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CLAUDE MONET
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Mensaje Re: MONET 
 
El hombre que pone día y hora a los cuadros

    Donald Olson acaba de situar la hora del nacimiento del impresionismo
    El astrofísico precisa el momento en que Monet pintó 'Impresión, sol naciente'
    Van Gogh y Munch también saben de su habilidad
    Cálculos del sol naciente, tablas de mareas, observaciones metereológicas del cielo...
    Le gusta llamarse «detective celestial»



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Claude Monet, 1872. Impresión, sol naciente (Impression, soleil levant). Óleo sobre lienzo, 47 cm × 64 cm. Museo Marmottan-Monet, París.

Un mal día Claude Monet se arrojó al Sena. Lo rescataron y siguió curtiéndose en un fracaso que lo abismó en la miseria. Gracias a sus salvadores pudo salir de pobre, quedar como material incendiario de una novela romántica y fundar el Impresionismo. El nombre del movimiento se lo puso el crítico Louis Leroy, tras contemplar en el Salón de los Rechazados uno de los nueve cuadros que presentó Monet titulado Impresión, sol naciente. Tomada del natural, muestra las neblinas del puerto mientras el sol despunta tiñendo de anaranjado mar y cielo. La atmósfera difumina las formas, que preanuncian el arte abstracto.

El óleo sobre lienzo fue pintado a las 7.35 del 13 de noviembre de 1872 en una habitación de un hotel en Le Havre, Francia. Ese dato de precisión no se habría podido obtener mediante la investigación histórica. Lo ha conseguido el astrofísico Donald Olson que, con su equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Texas, ha datado uno de los instantes fundacionales del arte moderno. Es el principal practicante mundial de la astronomía forense, el examen de obras clásicas de la literatura y el arte que incluyen referencias a fenómenos celestes.

Para establecer con exactitud el momento del nacimiento del impresionismo los investigadores utilizaron análisis topográficos, cálculos astronómicos del sol naciente, tablas de mareas y observaciones meteorológicas del mar y el cielo. El equipo visitó el lugar y recopiló también las escasas pruebas documentales relacionadas con el cuadro.
El misterio del acantilado

No ha sido la única vez que Olson ha sorprendido con sus incursiones histórico astronómicas. Una tarde de finales del XIX, alrededor de 1880, Monet documentó una puesta de sol en la costa normanda. La pintura muestra el acantilado de Falaise d'Aval. Durante los últimos 131 años, ese lienzo ha estado cifrando el secreto de su génesis. Historiadores del arte habían logrado determinar que en el invierno de 1883 Monet estuvo tres semanas en Normandía y pintó El acantilado de Étretat. Puesta de sol. El grupo de astrónomos forenses de Olson viajó al lugar y, aprovechando que la pintura muestra la puesta del sol en relación a objetos fijos -el arco y el acantilado-, cotejó tablas históricas de mareas con las posiciones del sol y la luna durante la estancia del artista. Mediante la medición de las anfractuosidades -cavidades- topográficas de la costa, localizó el punto de vista preciso de Monet: un lugar en la playa rocosa de Jambourg, bajo un acantilado sobresaliente. También determinaron las posiciones de los cuerpos celestes y la altura de las mareas, utilizaron la altura de la Aiguille para calcular la hora exacta del sol sobre el horizonte, escudriñaron en las cartas que por entonces escribió el artista y, voilà, lograron determinar el momento exacto, minuto arriba, minuto abajo: El acantilado de Étretat fue pintado el 5 de febrero de 1883 a las 16.53, hora local. El descubrimiento lo ha publicado en su edición del pasado febrero el Sky & Telescope Magazine.

Olson, de 66 años, empezó a mirar en el cielo de las pinturas y a calcular magnitudes. Se describe como un «detective celestial» porque le gusta resolver enigmas de las obras de arte mediante pistas astronómicas. Monet no es el primer artista en recibir el «tratamiento Olson», hace unos años el astrofísico viajó a Noruega para confirmar sus sospechas acerca de las causas de la puesta de sol de color rojo sangre que inspiró El grito de Edvard Munch. Ese lienzo, fundador del Expresionismo, refleja el infierno interior del autor. Cuenta Munch que mientras el sol se ponía, caminaba con dos amigos y el cielo se tiñó de sangre, se detuvo y vio lenguas de fuego sobre la ciudad, empezó a temblar de miedo y sintió que un grito infinito se perdía en la naturaleza. Olson ha demostrado que aquellas lenguas de fuego eran nubes de polvo y gas que la erupción del volcán Krakatoa lanzó a la atmósfera en 1883.

Las computadoras y las matemáticas llevan a Olson muy lejos. Junto con su colega Russell Doescher, viajó a Asgardstrand, la ciudad turística noruega donde Munch pintó el lienzo Muchachas en el muelle en el verano de 1901. Hay dos elementos en el cuadro que han intrigado durante todos estos años: el globo amarillo en el cielo, que unos han identificado como el sol y otros como la luna, y la misteriosa ausencia de su reflejo en las aguas del fiordo tranquilo. El dúo demostró inequívocamente que el disco que aparece en el cuadro es la luna poniente. Además, dieron con la explicación de la extraña ausencia del reflejo de la luna en el agua: su luz es bloqueada por la casa.

También Van Gogh ha sido sometido a las incursiones histórico astronómicas de Olson, quien se interesó por la misteriosa estrella que aparece en el cuadro La Casa blanca de noche. Descubrió que el objeto que brilla en el cielo es Venus y que la tela se pintó el 16 de junio de 1890 a las 20 horas, seis semanas antes de su suicidio. Olson analizó también Paisaje a la salida de la luna: el disco lunar se eleva sobre las montañas, inundando con sus rayos anaranjados un campo de trigo tras la silueta de un afloramiento rocoso. Fue capaz de determinar el punto exacto de Francia en donde Van Gogh avistó la luna creciente. También el día y la hora: 13 de julio 1889 a las 21.08.

¿Cuándo capturó Ansel Adams su célebre fotografía con luz de luna del Half Dome? Después de un viaje hasta los acantilados en el Parque Nacional de Yosemite y de la meticulosa observación de la imagen -la cantidad de nieve en el suelo, la fase de la luna y la profundidad de las sombras en la cúpula de granito-, Olson concluyó que la imagen había sido tomada a las 16.14 el 28 de diciembre de 1960.

Algunos historiadores de arte le han reprochado la intrusión de la investigación científica en la creatividad, pero Olson se defiende alegando que su trabajo mejora la grandeza de las obras de arte que estudia, «no se puede arruinar la mística de una pintura mediante un análisis técnico», ha dicho a la revista Smithsonian. «Todavía tienen el mismo impacto emocional. Sólo separamos lo real de lo irreal». Así es, su trabajo no cambia nuestra percepción de Monet, Van Gogh, Munch o Adams, si acaso la enriquece.

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Mensaje Re: CLAUDE MONET 
 
Un Monet es subastado en China por la cifra récord de 2,9 millones de euros

El cuadro 'La châpelle de Notre-Dame de Grâce, Honfleur' del pintor Claude Monet.



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Claude Monet - 'La capilla de Nuestra Señora de la Gracia, en Honfleur', de 1864, se ha convertido en la pintura más cara subastada en el país.

Un cuadro de Claude Monet, 'La châpelle de Notre-Dame de Grâce, Honfleur' ('La capilla de Nuestra Señora de la Gracia, en Honfleur'), de 1864, se ha convertido en la pintura más cara subastada en China, al ser vendida por 20,7 millones de yuanes (2,9 millones de euros, 3,2 millones de dólares).

Según informó la agencia oficial Xinhua, esta fue la más cara de las piezas vendidas este fin de semana durante una subasta de la firma local Xiling Yinshe en la ciudad de Hangzhou, capital de la provincia oriental de Zhejiang, cuna del sector privado chino y hogar de muchos potenciales compradores.

El precio alcanzado por esta pintura del impresionista francés, que, en una composición muy moderna, muestra una arboleda y sólo la parte de la torre y el pórtico de acceso a la mencionada capilla, bajo la luz de un día gris de Normandía, sobrepasa al de otras grandes subastas celebradas en China recientemente.

La venta de pintura occidental más rentable en el país en los últimos años había sido una obra del cubista español Pablo Ruiz Picasso, aunque no sobre un lienzo, sino sobre cerámica.

Se trata del 'Grand vase aux danseurs' ('Gran jarrón de los bailarines') de Picasso (1881-1973), pintado sobre un jarrón de terracota blanco, decorado por el artista malagueño en 1950, que fue vendido por la filial local de Christie's por 3,03 millones de yuanes (450.199 euros, 488.511 dólares) en abril pasado.

Otras obras de grandes pintores de los últimos dos siglos, incluidos el propio Picasso y su compatriota Salvador Dalí, alcanzaron también grandes sumas en subastas en China en los últimos años, aunque por debajo de los tres millones de yuanes.

En la subasta en que se adjudicó ahora un nuevo propietario para el cuadro de Monet se vendieron en total 12 obras, en la que la agencia oficial llama la "primera venta de obras maestras occidentales de China" (es decir, organizada por una entidad china, y no foránea como la casa británica Christie's).

Las 12 piezas fueron vendidas por un total de 52,8 millones de yuanes (7,4 millones de euros, 8,1 millones de dólares).

Entre ellas están incluidas una de las naturalezas muertas que tanto cultivó el italiano Giorgio Morandi, que se vendió por 9,43 millones de yuanes (1,3 millones de euros, 1,4 millones de euros), y una obra del post-impresionista francés Paul Gauguin "Deux vaches dans le pré" ("Dos vacas en el prado"), de 1884.

Esta pintura de Gauguin, que en 2013 fue vendida precisamente por Christie's en Nueva York por 423.750 dólares, se adjudicó ahora en Hangzhou por más del doble de aquella cantidad, 6,67 millones de yuanes (940.900 euros, 1,03 millones de dólares).

Las subastas de otoño de la compañía china Xiling Yinshe cuentan con 32 sesiones de subasta, en las que se ponen a la venta 4.600 objetos de colección, incluidos, además de pinturas y esculturas, antiguas caligrafías chinas, tinteros tradicionales, sellos, piezas de jade, monedas y relojes de mesa, de pared y de pulsera.


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Mensaje Re: CLAUDE MONET 
 
Monet y el festín de color en los jardines impresionistas

La Royal Academy de Londres muestra 120 obras sobre la naturaleza



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Tríptico de los Nenúfares, que Monet pintó entre 1916 y 1919 y que se exhibe e la epxosición de la Royal Academy de Londres hasta el 30 de abril.

Puede que sea Claude Monet (1840-1926) el artista que automáticamente se asocia con la pintura al aire libre. La figura esencial de los impresionistas dedicó su obra al paisaje desde sus primeros años en Sainte-Adresse hasta los últimos días de su vida en Giverny. Él mismo llegó a escribir que debía a las flores el hecho de haberse convertido en artista. Jardinero y horticultor devoto, sus cuadros de paisajes son un ejemplo de experimentación extrema que después inspirarían a los pioneros de la abstracción, pero también, sobre todo en la segunda parte de su vida, esos paisajes fueron una respuesta a las transformaciones y convulsiones de comienzos del siglo XX. Frente a la deshumanización de una sociedad industrial cada vez más agresiva y frente a la Primera Guerra Mundial, Monet optó por refugiarse en los paisajes con más vehemencia que nunca. La exposición que desde el 30 de enero y hasta el 20 de abril se puede ver en la Royal Academy de Londres, Painting the Modern Garden, tiene a Monet como eje central (35 lienzos) y sobre él (hasta un total de 120 obras) discurren todos los grandes artistas impresionistas, postimpresionistas y vanguardistas de principios del siglo XX. Paul Klee, Emil Nolde, Gustav Klimt , Wassily Kandinsky o Henri Matisse junto a los españoles Sorolla, Rusiñol y Mir son algunos de los grandes nombres.

Ann Dumas, conservadora de la Royal Academy y una de las comisarias, explica que la finalidad es mostrar cómo el paisaje ha sido —y sigue siendo, opina— un campo de experimentación permanente para los artistas. El caso de Monet supone un hito en el género porque su entrega fue tal que adquirió profundos conocimientos de botánica. Y como gran hito de la exposición, además de los numerosos préstamos de colecciones particulares, señala el grandioso tríptico de los Nenúfares (1916-1919), que se ha podido reconstruir con obras dispersas en los museos de Arte Nelson-Atkins, de Kansas City, el Museo de Arte de Cleveland y el Museo de Arte de Saint Louis de Missouri.

Respuesta a la guerra

Estos grandes paneles agrupados en una sola sala guardan una estrecha relación con la panorámica que el artista cedió a la nación francesa en 1922 y que en la actualidad están alojadas permanentemente en el Musée de l’Orangerie de París. “Esta gigantesca obra ilustra como pocas”, señala Dumas, “la respuesta de Monet a la tragedia de la guerra; una época de sufrimiento en la que muchos artistas quisieron estar en el campo de batalla y otros eligieron responder con su pintura”.

La exposición estará organizada por temas, guiando al visitante por la evolución del tema del jardín, desde la plasmación de conceptos impresionistas de luz y atmósfera hasta escenas oníricas y de fantasía; lugares para realizar atrevidos experimentos; santuarios donde refugiarse y recuperarse; y, en definitiva, señales de un mundo en el que todo vuelve a su curso: un paraíso recobrado.

La primera sala exhibe obras de Monet, Renoir o Pissarro. Las flores de los almendros, las dalias y los lirios ocupan al completo los lienzos de manera que los colores se funden en masas difusas de rojos, verdes, azules o amarillos. Después se muestran los jardines internacionales y la forma en la que las plantas originarias del nuevo mundo conviven en los tradicionales paisajes europeos. Los artistas construyen sus propios espacios verdes, como el alemán Max Lieberman o el español Joaquín Sorolla. La exposición incluye apartados dedicados a los bellísimos libros de botánica que conocieron y manejaron muchos de estos artistas. En numerosas vitrinas se da cuenta del origen de los volúmenes, quienes fueron sus propietarios y parte de la correspondencia que los artistas mantuvieron entre sí sobre el cuidado de las plantas. En uno de estos documentos se detalla el sistema de riego de Monet consiguió crear para sus jardines.


Cuadros de Mir, Sorolla y Rusiñol

Los paisajistas españoles tienen un importante espacio es la exposición londinense. Joaquín Sorolla (Valencia, 1863- Cercedilla, Madrid, 1923) está representado con una decena de obras prestadas por su casa museo madrileño y por la Hispanic Society de Nueva York. Son vistas de la naturaleza que contempló y plasmó en Marruecos, Sevilla, Valencia y Barcelona. Cipreses, rosales, chopos y geranios dan cuenta de un concepto del paisaje en el que la figura humana es secundaria o ni aparece.

Joaquín Mir (Barcelona 1873-1940) escribió que Santiago Rusiñol (Barcelona, 1861-Aranjuez, 1931) era el poeta que mejor hablaba con los colores. Ambos artistas y amigos comparten espacio en el apartado destinado a los Jardines del silencio, obras en las que la figura no aparece por ninguna parte. Los ocho lienzos de Rusiñol son paisajes llenos de melancolía realizados en Granada, Aranjuez y la isla de Mallorca.


http://cultura.elpais.com
 




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Mensaje Re: CLAUDE MONET 
 
Monet en primera persona

Un documental retrata al pintor impresionista a través de sus más de 3.000 cartas personales



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'Catedral de Rouen', una de las vistas realizada por Monet.

"Solo pienso en mis catedrales. Empiezo a trabajar a las siete de la mañana y no me siento hasta las seis de la tarde. Lo he dejado todo, a ti, a mi jardín... Cada día descubro algún aspecto nuevo. La luz está cambiando drásticamente, es más blanquecina, el sol está más alto. Estoy exhausto. He tenido pesadillas: la catedral se derrumbaba encima de mí, parecía de color azul, o rosa, o amarillo", le escribía Claude Monet a su segunda esposa, Alice Hoschedé, en febrero de 1892. Este es solo un fragmento de las 3.000 cartas que se conservan del pintor impresionista, a partir de las cuales Phil Grabsky ha realizado el documental Yo, Claude Monet, que se estrena hoy, jueves.

En esa carta enviada desde Rouen mientras pintaba la serie de las catedrales de esta ciudad plasma lo que define al Monet persona (París, 1840- Giverny, 1926) y al Monet artista (inmortal): la obsesión por su trabajo, el amor a sus dos esposas y la persecución de la luz. Constantes en su correspondencia junto con la petición de dinero a su marchante y a amigos como Manet.

Las salas de los más de cuarenta cines en los que se proyecta en España se convertirán en una suerte de sala de museo. Un ficticio museo Monet, en el que se irán sucediendo sus pinturas en la gran pantalla —como si toda la obra tuviera el gran tamaño de los nenúfares de su último periodo en Giverny, paneles que hoy están en el Museo de la Orangerie de París—, salpicadas con fotografías del pintor y su familia que, junto con la narración en primera persona, trasladan al espectador a la Francia de mediados del siglo XIX y principios del XX.

Casi todo el mundo tiene algo de voyeur y al placer de curiosear cómo era la casa de Giverny, en la que el pintor vivió la mitad de su vida, con el decimonónico horror vacui que le llevaba a colgar multitud de cuadros en las paredes, se añade la información que aporta la correspondencia. "Nací rebelde, desde muy pequeño me costaba acatar las normas", escribe en la primera epístola, solo un prólogo del padre del impresionismo, el que lo hizo amanecer, una ruptura definitiva con la academicista manera de pintar.

Leer —en este caso, escuchar— las cartas de alguien siempre nos acerca a esa persona. Es una intromisión en su intimidad que, en este caso, sirve para conocer a Manet más allá de lo que la historia del arte ha contado. Es lo que él cuenta de sí mismo a sus más allegados y no lo que quería mostrar en público. Se descubre obsesivo, ansioso por trabajar y llegar lejos: "Todo aquel que afirme que ha terminado un cuadro es tremendamente arrogante. Terminar algo significa que está completo, que es perfecto". En octubre de 1885 le escribe a su esposa: "Querida Alice, Étretat [localidad francesa] es asombroso. Me irrita mi incapacidad de plasmar todo mejor, tendría que usar ambas manos y pintar cientos de lienzos...". Quince años más tarde dice desde Londres: "El Támesis era puro oro. He empezado a pintar como un loco, cada una de las maravillas de este día duraba menos de cinco minutos, era como volverse loco".

Son varios los motivos por los que Monet deja de pintar: la falta de dinero y la muerte de sus esposas. En 1878, mientras cuida a su primera mujer, Camille, que está en cama, se muestra "aterrorizado" con la idea de que pueda morir. Meses más tarde, tras el fallecimiento de esta, le cuenta a Pissarro que está desbordado, que no sabe cómo organizar su vida con sus dos hijos. Los problemas económicos le llevan a estar tiempo sin pintar por no tener dinero para "comprar colores". Y no solo al principio de su carrera, incluso después de la primera exposición  impresionista, en 1874, la situación se repite. "La indiferencia del público me afecta profundamente. Cuando la prensa nos vilipendiaba podíamos consolarnos pensando que eso demostraba nuestra valía; de no haber sido así, nadie se habría molestado en atacarnos", le escribió a Paul Durand-Ruel, su marchante, en 1883.
 

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El Parlamento de Londres al atardecer (1903), de Monet.

El tercer motivo para no pasarse el día pintando era el jardín de su casa de Giverny, otra de sus obsesiones, que al final revertirá en su pintura, ya que lo representa decenas de veces. Ni sus cataratas y otros problemas de visión que sufre al final de su vida le impiden seguir trabajando. La   Primera Guerra Mundial, que estalla cuando Monet tiene 74 años, tampoco le frena: "Verano 1914. Ha cundido el pánico por la guerra. Si esos salvajes insisten en matarme tendrían que hacerlo entre mis cuadros, junto con la obra de mi vida".

Los destinatarios de las cartas al final de su vida cambian. Algunos a los que escribía en otros momentos pasan a ser tristes protagonistas de sus epístolas: "He tenido que venir a París para el entierro de Degas", redacta en octubre de 1917. Dos años más tarde repetirá un argumento parecido: "Dolorosa pérdida de Renoir, con él se va parte de mi vida. Las batallas y el entusiasmo de juventud. Es muy duro, soy el último superviviente del grupo". Su pincelada se va apagando rodeado de su jardín y lejos de las alabanzas que por fin le profesaban: "He hecho lo que he podido como pintor. No quiero que se me compare con los grandes maestros del pasado".


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Mensaje Re: CLAUDE MONET 
 
El exilio del impresionismo

Una muestra en la Tate Modern reúne las obras que maestros como Monet o Pisarro realizaron en su estancia en Gran Bretaña



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Uno de los cuadros de la serie 'Londres, el Parlamento', de Monet, que se exponen en la Tate. TATE MODERN
 
Las casas del Parlamento de Westminster, imponente sede del poder en el Reino Unido, deben su imagen probablemente más famosa a la visión de un extranjero con pasaporte francés. Claude Monet convirtió ese palacio a orillas del río Támesis en un obsesivo y multicolor objeto artístico que encabeza una exposición de la Tate Britain londinense dedicada a los trabajos de un grupo de artistas galos exiliados temporalmente en la capital británica. Hoy reconocemos en sus nombres como integrantes del movimiento impresionista precursores del arte moderno.

“Cualquiera pensaría que nunca ha habido pintores en París”, escribió el crítico de arte Théodore Duret en 1871, a raíz de la huida masiva de miles de nacionales, entre ellos muchos artistas, de los estragos de la guerra franco-prusiana que había arrancado un año antes. En aquella época ninguno tuvo que afrontar las restricciones que hoy en día se temen tantos ciudadanos europeos en la era del Brexit: todos fueron acogidos sin más por los prósperos británicos, dispuestos a abrazar las influencias externas que sumaban enteros. En su desembarco buscaron el amparo de las redes establecidas por otros expatriados, al tiempo que comenzaban a tantear un paisaje urbano y social muy distinto del propio y acabaron explorándolo en una variedad de trabajos.

Un centenar de obras conforma el relato que la Tate Britain traza sobre esos artistas refugiados bajo el título Impresionistas en Londres, hasta el 7 de mayo de 2018. De la fijación de Camille Pissarro por el perfil rural de los suburbios de la capital o el trazado urbanístico de casitas pareadas a los cuadros en los que James Jacques Joseph Tissot retrata los juegos sociales de las clases británicas más pudiente, pasando por la fascinación común del mismo Pissarro, de Alfred Sisley y sobre todo de Monet por lo que acontecía en la ribera del Támesis y su envoltura nebulosa.


Los deportes

La muestra pone el acento en la originalidad con la que los impresionistas y sus colegas ejecutaron las representaciones de Londres, eligiendo unas temáticas que los artistas victorianos consideraban demasiado prosaicas. El entusiasmo de los recién llegados franceses por los deportes británicos se refleja en escenas de partidas de críquet, en regatas y eventos del mundo del remo donde las costumbres y códigos dejan muy clara además la división de clases.
Los inmensos parques londinenses son otro sujeto recurrente de esas pinturas como espacios sociales de interacción y libertad, en contraste con sus más pequeñas y restrictivas réplicas francesas (en muchas plazas de París estaba prohibido pisar el césped).


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'Baile a bordo' (1874), de Tissot, uan de las obras expuestas en la muestra. TATE MODERN


Eludir el frente

La mayoría de esos autores se llevaron sus pinceles a la capital británica en calidad de exiliados de las miserias de la guerra, para eludir ser reclutados frente al poderoso ejército prusiano o en la categoría tan actual de emigrantes económicos. Monet no tenía un duro cuando recaló en una modesta pensión londinense con su mujer, retratada en 1871, con pose melancólica, en uno de los cuadros que exhibe la Tate. Mecenas como el cantante de ópera y coleccionista Jean-Baptiste Faure o el marchante Paul Durand-Ruel (considerado el padrino de los impresionistas, de los que compró y vendió millares de cuadros) auspiciaron y financiaron sus trabajos. En palabras de Monet, “Durand-Ruel nos salvó a todos”.

Lejos de la luz que tanto inspiró a los impresionistas en su Francia natal, Claude Monet se dejó seducir en su corto exilio por la perenne niebla londinense de entonces y los efectos atmosféricos en el Támesis. Muchos años más tarde, el casi sexagenario y ya reconocido artista, quiso regresar de nuevo a esas “impresiones del pasado”.

Durante tres inviernos consecutivos (1899-1901) se instaló en el hotel Savoy para consagrarse a un recorrido por aquel río a través de una serie de lienzos en los que trabajó simultáneamente, y entre los que sobresale la colección centrada en las casas del Parlamento de Westminster. El despliegue de la Tate Britain ha conseguido reunir seis de los cuadros de ese grupo, hoy dispersos por Estados Unidos, Francia y Alemania, en el que es el punto más fuerte de la exposición. Su autor eligió para concluirlos el año 1904 en que Gran Bretaña y Francia firmaban el fin de sus escaramuzas y conflictos con la Entente Cordiale. Todo un simbolismo.

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Mensaje Re: CLAUDE MONET 
 
Londres celebra a Monet como el artista que intentó pintar el aire

La dedica una exposición histórica a la relación del impresionista con la arquitectura. La muestra reúne gran cantidad de piezas de colecciones privadas



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Una mujer observa los cuadros de la catedral de Rouen de Monet, ayer en la National Gallery de Londres. / WILL OLIVER - EFE

Durante los primeros balbuceos de la revolución impresionista por él abanderada, pudo ser considerado como un lunático por los críticos parisienses. Pero a su muerte, el 5 de diciembre de 1926 en su jardín de Giverny, Claude Monet era ya el artista más venerado por los franceses y un verdadero campeón del naciente mercado.

Nada parece haber cambiado mucho desde entonces. El interés del coleccionismo por aquel grupo de pintores prodigiosos permanece intacto y su obra se revisa anualmente en centenares de exposiciones por todo el mundo. También el año pasado, cuando tres muestras impresionistas ocuparon los primeros lugares entre las más visitadas según The Art Newspaper. Y entre tanta hipérbole, Monet merece un lugar especial; la última antológica a él consagrada en Londres se celebró en la Royal Academy hace dos décadas y sumó 813.000 visitantes. Esa ciudad acoge esta vez otra exposición que promete marcar época al investigar la importancia de la arquitectura en su obra. Es en la National Gallery y se podrá ver del 9 de abril hasta el 29 de julio.

En la fachada del edificio de Trafalgar Square, las banderolas exhiben, en un extraño día soleado, fragmentos del Gran Canal pintado por Monet en 1908, una de las 75 obras incluida en la exposición. Gabriele Finaldi, director del museo, se mostraba ayer, durante la presentación a la prensa, convencido de la importancia de esta muestra de uno de los artistas más admirados por los ingleses. “Los jardines, los campos o, como ahora vemos, los edificios, son un pretexto para su obsesión por experimentar”, explica Finaldi, que aclara que la mayor dificultad para organizar esta exposición ha sido localizar las obras que se encuentran en colecciones privadas. “Empezamos hace tres años, al poco de dejar de ser director adjunto del Prado”, explica Finaldi, “y una vez localizadas estas, todo ha sido fácil porque a los coleccionistas les gusta colaborar con este museo”.

Richard Thomson, catedrático de la Universidad de Edimburgo y uno de los mayores expertos mundiales en Monet, coincide con Finaldi en considerar que la gran aspiración del artista fue una tan sublime como atrapar el aire. Así lo atestiguan unas palabras recogidas en una entrevista publicada en 1895: “Otros pintores pintan un puente, una casa, un barco... Yo quiero pintar el aire que envuelve el puente, la casa, el barco; la belleza de la luz en la que se encuentran”.

Y a eso también se enfoca el montaje. Concebido para ensalzar la locura del color de la paleta del artista y mostrar una sociedad en rápido proceso de cambio a través de sus edificios, el recorrido está dividido en tres grandes áreas —La aldea y lo pintoresco, La ciudad y lo moderno y El monumento y lo misterioso— y enmarcado entre sus inicios a mediados de la década de 1860 y 1912, año en que expone sus series dedicadas a la ciudad de Venecia.

Al primer golpe de vista, la poderosa asociación de Monet con la naturaleza parece emborronar la apreciación de las formas arquitectónicas que protagonizan estos cuadros. Pero en la contemplación más detenida se observa que la arquitectura suplanta los campos para mostrar la admiración que el artista siente por las transformaciones radicales de la ciudad entre finales del XIX y comienzos del XX. El comisario señala cómo el artista plasma su admiración por la grandeza de un monumento histórico (San Giorgio Maggiore, 1908), su disfrute ante la vitalidad de las calles abarrotadas de una ciudad (El Pont Neuf, 1871) o la soledad de un chamizo en un acantilado (La cabaña del aduanero, 1888).

Una de las novedades que más impactan al entonces joven Monet son los ferrocarriles. Ejemplo de ello es La estación de Saint-Lazare (1877), uno de los cuadros esenciales de la colección permanente de la National Gallery que se incluye en la exposición. Ubicada junto al domicilio parisino de Monet (siempre pintaba lugares próximos a su vivienda, señala Finaldi) y realizada en puro acero y vidrio, para el artista simbolizaba el mejor ejemplo del progreso de la Belle Époque. En las 12 versiones que realiza a diferentes horas del día, recoge el movimiento de los viajeros con el mismo interés con el que plasma el trabajo de las máquinas, el vapor de los trenes y la transformación de la arquitectura iluminada por el sol.


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Cuadro 'Street in Sainte-Adresse' de Claude Monet (1867).


Desde Saint-Lazare

Partiendo metafóricamente de la estación parisina de Saint-Lazare, la cita londinense presta especial atención a las series de Monet. Hay cinco cuadros de escenas holandesas de los viajes que efectuó a principios de la década de 1870, 10 pinturas de Argenteuil y los barrios de París de mediados de 1870, siete representaciones de la catedral de Ruan ejecutadas entre 1892 y 1895, ocho óleos de Londres pintados entre 1899 y 1904, y nueve lienzos con paisajes de Venecia realizados en 1908, situados en la última sala de la exposición.

Monet inició el conjunto a Londres en el otoño de 1899 durante un viaje emprendido con su esposa para visitar a su hijo Michel. Allí se dedicó a plasmar desde diferentes ángulos y a distintas horas la espesa niebla que envuelve al parlamento británico visto desde el Támesis. A lo largo de otras dos estancias posteriores, llega a pintar hasta 37 veces el mismo paisaje arquitectónico hasta conseguir la casi total disolución de las formas del edificio. La exposición de estos cuadros en la galería de su marchante Durand-Ruel en París, en 1904 supuso su primer gran éxito ante los coleccionistas y ante una crítica que hasta entonces le había considerado un lunático.

Y el resto es historia de la inagotable fascinación del público por el genio impresionista.

El arte no entiende de Brexit

A la vista de la siempre interesante oferta de exposiciones en Londres, vibrante también estos días, puede concluirse sin temor a la equivocación que los museos de la ciudad han decidido ignorar las marejadas geopolíticas derivadas del Brexit. Ninguna de las instituciones emblemáticas parece decidida a dar la espalda a Europa.

Además de la espectacular exposición que la National Gallery dedica a Monet, la Tate Britain brinda su muestra de primavera a los impresionistas que huyeron a Gran Bretaña a causa de la guerra: Impresionistas en Londres. Artistas franceses en el exilio (1870-1904).

En la Tate Modern, donde se acaba de despedir la obra del italiano Amedeo Modigliani, la estrella de la temporada es Pablo Picasso con 1932. Amor, fama, tragedia, muestra que llegó procedente de París.

Por último, en la misma National Gallery hasta el 21 de mayo se puede ver una pequeña exposición, de esas que llaman de gabinete, en la que por vez primera se confrontan los dos únicos autorretratos conocidos de Bartolomé Esteban Murillo. La ocasión llega con el 400º aniversario del pintor.

elpais.com
 




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Mensaje Re: CLAUDE MONET 
 
La subasta de los tesoros de los Rockefeller entusiasma a los coleccionistas

'Joven con una cesta de flores' de Picasso se vende por 115 millones en una subasta en la que Matisse y Monet batieron marcas



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Empleados de Christie´s ajustando el lienzo de Monet. / TOLGA AKMEN - EFE

Mucho antes que Bill Gates, Jeff Bezos y Ken Griffin estuvo David Rockefeller. Empezó a construir su colección de arte en los años 1950 y 1960, junto a su esposa Peggy. Entonces no había tantas grandes fortunas compitiendo por las obras más preciadas. El magnate decidió antes de morir subastarla entera para destinar el dinero a caridad. Emergieron así lienzos como Fillette a la coberbeille fleurie de Pablo Picasso, vendida este martes por 115 millones de dólares (97 millones de euros) en un noche en la que se recaudaron 645 millones en dos horas.


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Empleados de Christie´s ajustando el lienzo de Picasso. / TOLGA AKMEN - EFE

Las subastas de primavera en Nueva York arrancan con fuerza seis meses después de que el Salvator Mundi de Leonardo da Vinci destrozara todos los récords. Christie´s parte la temporada esta vez en dos semanas. La primera está dedicada entera a los tesoros que David y Peggy Rockefeller acumularon durante su matrimonio, en la que está considerada como la mayor colección privada que sale a subasta en la historia del arte.

Marc Porter, presidente de Christie´s para las Américas, explica que les llevó un año preparar la subasta. El lienzo de la joven desnuda sosteniendo una cesta de flores era la pieza más valiosa de las más de 2.000 que integra la colección. Picasso lo pintó cuando tenía 23 años. David Rockefeller lo adquirió a la hermana de Leo Stein. Su valor antes de empezar la puja se estimaba en 70 millones. La subasta arrancó en 90 millones. El martillo cayó dos minutos después en 102 millones, cantidad a la que se sumó la comisión.


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Obra de Henri Matisse / AP

La profusión de arte que llenó sus seis mansiones no tiene igual. Como indica Porter, tenía un gran conocimiento del mercado y fue tan astuto como su padre al invertir. Le ayudó haber presidido gran parte de su vida el consejo del Museo de Arte Moderno (MoMA). Eso le dio acceso a las obras más preciadas que salían a la venta. Su madre, Abby Aldrich, fue una de las creadoras de la institución.

El magnate adquirió así Odalisque couchée aux magnolia de Henri Matisse. Se vendió por 80,75 millones, superando el anterior récord del artista con Les coucous, tapis bleu et rose. Los Rockfeller fueron uno de los grandes promotores del arte moderno y de los primeros en entrar en ese mercado. Le gustaban los colores intensos. Ayudaron a entender el nuevo canon de artistas como Cézanne, Braque, van Gogh o Gauguin.

Quedan pocas obras de esta categoría y con tanto gusto en manos de coleccionistas privados como el Nympheas en fleur de Claude Monet, subastado por 84,68 millones y con el que el artista marca también un nuevo récord. Son obras que los coleccionistas llevan décadas siguiendo.


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Claude Monet’s ‘Nymphéas en fleur’


Precios asequibles

En total se van a subastar medio millar de pinturas hasta el viernes y algunas de ellas se ofrecen a precios asequibles, cuando se comparan con las obras maestras. Pomme, de Pablo Picasso, abrió la noche con 3,97 millones. De ahí escaló a 31,81 millones con La table de musicien de Juan Gris y 35,18 millones para La Vague de Paul Gauguin. La noche siguió con La rade de Grandcamp de Georges Seurat (34 millones), Fleurs dans un vase de Paul Gauguin (19,4 millones) y Exterieur de la gare Saint-Lazare, effet de soleil de Claude Monet (32,9 millones), junto a Mural I, Mural II y Mural III de Joan Miró (20 millones).


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Joan Miro (1893-1983) Mural I, Mural II, Mural III

Tras este primer lote en el que se subastaron 44 obras, la colección de David y Peggy Rockefeller bate sin dificultad los 484 millones recaudados hace nueve años con la de Yves Saint Laurent y Pierre Bergé. Durante las semanas previas se especuló con que la venta podría acercarse a los 1.000 millones cuando caiga definitivamente el martillo el viernes. La familia repartirá el dinero entre el MoMA, la Asociación de las Américas y otras organizaciones sin ánimo de lucro.

El nieto de John Rockfeller falleció hace un año, a los 101 años. Su familia era lo más cerca que se puede encontrar a la nobleza en un país sin reyes. Eso hizo que el valor de los artículos más pequeños que se subastaron por Internet se dispararan. “Esta atracción no es tanto porque fuera una celebridad”, explica Porter, “sino porque era un gran coleccionista, desde la pinturas más caras a las piezas decorativas más simples”.

“Compraban arte porque les atraía no por el retorno de la inversión”, apunta el presidente de Christie´s para las Américas. La colección incluye muebles antiguos de estilo inglés, piezas de cerámica, porcelanas, alfombras persas, figuras africanas y otras reliquias. Ni los organizadores eran capaces de estimar el dinero que iba a generar los objetos de menor valor. Un pinza de oro para billetes partía a un precio de 800 dólares, tras 50 ofertas superó los 26.000 dólares (22.000 dólares).
 
“El amor por el arte y las cosas bellas eran el centro de la casa”, dice su hijo David, que espera que los nuevos dueños le dejen poder alguna vez visitar los cuadros con los que se crió durante la niñez. Unas 50.000 personas visitaron la muestra previa durante la gira antes de llegar a Nueva York. El objetivo mínimo de 500 millones que se daba para toda la subasta se superó rápido. Las joyas de su mujer se ofrecerán en junio.


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David Rockefeller y su esposa. / Peggy - AP


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