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MUNCH, Edvard
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Mensaje Re: MUNCH, Edvard 
 
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Munch, la voz detrás del grito

La obra del artista noruego resurge en su doble vertiente, pictórica y literaria, con dos exposiciones en Madrid y Ámsterdam y la publicación de una antología de sus escritos



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Edvard Munch pinta en la playa de Wandermünde, en Alemania. Autorretrato fotográfico (1907). / Munch Museum

    En un estado de ánimo
    intenso
    un paisaje ejercerá
    cierto efecto sobre
    la persona— al representar
    este paisaje [la persona] llegará a
    una imagen de su propio estado —
    y esto— este estado de
    ánimo es lo principal


Como prueban sus propias palabras, Edvard Munch (Loten, 1863-Ekely, 1944) abogó por un arte en el que el sentimiento indefectiblemente turba la vista. El filtro emocional inunda de color y de fuerza sus lienzos. Las escenas, siempre figurativas y narrativas —con historias y personajes— se transforman. Y el arrebato establece un potente vínculo con el espectador: atrás queda el plano objetivo, llega el ensalzamiento de lo subjetivo sin disimulo y con una notable carga de sentida sinceridad. Fue criticado y ridiculizado por críticos que clamaban que sus cuadros arañados no estaban acabados. Él, incluso ya en la madurez y plenamente consagrado, montaba sus estudios al aire libre; le gustaba el efecto que la naturaleza y los elementos podían tener sobre los lienzos.

La conexión que Munch trataba de establecer con el público no apela simplemente a la reproducción de ese mundo exterior común a todos, sino que busca el nexo en el crudo sentimiento, la angustia o la pasión que todo ser humano ha padecido. A golpe no sólo de pincel sino de pluma, en miles de cartas, en notas, aforismos, apuntes, versos y algún que otro relato, el icónico y prolífico artista noruego trató también de explicarse y defender su postura.

Este otoño ambas vertientes de Munch, la pictórica y la literaria, cobran un nuevo impulso. A la exposición Arquetipos en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid —que reúne desde el 6 de octubre hasta el 17 de enero cerca de 80 obras del artista noruego y ha sido organizada conjuntamente por el Munchmuseet de Oslo—, se suma la publicación por primera vez en castellano de una antología de sus escritos en El friso de la vida (Nórdica).

"La escritura fue muy importante para Munch. Sintió la necesidad de expresarse por este medio, algo que resulta evidente a la vista de la cantidad de material que legó y el cuidado que puso en que no se perdiera", explica por correo Hilde Boe, autora del prólogo de El friso de la vida y directora del archivo digital del Munchmuseet. A pesar de sus frecuentes viajes el pintor guardó sus apuntes. Rara vez fechaba sus textos, usaba los mismos cuadernos para escribir y dibujar a veces durante décadas. Su tía Karen y su hermana Inger le ayudaron a conservarlos, como prueba la larga correspondencia que mantuvo con ellas. La publicación en la Red —en noruego y alemán— del conjunto del archivo del artista dentro del proyecto emunch arrancó en 2011 y ya permite acceder a un 60% del material. El libro Cuadernos del alma (Casimiro), aparecido en septiembre, reúne una selección tomada de esta web.

"Ahora sus escritos están jugando un papel muy importante en la preparación de las exposiciones que sobre su obra se están realizando", añade Boe. Por ejemplo, en la muestra Munch: Van Gogh que este otoño, tras su paso por Oslo se ha instalado en Ámsterdam. La exposición enfrenta por primera vez la obra de los dos pintores que nunca llegaron a conocerse personalmente, aunque fueron contemporáneos y compartieron una aproximación similar al lienzo. Algo de lo que el noruego era claramente consciente:

    El horno del infierno del alma –
    es extremadamente
    agresivo para
    los sistemas nerviosos
    (P[or ejemplo] Van Gogh…)
    (En parte yo mismo)


La celebración del 150 nacimiento de Munch en 2013 consolidó la nueva etapa que venía cuajándose desde los años noventa en torno al estudio de su obra. El pintor, cuya prolífica e intensa obra había quedado en buena medida sepultada por El grito —más exactamente por los cuatro gritos que pintó en el plazo de 17 años— , resurge con fuerza. Nuevos matices se añaden, como capas de pintura, a la leyenda del artista hipersensible, enfermo y atormentado.

En la infancia Munch perdió a su madre y a una hermana por tuberculosis y se crio junto a su padre médico, estricto y devoto cristiano. A los 17 años escribió en su diario que había decidido hacerse artista y efectivamente se entregó a la bohemia y al alcohol, frecuentó a escritores como Hans Jaeger y gracias a una beca se instaló en París en 1899 durante tres años, y poco después en Berlín.

Vivió turbulentas pasiones llenas de celos y desespero, que culminaron en una bronca fatal con Tulla Larsen en la que Munch disparó una pistola y se mutiló un dedo. En 1905 ingresó en un sanatorio mental después de sufrir una crisis nerviosa y volvió a ser internado tres años después. Fue definido por el poeta Strindberg como "el pintor esotérico del amor, de los celos, de la muerte y de la tristeza". En sus cuadros hay angustia, dolor, mujeres vampiro.

Igualmente cierto es que Munch vivió hasta los 81 años y que su obra, a pesar de haber sido muy criticada al principio, llegó a gozar de un amplio reconocimiento. "Fue un artista-empresario muy productivo y de gran éxito que consagró fervientemente su vida a lo único que consideraba su verdadera misión: crear una obra de gran altura y ser respetado como artista", apunta en el catálogo de Arquetipos Jon-Ove Steihaug, director de colecciones y exposiciones del Munchmuseet y comisario, junto a Paloma Alarcó, de la muestra en el Museo Thyssen. "No es su vida lo que nos llama la atención, sino lo que como artista logró producir". De hecho, Munch realizó 1.800 óleos, 750 grabados y un ingente número de dibujos que no han sido catalogados.

La sobrevaloración del peso de su biografía en el arte de Munch es uno de los mitos que empiezan a caer. Aunque en su biografía se pueda rastrear, y allí resida el interés que tuvo por determinados temas (como la enfermedad o los celos), su plasmación a lo largo de cinco décadas escapa los márgenes de esta estrecha lectura.

Otro mito que ha caído es que su obra posterior a la década de 1890 no valía realmente la pena. Contra esto cargó la exposición Munch: The Modern Eye que en 2012 estudió la influencia del cine y la fotografía en la obra de las últimas etapas de su trayectoria. Munch diseñó rompedoras escenografías teatrales y realizó muchas fotografías, los planos y puntos de vista de sus cuadros tienen un carácter fuertemente cinematográfico.

Ahora, la muestra Arquetipos —que presenta sendos programas de cine y de conferencias— ahonda en otro de los puntos candentes en torno al artista noruego: al tratar la obra de Munch no se debe hablar de copias en referencia a los cuadros que llevan un mismo título y tratan una misma escena, sino de versiones o interpretaciones.


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'Autorretrato ante la fachada de la casa' (1926), obra de Edvard Munch. / Munch Museum

    La manera en que se mira también depende del estado de ánimo y de cómo se encuentra uno en general.
    Esa es la razón por la que un motivo —
    puede verse de muchas maneras y eso es lo que hace interesante el arte


La muestra Arquetipos abarca un amplio espacio cronológico de más de medio siglo, con obras que van desde 1881 hasta 1935. Y es precisamente esta dilatada horquilla temporal lo que refuerza la idea que sustenta la exposición: Munch trabajó a lo largo de su vida con ahínco una serie de asuntos sobre los que volvía una y otra vez. Igual que el dramaturgo Henrik Ibsen hizo en sus obras, podría decirse que Munch también trabajó en torno a moldes o arquetipos que revisitaba incesantemente.

En plena efervescencia del psicoanálisis y el subconsciente, con el arquetipo jungiano que habla del mito cultural que se impone y se traslada generacionalmente con visiones estereotipadas de la mujer y del hombre, pinta Munch. En su obra aborda reiteradamente escenas como la de una pareja retratada de espaldas que mira al mar en Los solitarios —imagen plasmada por ejemplo en un grabado de 1894, en una xilografía de 1899 y en un óleo de 1935 presentados en la exposición—. Cambian los colores, la postura, el sentido, como un recuerdo cuya evocación va mutando. "Había un inventario de temas que le interesaban y repite obsesivamente obras sobre estos arquetipos en óleo, grabado y dibujo. Tenía una especie de catálogo de imágenes en la cabeza. La repetición es una fórmula moderna de experimentación", explica la comisaria Paloma Alarcó, jefa de conservación de pintura moderna del Museo Thyssen. "Quizá porque sus obras son narraciones ha costado leerlas así. La variación se ha entendido mejor en la abstracción, en las series de pintores como Rothko o de Monet con sus nenúfares".

    —El arte es la forma del cuadro—
    nacido a través de los nervios—
    ojo —cerebro y corazón—
    del ser humano
    El arte es la necesidad
    humana de cristalización
    La naturaleza es el reino
    infinito del que
    se nutre el cuadro—


Melancolía, Muerte, Pánico, Mujer, Melodrama, Amor, Nocturnos, Vitalismo y Desnudos son los ejes que ordenan Arquetipos. La muestra arranca con la quietud y luminosidad impresionista de los retratos de sus hermanas, con figuras melancólicas que miran lejos. La sección muerte presenta las múltiples versiones de La niña enferma sobre las que Munch trabajó hasta llegar a esa Agonía densa y expresionista. En la sección del pánico están las litografías y xilografías de El grito, de Ansiedad y de Pánico en Oslo. El color vuelve al tratar el tema de la mujer, donde surgen las amenazadoras vampiras, que acaban desembocando en Celos y Sorpresa, y en esa habitación de papel verde moteado que presta un fondo repetido en los cuadros que desarrollan el Melodrama. Amor recoge el Beso con el que Munch llega a la abstracción. En Nocturnos van desapareciendo las figuras. Aún queda el Vitalismo fresco y Desnudos, el último bloque, que se cierra con El artista y su modelo mirando fijamente desde el lienzo.

Edvard Munch. Arquetipos. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Desde el 6 de octubre hasta el 17 de enero de 2016.

Munch: Van Gogh. Museo Van Gogh, Amsterdam. Hasta el 17 de enero de 2016.



Fuente: elpais.com
 




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Mensaje Re: MUNCH, Edvard 
 
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Munch, medio siglo de trabajos


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'Pubertad' (1914-1916), de Edvard Munch. Munch Museum


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'El beso IV' (1902), xilografía de Edvard Munch. Munch Museum


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'La niña enferma' (1907), uno de los óleos que Edvard Munch hizo sobre este tema. Munch Museum


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'Mujer vampiro en el bosque' (1916-1918), una de las versiones que Edvard Munch plasmó de esta escena. Munch Museum


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'Celos' (1913), óleo de Edvard Munch. Munch Museum


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'Mujer' (1925), de Edvard Munch. Munch Museum


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'Menlancolía' (1892), óleo de Edvard Munch. Munch Museum


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'El artista y su modelo' (1919-21), de Edvard Munch. Munch Museum.


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'Atardecer' (1888), de Edvard Munch. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid



Fuente: elpais.com
 




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Mensaje Re: MUNCH, Edvard 
 
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Munch es algo más que 'El Grito'

El Museo Thyssen-Bornemisza revisa en una amplia exposición la obra del artista noruego más allá de sus obras icónicas y, a la vez, la editorial Nórdica reúne en un volumen parte de su explosiva obra escrita



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Del pintor noruego Edvard Munch (1863-1944) sabemos que le robó el grito al gran silencio y que la mala fortuna le hizo sombra desde la infancia (huérfano de madre, de hermana): "Enfermedad, locura y muerte fueron los ángeles que rondaron mi cuna". Su pintura alcanzó el punto de combustión en un expresionismo que no quiso ser inocente (que no pudo serlo), venía de la impaciencia pura del que le exige a la vida más metralla. En la familia sólo quedaron el joven aprendiz de pintor y un padre abducido por una fe radical: "Mi padre tenía un carácter sumamente nervioso, además estaba tan obsesionado con la religión, era psiconeurótico. De él heredé la semilla de la maldad. El miedo, la pena y la muerte estuvieron a mi lado desde el día que nací". Así comienza todo, sometido a muchos vaivenes inestables.

Ha pasado a la historia por una imagen, aunque en Munch hay más que El grito. En Munch están los paisajes vueltos neurosis, la soledad de una mujer desmadejada con un fondo de ceniza, dos seres que se besan fieramente porque ya no cabe entre ellos más que el abrazo o la intemperie. En Munch hay más, sí. Mucha pintura de matices y el largo convoy de su escritura. Porque Munch escribía con pulsión caníbal: cartas, postales, telegramas, mensajes en cualquier papel, poemas, anotaciones de un diario, artículos de periódico, listas de la compra... En esa montaña de folios y retales se aloja un ideario vital y estético nada ahorrativo y muy descuidado, pero necesario para asimilar algunas de sus propuestas.


Encuentro en el espacio


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Los destinos humanos son como los planetas. Como una estrella que aparece en la oscuridad y se encuentra con otra estrella, reluce un instante para luego volver a desvanecerse en la oscuridad, así se encuentran un hombre y una mujer, se deslizan el uno hacia el otro, brillan en un amor, llamean, y desaparecen cada uno por su lado. Sólo unos pocos se encuentran en una gran llamarada en la que ambos pueden unirse plenamente.

Sucede que no es posible entender la parada salvaje de la pintura de Munch sin sus textos. Y sucede también que su pintura es la punta de enigma de su escritura. Estos escritos conforman una galaxia cerrada donde no siempre es posible acceder hasta el fondo. De ahí que la muestra que inaugura el próximo martes el Museo Thyssen-Bornemisza, Edvard Munch. Arquetipos, la más amplia dedicada al artista en Madrid desde 1984 (acoge 80 obras), venga con un complemento a modo de brújula, el bello volumen donde la editorial Nórdica reúne algunos de los textos de Munch con el título de El friso de la vida, aliñado con imágenes de obras que fueron antes poema o que dieron paso después a los versos.

Munch escribe con los nervios. "El arte es lo contrario/ de la naturaleza (...) Una obra de arte sale únicamente/ de las profundidades/ del ser humano". Edvard Munch pinta como un grito esencial del nuevo siglo. Viene del simbolismo para llegar al centro de una expresión propia donde el amor, la naturaleza y la muerte toman sentido de otro modo. Sus trabajos llegan muy pronto a convertirse en aliados de la obsesión. Repite temas, modelos, espacios. Es como si fuese arañando la tierra parte a parte para buscar no se sabe qué, pero buscar. "El arte surge de la compulsión del ser humano de comunicarse", escribió.

"La apuesta de esta exposición es comprender a Munch desde el conjunto de su obra y no sólo por sus iconos", sostiene Paloma Alarcó, responsable de la muestra. No estarán en Madrid ninguna de las cuatro versiones que realizó de El grito (tres en colecciones de Noruega y otra en manos privadas, adquirida en una subasta de 2012 por 80 millones de euros. No se prestan nunca). Pero lo que exhibe el Thyssen da cuenta de un creador convulso más allá de lo conocido. Incluso a veces, de lo aceptable.


Autorretrato


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De mi cuerpo putrefacto surgirán las flores. Y yo estaré en ellas. La eternidad.

La oscuridad, el sexo perturbador, la soledad, a inminencia de un abismo... Algo sucede por dentro de este hombre averiado. De algo nos advierte. "Se pinta precisamente/ porque uno no puede/ explicarse de otra manera". Estas confesiones las escribe Munch en sus cuadernos dándole a las frases estructura y cadencia de poema. Como queriendo tantear algo más allá de las palabras.

A pesar de tanto, no fue un tipo encerrado, ni un hermético, ni un estepario, sino un ser averiado que escapaba de sí mismo y de los otros para volver de nuevo a la ciudad, al grupo. Pronto se trasladó a París, donde Toulouse-Lautrec se convirtió en su faro de costa. Y después de untarse de París, y de Montmartre, y de alcoholes marchó a Berlín. Allí fijó su guarida entre 1892 y 1908. Sufrió. Sufrió mucho. Un dolor intenso. En Copenhague. Por una mujer. El doctor Jacobsen le salvó al ordenar su ingreso en un psiquiátrico donde no dejó de pintar, con toda la abundancia de los seres exiliados de sí mismos. "Hay una batalla que tiene lugar entre hombres y mujeres. Muchas personas lo llaman amor", escribió.

No resulta fácil sobreponerse a El grito. Diríamos que es la raíz de una obra, de una existencia bien dotada de preguntas y de espantos que se sintetizan en esa pieza. Podría ser el autorretrato colectivo de un tiempo convulso. La imagen que sólo ven con nitidez aquellos que no esquivan los demonios. Él lo explica mejor: "Caminaba con dos amigos por la carretera; entonces se puso el sol. De repente el cielo se volvió de un rojo sanguinolento, y sentí un estremecimiento de tristeza. Un angustioso dolor me oprimía el pecho. Me detuve, me apoyé en la valla, increíblemente cansado -lenguas de fuego y sangre se extendían sobre el fiordo negro azulado y sobre la ciudad. Mis amigos siguieron caminando, mientras yo me quedaba atrás, temblando aterrorizado- y sentí el grito inmenso, infinito de la naturaleza". Lo pintó meses después de abandonar el sanatorio mental, en 1893.


El grito


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Paseaba por el Camino con dos amigos cuando se puso el sol. De pronto el cielo se tornó rojo sangre. Me paré, me apoyé sobre la valla extenuado hasta la muerte. Sobre el fiordo y la ciudad negros azulados la sangre se extendía en lenguas de fuego. Mis amigos siguieron y yo me quedé atrás temblando de angustia y sentí que un inmenso grito infinito recorría la naturaleza.

La biografía de Munch es una combinación de certezas y desalojos de la razón. Vivió dos guerras mundiales, supo del éxito, de la amistad, de todo aquello que da al hombre contorno de hombre. Pero se hizo en el arte muy a solas. También en la escritura. Algunos cuadros de los que el Thyssen aloja dan cuenta de ese hombre expandido hacia lugares psíquicos incalculables a pesar de la concentración: La niña enferma, Madre e hija, Mujer vampira en el bosque o el desesperante Desnudo femenino de rodillas. Una pieza con algo de fulminante. Y dice: "En mi arte he tratado de explicar a mí mismo la vida y su significado. También he tratado de ayudar a otros a clarificar sus vidas".

En las dos últimas décadas de su vida, con el acarreo de sus desastres, Edvard Munch trabajó bajo el impulso de una energía vitalísima. Pinta con una libertad extraordinaria. Es la etapa de madurez. Tiene ya la obra hecha. Ahora se permite abundar en sus demonios casi con algo de ajeno a sí mismo. "Yo no pinto lo que veo, pinto lo que vi". Esta frase supone una de las afirmaciones más extraordinarias del artista. No se trata de representar lo que se observa, sino de hacer exorcismo con el arte, de asumir la identidad y el propio camino hecho, buscarse en lo de anteayer como en el mismísimo lugar de la pureza.

Le gustaba decir que si Leonardo da Vinci pintaba almas, él las disecaba. Ante una pieza de Munch no está mecido por el desconcierto de alguien que ha pintado muy a solas, lejos al final de cualquier escuela, de cualquier vanguardia, de todo aquello que cobija a otros hombres. Sus formas y colores tienen al final rumores de fórmula repetida, pero a la vez una extrañeza que no se da de igual modo en ninguno de sus coetáneos. "Se me ha dado un papel único que desempeñar en esta tierra: que me ha dado una vida llena de enfermedad y mi profesión como artista. Es una vida que no contiene nada que se asemeje a la felicidad, y, además, ni siquiera el deseo de felicidad".


El beso


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Dos labios ardientes contra los míos, el cielo y la tierra se desvanecieron y dos ojos negros miraron dentro de los míos.

Viejo y enfermo, Munch completó el ciclo de su existencia en el mismo territorio en que la empezó. Murió más o menos como había vivido: solo. En Noruega. Había convertido a la mujer en el centro de su espacio pictórico. También a la naturaleza. A veces venían a ser lo mismo. Hay mucho de estremecedor en su mirada. En el modo en que nos ha llegado. No sólo por los quiebros de la biografía, sino por la inclemencia que dispensa en su pintura, en sus textos. Es el arañazo de alguien que no se supo bien entendido. Tuvo éxito, pero le faltó calor. Nunca se sale ileso de la aventura de disecar las almas. De los otros. Y eso hizo. Hasta quebrar.



Fuente: elmundo.es
 




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Mensaje Re: MUNCH, Edvard 
 
Edvard Munch, mucho más allá de El Grito


El Thyssen dedica al artista noruego 'Arquetipos', una retrospectiva de 80 obras



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Ver vídeo de la exposición del Thyssen

A lo largo de 50 años de dedicación al arte, Edvard Munch (Løten, 1863-Ekely, 1944), realizó 28.000 obras. Entre esa inmensidad hay una, El Grito, de la que firmó cuatro versiones, convertida en uno de los iconos más reconocidos en la historia del Arte gracias a los caprichos del mercado que en 2012 hizo que se alzara entonces como la obra más cara tras ser vendida en Sothebys por 91,24 millones de euros. Años antes, en 2006, otra versión de El Grito, junto a la Madonna fueron robadas y posteriormente recuperadas en el Museo Munch de Oslo, beneficiario de la herencia del artista: 1.106 pinturas, 15.391 grabados y 4.443 dibujos. La propia vida del artista noruego, sobresaliente por sus neurosis y problemas de alcoholismo, han jugado a la contra de Munch para poder apreciar a fondo su obra en todas sus vertientes. La exposición Edvard Munch. Arquetipos, que hasta el 17 de enero se puede ver en el Thyssen es un intento de rescatar a Munch del peso de sus iconos y mostrar su obra con la complejidad y universalidad que merece. Con un total de 80 cuadros (42 prestados por el Museo Munch de Oslo, 23 de colecciones internacionales, 3 del depósito de Carmen Thyssen y el Atardecer del propio museo) se recorren todos aquellos temas a los que el artista volvió una y otra vez y sobre los que experimentó las técnicas más innovadoras: melancolía, muerte, mujer, melodrama, amor, vitalismo y desnudos.

Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen, recuerda que aunque ahora sea uno de los artistas más conocidos por todo el mundo, a Munch la fama le llegó no hace mucho tiempo. Tiene que ver con la exposición que en 1951 le dedicó la Tate de Londres y sobre la que el pintor y poeta austríaco Oskar Kokoschka manifestó su deseo de que ese gran maestro lograra un lugar reconocido en el mundo del arte. “Su reconocimiento” lamenta Solana, “llegó de manera tardía y devastadora: a base de simplificaciones y malentendidos que han dañado la percepción de su obra. La gente se ha quedado con que era un ser atormentado, alcoholizado y loco, como Van Gogh y se ha producido la iconización global de algunas de sus figuras, como El Grito, que hasta se utiliza como emoticono. La industria de la cultura funciona concentrándose en unos pocos nombres y de ellos, solo se dan a conocer unas cuantas obras. Creo que no se ha hecho justicia a la complejidad de Munch porque se le ha confinado a la etapa juvenil de la década de los 90 del XIX, como un protoexpresionista. Y nos olvidamos de que después de su salida del psiquiátrico y su vuelta a Oslo siguió trabajando durante medio siglo, un tiempo de absoluta plenitud”.

    En Munch, los finales están siempre abiertos

Paloma Alarcó, jefa de conservación de pintura moderna del Thyssen y Jon Ove Steihaug, director de colecciones del Munch Museet, han comisariado conjuntamente la exposición; un proyecto al que Alarcó le ha dedicado los últimos tres años y que gira en torno a los aspectos más desconocidos de la fuerza creadora de Munch y su capacidad de sintetizar las obsesiones del hombre moderno. Sin orden cronológico, la exposición mezcla obras de diferentes años, en función de los temas tratados por el artista ya que si algo le caracteriza es la repetición temática y la experimentación técnica. “Las obras no acababan en sí mismas, sino que se sumaban unas a otras. Lo que contaba eran los nuevos hallazgos. En Munch puede hablarse de un eterno retorno. Como ocurre con las obras teatrales de su amigo Ibsen, los finales están siempre abiertos”, resume la comisaría. "Alterna la pintura con otros métodos de manera grandiosa. Se puede asegurar que con la xilografía, Munch realizó los grandes grabados del siglo XX".

Otra constante de su obra es la Naturaleza, en la que se integró de manera armónica a su vuelta del sanatorio de Copenhague, en el que estuvo ingresado unos ocho meses. Aunque nacido en la pequeña localidad de Løten, con solo un año se trasladó junto a su familia a Oslo, la ciudad que él consideraba como propia. Hijo de un médico militar y de una criada profundamente religiosos, fue el segundo de cinco hermanos. A los cinco años, su madre murió de tuberculosis y él desarrolló un terrible pánico a la enfermedad y a la muerte, un miedo que se multiplicó con la muerte de su amada hermana Johanne Sophie, a los quince años, también de tuberculosis. El niño Edvard fue un niño enfermizo que sufrió de fiebre asmática crónica, ataques graves de fiebre reumática y ya de joven una crisis mental agudizada por el alcoholismo y el juego. Por miedo a la enfermedad decidió que nunca tendría hijos a los que transmitir sus genes enfermos, lo que complicó su relación las mujeres hasta el punto de que después de varias relaciones tormentosas, murió solo en su casa de Oslo. La Naturaleza se convirtió en la aliada de su vida y fuente constante de inspiración.

   Otra constante es la Naturaleza, en la que se integró de manera armónica a su vuelta del sanatorio

Aunque instalado en Oslo, viajó mucho a Alemania y se relacionó allí con los artistas de su generación.”Se le considera fundamental para el Expresionismo alemán”, explica Paloma Alarcó, “pero su alma era noruega y sus sitios queridos impregnan toda su obra. En 1909 regresó y vivió en Oslo hasta el final de sus días.”

De su vinculación con Alemania habló también el director del Museo Munch de Oslo, Stein Henrichsen. “La mayor parte de sus amigos y patrocinadores fueron alemanes. Dejó de ir cuando los nazis subieron al poder. Ya entonces se entró exclusivamente en Noruega, aunque una gran parte de su enorme producción la realizó en Berlín”. Por ejemplo, se asegura que la primera versión de El Grito, compendio de todas sus angustias, la pintó en Berlín aunque la escena la vivió en Noruega. Muy posible porque como él mismo escribió, "No pinto lo que veo, sino lo que vi”.

Henrichsen concluyó asegurando que el precio de la obra de Munch sigue estando al alza. “Sube cada vez más, pero lo que a mí me importa es que su obra se pueda contemplar en todo su esplendor, tal como se ha hecho con esta exposición”.


elpais.com
 




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Mensaje Re: MUNCH, Edvard 
 
Cuando Mapplethorpe encontró a Munch

La exposición que reúne al controvertido fotógrafo y al precursor del expresionismo en Oslo coincide con sendas muestras en Inglaterra y París y precede a una gran retrospectiva repartida entre el Getty y el LACMA, en Los Ángeles.



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Vivieron tiempos y lugares distantes, pero hay tantas similitudes en su itinerario personal y artístico que el fotógrafo estadounidense Robert Mapplethorpe (1946-1989) y el pintor noruego Edvard Munch (1863-1944) se (re)encuentran desde el sábado 6 de febrero en el museo de este último, en Oslo.

Mapplethorpe + Munch examina una relación compleja mediante 141 trabajos del estadounidense y 95 obras del noruego. Dejando a un lado las evidencias superficiales, la exposición ahonda en cómo ambos experimentaron con sus propias identidades a través de los autorretratos, y cómo exploraron la masculinidad, la sexualidad y el género a lo largo de su obra.

Ambos fueron prolíficos y comerciales, y en la muestra no faltan algunos bestseller (Man in Polyester Suit, incluido); sin embargo, uno de los atributos de esta exposición es que reúne obras insólitas como Calavera (1988) del estadounidense o la serie Africano (1916) del noruego. Ello se debe a que el 95% del trabajo de Mapplethorpe expuesto procede de la vasta colección privada del empresario noruego Stein Erik Hagen (el resto es de la Fundación Robert Mapplethorpe que vela por su legado); mientras que el museo Munch ha podido jugar con sus ingentes fondos (más de mil lienzos y 15.000 grabados) para contraponer a dos artistas que hasta la fecha no habían sido comparados.

Nada indica que Mapplethorpe se inspirara en Munch "pero resulta impensable que no conociera su obra", explica a EL MUNDO Jon-Ove Steihaug, comisario de la exposición así como director de colecciones del Museo Munch de Oslo. La respuesta a por qué el estadounidense se autorretrató, ya sabiendo que le arrinconaba la muerte, del mismo modo en que Munch se había pintado -aislado contra un fondo negro- en 1895; o por qué la que fue su compañera, la artista Patti Smith, recuerda tanto a la bella -e intermitente pareja de Munch- Eva Mudocci, podría ser Andy Warhol.

Mapplethorpe adoraba, sin reciprocidad, a Warhol, y éste último reprodujo precisamente los mencionados Autrorretrato y El Broche de Munch, entre otras obras icónicas del noruego, apenas dos años antes de que el controvertido fotógrafo las hiciera suyas. A partir de ahí, la exposición se adentra en un diálogo al unísono entre ambos artistas que fueron incapaces, intencionadamente o no, de separar su vida de su obra.

Tanto Munch como Mapplethorpe dramatizan en sus autorretratos, ambos representan sus temporadas en el infierno, trabajan constantemente con las sombras, así como con sus distintos roles o alter egos. Los dos se exploraron a sí mismos y lo hicieron a través de la fotografía, pues Munch jugó con ella durante dos prolongados periodos de su vida. Con todo, la Kodak del noruego nunca llegó tan lejos como las Polaroids con las que Mapplethorpe llevó a cabo el escrutinio sin tapujos de su sexualidad.

Precisamente la sexualidad -y la masculinidad también- son dos de los ejes de esta exposición. Los jóvenes bañistas de Munch (tanto el óleo como la fotografía de Munch, semidesnudo, pintando a un modelo) dialogan con el hedonismo de los bañistas de Fire Island (1972); los Luchadores de Mapplethorpe se enfrentan a los desnudos de Munch, del mismo modo que el Busto Negro (1988) o las fotografías de Thomas encuentran su eco en la peculiar serie Africano del noruego.

Pero en la masculinidad y en el sexo también cabe la melancolía y ninguno de los artistas escapa de ella, como muestra la exposición. Igualmente, ambos se sirvieron de la transgresión sexual en su arte. Munch recurrió constantemente a las sombras fálicas y usó a su Madonna que -explica Steihaug en el catálogo- tiene a una prima en la serie de Mapplethorpe protagonizada por Lisa Lyon-; mientras que el estadounidense escandalizó con su X Portfolio, explícitamente homosexual y sadomasoquista. Éste se exhibe aquí en una vitrina, cuya cara opuesta alberga el, también de 1978, en el que el fotógrafo ansió la perfección más sublime a través de las flores.

Finalmente, la exposición yuxtapone flores (ausentes en Munch salvo por Flores en el Jarrón de 1919) y retratos, a los que ambos se dedicaron por voluntad propia y por encargo. Ibsen y Borroughs, Patti Smith y Eva Murdocci, Alice Neel y Dagny Juel, Susan Sontag y Strindberg, pero también Richard Gere, Andy Warhol, Cindy Sherman... acaban reunidos en torno a estos dos artistas a los que la exposición consigue despojar de su mitología pop para presentar a dos hombres sensibles que desde la subcultura desafiaron a su tiempo.

Y así, Munch es hoy más moderno que nunca y Mapplethorpe, un verdadero clásico.

Aunque oficiosamente, este año -que cumpliría 70- es el de Robert Mapplethorpe. Con el impulso de la retrospectiva del Grand Palais y la exposición que le contrapuso a Rodin en el museo de éste, ambas en París, y la de la TATE, en 2014, el fotógrafo actualmente cuenta con dos muestras relevantes: la comisionada por el arquitecto -y coleccionista desde hace dos décadas- Peter Marino en la galería parisina Thaddeus Ropac; así como con la que se exhibe en el Bowes Museum (Barnard Castle, Reino Unido) dedicada a sus musas, con fondos de la Tate y de la Galería Nacional de Escocia.

El próximo mes se inaugurará una de sus mayores retrospectivas con más de 300 fotografías en Los Ángeles, que comparten el Museo Getty y el LACMA en sendas exposiciones complementarias. También en marzo Phaidon edita Mapplethorpe Flora, la obra completa de sus flores. Y, el 4 de abril, HBO estrena el primer documental que se dedica al artista: Mapplethorpe, look at the pictures, presentado ya en Sundance y la Berlinale. A cargo de Fenton Bailey y Randy Marbato, éste busca comprender a un artista que como pocos entendió las formas y las luces, pero que tantas veces fue opacado por la controversia.

Finalmente, aunque se desconoce aún la fecha de estreno, Mapplethorpe también tendrá serie televisiva, está vez de Showtime con el creador de Penny Dreadful, John Logan, según se anunció el pasado agosto. Será Just Kids, es decir la adaptación de la obra biográfica de Patti Smith -ella prepara el guión- que en 2010 se llevó el National Book Award estadounidense, y que narra la vida en común de los dos artistas.


elmundo.es
 




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Mensaje Re: MUNCH, Edvard 
 
Munch, antes y después de ‘El grito’



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Las presentaciones. Al Munch que hay detrás de 'El grito' le ha costado llegar a nuestros días. Cualquiera de las versiones de su obra más famosa hace que tanto su persona como el resto de su producción quede diluida. Quizá 'El grito' sea una de las más claras muestras de lo que promulgaba en sus escritos: "Todos somos propietarios de la obra de arte (...) Tal vez el arte vuelva a ser propiedad colectiva, como en tiempos de la antigüedad. ¿Tal vez en los edificios públicos y en las calles?". Tal vez en el cine o en el WhatsApp, se podría añadir ahora, si pensamos en el emoticono que se basa en esta angustiosa obra o en el rostro de Macaulay Culkin, en el cartel de 'Solo en casa', o en la máscara de 'Scream'...


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Pero, ¿cómo era Edvard?, el artista, la persona. Eso se preguntó Giorgia Marras, una joven dibujante nacida en Génova en 1988, que con motivo de una exposición que se celebró en el Palacio Ducal de su ciudad en 2013 para celebrar el 150 aniversario del pintor, recibió el encargo por parte de Tuss, una pequeña editorial independiente, de profundizar en el artista. Así nació el cómic 'Munch. Una biografía', que se acaba de publicar en castellano por Roca editorial.


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Sus escritos. A Giorgia Marras, le interesaba indagar en Edvard Munch (Løten, 1863-Ekely, 1944), ese hombre que nació en una Noruega burguesa y conservadora de la segunda mitad del siglo XIX, con un padre médico militar y profundamente religioso y una madre enferma, que murió cuando el pintor tenía solo cinco años. La muerte y la enfermedad marcaron su vida. "Nací en un cuarto enfermo", escribió en una de las 13.000 páginas de diarios, apuntes y anotaciones suyas que se conservan, además de sus dibujos, grabados y pinturas. Sus escritos dan una idea más completa de cómo era, de su atormentada y problemática personalidad, la que Marras quería investigar, por eso, quería titularlo 'Edvard', para centrarlo en la persona -una declaración de intenciones son las viñetas de las primeras página donde le presenta en su ciudad y llamándole por su nombre de pila-. Luego las decisiones editoriales fueron otras, 'Munch before Munch' fue su título original. El pasado año se publicaron en castellano dos libros con los textos del artista, 'El friso de la vida' (Nórdica) y 'Cuadernos del alma' (Casimiro). Esto coincidió con la exposición que el museo Thyssen de Madrid le dedicó, 'Edvard Munch. Arquetipos', donde se hacía un recorrido por los ejes de su obra: Melancolía, Muerte, Pánico, Mujer, Melodrama, Vitalismo, Desnudo.


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La silla. En los aspectos formales de la novela gráfica, Marras ha querido mantenerse alejada del estilo de Munch. "Nunca me compararía. No iba a hacer una mala copia de sus obras. He tratado de plasmar la atmósfera triste y fría de Noruega, las sombrías París o Berlín. La técnica tiene que ser funcional a la historia. Lo que me interesaba era captar el ambiente. Sí he querido homenajear y acercarme más a sus grabados, que son de sus obras más deconocidas y de las que más me interesan. De ahí que solo haya usado el blanco y negro", declara. El azul también tiene protagonismo en el cómic, lo usa la autora para señalar lo que son recuerdos o 'flash-backs', parte fundamental en la obra del noruego. Por ejemplo, la silla que aparece en su obra 'La niña enferma', en la que representa a su hermana Sophie -probablemente su favorita-, que también moriría a una edad temprana, aparece en el cómic, en la escenografía que hace para la obra de Ibsen 'Espectros' y se conserva hoy en su museo de Oslo. Un recuerdo cargado de enfermedad, angustia y tristeza.
En los aspectos formales de la novela gráfica, Marras ha querido mantenerse alejada del estilo de Munch. "Nunca me compararía. No iba a hacer una mala copia de sus obras. He tratado de plasmar la atmósfera triste y fría de Noruega, las sombrías París o Berlín. La técnica tiene que ser funcional a la historia. Lo que me interesaba era captar el ambiente. Sí he querido homenajear y acercarme más a sus grabados, que son de sus obras más deconocidas y de las que más me interesan. De ahí que solo haya usado el blanco y negro", declara. El azul también tiene protagonismo en el cómic, lo usa la autora para señalar lo que son recuerdos o 'flash-backs', parte fundamental en la obra del noruego. Por ejemplo, la silla que aparece en su obra 'La niña enferma', en la que representa a su hermana Sophie -probablemente su favorita-, que también moriría a una edad temprana, aparece en el cómic, en la escenografía que hace para la obra de Ibsen 'Espectros' y se conserva hoy en su museo de Oslo. Un recuerdo cargado de enfermedad, angustia y tristeza.


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Un precursor. El cómic es un ejemplo de cómo hacer fácil y atractiva la historia del arte. Acerca la densidad y la carga emocional de un pintor como Munch, que llega a decir: "Como Leonardo da Vinci diseccionó cadáveres y estudió los órganos internos del cuerpo humano, yo intento diseccionar el alma". A través de unas viñetas muy fáciles de leer, con poco texto pero muy escogido, Marras da unas pinceladas básicas de lo que supuso Munch para la modernidad, de cómo fue precursor de todo lo que veía, de cómo se comenzó a pintar con las emociones y no solo con los ojos. "No lo entendéis... Munch es el pintor de nuestro tiempo. ¡Nos sacude la conciencia como ningún otro artista!", le defienden en una de la escenas. Para Marras es su primera novela gráfica, ha prestado mucha atención a la parte escrita porque es donde tenía menos experiencia pero quería que todo guardara un equilibrio. Una parte fundamental del libro son los anexos que tiene un prólogo de Ester Armanino que introduce al lector en el contexto del pintor y unos glosarios finales en los que se explica quién es quién en la vida de Munch: su familia, sus amigos, la sociedad que le rodea -que tanto le influye-, su maltrecha relación con las mujeres...
El cómic es un ejemplo de cómo hacer fácil y atractiva la historia del arte. Acerca la densidad y la carga emocional de un pintor como Munch, que llega a decir: "Como Leonardo da Vinci diseccionó cadáveres y estudió los órganos internos del cuerpo humano, yo intento diseccionar el alma". A través de unas viñetas muy fáciles de leer, con poco texto pero muy escogido, Marras da unas pinceladas básicas de lo que supuso Munch para la modernidad, de cómo fue precursor de todo lo que veía, de cómo se comenzó a pintar con las emociones y no solo con los ojos. "No lo entendéis... Munch es el pintor de nuestro tiempo. ¡Nos sacude la conciencia como ningún otro artista!", le defienden en una de la escenas. Para Marras es su primera novela gráfica, ha prestado mucha atención a la parte escrita porque es donde tenía menos experiencia pero quería que todo guardara un equilibrio. Una parte fundamental del libro son los anexos que tiene un prólogo de Ester Armanino que introduce al lector en el contexto del pintor y unos glosarios finales en los que se explica quién es quién en la vida de Munch: su familia, sus amigos, la sociedad que le rodea -que tanto le influye-, su maltrecha relación con las mujeres...


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Entre bohemios. El dramaturgo noruego Henrik Ibsen, el escritor y filósofo Hans Jaeger, los pintores Christian Krohg y Oda Lasson, el escritor Stanislaw Przybyszewski, entre otros, forman parte del grupo de bohemios que rodeaban al protagonista de este cómic, creado en Atelierhaus Salzamt, espacio dedicado al arte contemporáneo en la ciudad de Linz (Austria). Ahora, la autora, está trabajando en una novela gráfica que profundiza en otro personaje histórico, la emperatriz Isabel de Baviera, 'Sissi'. Está impresionada del abismo que hay entre la imagen idílica de princesa que se ha difundido de esta mujer y su atormentada vida real. Trabaja rodeada, como Munch, de un ambiente de intercambio creativo, convive con dibujantes en la Maison des Artistes de Angulema (Francia), becada por el reconocido festival internacional de cómic y además de su próximo proyecto ya tienes otros en mente: una novela negra de la que ella hará los dibujos y otro compañero los textos y después, una historia situada en el momento actual de una joven actriz y sus dificultades e inestabilidades tanto laborales como personales.,


elpais.com/ Ilustración de Giorgia Marras
 




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Mensaje Re: MUNCH, Edvard 
 
‘Las chicas en el puente’ rompe el récord de Munch en una subasta

Dos obras de Picasso la siguieron de lejos en la sesión de Nueva York de arte impresionista y moderno de Sotheby’s



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La obra “Las chicas del puente”.  Sotheby's

No fue sorpresa para nadie. En la sesión de arte impresionista y moderno de Sotheby’s celebrada el lunes en Nueva York quedaba por saber cuál sería la cifra concreta que se pagaría por Pikene på broen (Las chicas en el puente), la obra maestra del pintor noruego Edvard Munch realizada en 1902. Finalmente, la cifra alcanzó los los 54,5 millones de dólares en 2016 (50,69 millones de euros al cambio de hoy) y siguió su significativa línea creciente en el mercado de la puja: había alcanzado los 7,7 millones en 1996 y los 30,8 millones en 2008.

La venta del cuadro, uno de los más célebres del artista de El grito, es un termómetro de cómo está el mundo de las subastas. Por un lado, por el tipo de comprador: lejos quedan los tiempos en los que el dinero estaba en los eruditos coleccionistas de rarezas. Ahora las nuevas fortunas son prácticamente neófitas en el arte y quieren el cuadro que sale en el manual de Conoce la historia del arte en 10 días. Las chicas del puente tiene el trazo colorista, la tensión psicológica y la belleza más reconocible en la obra de Munch. Hasta tiene un puente como su archipopular grito. Por otro, refleja el estado del vendedor, la casa de subastas, que sigue prefabricando titulares para seguir siendo noticia en un mercado que se ve adelantado por la derecha en la venta privada.

Este récord muestra, entonces, cómo se va desinflando la burbuja de las subastas. En la primavera de 2015, Christie’s conseguía el máximo histórico para Les femmes d’Alger (Version O) por 179,3 millones de dólares en una sesión que superó los 700 millones de dólares en ventas. Un año y medio después, lo máximo a lo que se aspira es al récord personal del artista y, en este caso, la sesión alcanzó los 157,7 millones de dólares (146,7 millones de euros) con 43 lotes a la venta, menos que lo que hace año y medio se alcanzó con una sola pieza y casi la mitad que esta misma sesión otoñal en 2015.

El récord de hoy, además, es relativo, pues la propia Sotheby's vendió un lote munchiano de cuatro gritos por 119,9 millones de dólares en 2012, cuando la burbuja del arte estaba a punto de alcanzar su tope. Es, también, un récord fácil: la casa juega la carta de Munch, porque ya le había dado cinco plusmarcas en los últimos años. Y es, por último, un récord que no ha superado excesivamente las estimaciones, que señalaban los 50 millones de dólares como cifra esperada.

Aun así, qué duda cabe, las cifras siguen siendo desorbitadas. Y la venta estrella no fue la única que destacó en la noche. Picasso se llevó el segundo y tercer premios con El pintor y la modelo, que tenía la peculiaridad de haber salido indemne del baile de subastas y había pertenecido al mismo dueño desde 1968, cuando fue pintada en 1963. Se adjudicó por 12,9 millones de dólares y fue la única pieza junto con el Munch que superó las dos cifras, aunque las estimaciones estaban entre los 12 y los 18 millones y puntuó a la baja. La siguiente fue la escultura del malagueño Cabeza de mujer, de 1951, que con su medio metro de tamaño alcanzó los 8,1 millones de dólares. El miércoles en Christie’s se espera una línea similar en la sesión homóloga. Las miradas están puestas en un Claude Monet de 45 millones.

elpais.com
 




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Mensaje Re: MUNCH, Edvard 
 
Un fiordo de hormigón, protagonista del nuevo museo Munch en Oslo

El edificio, proyectado por el estudio español Herreros, abrirá en 2020 y quiere protagonizar la postal de la capital noruega



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"Este edificio cumple con todo lo que habíamos soñado". Stein Olav Henrichsen, director del Museo Munch de Oslo (Noruega) desde 2010, habla entusiasmado de la nueva pinacoteca que acogerá las aproximadamente 28.000 obras del famoso pintor noruego. Una mole de hormigón de 60 metros de altura emerge a orillas del fiordo de la capital del país escandinavo y, junto a la Ópera —estructura insignia de la nueva zona moderna de la ciudad—, pretende hacerse con las miradas de locales y foráneos. "Vamos a crear la nueva postal de la ciudad", asegura Jens Richter, codirector del proyecto junto a su socio, el español Juan Herreros, el arquitecto fundador del estudio Herreros de Madrid. "Ganar el concurso [internacional] fue una satisfacción enorme porque entendimos que era la oportunidad de construir algo realmente ambicioso", añade Herreros.

Las bajas temperaturas y la brisa que hace que la humedad del fiordo del mar del Norte penetre en todos los poros de la piel no impiden a las dos decenas de operarios continuar día y noche con las imponentes obras de este edificio que marcará el skyline de la capital noruega. El nuevo Munch-museet, de estructura vertical con ocho plantas de diferentes alturas, a fin de acoger todo tipo de eventos, pretende conjugarse con la famosa casa de la Ópera, tan característica por su horizontalidad. "Nos inspiramos en la luz de Oslo, que es muy especial, y también en las ondas del agua del fiordo", señala Richter desde el amplísimo vestíbulo de madera de la Ópera.

  Es el edificio perfecto. Será un imán turístico
  (Stein Olav Henrichsen, director del Museo Munch).

El edificio, cuyos últimos pisos estarán ligeramente inclinados hacia el agua, formando casi un ángulo de 45 grados respecto a la tierra, estará cubierto por una chapa metálica ondulada en tonos azules, blancos y grises, que evocan al fiordo de la capital, entrada y salida de miles de turistas semanales en ruta en los cruceros por el mar del Norte y sus capitales nórdicas.

En esta orilla del fiordo de Oslo se levantan, por ahora, cuatro inmensas paredes de hormigón sin forjados marcando las diferentes alturas. "Es una construcción con una ingeniería especial", describe Richter. Cuando uno asoma la mirada desde la planta baja y mira al cielo, parece que se está asomando por una inmensa chimenea industrial. Y hasta cuesta imaginar que de estas paredes colgarán en un futuro no muy lejano una de las colecciones más famosas del mundo. El grito (1893), obra maestra de Munch, también tendrá su espacio.

Pero la verticalidad del nuevo museo, cinco veces más grande que el actual, según el director, no es el único atractivo. Los arquitectos, que ganaron el concurso internacional en 2008, quisieron crear un concepto de "plaza pública", como describe Richter. "El edificio será un espacio de acceso gratuito con zonas infantiles, salas de conciertos, restaurantes, salas de exposiciones extranjeras y un mirador". Oslo, en contraste con el resto del país, es una ciudad plana en la que los edificios más altos no superan las 15 plantas. Con el nuevo museo, esta ciudad de poco más de 610.000 habitantes podrá disponer de unas imponentes vistas a todo el fiordo en el céntrico barrio de Bjørvika, antiguo puerto y zona industrial. "Es el edificio perfecto. Será un imán turístico", apunta Henrichsen, de 63 años y músico de formación.

 
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Las obras del futuro nuevo Museo Munch de Oslo (Noruega). / Massimiliano Minocri - EL PAÍS

Noruega está invirtiendo como nunca lo había hecho en recuperar la zona portuaria y convertirla en punto de referencia. Junto a la Ópera, financiada por el Gobierno, y a una nueva biblioteca de la que por ahora sólo se adivinan los cimientos, el nuevo museo Munch costará al Ayuntamiento 2.700 millones de coronas noruegas (300 millones de euros). "Es importante dejar espacios públicos para los ciudadanos. Que puedan venir aquí y bañarse en el fiordo o leer un libro al lado del agua. Era nuestra intención devolver algo a la ciudad", según Richter.
 
Con este edificio, Edvard Munch verá su sueño hecho realidad. Antes de morir en 1944 donó su legado (1.000 pinturas, 15.400 grabados, 4.500 acuarelas, dibujos, seis esculturas, escritos y textos literarios) a la ciudad de Oslo con la condición de que creasen un museo para albergarlas y para que sus convecinos las pudieran disfrutar, estudiar y divulgar. El actual museo —que recibe unas 200.000 visitas al año frente al medio millón que proyectan para cuando se abran las puertas del nuevo— expone unas cuantas, pero ahora habrá espacio para todas ellas y para acoger exposiciones internacionales. "Traer a Goya sería fantástico", cierra Henrichsen.


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Stein Olav Henrichsen, director del Museo Munch de Oslo, frente a las obras de la nueva pinacoteca. / Massimiliano Minocri - EL PAÍS


Dudas por entusiasmo

La construcción del nuevo museo Munch ha sido objeto de grandes debates en Noruega. Como en todos los países nórdicos, la sociedad civil es tan fuerte que sus opiniones pueden bloquear iniciativas a la espera de un mayor consenso. Y este espacio no ha sido una excepción. "Las dudas de la gente se han ido transformando en un entusiasmo muy fuerte", sostiene Jens Ritcher, codirector del proyecto.

El comportamiento de la ciudadanía ha sido "casi modélico", defiende Ritcher, que explica que en Oslo se han organizado mesas redondas de debate cuyo único objeto era la construcción —o no— del museo. "Para nosotros, ha significado un reto en muchos sentidos", añade por correo electrónico Juan Herreros, fundador del estudio de arquitectos que construye la pinacoteca. También detalla que los "complejos procesos de participación ciudadana" les exigieron emplearse en "diálogos constructivos con más de un centenar de personas".

El estudio español Herreros ganó el concurso internacional en 2008 y proyecta la apertura al público para 2020. La vecina Ópera, sin embargo, tardó bastante más. "El proyecto se decidió en 1956 y abrió en 2008", explica el director del Munch museet. "¡Así que estamos muy contentos de poder abrir en 10 años!", exclama.

A partir de ahora el recuerdo de Munch quedará a orillas del fiordo de Oslo, por cuyos pueblitos costeros el artista viajó en busca de inspiración. Varios objetos personales y una copia del periódico de aquel 23 de enero de 1944 en el que falleció, descansan desde hace semanas en una caja enterrada bajo los cimientos de su nueva casa.

elpais.com
 




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Mensaje Re: MUNCH, Edvard 
 
El Museo Británico desvela la verdad de 'El grito' de Munch: no estaba gritando

Lo que hace la figura del cuadro es cubrirse los oídos para bloquear gritos externos, sean reales o del interior de su cabeza, según los expertos.



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'El grito', de Edvard Munch.

Pese a considerarse un símbolo de la angustia y desesperación humanas y contar con emoji propio, hay mucho que aún se desconoce de El grito de Edvard Munch, como que la figura principal en realidad no está gritando y que podría inspirarse en una momia.

Así lo ha revelado el Museo Británico, en vísperas de inaugurar el 11 de abril la exposición Edvard Munch: amor y angustia, en la que reúne más de cincuenta grabados y litografías del pintor, entre ellos uno en blanco y negro de 1895 de su imagen más famosa.

El museo señala que, en la pieza estrella de la muestra, titulada El grito escrito en alemán, hay una frase manuscrita por Munch que dice: "Oí un fuerte grito atravesar la naturaleza".

Según los expertos, esto corrobora la tesis de que no es la figura representada la que grita, sino que lo que hace es cubrirse los oídos para bloquear gritos externos, sean reales o del interior de su cabeza.

Los expertos apuntan que el artista noruego iba a titular la serie conocida como El grito, de cuatro cuadros y la litografía, El grito de la naturaleza, y no la concibió para representar el acto de una sola persona, sino con un sentido más universal.

Otra revelación del Museo Británico es que Munch pudo inspirarse para dibujar su figura central en una momia peruana que vio expuesta en el antiguo Museo de etnografía de Trocadero de París en 1889, que tenía una parecida fisonomía y posición de las manos.

El grito (en noruego, Skrik) es el título de cuatro cuadros del artista, tres en museos de Oslo y uno en una colección particular, además de la litografía. Dos versiones diferentes de la famosa obra fueron robadas en 1994 y 2004 de estas instituciones, pero finalmente fueron recuperadas.


elespanol.com
 




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