoria comenzó en un taller de Hernani, incluso personas de cierta edad recuerdan al artista cuando trabajaba en su taller del barrio de La Florida. Esta reapertura nos permitirá dar a conocer este legado artístico a nuevas generaciones”.

Aquel artista ensimismado en su mundo creativo, antiguo portero de la Real Sociedad y pelotari de fuste, aquel vasco universal (“Los hombres somos de algún sitio, lo ideal es que tengamos las raíces en un lugar, pero que nuestros brazos lleguen a todo el mundo, que nos valgan las ideas de cualquier cultura”) cuya cara de piedra podría haber servido ella misma como modelo para una escultura, no era aficionado a los atajos ni a las poses. Como dijo de él Octavio Paz, en Eduardo Chillida el hierro se ve que es hierro, el granito se ve que es granito y el acero se ve que es acero. Para él, la labor del artista era trabajar en lo desconocido. Lo dejó grabado en uno de sus aforismos favoritos: “Lo que ya sé no tiene sentido”. El artista, según Chillida, tenía como misión meterse en problemas. Su incansable labor en pos de la creación de Chillida Leku así lo atestiguó durante años. De haber asistido a este renacer, probablemente habría repetido el viejo título de una de sus esculturas. Buscando la luz. 


Borja hermoso / elpais.com
Fotos: ALEX ITURRALDE
 




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Mensaje Re: CHILLIDA, Eduardo 
 
La reapertura de Chillida Leku afianza el nuevo eje artístico del norte de España

La nueva dirección del museo del escultor confía en superar los 85.000 visitantes al año y se suma a la oferta cantábrica del Guggenheim, Bellas Artes, Centro Botín y Balenciaga



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Detalle del Arco de la libertad con el caserío de Chillida Leku. En vídeo 360, un recorrido por el santuario artístico del escultor donostiarra. Íñigo Santiago | Vídeo: Saúl Ruiz

Una de las dos piezas que no se ha movido jamás en Chillida Leku pesa casi 66 toneladas, el máximo que podía asumir la siderurgia cántabra de Reinosa donde se forjó. Se llama Lotura (nudo o unión, en vasco) y se alza oxidada en la frontera entre las campas y el bosque de este enclave guipuzcoano de Hernani. No muy lejos, dentro de este extraordinario museo de autor rodeado por vegetación que creció salvaje gracias a que los terrenos estaban destinados a la yeguada militar (cría caballar), se enfrentan dos elegantes bloques de acero que remiten a los modelos de Cristóbal Balenciaga, un amigo de Getaria al que Chillida homenajeó con esta obra. El 17 de abril, cuando Chillida Leku se vuelva a abrir al público con un modelo privado de gestión bajo el signo de los reputados galeristas Hauser & Wirth, el círculo se cerrará.

El donostiarra Eduardo Chillida (1924-2002) y su mujer Pilar Belzunce compraron en los ochenta el caserío donde hizo realidad su gran sueño de mezclar arte, espacio y naturaleza con la creación de Chillida Leku. La apuesta del escultor fue anterior al brillo de los reflejos de titanio del Guggenheim, si bien hasta 2000 no se inauguró con la presencia de dos jefes de Estado, el español José María Aznar y el alemán Gerhard Schröder. Pero en 2011 se cerró para el gran público por problemas económicos y por la falta de un modelo claro de gestión y explotación.

Ahora se ha desbloqueado la situación financiera con el acuerdo entre la familia de Chillida y los galeristas en virtud del cual estos representarán, venderán y promocionarán una parte de la obra del escultor. Otra condición es la de insuflar nueva vida a Chillida Leku, que se reincorpora, modernizada pero respetando el original, al nuevo polo de atracción artística que se ha ido generando en el norte de España, en un espacio comprendido entre San Sebastián y Santander, distante 200 kilómetros en coche.


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La escultura Lotura XXXII. / Iñigo Santiago


Eje cantábrico del arte
 
En este nueve eje cantábrico del arte, que pasa por Bilbao, se han ubicado dos hitos arquitectónicos como el Guggeheim de Bilbao (Frank Gehry) y el Centro Botín (Renzo Piano). Además, abrieron sus puertas el Museo Balenciaga de Getaria y Tabacalera en San Sebastián y tierra adentro, el Artium de Vitoria. El venerado Museo de Bellas Artes de Bilbao, que ahora dirige el exdirector del Museo del Prado Miguel Zugaza, se ampliará con un proyecto también diseñado por arquitectos estrella valorado en 22 millones de euros. En Santander, se prevé la apertura del Centro Asociado Museo Reina Sofía-Archivo Lafuente, previsiblemente en 2022, en la sede rehabilitada del Banco de España, y la actual sede social del Banco de Santander se convertirá en la Casa Museo de la institución, tras la intervención valorada en 40 millones de euros del arquitecto David Chipperfield.

En definitiva, el Norte mira al arte como motor de desarrollo turístico. Tanto Luis Chillida, hijo del escultor y presidente de la fundación que lleva su nombre, como la nueva directora de Chillida Leku, Mireia Massagué, son muy conscientes de ello y han incidido este lunes y martes en la importancia de subirse a la ola que en el caso de la surfista Donosti ha incrementado en un 30% sus visitantes en apenas unos años. "Si cuando estaba abierto al público en general podíamos llegar a tener una media de 85.000 visitantes al año, y eso que no había la afluencia de público de ahora, creemos que podemos superar perfectamente esas cifras y más con la nueva gestión", señala Luis Chillida.
 

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Luis e Ignacio Chillida y la directora Mireia Massagué, este martes en Chillida Leku. JAVIER HERNÁNDEZ

"El Norte se ha convertido en una zona muy influyente en el plano cultural, no solo en el económico", comenta Massagué, tras mencionar hitos como el Botín, el Guggenheim y o el Balenciaga. "San Sebastián, en los últimos cinco años ha crecido mucho en el sector del turismo y en el sector negocios. Nosotros nacemos en un momento en que podemos sumar y aportar valor al territorio", añade. La directora incide en que se ha respetado la concepción del espacio de Chillida, con su caserío, pero se han actualizado las instalaciones y los servicios (incluyendo la creación de una cafetería con vistas al campo escultórico) y se han incorporado pequeñas mejoras del arquitecto Luis Laplace y el paisajista Piet Oudolf. El núcleo de las obras es básicamente el mismo, perteneciente a la colección familiar, que ya se exhibía en Chillida Leku.

Puertas abiertas

43 obras exteriores de grandes dimensiones y unas 60 más pequeñas, que incluyen dibujos, recibirán a los visitantes, que deberán pagar 12 euros por la entrada (hay varios descuentos). La exposición inaugural se titula Ecos y contiene préstamos importantes de las colecciones de La Caixa o del BBVA. "Son novedades, préstamos que nunca habían estado aquí", dice Ignacio Chillida, que ha ejercido de comisario de la muestra que se pretende mantener abierta con las actuales obras hasta finales de año, con la posibilidad de prologarla.

Luis Chillida asegura que la familia (el matrimonio de Eduardo Chillida y Pilar Belzunce tuvo ocho hijos) no guarda ningún rencor a las instituciones vascas. El intento de comprar Chillida Leku por parte del Gobierno vasco y la Diputación de Gipuzcoa, con una aportación de 50 millones de euros cada uno, no fructificó hace tres años por diferencias políticas entre las instituciones y también por discrepancias en el seno de la familia, según las diferentes fuentes. Mañana, numerosos representantes políticos, autonómicos y nacionales, asistirán a una preinauguración. El presidente de la fundación se niega a dar detalles del acuerdo económico alcanzado con la galería al tratarse de un contrato privado, pero asegura sentirse muy satisfecho. Además de reabrir Chillida Leku, los galerista suizos, con implantación en Alemani, Inglaterra, EE UU, Japón y Austria, facilitarán el movimiento y promoción de las obras de su padre. "Mi madre estaría muy contenta; mi padre estaba más en sus cosas, metido en su trabajo", comenta Luis.

Los dos hermanos recuerdan que,durante ocho años, Chillida Leku no ha estado cerrada de todo, porque se permitían visitas con cita previa, lo que han hecho hasta 50.000 personas en ese periodo. Este fin de semana, habrá jornadas de puertas abiertas y se han ofrecido 1.200 entradas, cuando la petición superaba las 12.000, lo que demuestra el interés existente. La apuesta por promocionar el centro y la obra del escultor es muy ambiciosa, como demuestra la treintena de periodista nacionales e internacionales invitados este martes para ver esta nueva versión –"actualizada a la museística del siglo XXI", apuntó la directora– del sueño de Chillida.


La cruz de la pareja bajo el magnolio


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Chillida Leku esconde muchos detalles y rincones. Impresiona la visión por primera vez del prado rodeado de bosques y jalonado por enormes esculturas metálicas. Y el interior del caserío del siglo XVI, cuyas paredes y vigas de madera forman parte del recorrido expositivo. O sus ventanas interiores que encuadran las obras exteriores. Pero también hay enclaves que pueden pasar desapercibos, como la cruz de metal corten, cobijada por un magnolio, bajo la que descansan los restos del matrimonio formado por Eduardo Chillida y Pilar Belzunce, de un nieto, y también del jardinero y guardés de la finca Joaquín Goikoetxea, amigo de la familia. Ella le pidió al escultor que le forjara una cruz para cuando se muriese, pero al final ella le sobrevivió 13 años. Falleció en 2015.
 




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