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REMBRANDT
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Mensaje Re: REMBRANDT 
 
Gracias J.Luis por compartirlo  
 




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Mensaje Re: REMBRANDT 
 
347 años después de su muerte


Una inteligencia artificial pinta un 'rembrandt'

Una galería de Ámsterdam exhibe la obra, creada por un 'software' tras el análisis de 326 obras del artista más importante de los Países Bajos

Los críticos de arte no se dejan impresionar; creen que no tiene "personalidad"




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El proyecto 'The Next Rembrandt' o cómo una inteligencia artificial puede pintar un 'rembrandt'.

"¿Qué será lo siguiente?", se pregunta la voz en off del vídeo 'The Next Rembrandt', que explica un innovador proyecto auspiciado por ING, Microsoft, la Universidad Técnica de Delft y los museos Mauritshuis y Rembrandthuis, por el cual un 'software' y una impresora 3D han 'pintado' -sí, tal cual- un 'rembrandt', una imitación casi perfecta del artista barroco más importante de los Países Bajos.

Cada vez más cerca de lo que nos contaban en 'Blade Runner', 'A.I.', 'Yo, Robot', 'Matrix' o 'Ex machina', un algoritmo de reconocimiento facial combinado con 'software' de aprendizaje ha rastreado 168.263 fragmentos de 346 pinturas del autor de 'La lección de anatomía del doctor Nicolaes Tulp'. Los datos extraídos los ha volcado una impresora 3D y el resultado se exhibe desde la semana pasada en la galería Looiersgracht 60 de Ámsterdam.

 Ron Augustus: "Usamos la tecnología de la misma manera que Rembrandt usó sus pinturas y pinceles para crear algo nuevo"


TOCAR EL ALMA

Ron Augustus, ejecutivo de Microsoft, asegura que con este proyecto han podido "tocar el alma humana". "Usamos la tecnología y los datos de la misma manera que Rembrandt usó sus pinturas y pinceles para crear algo nuevo".
  
Según el estudio estadístico pormenorizado que se ha llevado a cabo durante año y medio, la obra artificial debía ser el retrato de un hombre de raza blanca entre 30 y 40 años, con barba, camisa blanca, sombrero y con el rostro ligeramente ladeado a la derecha. La verosimilitud se logró con una impresión del cuadro con más de 149 millones de píxeles y varias capas para imitar la pintura al óleo.

Esto es, darle la textura de una pintura de más de 350 años. Para ello, los investigadores tuvieron que hacer un estudio tridimensional de todas las obras del artista. Así estimaron la altura ¡en milímetros! de los brochazos del genial pintor. Una tinta especial para impresión 3D hizo el resto.

¿FALTO DE PERSONALIDAD?

Pero, ¿qué opinan los expertos de que la máquina se aproxime tanto a la genialidad humana? La agencia de publicidad del proyecto J Walter Thompson, detrás del proyecto, asegura que detrás de esta creación solo está abrir el debate entre arte y algoritmos. "Solo Rembrandt podría crear un 'rembrandt'", se excusan los miembros del equipo.

Un crítico de 'The New Yorker', Peter Schjeldahl, ha llegado a decir que el 'nuevo Rembrandt' falla tras "una segunda mirada y choca tras una tercera". A su entender el personaje "carece completamente de la personalidad que nunca eludió Rembrandt. Es un actor, actuando". Para él solo es la imitación de un admirador.

¿Será ese el siguiente paso por dar de la inteligencia artificial?


elperiodico.com



 

No creo que un robot sea capaz nunca de crear arte. El sentimiento y percepción del artista es irremplazable.
 




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Mensaje Re: REMBRANDT 
 
El hombre que durmió con ‘La ronda nocturna’ de Rembrandt

Un profesor de arte y creador ganó una noche a solas frente al cuadro por ser el visitante 10 millones del Rijksmuseum de Ámsterdam



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Stefan Kasper, en la cama frente a 'La ronda de noche', de Rembrandt. / Rijksmuseum

Stefan Kasper, de 33 años, artista y profesor de dibujo de secundaria, guardaba cola con sus alumnos el jueves para acceder al Rijksmuseum, de Ámsterdam, cuando empezó a sonar la música. “Nos preguntamos: '¿qué sucede?'. Y de repente, todo el mundo se vuelve hacia mí y me felicita: era el visitante 10 millones. No me lo creía”, dice, emocionado aún. Porque no recibió un trofeo o un ramo de flores al uso. El premio fue pasar una noche en la pinacoteca durmiendo —es un decir— frente a La ronda de noche, el famoso cuadro de Rembrandt. “Todo fue muy rápido y todo el mundo muy amable. Luego ya no me dejaron salir”. La dirección se encargó de que los estudiantes regresaran a casa sin problemas, y vio cómo le ponían una cama, con su mesilla y una botella de… champán en la planta noble. “Una noche inolvidable”, admite.
 
También ha sido una velada excepcional. Es la primera vez que alguien pernocta en el museo, construido entre 1876 y 1885, y solo él puede contar que estuvo a solas con Rembrandt. Y con Vermeer y el resto de las firmas señeras del Siglo de Oro, que abarrotan la segunda planta del museo. Un lugar diseñado en su momento por el arquitecto holandés Pierre Cuypers con una mezcla de estilos gótico y renacimiento, que dibujó el ala dedicada al Siglo de Oro como una especie de altar mayor, vidriera incluida. “Imagínese, todo eso para mí. Todo parecía cobrar vida, al menos en mi cabeza. No quería dormir, y al mismo tiempo deseaba hacerlo, para disfrutar del cuadro fresco y despejado”, aseguraba ayer, minutos antes de reencontrarse con sus alumnos del Montessori College de Aerdenhout, localidad cercana a Haarlem.
 
“Por unos momentos, supongo que seré su héroe. Pero le aseguro que no puedo quitarme de la cabeza el lienzo. Los detalles que he visto, pensando que lo conocía de memoria. Como un tipo con una espada junto a la pareja protagonista [el capitán Banninck Cocq y el teniente Van Ruytenburgh]. Todo encaja, como en una escenografía. Y es como si lo hubiera pintado hoy”, dice Kasper. Aunque el servicio de vigilancia del museo no duerme, hacia las 11 de la noche le dejaron a solas con Rembrandt. Al final, apenas ha descansado un par de horas: “Mi teléfono empezó a sonar muy temprano”.

“Si lo piensa, parece hecho a medida: un profesor de dibujo que además es artista, y viene con su clase. Pero no es tan fácil de organizar. Habíamos hecho campaña en las redes sociales y teníamos una cierta idea de cuándo llegaríamos al visitante 10 millones”, señala Taco Dibbits, director del Rijksmuseum. Además, quiere animar a la gente “a mirar el mundo de otro modo y contribuir al diálogo sobre temas que siguen siendo relevantes hoy, como la esclavitud”.

Kasper consiguió echar una cabezada hacia las tres de la madrugada, después de haber disfrutado de una cena servida por el chef Joris Bijdendijk, galardonado con una estrella Michelin y responsable del restaurante del museo.elpais.com


elpais.com
 




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Mensaje Re: REMBRANDT 
 
Rembrandt vuelve a casa

El Hermitage ruso cede a la sucursal holandesa 63 cuadros del Siglo de Oro holandés, entre ellos seis del maestro, para una antológica



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Dos comisarios de la muestra en Ámsterdam analizan el retrato de Rembrandt en el que retrató en 1634 a su esposa como la diosa Flora. / Lex Van Lieshout - AFP

Rembrandt pintó en 1634 a su esposa, Saskia, vestida como la diosa Flora: larga cabellera sobre los hombros, guirnalda en la cabeza, ropajes de seda y mirándole a él. La mayoría de los retratos del maestro holandés del Siglo de Oro observan al espectador, pero la pareja estaba recién casada y hay en los ojos de ella una mezcla de ilusión y curiosidad que delata la felicidad marital. Un destello que Catalina la Grande de Rusia (1729-1796) añadió a su valiosa colección de arte. Junto con otros 62 lienzos (cinco más del propio Rembrandt) Flora cuelga ahora en el Hermitage de Ámsterdam, la sucursal de la famosa sala de San Petersburgo que la emperatriz, y su antecesor, Pedro el Grande, llenaron con la mayor paleta de pintores holandeses fuera de su tierra. Nada menos que 1.500 telas.

Maestros holandeses del Hermitage: los tesoros de los zares es el título -tal vez el único posible- de una muestra que reúne por primera vez en 350 años las 63 obras en su tierra de origen. Desde Pedro el Grande (1672-1725), que compró su primer rembrandt a los 25 años, los zares gustaban de las escenas festivas o de recogimiento doméstico, la filigrana geométrica de los interiores de iglesia, y desde luego de los retratos y la recreación bíblica pictórica de los holandeses. El cénit llegó con el afán coleccionista de Catalina, que adquirió en 1764, en Berlín, la colección del marchante prusiano Johann Gotzkowsky, y ya no paró. “Enviaba a sus emisarios, todos con grandes conocimientos, por Europa, y se llevaban remesas enteras. Gastó muchísimo dinero en crear una enorme galería de arte, pero sabía lo que buscaba. Era una monarca ilustrada, y en el actual Hermitage ruso, entonces su parte de su palacio, mostraba a los pintores e intelectuales rusos las tendencias y modo de vida del resto de Europa. Quería favorecer y animar las artes en su país, y lo consiguió”, dice Marlies Kleiterp, conservadora jefe del Hermitage de Ámsterdam.

Catalina se hizo con Mujer joven probando pendientes (1656), casi una miniatura, donde Rembrandt consigue “distintos brillos en las joyas que no sabes de dónde provienen”, según Kleiterp. La pieza abre la exposición y apenas prepara para el festival del artista en la sala principal: Anciano en rojo (1654), Retrato de un hombre (1661) o Retrato de un erudito (1631) están rodeados de alumnos y contemporáneos del maestro. Hay piezas curiosas, como un trío de bañistas desnudos, pintados en 1660 por Gerard Dou, que Catalina la Grande, conocida también por sus amoríos, tenía en sus aposentos. El bodegón Desayuno con un cangrejo (1648) de Willem Claesz, merece una pared para él solo. Y hay aves exóticas, como el óleo Pájaros en el parque (1680), de Melchior Hondecoeter, que “mostraban la riqueza del Siglo de Oro holandés y hemos colgado junto a su pareja”, dice la conservadora. Uno acabó en Rusia. El otro está en el Rijksmuseum, de Ámsterdam. Hay de todo en abundancia, pero falta alguien: Johannes Vermeer.

Es una de las carencias señaladas del Hermitage ruso. En la sucursal holandesa sugieren que tal vez alguna de sus obras descanse en el fondo del Báltico. Allí, frente a la costa finlandesa, se hundió Doña María, el mercante holandés que en 1771 llevaba otro cargamento de cuadros para la zarina. Quién sabe. A estas alturas, todo son sonrisas en ambos países. En Rusia, porque como dice Michail Piotriovsky, director en San Petersburgo, “hablamos de nuestros maestros holandeses”. En Holanda, porque “han vuelto a casa”. Para evitar corazones partidos, lo mejor es admirar el Retrato de un hombre (1650), de Frans Hals, que según los especialistas, “presenta hasta cuarenta sombras de negro” en su vestimenta.


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Mensaje Re: REMBRANDT 
 
Cuando Rembrandt hacía fotos a mano

El Museo Lázaro Galdiano expone una muestra de grabados del artista holandés del siglo XVII



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Una visitante en 'Rembrandt, Obra gráfica', muestra del Museo Lázara Galdiano. / Inma Flores

Aunque el arte por el que hoy más se conoce a Rembrandt es la pintura, fue el grabado el que le propició la fama en el siglo XVII y en los venideros. El Museo Lázaro Galdiano exhibe, desde ayer y hasta el próximo junio, Rembrandt. Obra gráfica, una colección de más de 30 estampas inéditas del artista que permiten ver su evolución en esta técnica y comprobar por qué está considerado uno de los mejores grabadores de la historia.

Rembrandt van Rijn se erigió como maestro del barroco gracias en parte a sus más de 300 láminas. En ellas pasa de la minuciosa construcción del dibujo, con cientos de líneas definidas, al dominio total de la composición a través de solo luces y sombras. Carmen Espinosa, comisaria de la muestra, explica que esto “sorprende a los grabadores de su época porque consigue transformar las técnicas habituales”. Este desarrollo del dominio de la luz queda patente en la colección y puede verse culminado en piezas como La oración del rey David (1652), donde el conjunto de la estampa se confecciona con manchas. “Si nos fijamos bien, la figura no tiene ni ojos ni boca”, enfatiza Espinosa.

No solo con la técnica sorprendió el neerlandés, también con la temática. Mientras el resto de Europa se dedicaba a las escenas religiosas y mitológicas, él fue más allá. Como expone la comisaria, “el retrato en grabado no era muy habitual y él era un genio; a la gente le gustaba verse en un tipo de retrato que es manejable y se puede hacer ediciones, como una especia de fotografía”. Rembrandt volvía una y otra vez sobre todos sus grabados, bien para mejorar la obra, bien para actualizarla y seguir vendiendo las nuevas estampas, lo que incentivaba que los compradores se convirtiesen en coleccionistas. El pequeño formato de estos trabajos permitía además que circularan con mucha facilidad.

Aun cuando encara temáticas religiosas, el artista las trata de manera novedosa, representando a los personajes en momentos poco habituales por ser de una gran cotidianeidad en sus poses y caracterizaciones. Para ello emplea también elementos inusuales en estas escenas, como en El buen samaritano (1633), donde se ve a un perro en primer plano. También actualiza la composición, como en El ángel alejándose de Tobías (1641), donde las plantas de los pies de un ángel salen volando por una esquina del grabado.

El coleccionista Lázaro Galdiano recopiló estas estampas probablemente en París, pues apenas se conoce obra de Rembrandt en España. A Francia llegaron después de que el artista vendiera su taller de estampación para solventar sus problemas económicos. Rembrandt acumuló una gran cantidad de dinero con la venta de obras propias y ajenas, pero también sufrió la bancarrota.

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Mensaje Re: REMBRANDT 
 
El Hermitage de Ámsterdam presenta un cuadro desconocido de Rembrandt

'Retrato de un joven caballero' fue descubierto en una subasta por un historiador del arte que pagó 156.000 euros



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'Retrato de un joven caballero', obra desconocida de Rembrandt. / René Gerritsen

Retrato de un joven caballero es el título de un cuadro desconocido de Rembrandt, ejecutado hacia 1634 y presentado en sociedad este martes, en Holanda. Durante seis generaciones, formó parte de la colección particular de una familia noble inglesa. Hace año y medio, salió a subasta en la casa Christie's, de Londres, y llamó la atención del holandés Jan Six, marchante e historiador del arte, que lo compró por 156.000 euros. No lleva firma ni fecha, pero Six ha hecho las investigaciones oportunas y está seguro de que es auténtico. Le avala Ernst van de Wetering, el mayor experto mundial en la obra del maestro del Siglo de Oro. El museo Hermitage lo exhibirá al público, a partir de hoy miércoles y durante un mes, en sus dependencias de Ámsterdam.

Six es descendiente directo de su homónimo, Jan Six, antiguo alcalde de Ámsterdam en 1691 y amigo de Rembrandt. Uno de los retratos más famosos del pintor, lo inmortalizó en 1654, con capa roja, sobrero, guantes y media melena pelirroja. En el caso del nuevo óleo, el joven Six actual lo fecha hacia 1634 en función del tipo del amplio y elaborado cuello de encaje lucido por el modelo. En su opinión, el ropaje oscuro era típico de un hombre casado, y ambas piezas siguen la moda francesa, pero perdieron fuelle a partir de 1634. También le parece que un óleo de estas características, de 94,5 x 73,5 centímetros, no pudo ser pintado por los alumnos. A pesar de que cuando lo vio, el catálogo de la subasta indicaba “círculo de Rembrandt”, algo hizo “clic” en su cabeza. Así lo ha explicado en una entrevista publicada en el rotativo NRC Handelsblad. “Tras años de mirar, leer y comparar, acabas teniendo esa sensación. En este caso, fue la expresión en los ojos del sujeto: me miraba, algo típico en Rembrandt, pero poco frecuente en los retratos del siglo XVII”, asegura.

El hecho de que los demás expertos presentes en la subasta londinense no vieran que era un Rembrandt no le preocupa. “Es un periodo de su trabajo donde no hay consenso. De modo que presenta oportunidades [para encontrar algo así]”. Hasta la fecha, el Proyecto Rembrandt, el estudio financiado por el Gobierno holandés para comprobar la autoría de las obras, considera suyos 340 cuadros. Tan seguro está de su hallazgo Jan Six, que ha escrito un libro sobre el lienzo titulado El retrato de un joven caballero, de Rembrandt, donde cita los estudios efectuados y a los 16 expertos que avalan su descubrimiento. El apoyo de Van de Wetering será esencial a la hora de venderlo. Porque Jan Six es marchante y lo pondrá a la venta, convencido de que “este retrato será una de las imágenes icónicas de Rembrandt dentro de una década”.

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Mensaje Re: REMBRANDT 
 
‘La ronda de noche’ de Rembrandt será restaurada frente al público

El Rijksmuseum de Ámsterdam trabajará sobre el cuadro más famoso del pintor sin sacarlo de su sala de honor




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La ronda de noche de Rembrandt.

La ronda de noche, la obra de Rembrandt que representa en cierto modo al Siglo de Oro holandés en la pintura, será restaurada frente al público. Los trabajos costarán tres millones de euros y darán comienzo a partir de julio de 2019 en el Rijksmuseum, de Ámsterdam. Las obras podrán seguirse también en directo a través de su página web. Ejecutada en 1642, es la tela más ambiciosa del artista, y pertenece al Ayuntamiento de la capital. Desde hace dos siglos cuelga en el museo como un préstamo al Estado, y “necesitaba una restauración, que será la mayor llevada a cabo en nuestra historia. Será también el mayor proyecto de investigación en la historia del museo”, según ha asegurado Taco Dibbits, su director.

El óleo no saldrá de la sala noble, donde confluyen las mejores obras de la época, Vermeer incluido. Los visitantes podrán seguir desde una distancia de siete metros la labor de ocho restauradores y diez historiadores del arte que operarán en una gran vitrina. La tela, de 3,79 metros de largo por 4,54 de alto y pesa 170 kilos, “será sujetada en un caballete móvil y estudiada minuciosamente con las técnicas más avanzadas”. La última restauración tuvo lugar en 1976, y era necesario actuar de nuevo “porque ha aparecido en la tela una ligera sombra”. “Además, la pintura aplicada en los años setenta estaba descolorida y el barniz amarilleaba”. La cristalera permitirá instalar los aparatos necesarios sin molestar al público, y protegerá un cuadro que ha sido atacado en tres ocasiones: con un cuchillo en 1911 y 1975, y con ácido clorhídrico en 1990.

El Rijksmuseum abrió de nuevo sus puertas el 13 de abril de 2013, tras una década de obras de remodelación a cargo de los arquitectos españoles Antonio Ortiz y Antonio Cruz. Un mes antes, la obra de Rembrandt recuperó su lugar en la sala principal, después de haber estado expuesta en el Ala Philips, de la propia pinacoteca. El traslado fue transmitido en directo por la televisión nacional. Viajó metida en una funda con sensores para controlar la temperatura y humedad, así como el impacto de posibles golpes.

Su título original es La compañía militar del capitán Frans Banning Cocq y el teniente Willem van Ruytenburg, y retrata a un grupo de arcabuceros, una milicia cívica, a punto de iniciar su patrulla. No es una escena nocturna. El barniz y la oxidación oscurecieron el lienzo y acabó llamándose así por error. Fue un encargo del Consistorio de Ámsterdam al pintor, pero en 1715, al ver que no cabía en la sala que le habían destinado, recortaron un trozo. Los tres personajes allí retratados no fueron recuperados.

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Mensaje Re: REMBRANDT 
 
La plumbonacrita, el ingrediente secreto de los cuadros de Rembrandt

El maestro holandés usaba una mezcla descubierta ahora de plomo y disolventes para dar más profundidad a sus cuadros



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Susanna', uno de los cuadros de Rembrandt analizados.

Rembrandt no era químico, pero como todos los artistas, mezclaba pigmentos y aceites para lograr el efecto deseado en sus cuadros. En su caso, el relieve conseguido a base de aplicar gruesas capas de pintura al lienzo –el empaste – para acentuar la sensación de claroscuro. El “maestro de la luz”, como se ha llamado al holandés, se ayudaba en el siglo XVII de un ingrediente que no se había visto en sus telas hasta hoy: la plumbonacrita, un mineral que contiene plomo. Rembrandt no lo compraba. Es el producto de la síntesis derivada de añadir óxido de plomo al pigmento blanco de plomo, y también al disolvente orgánico, en este caso, aceite de linaza, que usaba de forma regular. Cuando se cumple el 350º aniversario de su muerte, su secreto ha sido descubierto por científicos de la Universidad Técnica de Delft y el Rijksmuseum, con ayuda del Laboratorio Europeo de Radiación Sincrotón (ESRF en sus siglas en inglés).

La plumbonacrita ha sido hallada en algunos cuadros del siglo XX, así como en la obra de Vincent van Gogh, donde aparece en un pigmento rojo de plomo, muy degradado. “No es un ingrediente que Rembrandt pudiera adquirir en el mercado. Él experimentaba con los colores. No sabía de química en sentido estricto, pero buscaba el reflejo de la luz en la pintura aplicada con el pincel, y la plumbonacrita se ha formado debido a las mezclas que hacía”, señala en conversación telefónica Annelies van Loon, investigadora en Delft y en el Rijksmuseum. “Hemos tomado tres óleos de distintos años y museos. Son el Retrato de Marten Soolmans (1634), del Rijksmuseum, Betsabé con la carta de David (1654), del Louvre, y Susanna (1636) de la galería Mauritshuis, en La Haya. Gracias al sincrotón, la investigación ha sido poco invasiva, y mi labor ha consistido en preparar unas muestras de empaste de 0,1 milímetros para poder trabajar”, dice.

Con la luz del sincrotón del ESRF, que tiene su sede en Grenoble (Francia), se pudo desentrañar la morfología y capas del empaste. De ahí que, según los investigadores, como “la presencia de plumbonacrita es indicativa de un medio alcalino, apoyándonos en textos históricos, creemos que Rembrandt agregó óxido de plomo (litargirio) al aceite para este propósito, convirtiendo la mezcla en una pintura similar a una pasta”, dice el estudio, publicado por la Universidad Técnica de Delft. “No sabemos si Rembrandt usó siempre la misma receta para el empaste, y por eso analizaremos otras pinturas suyas, junto con las de su círculo. También veremos las de Vermeer y Frans Hals, sendos maestros del Siglo de Oro”, añade Van Loon.

  El descubrimiento puede contribuir a mejorar la conservación de sus obras y a resolver los problemas de atribución

El descubrimiento explica la consistencia del empaste de Rembrandt y puede contribuir a mejorar la conservación de sus obras y a resolver los problemas de atribución. Fue también un buen maestro para los alumnos del taller de pintura que poseía en Ámsterdam y su catálogo oficial incluye 340 títulos auténticos. Los certificó en 2014 el Proyecto Rembrandt, un estudio monumental financiado por el Gobierno holandés, que invirtió 46 años en repasar todos los cuadros considerados suyos. Varios de ellos, incluso en grandes colecciones, se adjudican ya a su taller. Por ejemplo,  solo 11 de los 18 rembrandts de la galería Mauritshuis han resultado ser auténticos.

El estudio coincide con el inicio de Año Rembrandt, dedicado a recordarle en su país tres siglos y medio después de su muerte, con exposiciones en el Rijksmuseum, la casa museo del pintor (Ámsterdam), la galería Mauritshuis y los museos de Frisia (en Leeuwarden) y De Lakenhal ( en Leiden).


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Mensaje Re: REMBRANDT 
 
El año Rembrandt


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Holanda celebra el genio rebelde de Rembrandt. El Rijksmusem muestra completa su fabulosa colección del innovador y herético 'maestro de la luz' junto a otros museos del país. Imágenes facilitadas por los distintos museos: Rijksmuseum, Casa Rembrandt, Mauritshuis, organización del año Rembrandt y Royal Delft.


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Ver más obras
 




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Mensaje Re: REMBRANDT 
 
Holanda celebra el genio rebelde de Rembrandt

El Rijksmusem muestra completa su fabulosa colección del innovador y herético 'maestro de la luz'



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Una visitante observa una de las obras de Rembrandt. / Imagen cedida por el Rijksmuseum.

Cargado de exposiciones y eventos, el año Rembrandt toma velocidad de crucero en el Rijksmuseum con la muestra que celebra el 350 aniversario de la muerte del gran 'maestro de la luz'. Por primera vez el museo de Ámsterdam expone completo su tesoro en 'Todos los Rembrandt': 22 pinturas, 60 dibujos y más de 300 estampas de Rembrandt Harmenszoon van Rijn (Leiden, 1606 - Ámsterdam,1669), uno de los grandes y más personales pintores de la historia. «El primer hereje de arte», según Jonathan Bikker, conservador del museo y biógrafo del artista que se «rebeló» contra las normas de la época y «renunció a la belleza femenina en sus cuadros».

El museo Mauritshuis de La Haya hace lo propio con las once obras que atesora del gran maestro de la Edad de Oro holandesa, como la casa museo del pintor en Ámsterdam, que ofrece tres muestras a lo largo del año. En verano el genio de Rembrandt librará un pulso con el de Velázquez en el Prado.

Las 22 pinturas, del primer 'Autorretrato como hombre joven' (1628) hasta el 'Autorretrato como el Apóstol Pablo' (1661), ofrecen una visión global de la trayectoria del pintor y su constante proceso de búsqueda. La cima es su obra maestra, 'La ronda de noche', que permanece en la sala central del Rijkmuseum, donde se restaurará ante el público este año. Pero fue la compra reciente de los espectaculares retratos de boda de Marten Soolmans y Oopjen Coppit -por 160 millones de euros y a medias con el Louvre- lo que convirtió a la colección Rembrandt del Rijks en la mejor del mundo, con telas legendarias como 'La novia judía' o 'Los síndicos de los pañeros'.

Con sesenta piezas, la colección de dibujos abarca todos los períodos y estilos, con excepcionales obras de juventud. El museo exhibe además lo mejor de las 1.300 estampas y grabados de Rembrandt que custodia, unos 300 originales ultrasensibles a la luz que rara vez se muestran o prestan. El conjunto es una oportunidad única para comprender al artista, al ser humano, al narrador de historias y al gran innovador del arte.

La primera sección curiosea en su vida y su trabajo explorando sus inicios y su mirada burlona y jocosa. Permite calibrar ya su enorme talento y su crecimiento como artista con sus muchos autorretratos. La segunda parte, centrada en su entorno, muestra como perfecciona su oficio retratando a sus familiares, conocidos y vecinos: de su esposa Saskia enferma a los mendigos, músicos callejeros, vagabundos y actores que dibujó y pintó compulsivamente.


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'Ronda de noche', de Rembrandt


Narrador

Dotado contador de historias, altivo y a menudo cómico, Rembrandt comprendió como nadie que el arte influía en el contenido del relato, como se ve en el último tramo de la exposición, donde otorga carácter humano a los personajes de escenas bíblicas como 'Isaac y Rebeca' (título oficial de 'La novia judía' (1665–1669).

Su biógrafo presenta a Rembrandt como un iconoclasta que cambió los patrones «retratando a gente vieja y desgastada en lugar e mujeres jóvenes y bellas». Destaca como su enorme ambición le apartó de la normalidad. «Quería ser el mejor artista de la historia y del mundo, y para lograrlo no se puede seguir a otros o hacer lo mismo que los demás», plantea Bikker, autor de 'Biografía de un rebelde'.

Nacido y criado en Leiden, noveno hijo de un acomodado molinero, hermano de zapateros y panaderos, Rembrandt vivió en Ámsterdam casi toda su vida. Allí conoció a su acaudalada esposa, Saskia van Uylenburgh, y vio nacer a su hijo Titus, lo que le arraigó en una ciudad plagada hoy de lugares, museos y rincones que alaban su memoria. Entre sus canales poblados de ricos banqueros y comerciantes abrió su casa en busca del éxito y el dinero que obtuvo a cambio de su novedosa originalidad y su poderoso genio. Un talento que brillaba en los retratos por los que los mercaderes y nuevos ricos pagaban fortunas.

Tas la muere muerte de Saskia dilapidó su herencia en una vida disoluta. Debió vender su casa y sus pertenencias y cayó en bancarrota. Murió arruinado pero reconocido como el mejor pintor holandés y uno de los grandes del mundo. Su legado comprende unos 320 óleos, más de 300 grabados y 2.000 dibujos.

La percepción sobre su genio ha cambiado mucho con el tiempo. Si en el siglo XVIII sus obras volvieron a ser populares entre los coleccionistas, en el XIX fue aceptado como enseña nacional y precursor del impresionismo, lo que renovó el aprecio por su trabajo tardío, caracterizado por la pincelada menos sutil. En el siglo XX los expertos aclararon la autoría de muchos presuntos Rembrandt con una tecnología que permite hoy conocer más sobre sus ingeniosas técnicas, como la aplicación de plumbonacrita, su ingrediente secreto recién descubierto para dotar de profundidad y luminosidad a sus óleos.


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Imagen de promoción del año Rembrandt. / Imagen cedida por el Rijksmuseum.


Opulencia artística en la República de Holanda

Ámsterdam, 13 feb. (COLPISA, M.L.) La cargada agenda del año Rembrandt refleja también el marco de opulencia económica, artística y cultural en la entonces llamada República de Holanda, un país extremadamente rico y aclamado hace cuatro siglos por sus avances militares, comerciales, científicos y artísticos que se reflejan en varias exposiciones pro todo el país.

Frente al espejo de Velázquez

El Rijksmuseum se alía con el Prado para mostrar 'Rembrandt – Velázquez', que reunirá en Madrid -de junio a septiembre- y en Ámsterdam -de octubre a febrero de 2020- obras maestras de los dos genios del siglo XVII. Dos titanes de la pintura universal que se confrontarán con Murillo, Vermeer, Zurbarán, Hals o Ribera. Frente a la profusión de coetáneos como Rubens o Tiziano, El Prado sólo tiene un Rembrandt, 'Artemisa',. Se debe a las pésima y belicosa relación entre Holanda y España en el XVII, que hizo que nuestro país mirara más hacia Italia que hacia el enemigo flamenco para sus adquisiciones. Alejandro Vergara, jefe de conservación de pintura flamenca del Prado, será el comisario de la muestra. Lo fue ya hace once años de 'Rembrandt pintor de historia' que el Prado presentó.

Vida íntima y familiar

La Casa Museo de Rembrandt en Ámsterdam desentraña su red social y familiar. La Rembrandthuis, con los aposentos y el estudio del pintor tal y como eran en el siglo XVII, ofrece tres exposiciones. Con obras poco vistas 'Familia, amigos y conocidos' (hasta mayo) prueba que no fue un genio solitario ni adusto. El retrato de su hijo 'Titus' que por primera vez deja el museo de Baltimore, es la pieza estelar .'Inspirado por Rembrandt: 100 años de coleccionismo' (de junio a septiembre) muestrará su relación con Jan Six, su mejor coleccionista, y una de las siete cartas de su puño que se conserva. 'Laboratorio. La técnica descifrada', revela cómo se hacían las pinturas en su época, qué agregó a los lienzos y los dilemas de investigadores y conservadores de su obra.

Baile de atribuciones.

'Rembrandt y el Mauritshuis' -hasta el 15 de septiembre-, exhibe juntas por primera vez las 18 obras del artista que el museo de La Haya adquirió en su día como auténticas. Once de ellas mantienen la autoría y son sublimes obras maestras, como la legendaria 'Lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp', 'Saúl y David' o su último autorretrato, de 1669. Incluye las cinco obras desatribuídas y dos que todavía están en duda y que raramente se exhiben. En otoño dedicará una expo a Nicolaes Maes, el alumnos con más talento de Rembrandt.
Autorretrato vivo

El Museo De Lakenhal de Leiden reúne en 'El joven Rembrandt' sus primeras obras, entre ellas su pintura más antigua conocida 'El vendedor de gafas' (1624). En Leiden es posible rastrear sus huellas en su casa natal, en la escuela y la universidad donde se formó o el taller de su maestro Jacob van Swanenburgh. La villa homenajeará a su hijo más ilustre el 15 de julio, día de su cumpleaños, cuando más de 2.000 personas formen un autorretrato de Rembrandt que se filmará desde el aire. El Fries Museum de Leeuwarden ahondará en el matrimonio en la alta sociedad del siglo XVII tomando a Rembrandt y su esposa, Saskia, como hilo conductor de la exposición 'Amor en el Siglo de Oro holandés'.


Ficha

Qué: Todos los Rembrandt
Dónde: Rijksmuseum Ámsterdam. Museumstratt
Cuándo: 15 de febrero de 2019 al 10 de junio de 2019
Cuánto: Entrada general 20 euros.


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Ver más obras


MIGUEL LORENCI. Ámsterdam
elnortedecastilla.es
Imagenes cedidas por el Rijksmuseum.
 




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Mensaje Re: REMBRANDT 
 
Ámsterdam ofrece la imagen más completa de Rembrandt

El Rijksmuseum expone por primera vez juntas casi todas las obras del maestro del Siglo de Oro que guarda en sus fondos



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Un grupo de visitantes, este miércoles ante 'La ronda de noche' Peter Dejong AP

Las antológicas reviven en cierto modo al artista que homenajean, y 350 años después de la muerte de Rembrandt, el Rijksmuseum de Ámsterdam ha tomado una decisión histórica. Posee la mayor colección del mundo de pinturas del maestro del Siglo de Oro (22 lienzos) y ahora las expone juntas en sus salas. A su lado, ha dispuesto 60 dibujos y más de 300 grabados, prácticamente Todos los rembrandts -así se titula la muestra, abierta hasta el 10 de junio- de sus fondos.

La exposición sigue sus inicios como pintor, ilustra la época de los retratos de familia, recuerda su pasión por plasmar a las personas de la calle y no se olvida de las escenas bíblicas. Tampoco faltan los autorretratos, que hacen partícipe al espectador del paso del tiempo, sus alegrías y desdichas.

Es la vida misma, de la mano del "pintor del pueblo". La expresión corresponde a Taco Dibbits, director de la pinacoteca, que cifra la atracción generada por Rembrandt en un hecho: "Nos pinta como somos y nos vemos reflejados en sus caras; por eso le resulta tan cercano a todas las generaciones". Para Dibbits, la evolución del pintor va más allá del lógico aprendizaje del oficio a base de tiempo. Muy poco, en este caso, porque a los 28 años era ya la firma más requerida de Holanda. "Comprende que la gente necesita otro tipo de pincelada. De ahí que en sus telas haya seres humanos auténticos, no modelos, y de todas las clases sociales", añade.

Su entusiasmo no desentona si se miran los retratos de Maarten y Oopjen Soolmans, el adinerado matrimonio de Ámsterdam que en 1634 encargó sendos lienzos de cuerpo entero, del estilo habitual en la nobleza, para presentarse en sociedad. Posaron vestidos de negro brillante y con encajes aún más esplendorosos que muestran su condición de nuevos ricos. Y, con ellos, la ternura de la declaración de amor de La novia judía (1665). O la tristeza contagiosa de Jeremías lamentando la destrucción de Jerusalén(1630).

El Rijksmuseum conoce el poder de atracción de los lienzos, pero esta vez apuesta por los dibujos y grabados. Con marcos modernos y paspartús grises, componen un festival en blanco y negro y sepia. Son tan pequeños que es preciso acercarse para comprobar que se trata, por ejemplo, del famoso Autorretrato con los ojos muy abiertos (1630). Reproducido a menudo en gran formato, rebosa expresividad. "Es el artista que más se retrata a sí mismo, el modelo más fácil. No le interesa la belleza, sino la verdad, y por eso grabó y dibujó sin parar, porque era un perfeccionista", incide Dibbits.


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Detalle de 'Autorretrato como el apóstol Pablo (1961). / Peter Dejong - AP


El primer hereje del arte

Para Jonathan Bikker, conservador del museo y autor deRembrandt, biografía de un rebelde, "fue el primer hereje del arte, que rompía las normas y pintaba lo que otros no hacían", por ejemplo, "mujeres desnudas que no eran diosas griegas, sino lavanderas o ancianas llenas de arrugas". Dibbits apunta que los surcos de la piel "eran el mejor motivo de inspiración, aunque choque el reflejo de una vejez sin edulcorar".

La apoteosis de la muestra contrasta con el triste final del creador. Vital, laborioso y gastador, perdió a Saskia, su querida esposa, y a tres de sus hijos. A los 63 años estaba arruinado y Tito, el único vástago varón superviviente, abrió un negocio de arte y lo contrató como pintor para evitar que su obra acabara embargada por las deudas. Pero eso no le sacó de la ruina y, a su muerte en 1669, fue enterrado anónimamente en la iglesia de Westerkerk, en Ámsterdam. No tenía dinero para pagar una lápida con su nombre y los historiadores creen que puede yacer en algún lugar de la pared norte del templo junto a su hijo, fallecido apenas 11 meses antes a los 27 años.


Isabel Ferrer - Ámsterdam
elpais.com
 




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Mensaje Re: REMBRANDT 
 
La Fundación Barrié presenta en su sede de A Coruña la exposición organizada por el Victoria and Albert Museum de Londres.

Lugar: Fundación Barrié. Cantón Grande, 9 - 15003 A Coruña
 
Fechas: 1 de marzo – 23 de junio de 2019





Exposición: "Trazos maestros: dibujos holandeses y flamencos del Victoria and Albert Museum"
 
 

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A Coruña, 8 de enero de 2019. Rembrandt van Rijn, Peter Paul Rubens, Sir Anthony van Dyck y Brueghel el Viejo son algunos de los nombres que forman parte de la exposición “Trazos maestros: dibujos holandeses y flamencos del Victoria and Albert Museum” y que la Fundación Barrié acoge en su sede de A Coruña a partir del 1 de marzo. La muestra, comisariada por Louise Cooling, anterior comisaria adjunta del V&A, está compuesta por 90 obras de los siglos XVI al XIX pertenecientes a la colección de dibujos holandeses y flamencos de la Edad de Oro del Victoria and Albert Museum, una de las más destacadas y extensas de Gran Bretaña. Tras su presentación en Londres y su paso por Estados Unidos, la presentación en la Fundación Barrié es la primera en Europa, fuera del museo británico.


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Rembrandt - Estudio del actor Willem Ruyter como campesino, c. 1634-38
 
Con esta exposición, que coincide con la conmemoración del 350 aniversario de la muerte de Rembrandt y del 450 aniversario de la muerte de Pieter Brueghel el Viejo en 2019, la Fundación Barrié continúa acercando a Galicia obras de grandes maestros del arte nacional e internacional.
 
Durante el transcurso de la exposición, la Fundación Barrié organizará una serie de actividades complementarias, entre ellas talleres didácticos para centros de enseñanza, colectivos de diversidad funcional y familias.


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Rubens - Estudio de mujer sedente (La Virgen), c. 1606


La exposición

La exposición se divide en 5 grandes apartados, ofreciendo así un recorrido por un periodo de extraordinaria prosperidad y producción artística: Pre-Edad de Oro; Religión y Mitología; Personas; Paisajes y Pos-Edad de Oro. Obras de referentes ineludibles en la historia del arte estarán acompañadas de ricas colecciones de otros artistas de menor renombre de la Edad de Oro, tales como Hans Bol y Jacob Jordaens, pero que demuestran la diversidad y duradera excelencia artística y técnica de los artistas holandeses del XVII.
 
La muestra incluye retratos, estudios de figuras, escenas de género, paisajes y estudios botánicos, además de diseños de vidrieras, tapices y grabados. Se agruparán los dibujos temática y cronológicamente para demostrar tanto los contrastes como las similitudes entre los estilos artísticos y las prácticas de los artistas que trabajaban en el norte y el sur de los Países Bajos en dicho periodo.


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Atribuido a Jan Brueghel el Viejo - Viajeros en una carreta al borde de una colina con bosque a la derecha,c. 1619
 
La muestra comenzará con dibujos holandeses del siglo XVI, demostrando el desarrollo de temas de paisaje, género y religiosos del siglo anterior a la Edad de Oro. Entre las obras destacadas están los primeros paisajes de Hans Bol y Matthijs Cock, además de obras religiosas de Jan Swart van Groningen, Lambert Lombard y Pieter Coecke van Aelst.
 
Como parte de una selección de dibujos del XVII, se mostrará una importante colección de estudios de figuras formando parte central de la composición. También presentará estudios preparatorios del natural, dibujos de retratos y piezas de género, incluyendo un raro dibujo a acuarela de Jacob Savery. La muestra explora también cómo los artistas de la Edad de Oro del norte y el sur de los Países Bajos se relacionaban con el mundo natural por medio de paisajes, naturalezas muertas y estudios de flores. Se presentarán paisajes de los artistas flamencos Paul Bril y Jan Breughel el Viejo, así como pioneros de la tradición paisajística holandesa como Cornelis Vroom y Jan van Goyen, además de un importante paisaje tardío de Rembrandt.


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Van Dyck - Cristo coronado con espina, antes de 1621
 
Una de las secciones de la exposición se dedicará a temas religiosos, mitológicos y alegóricos, entre los que  se incluyen dibujos de Rembrandt y Van Dyck, que representan los contrastes entre temas religiosos de la República Protestante de los Países Bajos y el sur de los mismos, de la Contrarreforma católica, en el siglo XVII. Entre las más destacadas se incluye el primer dibujo preparatorio de Van Dyck para la perdida Cristo coronado de espinas, anteriormente en el Kaiser Friedrich Museum de Berlín, pero destruido en la Segunda Guerra Mundial.
 
La exposición concluirá con una selección de dibujos de los siglos XVIII y XIX, que demuestran la influencia continua del arte de la Edad de Oro en los artistas activos en un periodo de cambio geográfico y político en el norte y el sur de los Países Bajos.
 
Trazos maestros: dibujos holandeses y flamencos sigue un estudio de 10 años realizado por Sir Christopher White, antiguo director del Ashmoleum Museum de Oxford y Jane Shoaf Turner, jefa del Rijksprentenkabinet de Ámsterdam, con el objetivo de catalogar y debatir cada una de las obras de la extensa colección de aproximadamente 700 dibujos holandeses y flamencos que abarcan un periodo de más de 400 años, explorando descubrimientos recientes y re-atribuciones.


Más info e imágenes: http://www.fundacionbarrie.org/pren...razos-maestros#
 




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Mensaje Re: REMBRANDT 
 
Los trazos geniales que encumbraron a Rubens y a Rembrandt

La Fundación Barrié de A Coruña muestra 90 dibujos de los grandes maestros holandeses y flamencos del siglo de Oro



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'Estudios de una figura masculina descendiendo', de Peter Paul Rubens. PAUL ROBINS

Casi siempre se suele creer que el dibujo es el peldaño anterior a la auténtica obra de arte, la pintura. Lo cierto es que ha sido quizás la forma de expresión más personal y auténtica de los creadores a lo largo de la historia. Rembrandt, por ejemplo, empuñaba sus lápices y sus tizas para plasmar las ideas que le brotaban de repente. También a través de garabatos aparentemente improvisados ensayaba futuras composiciones. Pero, la mayor parte de las veces, el dibujo era el objetivo final, la obra definitiva. El planteamiento del maestro barroco fue similar al de muchos de los numerosos artistas que brillaron en el siglo de Oro holandés, tal como se demuestra en la exposición Trazos maestros: dibujos holandeses y flamencos del Victoria and Albert Museum que entre el 1 de marzo y 23 de junio se puede ver en la Fundación Barrié en A Coruña. El museo gallego se suma así a la conmemoración mundial del 350º aniversario de la muerte de Rembrandt y 450º de la de Pieter Brueghel el Viejo.


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Frans Snyders - Bodegón con caza sobre la mesa, sobre 1615

La historiadora Louise Cooling, exconservadora del Victoria and Albert Museum (V&A) mantiene que hasta no hace mucho tiempo el conocimiento profundo y exhaustivo del dibujo en la Edad de Oro estaba reservado al ámbito académico. La opacidad se rompió con la publicación, en 2014, de un completo catálogo en el que se recogía la investigación realizada por dos autoridades mundiales en la materia: Jane Shoaf Turner (Jefa de Rijksprentenkabinet, Ámsterdam) y Christopher White (exdirector del Ashmolean Museum, Oxford). Los dos expertos dedicaron una década completa a analizar cada una de las obras albergadas en los fondos del V&A, una de las instituciones que más fondos atesora, alrededor de 700 piezas realizadas a lo largo de 400 años.


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Jacob Savery - Kermés popular, 1598

La exposición que llega a A Coruña, procedente del V&A, suma 90 obras de maestros mundialmente conocidos como Rembrandt van Rijn, Peter Paul Rubens, Anthony van Dyck o Brueghel el Viejo junto a otros menos populares como Hans Bol y Matthijs Cock, Jan Swart van Groningen, Lambert Lombard y Pieter Coecke van Aelst.

La muestra ocupa toda la planta principal del edificio dedicada a las muestras temporales. Sobre paredes pintadas de gris verdoso, los dibujos se suceden siguiendo un orden cronológico organizado en torno a las dos grandes estrellas de la muestra: Rubens y Rembrandt. Para que el espectador se sitúe ante las obras, grandes paneles explicativos hablan de las circunstancias sociales y políticas que rodearon el trabajo de los artistas. Se cuenta que, a lo largo del siglo XVII, la economía se expandió y surgió una nueva identidad nacional, con la creación de la República de los Países Bajos en el norte. Simultáneamente, el sur de la región, controlado por España y usualmente denominado Flandes, asistió a un auge del arte y la cultura, dirigido por Peter Paul Rubens, confirmando a Amberes como uno de los principales centros creativos europeos. El sur católico constituía un mercado floreciente para los temas religiosos, mientras que en la República de los Países Bajos, de mayoría protestante, predominaban los paisajes, los bodegones y las escenas de “género” de la vida diaria. Al emigrar al norte los creadores protestantes, las ciudades (entre ellas Ámsterdam, Haarlem y Utrecht) surgieron como poderosos centros artísticos.


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Jacob Jordeans - Cazador con sus perros, sobre 1635

Dividida en cinco grandes apartados, la exposición incide en mostrar similitudes y contrastes entre los artistas a partir de temas como paisajes, retratos, estudios botánicos y de figuras o diseños para vidrieras. La sucesión de dibujos de diferentes tamaños, técnicas y soportes se rompe con el análisis detallado de obras de Rembrandt y de Rubens. Para el despliegue de Rembrandt, la comisaría ha elegido el Estudio del actor Willen Ruyter como campesino (hacia 1634). En las viñetas que rodean al dibujo se llama la atención sobre como el asista realizó varios ensayos sobre el rostro del actor y como a éste le incorpora ropas de campesino. Rembrandt recurrió a modificar con el dedo los trazos del dibujo y, para lograr un mayor contraste de los contornos, tiñó el papel de marrón claro para que contrastara con la tinta oscura que usó para hacer la silueta del actor.

La segunda obra con despliegue especial dentro de la exposición es Estudio de mujer sentada (hacia 1606), de Rubens. La delicada imagen de la joven con la que representa a la Virgen es también la elegida para el cartel promocional de la muestra que se puede ver por todo el centro de la ciudad. Se trata de un dibujo realizado con tiza negra y roja, que Rubens empezó a ensayar durante su periodo de aprendizaje en Italia. Es un estudio preparatorio para la pintura La circuncisión de Cristo que se encuentra en una iglesia de Génova.


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Hans Bol - Carreta cubierta cruzando la carretera entre dos posadas, 1580


elpais.com / fundacionbarrie.org
 




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Mensaje Re: REMBRANDT 
 
Así sonaba la voz nasal de Rembrandt

Expertos forenses reconstruyen el timbre del maestro holandés a partir de su salud, su carácter y sus autorretratos



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'Autorretrato' de Rembrandt de 1660. En vídeo, la reconstrucción de la voz de Rembrandt.

Ver vídeo

Repartida por el mundo y analizada a fondo, la obra de Rembrandt es reconocible aunque siga deparando sorpresas. ¿Cómo sonaba, sin embargo, su voz? El pintor del Siglo de Oro fue un maestro excelente cuyos alumnos se hicieron famosos por cuenta propia, con firmas como Ferdinand Bol, Carel Fabritius o Willem Drost. Los guiaba con cuidado durante las clases y sus palabras han sido recreadas ahora con ayuda de la inteligencia artificial. Un programa informático ha mezclado las distintas expresiones de sus autorretratos con los estudios de los conservadores del Rijksmuseum sobre su carácter para reconstruir “la voz de Rembrandt”. El resultado, que cualquiera puede descubrir en varios vídeos de YouTube, es el timbre algo nasal de un varón que habla deprisa el neerlandés como en el siglo XVII.

El trabajo es único en su clase porque aplica la biometría al reconocimiento de las características físicas de Rembrandt y sus rasgos de conducta en la búsqueda de una voz cercana a la suya. Es justo al revés de lo que los expertos forenses acostumbran a hacer. Ellos se encargan de reconstruir el rostro del hablante, por lo general sospechoso de un delito, en función de las grabaciones de su voz. Por eso Rita Singh, científica de la Universidad Carnegie Mellon, en Pittsburgh (Estados Unidos) ha admitido que enmudeció cuando el Rijksmuseum, de Ámsterdam, le preguntó cómo sonaba Rembrandt. Querían oírle, para sumar su voz a la conmemoración, este año, del 350º aniversario de su muerte.

Singh colabora con el FBI y ha señalado que “hay cientos de factores que contribuyen a la reconstrucción de la voz”. “Con Rembrandt no sabemos, por ejemplo, si conservaba toda su dentadura”, ha agregado. En este trabajo se han tenido en cuenta su estado de salud y las peculiaridades de su nariz, garganta, altura y peso. También se ha medido su cráneo a lo largo de los años, un detalle facilitado por el gran número de autorretratos. “Aunque debemos pensar que no todo está allí; no son fotografías”, explica la experta. Una vez recopilada y analizada la información, había que acertar con la pronunciación del Siglo de Oro. La voz es robótica, pero la Universidad de Leiden ha adaptado, desde el punto de vista lingüístico, el neerlandés actual a la lengua hablada en el siglo XVII. En el caso de Rembrandt no era dialecto, “sino el idioma estándar de la época”, según sus expertos. Entre otras cosas, creen que decía skilderdook (lienzo) en lugar de schilderdoek, como ahora. Obtenido el tono, el léxico y hasta una aproximación a cómo respiraba al hablar, se le puede escuchar explicando la mezcla de colores, los fundamentos del boceto o su propia visión del arte. Como si estuviera dando clase a sus alumnos en su taller.

Jonathan Bikker, autor de Rembrandt, biografía de un rebelde, asegura que “tal vez no se ajustara a las reglas y fuera huidizo con sus clientes, pero era un hombre cálido en sus relaciones familiares y muy generoso con sus alumnos”.
Se adhiere a los criterios de  

elpais.com
 




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Mensaje Re: REMBRANDT 
 
REPORTAJE


Rembrandt en la sangre

Siglos antes de su nacimiento, Jan Six ya estaba destinado a ser un personaje en el mundo del arte. Su aristocrática familia, que cuenta con un gran patrimonio pictórico, bautiza con ese nombre al primogénito de cada generación. En 2016, Jan Six cumplió su destino: descubrió un rembrandt inédito. Pero tras el éxito estalló el escándalo



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Jan Six, en su galería de Ámsterdam. Hellen Jan Meene NYTS / Contacto

EL HALLAZGO que dio un vuelco a la vida de Jan Six se produjo un día de noviembre de 2016. Six es un marchante de arte de 40 años residente en Ámsterdam, que el año pasado atrajo la atención mundial con la noticia de que había rescatado del olvido un cuadro hasta entonces desconocido del más admirado de los maestros holandeses: Rembrandt. Se trataba del primer Rembrandt inédito que salía a la luz en 42 años. El hallazgo no fue fruto de la exploración de remotas iglesias ni del escrutinio de los desvanes de las casas de campo de Europa, sino que surgió mientras su autor repasaba su correo electrónico, como él mismo me contaba el pasado mes de mayo. Six acababa de llevar a sus hijos al colegio (al más puro estilo holandés, es decir, en bicicleta, con un niño sentado en el manillar y el otro en la parte trasera). El tiempo típico de la estación, con su viento cortante y su llovizna, jamás disuadirán a un amsterdamés de pura cepa ‒las raíces del marchante en la ciudad se hunden casi hasta lo más profundo‒ de que monte en su bici, pero para cuando nuestro hombre estuvo de vuelta en su despacho, las consecuencias ya se hacían sentir. Waterkoud ("frío húmedo") es la palabra neerlandesa para describir la humedad helada de los Países Bajos que cala hasta los huesos.

El antídoto para esta sensación está contenido en otro término. Gezelligheid, traducido libremente como ambiente acogedor, es la atmósfera que los habitantes de Holanda hacen todo lo posible por conseguir en el interior de sus hogares. La misma atmósfera que tantas veces retrataron y en la que se recrearon los lienzos de los antiguos maestros del siglo XVII, el Siglo de Oro en el que Six está especializado. Cálidas escenas domésticas, alegres grupos alzando jarras de peltre, bodegones con mesas repletas de alimentos. El estudio de Six, situado en la planta baja de un edificio junto al Herengracht, uno de los principales canales de la ciudad ‒al que el propio Rembrandt iba a pasear‒ goza de su correspondiente parte de gezelligheid. El edificio data de principios del siglo XVII. Antiguas vigas cruzan el techo. A través de las ventanas se ve pasar veloces a los ciclistas y la evocadora y permanentemente sombría superficie del canal, en la que se reflejan los hastiales de las fachadas de los edificios de la orilla opuesta.

Aquella mañana, Six preparó café y se sentó ante una larga lista de correos electrónicos. Empezó por despachar las facturas y otros engorros a fin de entregarse sin estorbos a los catálogos de las próximas subastas de arte. Uno de ellos era el perteneciente a un acto que iba a tener lugar en diciembre en la sala Christie's de Londres. Le echó un rápido vistazo, casi con desdén. Correspondía a la puja diurna, en la que se presentan los objetos menores. Los cuadros y las esculturas de calidad superior siempre se reservan para la noche.

  Six revisaba el catálogo de una subasta menor cuando se detuvo ante el retrato de un joven caballero: “Su mirada atravesaba la imagen”

Entonces, me explicaba, paró en seco. La fotografía de colores no demasiado realistas del catálogo mostraba el retrato de un joven caballero de aire ausente con un cuello de encaje y un peinado proto-Led Zeppelin. Lo primero que llamó la atención de Six fue la mirada del personaje (cuya identidad sigue siendo desconocida). "Atraviesa la imagen", explicaba. El experto tuvo la sensación de que ya había visto la obra antes, pero después de un rápido repaso a su biblioteca se convenció de que lo que le había resultado familiar no era la imagen en sí, sino la conjunción de los detalles que delataban que se trataba de un rembrandt temprano. A juicio de Six, algunos de ellos son la humanidad de la mirada, la pincelada "redondeada" y el empleo intencionado de diferentes estilos pictóricos en la misma obra.

El cuadro se fecha en algún momento situado entre 1633 y 1635. El detalle revelador es el cuello de encaje, de un tipo característico que en ese breve lapso fue la última moda para quedar luego rápidamente anticuado. Lo que más impresionó a Six no fue solo el hecho de que Christie's no hubiese advertido que la pintura había salido con toda probabilidad de la mano del maestro, sino que la casa de subastas lo hubiese etiquetado como "del círculo de Rembrandt", es decir, de un alumno. "¿Se da cuenta de dónde está el problema, verdad?" Yo me estaba devanando los sesos para dar con la solución al acertijo cuando mi anfitrión soltó de golpe: "A principios de la década de 1630, Rembrandt todavía no era famoso, así que no existía ningún círculo. Enseguida me di cuenta del patinazo de Christie's".

A partir de ese momento, el marchante se convirtió en un sabueso sobre la pista. Se informó de que la proveniencia del cuadro se remontaba a sir Richard Neave, un comerciante inglés de finales del siglo XVIII que formó una importante colección de arte que incluía obras de Thomas Gainsborough y John Constable. La pintura había permanecido en la misma familia durante seis generaciones. Todo cuadraba. Era lógico que una creación de un artista de primera fila hubiese atraído a un destacado coleccionista. Six estaba tan emocionado que montó en su bicicleta y pedaleó una breve distancia a través del centro de Ámsterdam hasta la casa de Ernst van de Wetering, reconocido mundialmente como la máxima autoridad en Rembrandt. Aún sin aliento, le tendió una fotocopia del cuadro. Como corresponde a alguien cuya opinión carga con el peso de la trascendencia, Van de Wetering suele reaccionar con reserva la primera vez que ve una imagen, pero esta le intrigó. "Parecía un rembrandt, aunque me era totalmente desconocido", me confesó más tarde. Six volvió a pedalear de regreso a su casa y compró un billete de avión.

Cuenta que, cuando llegó a Londres, en la sala de exposición de Christie's había varias personas, así que estuvo mirando otros cuadros hasta que se marcharon. Entonces se dirigió al retrato, lo examinó y lo fotografió. "Estaba impresionado porque, al natural, su aspecto era diferente", aseguraba. "Tenía mucha más profundidad".


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Algunos de los cuadros expuestos en la galería de Jan Sic En Ámsterdam. Entre ellos, Retrato de un joven caballero y sendas pinturas de Gerrit van Honthorst y Jan Lievens. Hellen Jan Meene NYTS / Contacto

El encaje del cuello llamó particularmente su atención. En el siglo XVII, este tejido era un símbolo de estatus, y Six cree que Rembrandt tenía su propia manera de representar esta variedad, conocida como encaje de bolillos. Mientras que otros artistas de la época ejecutaban minuciosamente sus filigranas pintándolas en blanco sobre la superficie del ropaje, Rembrandt hacía lo contrario. Primero pintaba el ropaje, luego cubría de blanco la zona del cuello, y a continuación utilizaba pintura negra para crear los espacios negativos del encaje. Además, a diferencia de los demás pintores, que trazaban meticulosos motivos repetitivos, Rembandt tejía un diseño libre. A un espectador situado a pocos centímetros de una pintura realizada con esta técnica, el cuello le produce el efecto de un laberinto de garabatos. Sin embargo, basta con que retroceda un paso para que el conjunto adquiera sentido. Six identifica en ello uno de los rasgos del genio de Rembrandt. El maestro "se dio cuenta de que, por más que se ajustase al original, en el fondo la reproducción pictórica de un modelo repetitivo ofrecía un aspecto artificial".

Al salir de la sala de Christie's, Six se dirigió a una librería vecina especializada en arte. Allí encontró A Corpus of Rembrandt Paintings, la guía de referencia de la obra completa del artista. Ojeó las obras de la década de 1630 y, cuando encontró lo que buscaba, paró. Era el Retrato de Philips Lucasz, de 1635. La suerte quiso que el original se encontrase precisamente al otro lado de la ciudad, en la Galería Nacional, así que nuestro hombre voló hacia allí y al poco se encontró delante del cuadro, observando alternativamente la pintura y la imagen de su cámara y sintiendo cómo su torrente sanguíneo se aceleraba al tiempo que una corazonada tomaba cuerpo hasta convertirse prácticamente en certeza. "Supe que, quienquiera que hubiese pintado uno, había pintado el otro", resume.

Jan Six es un hombre alto y delgado. Parece como si quisiese evitar ofender con su elegancia, y algo en su expresión habitual dice que lleva una carga. La carga no es ni más ni menos que su verdadero nombre: Jan Six XI. La aristocrática familia del marchante, cuyos orígenes se remontan cuatro siglos atrás, ha llamado Jan al primogénito de casi cada generación. El primer Jan Six, hombre de arte, cultura y política, fue un auténtico representante del Siglo de Oro holandés, la época en la que una explosión de creatividad en las artes, las ciencias y el comercio catapultó al minúsculo país a la vanguardia de la vida y el pensamiento europeos. Aquel Jan Six fue amigo personal del gran Rembrandt van Rijn. Cuando, en algún momento de la década de 1650, decidió encargar su retrato, pidió al artista que le concediese el honor de pintarlo. El resultado es una de las obras más admiradas del maestro, un estudio maravillosamente melancólico de la sofisticación madura y consciente, ejecutado con las toscas pinceladas características del Rembrandt tardío. El historiador Simon Schama lo ha calificado del "más grande retrato del siglo XVII".

El primer Jan Six reunió una vasta colección de pinturas, esculturas y dibujos de muy diversos artistas, pero su núcleo era Rembrandt. Además del retrato de su propietario, cuyo valor asegurado asciende actualmente a 400 millones de dólares, la Colección Six incluye un retrato al óleo de tamaño natural de Ana Wymer, madre del antiguo Jan, cinco dibujos y 50 grabados originales del artista. A medida que la colección fue pasando de generación en generación, se engrosó con la incorporación de obras de Vermeer, Bruegel, Hals y Rubens, así como de los inigualables Tiziano y Tintoretto. Al mismo tiempo se le fue añadiendo un auténtico tesoro de objetos que, aunque menores, poseen también importancia histórica, tales como mobiliario, gemas, medallas, manuscritos, montañas de plata, cristal veneciano, cepillos de dientes con mango de marfil y un anillo de diamantes regalo del zar Alejandro I a la familia. Con todo, la pintura siempre ha sido la razón de ser de la colección, y a lo largo de los años, los Six se mostraron proclives a seguir las inclinaciones de sus progenitores. En la actualidad, la colección incluye nada menos que 270 retratos de miembros de la dinastía.

  El primer Jan Six reunió en el siglo XVII una vasta colección de pinturas, esculturas y dibujos, pero su núcleo era Rembrandt

Pasaron los siglos, el patrimonio artístico de otras grandes familias europeas se disgregó, los museos se convirtieron en los principales repositorios de sus piezas, y la Colección Six, que ha permanecido en la residencia familiar, ganó en mística. Por tradición, el Jan Six de cada generación se convierte en custodio de la colección y ocupante de la casa, ubicada en el último siglo en una laberíntica mansión de 56 habitaciones situada junto al río Amstel, en el corazón de Ámsterdam. Sin embargo, Jan XI, el marchante, no es ese Jan, al menos de momento. Su padre, Jan X ‒o, como prefiere ser llamado, el barón Jan Six van Hillegom‒ sigue reinando. En los círculos culturales, el viejo Six, de 71 años, tiene fama de ser un hombre muy celoso de su intimidad (declinó ser entrevistado para este artículo) y también algo quisquilloso. Casi todas las personas con las que he hablado utilizaron el calificativo "difícil" para referirse a él.


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El cuadro 'Retrato de un joven caballero', el posible 'rembrandt' descubierto por Jan Six en un catálogo de Chrstie's René Gerritsen jan six fine art

Yo lo conocí hace nueve años, cuando estaba investigando para un libro sobre la historia de Ámsterdan y quise ver por dentro la famosa casa Six. Tras un típico almuerzo holandés a base de leche y sándwiches en una cocina que parecía salida de un cuadro de Vermeer ‒carpintería oscura, suelos de barro, luz oblicua‒, el barón me guió a través de su residencia, un delicioso laberinto de salas y antiguas estancias repletas de curiosidades, algunas de ellas de incalculable valor. Aunque las habitaciones abiertas al público y las zonas de vivienda estaban separadas, la sensación de encontrarse al mismo tiempo en una casa y en un museo era palpable. De admirar un Frans Hals se pasaba a advertir la presencia de un libro abierto y unas gafas de lectura en una mesa auxiliar, o una escoba y un recogedor en una esquina. Mi impresión general de la visita fue la de un lugar salido de una novela de Thomas Mann, con su grandeza perdida y su aire de quietud antigua, custodiado por marchitos aristócratas levemente irritados.

Si bien el anciano Six es conocido por su beligerancia, en lo que respecta a su batalla más pública, un litigio de varios años contra el Gobierno holandés por la imposibilidad de llegar a un acuerdo sobre el pago del mantenimiento de la casa, hay quien piensa que el aristócrata tiene algo de razón. "Un político de izquierdas pensó que era ridículo dar dinero a una familia acaudalada y retiró la subvención", explica Frits Duparc, exdirector del Museo Mauritshuis de La Haya, que actuó como mediador en el pleito. "Pero la realidad es que la familia no es tan rica, porque hace tiempo que las obras de arte se transfirieron a una fundación". Esta se creó en parte para mantener unida la colección y, en consecuencia, dentro del país. En el pasado, los Six se vieron obligados a vender varios Vermeers y otros tesoros nacionales para pagar los impuestos.

Al final, en 2008 se resolvió el pleito y se llegó a un acuerdo. La mansión es propiedad de una fundación, la familia tiene derecho a vivir en ella a perpetuidad, y el Estado proporciona los fondos para su mantenimiento. A cambio, la familia tiene que facilitar el acceso público limitado a la colección.

El origen de la obsesión de Jan Six con Rembrandt (él mismo la llama así) está en sus encuentros con el retrato de su tocayo, obra del maestro, en el "salón azul" de la casa familiar. Six puede hablar interminablemente del artista. Sus palabras cautivan y están llenas de emoción. "Lo que hace único a Rembrandt es su capacidad de representar a la persona", sentencia. "Cuando paseo por un museo y de la pared cuelga un Rembrandt, paso a su lado como pasaría junto a una persona, mirándola de reojo y preguntándome quién es, como si fuese alguien conocido. Es un ser humano vivo". Por el contrario, no tiene en demasiada consideración al otro coloso del Siglo de Oro holandés. "Sé que a muchos estadounidenses les encantar Vermeer. Personalmente, no me gusta. Es un truco, pura óptica. Creo que si se pusiese La joven de la perla al lado de cualquier rembrandt se apreciaría la diferencia".

Entre las muchas razones para los siglos de fascinación popular con Rembrandt ‒el volumen, la diversidad y la calidad de su obra, todos ellos impresionantes; la plétora de estilos con los que experimentó; la complejidad de su propia biografía‒, quizá la más incontestable sea la profundidad psicológica de que dotaba a sus personajes, la manera en que sus figuras parecen envolver al observador y arrastrarlo a los afanes particulares de ese momento de sus vidas.

Esta focalización en lo individual fue un rasgo definitorio de la época del artista. El Siglo de Oro holandés marcó un punto de inflexión que lo apartó de los temas estrictamente religiosos. De repente, las personas se interesaron por la vida corriente y por ellas mismas, y los artistas siguieron su ejemplo. La pintura de retratos se convirtió en un negocio. Con todo, Rembrandt aventajó a sus contemporáneos. Muchos de ellos sabían reproducir el aspecto del modelo. La razón de que los ciudadanos de Ámsterdam considerasen tan especial al pintor e hiciesen cola para encargarle sus retratos era que parecía poseer la capacidad de penetrar más allá de la superficie para llegar a la persona.

Tal vez el origen de esta empatía no se encontrase solamente en el genio del artista, sino también en su misma vida. Rembrandt llegó a ser muy pronto el pintor más aclamado del momento, pero rechazó seguir las modas cambiantes y perdió el favor del público. Gastó en exceso y contrajo cuantiosas deudas. Perdió a su esposa poco después de que esta diese a luz y entabló una relación con la niñera del niño, de la que intentó librarse internándola en un manicomio. Más tarde se arruinó. Al parecer, vivió sus últimos años en una miseria de la que solo él fue responsable. Si la Edad de Oro holandesa evidencia un nuevo interés profundo por lo individual, el pintor se aplicó el principio sin compasión. Sus autorretratos, en particular los tardíos, son exploraciones despiadadamente honestas del dolor psíquico que nos infligimos a nosotros mismos.

Las paredes del estudio de Six en Ámsterdam siempre están cubiertas de retratos del siglo XVII. Son obras que ha comprado y está investigando, o que ha encargado que se restauren y que tiene intención de revender. Cuando me presenté allí el pasado verano, Retrato de un joven caballero, el cuadro del catálogo de Christie's, colgaba en una posición destacada. Six, que habla con un murmullo acariciador y se refiere a sí mismo como un "investigador-marchante", me guió por él. "El guante y el puño me entusiasman. Son muy elegantes. ¿Se ha fijado en la pincelada? Rembrandt empezó aquí, se deslizó poco a poco hacia la derecha y trazó una curva. Luego añadió estas pinceladas amplias. A continuación realizó el puño. La parte iluminada la pintó de color porque sabía que, a la luz, no hay líneas negras, mientras que en la sombra, sí. Utilizó con inteligencia la manera en que la luz ilumina la materia en la realidad, difuminándose gradualmente para dar paso a la sombra".

Cuando estaba trabajando en mi libro sobre la historia de Ámsterdam, Six me invitó a visitarlo y me hizo una pequeña demostración extraordinaria. Apagó las luces, encendió unas velas, y los cuadros se transformaron al instante. Adquirieron una nueva energía; los dorados, los rojos y los tonos carne aumentaron su calidez; el centelleo de las llamas parecía insuflar vida a las figuras bidimensionales. Los ojos de Six brillaron cuando vio que había captado lo que quería decir. Los cuadros habían sido creados para la luz de las velas.


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La familia Six en 1985. El actual Jan Six es el primero por la izquierda. B. Bachelet Paris Match (Contacto)

El experto me ayudó a penetrar en el mundo de los habitantes del Ámsterdam del siglo XVII de la manera más tangible, a través de las diferencias mínimas en las maneras de ver y de sentir que separan una época histórica de otra. Por otra parte, me di cuenta de que, al mismo tiempo, me estaba revelando algo más, y ese algo era una vida de lucha con su familia por las expectativas que esta tenía depositadas en él como heredero de la Colección Six. Si bien cuando era niño y se dirigía a desayunar, el esplendor de la tradición artística occidental le daba los buenos días, la idea de que en él estaba su destino no lo hacía estremecerse. Mientras que, por lo visto, los herederos anteriores ‒que, aunque fueron ávidos coleccionistas, no eran profesionales del arte‒ aceptaron la responsabilidad con ecuanimidad, Six la rechazó. Su familia forma parte de la nobleza holandesa, pero cuando él era adolescente "intentaba no ser un aristócrata", me contó su íntimo amigo David van Ede. "Se avergonzaba un poco de ello". En vez de tener rembrandts y bruegels colgando en su dormitorio, prefería los carteles de Bob Marley y Guns N' Roses. Odiaba el instituto, se puso a trabajar como cocinero en un restaurante y durante un tiempo pensó que convertirse en chef podía ser su camino de rebelión. Cuando sus padres no estaban, organizaba fiestas en la mansión. "Íbamos allí casi cada fin de semana" recuerda van Ede. "No nos colgábamos de los candelabros, pero fumábamos, bebíamos Heineken, salíamos y nos íbamos a una discoteca de hip hop, parábamos en el Burger King, y a veces luego volvíamos a casa de Jan a dormir. En alguna ocasión hicimos saltar la alarma".

Six sabía lo que se esperaba de él, pero eso lo sacaba de sus casillas. "A nadie le gusta que lo acorralen", me confesaba. "Oyes decir toda tu vida que todo lo que haces sirve para prepararte para que sigas los pasos de Jan Six. Vale, pero, un momento, soy un individuo".

Sin embargo, cuando empezó a tratar con las personas que se presentaban a la puerta de su casa, entrada en mano, para visitar la mansión, se dejó persuadir, al menos en parte. Gracias a esas personas corrientes, Six se dio cuenta de que el arte era su vocación. "A veces algún guía se ponía enfermo y yo echaba una mano", cuenta. "Al principio me asustaba. Luego vi lo felices que eran los visitantes y lo mucho que se interesaban. Cuando se enteraban de que yo era Jan Six y me miraban a mí y luego el retrato de mi antepasado pintado por Rembrandt, me daba cuenta de cómo se emocionaban al conectar el pasado con el presente. Algunos de ellos sabían mucho de arte y yo los escuchaba". Six empezó a ver los cuadros con otros ojos. De ser representaciones planas de personas muertas pasaron a ser expresiones estéticas que actuaban como puertas de acceso a la historia. En particular, el rembrandt que retrataba al primer Jan Six hizo mella en él. "Me percaté de que me importaba que los ojos del cuadro fuesen genéticamente mis ojos".

Six intentó liberarse de la carga de su legado abriéndose al arte sobre el que se sustenta pero relacionándose con él a su manera. Estudió Historia del Arte en la universidad, y después fue contratado por la sucursal de Sotheby's en Londres como joven especialista en los maestros antiguos. Desempeñó bien su trabajo y se introdujo con facilidad en el mundo de la riqueza y la cultura internacionales. Al parecer, con el tiempo la genética familiar surtió su efecto. Geer Mak, un escritor holandés que escribió la historia de la familia Six, me explicaba que algunos de los antiguos Jan Six poseían un sentido de la vista extraordinariamente agudo que los guió mientras reunían su colección. "Igual que el actual", añadía. "Jan Six tiene un talento extraordinario para ver a través de la pintura, para recordar un gesto de otro cuadro que haya visto años atrás, además de una increíble memoria para los pequeños detalles".

A medida que progresaba en su profesión, Six empezó a sentir que tenía derecho a expresarse sobre la colección familiar. Siguieron una serie de choques con su padre, muchos de ellos debido a la posibilidad de ampliar el acceso al público, un asunto que siempre ha sido fuente de problemas. Actualmente, las visitas guiadas a la colección, posibles solamente con cita previa, tienen una lista de espera de un año. El joven Six me esbozó el retrato de un padre introvertido que intenta preservar su legado manteniendo el mundo a distancia, y que, con el tiempo, se ha dado cuenta de que tiene que batallar también con un hijo sociable y extrovertido que cree que la manera de proteger ese legado es precisamente compartirlo con el resto del mundo. Los enfrentamientos exasperaban cada vez más al heredero. "Después, cuando volvía a casa en bicicleta, iba pensando que lo único que intentaba era ayudar a mi padre".

Curiosamente, uno de estos desencuentros giró en torno a los marcos de los cuadros. Algunas grandes obras de la colección, entre ellas el Retrato de Jan Six, tienen ornamentados marcos dorados que les pusieron los Six del siglo XIX cuando la ostentación estaba de moda. El joven Six sostenía que había que devolverles el aspecto que tenían en el siglo XVII, es decir, los marcos lisos, negros y sobrios que, en su opinión, eran el hábitat natural de las pinturas.

Este fue el otro objetivo de la demostración a la luz de las velas que me ofreció Six. "Si a un Rembrandt se le pone un marco dorado, los elementos representados en él retroceden cinco metros, y todo lo que sea dorado se vuelve amarillento", explicaba. "La pintura tiene que competir con la interferencia del marco. Si esta se elimina, emerge la belleza". Su padre, en cambio, insistía en que los cuadros de la colección debían conservar los marcos dorados. Six hijo me decía que creía que su padre estaba convencido de que estaba obligado con la colección, y que eso incluía la manera en que la preservaron sus ancestros. "Cuando se vive durante décadas en una casa y esta se considera el núcleo de la propia existencia, prácticamente se vive para ella", resumía. Por otra parte, él mismo se siente obligado con el arte.


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Retrato que hizo Rembrandt del primer Jan Six, en 1654. Heritage / Contacto

Para evitar más discusiones, Six dio un paso atrás. "Decidí que prefería tener a mi padre como amigo, así que la casa y la colección no tienen nada que ver conmigo. Nuestra relación es mejor cuando mantenemos cierta distancia".

En 1991, la pintura del Siglo de Oro holandés, del Renacimiento italiano y de otras grandes épocas de la historia europea seguían dominando el mercado internacional del arte. Sin embargo, en estos tiempos digitales orientados al presente, en los que el equilibrio de poder mundial no para de cambiar (el año pasado, China se convirtió en el segundo mayor mercado de arte del mundo por detrás de Estados Unidos), los viejos maestros europeos han acabado pareciendo... viejos. En 2018, el 85% de los coleccionistas de arte que ocupan los 200 primeros puestos de la lista de ARTnews declaraban que coleccionaban una u otra forma de arte contemporáneo, mientras que solo el 6% afirmó que se interesaba por los maestros antiguos. Y si bien los grandes nombres ‒Rembrandt, Tiziano, Rafael‒ se siguen vendiendo por verdaderas fortunas, todos los demás han perdido valor. "Si se vende una pintura menor por 3.000 dólares, con el tiempo seguramente pasará a valer 2.000 dólares", reconoce Otto Naumann, un destacado marchante estadounidense que actualmente colabora con Sotheby's. "En la franja de los 300.000 dólares vemos un declive similar. Muchos de los paisajes marinos y los bodegones flamencos hoy valen menos".

El descenso de las ventas tiene que ver con el envejecimiento del sector. Según Frits Duparc, exdirector del Museo Mauritshuis, "apenas hay coleccionistas jóvenes" que se interesen por los antiguos maestros. "La mayoría de los principales coleccionistas son septuagenarios y octogenarios". También se han reducido los programas universitarios importantes, así como el número de profesores universitarios y las plazas de conservadores en los museos. Duparc añade que en Holanda hay exactamente un catedrático dedicado a tiempo completo al arte del Siglo de Oro holandés. Matthew Teitelbaum, director del Museo de Bellas Artes de Boston, informa de que su institución va a crear un nuevo Centro de Arte Holandés con el fin de contrarrestar esta tendencia. No obstante, reconoce que es difícil. "En estos momentos, es un campo de estudio en retroceso. Cada vez hay menos programas universitarios, y las convocatorias de plazas para profesores quedan vacantes". En cuanto a los marchantes que se dedican a los antiguos maestros, Duparc observa que, mientras que hace pocas décadas había docenas de profesionales independientes, hoy en día no queda más que un grupito disperso. La mayor parte de la compraventa ha sido absorbida por las dos grandes casas de subastas, Sotheby's y Christie's.

A pesar de este inhóspito panorama, en 2009 Jan Six decidió establecerse como marchante independiente de antiguos maestros holandeses, especializado particularmente en los retratos. Explica que acabó recelando de la mentalidad empresarial que encontró en Sotheby's, para la cual el patrimonio artístico mundial es una mercancía de lujo. "La mayoría de los marchantes son comerciantes", sentencia. "Lo mismo podrían ser vendedores de coches o agentes en Wall Street. La verdad es que no creo que se dediquen a esto por pasión por la estética". Encontró un elegante local en Ámsterdam, situado a pocas manzanas de sus padres y de la colección familiar, que le sirve al mismo tiempo de estudio, biblioteca y despacho, y abrió su negocio.

Six prosperó en su nueva profesión. Pasó los primeros años viajando entre Nueva York, Londres, París y Ámsterdam, comprando y vendiendo, aumentado su confianza y desarrollando un ojo aún más certero. Su nombre le facilitó el acceso a los coleccionistas más importantes y a los directores de los principales museos de arte del mundo. Se formó en las altas tecnologías de análisis de la pintura, capaces de ofrecer detalles sobre los lienzos, las maderas y los pigmentos que permiten profundizar en el conocimiento de una obra y su creador. Las cosas le iban bien ‒un Govert Flinck por aquí, un Gerrit van Honthorst por allá‒, pero tenía la sensación de que aún no le había llegado su oportunidad.

Lo que a él le importaba era Rembrandt. Six trabajó con ahínco para convertirse en experto. Inició una peregrinación para ver al natural todas y cada una de las 341pinturas del maestro enumeradas en el Corpus, que se encontraban dispersas desde Omaha, en Nebraska, hasta San Petersburgo, en Rusia (por el momento ha visto el 80%), y reunió un archivo de decenas de miles de documentos e imágenes relacionados con el artista. Se podría decir sin miedo a exagerar que se tomó a Rembrandt como algo personal. Cuando hablamos por primera vez del retrato que había descubierto, me dejó muy claro lo que el hallazgo había significado para él. "No tiene nada que ver con mi familia", aseguraba, lo cual, como él sabía bien, era verdad en sentido estricto, y también totalmente falso. "Quiero que entienda que el descubrimiento es independiente de mi padre y de la colección Six. Es pura catarsis. Por primera vez en mi vida, somos solo Rembrandt y yo".

Tras examinar el retrato del joven caballero en la sala de exposiciones de Christie's, Six cogió un avión de vuelta a Ámsterdam y llevó las fotografías que había hecho a Ernst van de Wetering, el especialista en el pintor al que había mostrado la imagen del catálogo. La intriga de Van de Wetering aumentó, pero no quiso decir nada más hasta ver el cuadro por sí mismo. A Six le bastó con eso. Estaba listo para pujar. Se calculaba que el precio de adjudicación se situaría entre 19.000 y 25.000 dólares, una minucia si la pieza era lo que él pensaba. Ahora bien, si alguien sospechaba lo que se traía entre manos, el precio se dispararía. Evidentemente, las obras de Rembrandt se pueden vender por decenas o cientos de millones. En 2015, el Museo Nacional de Holanda, principal depósito del arte y la historia del país y hogar de La Ronda de Noche, de Rembrandt, adquirió, en asociación con el Louvre, un par de retratos de cuerpo entero y a tamaño natural de una pareja de novios fechado en 1634, es decir, precisamente en el mismo periodo al que pertenece el hallazgo de Six. (Ambas figuras llevan el revelador encaje de bolillos). Los museos pagaron 174 millones por el conjunto.

Six llamó a un inversor con el que había trabajado en el pasado (rehusa revelar su nombre) y recibió el visto bueno. Según me contó, el inversor estaba dispuesto a llegar a los cuatro millones de libras (cinco millones de dólares), lo cual seguiría siendo una ganga para un Rembrandt. Al final, Six ganó la puja por 137.000 libras (173.000 dólares), un precio correcto para una obra "del círculo de".

  Si alguien sospechaba lo que se traía entre manos, el precio del cuadro se dispararía. Un 'rembrandt' puede valer cientos de millones

Lo mandó limpiar, restaurar y analizar científicamente. Para ello recurrió al mejor equipo del país en análisis de obras de arte con tecnología punta. Petria Nobel, jefa de conservación de pintura del Museo Nacional, me explicaba que en su laboratorio le hicieron un macroescáner de fluorescencia de rayos x, un método que atraviesa las capas de pintura y permite hacer un sofisticado análisis de una obra y, por lo tanto, del proceso del artista, y estudió también muestras de pintura. Como el museo holandés acababa de comprar junto con el Louvre el par de retratos de los novios obra del maestro, el joven caballero de Six se podía comparar en detalle con ellos, en especial con el del novio, llamado Marten Soolmans.

Las pruebas mostraron, como sostiene Six en su libro de 2018 sobre el cuadro, que ambas obras "fueron realizadas exactamente con los mismos materiales; siguen la misma acumulación de capas de pintura; se ajustan al mismo procedimiento de ejecución, consistente en pintar de atrás adelante; y lo más importante, en ambas aparece el singular método del negro sobre blanco empleado para representar los cuellos de encaje". En otras palabras, el marchante afirmaba que su pintura era tan obra de Rembrandt como las que habían costado decenas de millones de dólares.

Los museos, sin embargo, intentan evitar que los marchantes los utilicen como instrumentos para sus ventas, así que Noble no estaba dispuesta a mostrarse tan taxativa. "Teníamos que ser cautelosos con el veredicto que emitiésemos", advirtió. "Hay muchas similitudes, y también queda un buen número de preguntas que requieren más estudios".

Lo siguiente que hizo Six fue reunir un grupo de eminentes especialistas para que respaldasen su atribución del cuadro a Rembrandt. Hay que señalar que algunos mostraron reservas, no porque estuviesen seguros de lo contrario, sino como un paso más hacia el reconocimiento de que, en la historia del arte, existen zonas de indefinición. En el caso de una obra como aquella, aparentemente salida de la nada, no hay manera de alcanzar una certeza absoluta sobre su origen. "Cuando Jan se dirigió a mí con su cuadro, tuve que admitir que no podía refutar sus argumentos", confiesa Gary Schwartz, un biógrafo estadounidense de Rembrandt y una autoridad en el arte holandés del siglo XVII. "Le dije que no iba a expresar dudas sobre la autoría del maestro, pero que no me hacía mucha gracia" ser tan terminante. A continuación, detalla las dificultades concretas que plantea Rembrandt a los responsables de certificar la autenticidad de sus obras, que abarcan la variedad de estilos que cultivó, sus numerosos alumnos o la posibilidad de que, en su taller, hubiese más de una persona trabajando en determinada obra. Un cuadro que se atribuya, por ejemplo, "al taller de Rembrandt" en vez de al artista mismo, tendrá menos valor. Schwartz es uno de los historiadores del arte a los que, cuando se trata de cuestiones de autenticidad de las creaciones de los pintores famosos, le gustaría que la gente se fijase menos en el artista y el valor monetario del cuadro que en la obra en sí misma. Utiliza el término rembrandtidad y defiende que se matice la probabilidad de que un cuadro sea del propio artista. Con respecto a la rembrandtidad de este retrato en concreto, concluía que "la atribución a Rembrandt es la hipótesis a batir, pero cabe la posibilidad de que no sea imbatible".


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René Gerritsen Jan Six Fine Art

Los museos intentan respetar la rembrandtidad. La Galería Nacional de Arte de Londres, por ejemplo, etiqueta Viejo en un sillón como "probablemente, obra de Rembrandt", y la Real Pinacoteca Mauritshuis anunciaba recientemente que está poniendo en marcha un estudio exhaustivo de dos de sus supuestos rembrandts para intentar determinar la probabilidad de que sean de mano del maestro. "Creo que la rembrandtidad es una buena idea ", considera Ronni Baer, jefa de conservadores de pintura europea del Museo de Bellas Artes de Boston, "pero la gente no se conformará con ella porque en la atribución hay mucho dinero en juego".

La opinión más importante sobre si el cuadro era o no de Rembrandt fue la de Van de Wetering. El especialista se reservó su veredicto mientras la obra estaba siendo analizada. "Mientras se llevaba a cabo la restauración, estaba cada vez más convencido", me explicó. "Pensaba que la valoración de Jan Six era acertada".

Sin embargo, al final añadió una importante salvedad. Ahora el estudioso piensa que, en un principio, el cuadro de Six formaba parte de una obra mayor. Un indicio es que el rostro está ligeramente borroso. Van de Wetering me contó que Rembrandt utilizaba este recurso en sus retratos de grupo para guiar la vista hacia la figura central de la composición. “La otra figura debió de estar ligeramente más en primer plano”. Es posible que fuese una figura femenina y la composición original posiblemente fuese un retrato de boda que más tarde se dividió. En una entrevista posterior con un periódico holandés, van de Wetering afirmaba que, si se trataba, como creía él, de "un fragmento de una obra mucho mayor", su importancia disminuiría.

El día después de encontrar la pintura en el catálogo de Christie's, en 2016, Jan Six conoció a una mujer llamada Ronit Palache. Él venía de un divorcio complicado y los dos hicieron buenas migas casi inmediatamente. "Una de las primeras cosas que me dijo fue que creía que había descubierto un rembrandt", me contaba Palache el pasado julio. "Cuando empezamos a salir, no paraba de hablar del cuadro".

Palache era editora y relaciones públicas de una editorial holandesa. Cuenta que Six le dijo que proyectaba escribir un tratado académico para acompañar el descubrimiento, y que cuando leyó sus notas las encontró "aburridas". Entonces empezó a incubar una idea. Hete aquí el vástago de una familia famosa en Holanda por su conexión con el gran arte, y con Rembrandt en particular, que ha descubierto un rembrandt él mismo. Como publicista, "lo enfocó desde el punto de vista comercial", explicaba.


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Heritage / Contacto

Su idea era dar a conocer el cuadro de la misma manera en que se presentaría un libro superventas, con un gran despliegue de medios de comunicación. Al principio, Six se resistía. "Le dije que no era un tema que tuviese mucho público", cuenta. "Normalmente los maestros antiguos son para personas entradas en años que tienen tiempo libre". Palache no se dio por vencida y, al final, Six se dejó guiar por ella. "Me pasaba el tiempo convenciendo a Jan de lo grande que iba a ser esta historia", recuerda.

En mayo de 2018, casi un año y medio después de ver el cuadro por primera vez en Londres, Six apareció en directo en Pauw, uno de los programas de entrevistas más populares de Holanda. Tras una breve introducción, Six y el presentador retiraron la tela negra que cubría el lienzo ante las exclamaciones del público. La aparición en televisión fue el plato fuerte de la campaña en los medios, que incluyó también un artículo de portada en exclusiva para NRC Handelsblad, el periódico de más tirada del país, y un libro sobre el cuadro, titulado Rembrandt's Portrait of a Young Gentleman [Retrato de un joven caballero de Rembrandt], escrito por Six e impecablemente editado. En pocos días, la noticia corrió por el mundo. El libro se convirtió de inmediato en un éxito de ventas en Holanda, y se llevaron a imprenta las ediciones en inglés y francés.

A los holandeses les gusta señalar que son gente fieramente igualitaria y espontánea. En el idioma existen varios dichos sobre el peligro de la soberbia, como por ejemplo, "cuanto más alto es el árbol, más lo azota el viento", o "saca demasiado la cabeza y te la cortarán". El mundo de los grandes maestros también suele preferir la discreción ‒cuando no la modestia‒ a la ostentación. La parafernalia con la que Six dio a conocer su descubrimiento representó un desafío para ambas maneras de conducirse. Sin embargo, en un primer momento, los guardianes del arte tradicional, lejos de poner mala cara a la espectacularidad, quedaron maravillados con la atención adicional que estaba atrayendo su campo. En una conversación que mantuvimos por entonces, Wim Pijbes, exdirector del Museo Nacional de Holanda, calificó la revelación en televisión de "iniciativa muy bien presentada, además de bastante sorprendente".


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Cuando Six estaba inmerso en la marea de entusiasmo popular, le pregunté por qué razón participaba ahora en la mercantilización del arte, si había dejado Sotheby's por el disgusto que ello le causaba. Él se encogió de hombros y entonó un mea culpa por Internet: "Soy un hombre de negocios". Sin embargo, después me ofreció una respuesta más introspectiva. "Durante años he estado luchando mentalmente por demostrar que sé algo de pintura por mérito propio. Me alegra que, hasta el momento, en todos esos artículos, desde Estados Unidos hasta China, se haya escrito sobre mí como marchante, no como un Six".

En septiembre de 2018, al cabo de cuatro meses de su espectacular aparición en televisión y casi dos años después de la subasta en Christie's, un marchante holandés de Alkmaar, una ciudad al norte de Ámsterdam, llamado Sander Bijl, habló con un redactor de NRC Handelsblad y declaró que la verdad era que él también había reconocido la fotografía del catálogo como un probable rembrandt. Añadió que había propuesto a Six que comprasen el cuadro juntos, que este se había mostrado de acuerdo, y que ambos se comprometieron a poner un tope de un poco más de 100.000 euros a su puja conjunta, que era la cantidad a la que Bijl podía llegar. Cuando el cuadro se vendió por 153.000 euros, relata, jamás se le ocurrió que el mejor postor hubiese sido Six. Bijl acusó a este de haber cerrado un trato con él para luego hacer una puja más alta por su cuenta a través de un intermediario, a fin de poner contra las cuerdas a un competidor que había advertido el verdadero valor de la obra. Como me dijo otro marchante especializado en maestros antiguos: "En nuestro negocio, eso no se hace".

La entrevista en el periódico en la que Bijl declaraba que Jan Six, el predilecto del mundo de los antiguos maestros holandeses, era un tramposo tuvo resonancia en toda la comunidad internacional del arte. Más tarde, Bijl me contó que no le había quedado más remedio que denunciar lo ocurrido para proteger su propia reputación, ya que pensaba que era perjudicial para su imagen que los marchantes y otros miembros del sector pensasen que se le había escapado un rembrandt. Le enfurecía que en la revelación televisada del retrato por parte de Six y en las siguientes apariciones de este en los medios de comunicación, hablase del proceso de descubrimiento, investigación y compra como una empresa estrictamente individual, en la que el aristócrata solo contó con la ayuda de los conocimientos de van de Wetering y la financiación de su anónimo patrocinador. "Jan Six iba por ahí pregonando su descubrimiento como si fuera solo suyo y preguntándose si todos sus colegas eran idiotas o es que él era muy listo. Sabía perfectamente que lo habíamos visto los dos". Bijl me remitió una cadena de mensajes de WhatsApp enviados por él a Six antes de la subasta de Christie's, que incluían capturas de pantalla de partes del lienzo, en los que daba detalles de su propio examen del mismo. En apariencia, los mensajes demostraban que Bijl había visto la pintura personalmente antes de que Six lo hiciese en la sala de exposiciones de Christie's.

  Un marchante declaró a la prensa que él también había reconocido la fotografía del catálogo y que Six le había engañado

El pasado septiembre, Six me dijo que nunca había llegado a un acuerdo con Bijl para comprar el cuadro. Sin embargo, me pareció que insinuaba que le había dado falsas esperanzas. "Me aterrorizaba que Sander pusiese a la casa de subastas sobre aviso de que tenían algo especial", justificaba. "Entonces Christie's retiraría el cuadro de la subasta, algo que ya me ha pasado antes. Le pregunté qué quería hacer". Six me aseguró que lo que le quiso decir con eso era qué proyectaba hacer Bijl, pero que este se lo tomó como un acuerdo de colaboración en el asunto del cuadro. El pasado octubre, Six declaró al periódico De Volkskrant que había dejado margen a Sander para que se creyese su propia historia.

Las últimas novedades despertaron un interés especial entre los holandeses debido a los paralelismos entre ambos marchantes. Los dos tienen más o menos la misma edad. Martin Bijl, padre de Sander, es uno de los mejores restauradores de Holanda que, a lo largo de su trayectoria profesional, ha devuelto el esplendor a numerosos rembrandts. Al igual que Six, Bijl creció rodeado de antiguas obras de arte holandesas. No obstante, la posición social de ambos es diferente. "Soy la clase de marchante que tiene un estand en todas las ferias de arte", puntualizaba Bijl. "Jan Six no se molesta en esas cosas. Yo soy el pequeño Sander Bijl de Alkmaar, y él es el aristocrático Jan Six de Ámsterdam".

A raíz de la acusación de Bijl, Six me facilitó otra información que parecía restar importancia a la disputa entre los marchantes. Tiempo atrás yo le había preguntado por un rumor que corría, según el cual él habría descubierto un segundo rembrandt. Nuestro protagonista lo negó. Ahora decía que era verdad. Six reconocía que había descubierto ese otro rembrandt dos años antes de ver el retrato en Christie's, pero que había acordado no hacerlo público hasta finales de 2019, momento en que la obra se convertiría en la pieza estrella de la reapertura del Museo De Lakenhal de Leiden, la ciudad natal de Rembrandt, coincidiendo con el 350º aniversario de la muerte del artista. Six me confió que la acusación de Sander Bijl había cambiado la situación, y añadió que, a fin de explicar lo ocurrido entre ambos, se veía obligado a hacer pública la noticia de que había descubierto un segundo rembrandt, cosa que hizo el 14 de septiembre mediante otra teatral revelación en Pauw.

También me contó que se fijó por primera vez en el cuadro, que representa una escena bíblica en la que aparece Jesús rodeado de niños y un grupo de adultos que observan, en 2014, en el catálogo en Internet de una casa alemana de subastas. Sintió que los años que había pasado examinando rembrandts habían quedado compensados en un instante. Lo que llamó su atención fue un posible autorretrato de Rembrandt muy joven en uno de los personajes secundarios. El detalle entusiasmó a Six no solo por su gran parecido con otros autorretratos del artista, sino también porque concordaba con una costumbre del maestro en sus primeros años, consistente en incluir una imagen de sí mismo en sus cuadros. La pintura tenía un precio de salida de entre 20.000 y 27.000 dólares, pero el marchante Otto Naumann también había advertido que se trataba de un probable rembrandt y estaba decidido a comprarlo. Al final, Six y su inversor anónimo acabaron pagando dos millones de dólares por él. Se cree que fue ejecutado en un momento muy temprano de la carrera del artista, posiblemente cuando tenía tan solo 19 años, y que es la primera obra suya sobre lienzo que se conoce.

El cuadro había sido repintado profusamente por un artista posterior que había vuelto a cubrir los ropajes con diferentes colores y había vestido el cuerpo de un niño desnudo. Para intentar devolverle un aspecto similar al que quiso darle el maestro, Six decidió que se eliminase lo añadido. También en esta ocasión consultó con van de Wetering, que se empeñó en que encargase la restauración, extremadamente delicada, a Martin Bijl. "Yo no quería, pero Ernst insistió", se lamentaba, al parecer afirmando de manera implícita que si quería el plácet del experto no tenía más remedio que trabajar con el padre de Sander Bijl. Six me contó que llegó a un acuerdo con Martin Bijl para que restaurase la pintura, y que fue mientras se llevaba a cabo el minucioso trabajo cuando descubrió el retrato en el catálogo de Christie's y se lo enseñó a Van de Wetering.

Poco después, Sander Bijl, hijo del restaurador, mandó a Six un mensaje de WhatsApp que decía: "Jan, creo que has hablado con Martin y Ernst del retrato que está a punto de ser subastado". Sin embargo, Six no había comentado nada del retrato al restaurador. Según me explicó, ese mensaje le demostró claramente que van de Wetering había traicionado su confianza al informar a Martin Bijl de que Six iba tras un nuevo rembrandt, y que el padre se lo había contado a su hijo. En septiembre de 2018 repitió esta afirmación en Pauw, así como que van de Wetering lo había presionado para que encargase el trabajo a Martin Bijl. "De repente, Sander intentó trabar amistad conmigo", me explicaba Six, y a hacer insinuaciones de adquirir el retrato conjuntamente. Mientras tanto, siempre según el marchante, el padre pedía más dinero para acabar la restauración del primer cuadro. Ya no quería solo unos honorarios por hora, como se estableció en el acuerdo original, sino un porcentaje de los beneficios de la venta del cuadro. "Era una forma de chantaje", sentencia Six.

Escribí un correo electrónico a Martin Bijl para que respondiese a la acusación. No me contestó, pero su hijo, sí. Me dijo que su padre había pedido más dinero después de que Six le hubiese pedido que acelerase la restauración, lo que le habría obligado a rechazar otros clientes. También me remitió una cadena de mensajes de WhatsApp entre Six y su padre que indicaba que la relación era cordial.

Sander Bijl no niega que se enterase del interés de Six por la obra a través de su padre, el cual, efectivamente, se había enterado a través de van de Wetering, pero añadió que estas conversaciones son normales e inevitables en el mundillo de los antiguos maestros holandeses. No obstante, señala que cuando su padre le habló del interés de Six por el retrato, él ya se había dado cuenta de que Christie's iba a vender un posible rembrandt como la obra de un pintor menor. Bijl hijo puso a mi disposición un correo electrónico que envió a Christie's en noviembre de 2016 pidiendo una fotografía del cuadro a alta resolución, fechado unos días antes de la fecha en que Six me dijo que lo había visto por primera vez, dándome a entender, en otras palabras, que ya había reparado en él. Según me contó, él y Six habían hecho negocios en alguna ocasión ‒a principios del año pasado compró al amsterdamés un par de obras de pequeño formato‒, así que le pareció normal proponerle la idea de adquirir el cuadro conjuntamente.

Cuando, el pasado diciembre, hablé por teléfono con Sander Bijl después de que los medios de comunicación hubiesen polemizado un par de meses sobre su disputa con Six, me insinuó que el origen del empeño de su colega en negar su participación en la compra de la obra se encontraba en los demonios interiores del aristócrata. "Tiene un problema con la carga que representa el apellido Six y cree que tiene que demostrar algo. ¿Acaso tengo yo que pagar por sus problemas de familia? No. Me engañó".


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Jan Six IX (izquierda) y Jan Six X, padre y abuelo, respectivamente, del actual Jan Six, posan en su casa familiar en 1985. B. Bachelet Paris Match / Contacto

Además de los titulares del estilo "Jan Six, descubridor de un nuevo Rembrandt, acusado de engaño", Six recibió otra desagradable sorpresa. Van de Wetering, al que el primero había admirado desde los comienzos de su vida profesional, dio una virulenta respuesta pública a las afirmaciones de Six de que el experto lo había presionado para que recurriese a Martin Bijl y de que había violado su confianza. Mientras que pocas semanas antes van de Wetering me había dicho que Six y él tenían "una gran amistad", tras las acusaciones del marchante declaró a NRC Handelsblad: "Six ha mostrado su verdadera naturaleza. Ahora sé que es capaz de mentir", y declaró que la amistad entre ambos había acabado. No obstante, en la misma entrevista hizo una elogiosa valoración del segundo hallazgo de su examigo. Según el experto, la pintura de tema bíblico se trataba de "un gran descubrimiento" que "mostraba una fase del desarrollo del joven Rembrandt".

Six y yo volvimos a reunirnos en octubre. Su actitud era desafiante. El marchante lleva el pelo largo, y cuando se exaspera, tiende a caerle en la cara como una cortina. Vuelve a colocarlo en su sitio mientras pronuncia su defensa. Insiste en que lo único que intentaba Sander Bilj era sacar provecho económico del éxito de Six. "Cuando Dan Brown escribió El código Da Vinci se enfrentó a multitud de pleitos", alegaba. "La verdad es que tengo suerte de tener solo a un tipo persiguiéndome". Rechaza mi insinuación de que su obsesión con Rembrandt podía haber ofuscado su criterio profesional. Ni siquiera da crédito a la prueba aparentemente irrefutable de que Bijl se había percatado por sí mismo de que el retrato era un posible rembrandt, y expresa su amargura por el hecho de que la conspiración de otros, motivada, en su opinión, por los celos y la codicia, hubiese empañado su hazaña personal y profesional y hubiese eclipsado un éxito sin precedentes. "Hasta ahora nadie en la historia de la humanidad había descubierto dos rembrandts".

A pesar de su pérdida de importancia en el mercado y en los planes de estudios, los antiguos maestros holandeses siguen teniendo un gran atractivo para el gran público. El éxito del libro y la película La joven de la perla, que resisten al paso de los años, y la novela de Donna Tartt El ruiseñor ‒cuyo argumento gira en torno a un cuadro del artista del siglo XVII Carel Fabritius y se va a llevar a la gran pantalla‒ tienen su correspondencia en la afluencia de visitantes a las exposiciones en los museos. Desde que los museos Nacional de Holanda y la Pinacoteca Mauritshuis volvieron a abrir sus puertas hace algunos años tras su renovación, ambas instituciones han visto multiplicarse aproximadamente por dos las cifras de visitantes. "En el ámbito de los antiguos maestros, creo que la pintura holandesa es mucho más accesible que la religiosa italiana o el Barroco con su pompa, por poner dos ejemplos", señala Ronni Baer, conservadora del Museo de Bellas Artes, para explicar su popularidad. "Cualquiera puede entender una naturaleza muerta o un interior".

Los elogios que algunos expertos en los antiguos maestros neerlandeses, conscientes de la popularidad de la obra de estos entre la gente corriente y deseosos de revertir su pérdida de valor en el mundo académico y en el mercado, dedicaron a Jan Six cuando este hizo sus descubrimientos, seguramente obedecieron a que vieron en él un atractivo joven defensor de la causa. Es cierto que tiene abolengo, pero, más allá de este, Six capta a la perfección lo que hace especial a esta escuela. Al apartarse de los temas estrictamente religiosos y poner de relieve el mundo que los rodeaba con sus bodegones, sus paisajes y los retratos que se hicieron mutuamente, los pintores de la época crearon unas obras artísticas que constituyen escaparates de lo que somos realmente. Las personas que dedican su vida a este campo del conocimiento lo hacen por convicción y lo consideran una misión. "Tenemos que luchar por la importancia del arte holandés", proclama Emilie Gordenker, directora de la Pinacoteca Mauritshuis, en cuyas salas cuelgan La joven de la perla, de Vermeer, y El ruiseñor, de Fabritius. "Debemos asegurarnos de que las historias de estos cuadros sigan teniendo importancia".

Tras la debacle de Six, algunos de los personajes más destacados en este ámbito ‒directores de museo, conservadores, investigadores‒ manifestaron su decepción con él, aunque ninguno quiso que sus palabras constasen por escrito. "Es un asunto muy triste porque la gente ya sospecha que los marchantes de arte son poco de fiar", opinaba uno de ellos. "Puedo decirle que hay quien se refiere a Jan Six como Ícaro".

Uno de los marchantes considera que Six cometió un error de inexperto en su manera de manejar la polémica. "Debería haber intervenido de inmediato para resolver la cuestión discretamente". Aunque pensase que tenía razón, sugiere el marchante, lo prudente habría sido llegar a un acuerdo a fin de proteger la propia reputación. "La gente tiene que confiar en ti y en tus cuadros". Para subrayar lo que quería decir, me contó que había preguntado a un destacado comprador si quería que pidiese el precio de uno de los dos cuadros descubiertos por Six, a lo que este respondió que no mientras estuviesen envueltos en la polémica.

No obstante, en el mundo en general, las controversias acaban diluyéndose. La última vez que hablé con Jan Six en febrero, su estado de ánimo era totalmente diferente. Para conmemorar el 350º aniversario de la muerte de Rembrandt, que se celebra este año, la cadena de radiodifusión NPO le pidió que grabase una serie de televisión en cinco capítulos en la que Six pasea por las calles en las que vivió el pintor, se detiene ante el edificio de Leiden en el que fue al colegio y medita delante de diversas obras de arte. En ella, Six hace lo que mejor sabe hacer, que es comunicar su pasión, en este caso a un público muy amplio, lo cual es algo nuevo para él. "Hay cientos de miles de espectadores viéndome por la tele y disfrutando", cuenta. "De repente, toda clase de personas se ponen en contacto conmigo. Algunas tienen un cuadro antiguo y quieren que lo vea. Justa ahora acaba de llamarme una mujer. Me dijo que iba a cumplir 75 años y que su hermana gemela era una apasionada de Rembrandt. Me preguntó si había alguna posibilidad de que me pasase por su casa el día de su cumpleaños y hablase 10 minutos del artista. Me pareció muy dulce y desde luego que iré. Todo esto me ha animado mucho".

La experiencia televisiva ha puesto algo de distancia entre él y "la burbuja", como se refiere a la élite del arte, y le ha permitido empezar a dejar atrás este año apasionante y atroz. "Era algo épico y fantástico", afirma, "y entonces todo cambió. Me di cuenta de que estar tan obsesionado con un pintor no es necesariamente algo bueno. Aunque, por supuesto, sigo estándolo".

Si en alguna ocasión va paseando por el centro de Ámserdan, hay un punto desde el cual es posible establecer contacto visual con Jan Six. Con el primero, claro. En la mansión Six, su retrato está situado de tal manera que, estirando un poco la cabeza, se puede ver desde la acera de enfrente. El cuadro cuelga en una habitación del primer piso, mirándole a uno desde arriba. A Jan Six XI le gusta hablar de la manera en que Rembrandt entendía las miradas. La de su ancestro y tocayo parece atrapada en una espiral de melancolía, en una conciencia fatigada y cómplice de las frustraciones y limitaciones de la vida humana.

Esa fue revelación que recibió el Jan Six XI adolescente al contemplar el retrato de su antepasado, la que lo encaminó hacia la búsqueda de su propia identidad, distinta de la de sus ancestros: que una persona que vivió hace tres siglos y medio fuera capaz de transmitir, aplicando pintura sobre un lienzo, la esencia humana de una manera absolutamente inteligible en nuestros días, y que, quizá por eso, la identidad, con todos sus defectos e inseguridades, sus estallidos de discernimiento y sus reservas de empatía, por individual que sea, es al mismo tiempo universal.


Russell Shorto / elpais.com
The New York Times Magazine. Traducción de News Clips.
 




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Mensaje Re: REMBRANDT 
 
Velázquez, Rembrandt, Vermeer. Pintores sin fronteras

El Museo del Prado presenta 72 obras de artistas holandeses y españoles para, lejos del tradicional nacionalismo historiográfico, subrayar lo que tienen en común los grandes maestros del Barroco



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Una experta del Museo del Prado y otra del Rijksmuseum de Ámsterdam revisan el cuadro de Rembrandt 'Los síndicos' esta semana en la pinacoteca madrileña. / Gorka Lejarcegi

¿Cuáles han sido los grandes logros de los Países Bajos? En 1886, en plena efervescencia de los nacionalismos, el escritor neerlandés Conrad Busken Huet escribió una historia cultural de Holanda en tres tomos para tratar de responder a esa pregunta. Su respuesta se redujo, finalmente, a dos cosas, una isla indonesia y un cuadro: Java y Los síndicos, es decir, el imperio colonial y la pintura de Rembrandt. Desde el próximo martes, ese cuadro podrá verse en el Museo del Prado dentro de la exposición Velázquez, Rembrandt, Vermeer. Miradas afines. El lienzo, cuyo título completo es Los oficiales del gremio de pañeros de Áms­terdam, retrata a los encargados de controlar la calidad de las cotizadísimas telas fabricadas en la ciudad, generalmente de colores azul y negro.


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Velázquez. El bufón el Primo. 1644. Óleo sobre lienzo, 106,5 x 82,5 cm. Museo del Prado.

El martes pasado, la brigada de montadores del Prado se encargó de sacarlo de la caja roja de madera que lo había traído en un camión desde el Rijksmuseum y de colgarlo en el destino que tendrá hasta el próximo 29 de septiembre. La operación, que culminó cuando los focos iluminaron a los seis sorprendidos protagonistas de la escena, se prolongó durante tres horas, en las que hubo tiempo para colgar un vermeer, un velázquez y otros dos rembrandts; entre ellos, su famoso autorretrato vestido como san Pablo y la efigie de su hijo Tito con hábito de franciscano. Antes de que siete operarios colocaran el cuadro en una ceremonia salpicada con jerga de quirófano y prosa de carpintería, dos expertas del museo madrileño y una del holandés repasaron con sendas linternas los 191,5 × 279 centímetros de una tela que su autor firmó ostentosamente en el ángulo superior derecho en 1662. Tenía 53 años, le quedaban 7 de vida y había conseguido a duras penas sobreponerse a la bancarrota.


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Rembrandt. Judit en el banquete de Holofernes (antes Artemisa). 1634. Óleo sobre lienzo, 143 x 154,7 cm. Museo del prado.


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Pieter Steenwijck. Emblema de la Muerte. 1635 - 1640. Óleo sobre tabla, 36 x 46 cm. Museo del Prado.

Hijo de un molinero de Leiden y nacido en 1609, Rembrandt van ­Rijn había vivido lo suficiente para ver cómo en 1648 la Corona española reconocía la independencia de los Países Bajos tras una guerra de 80 años y asedios míticos como los de Breda o Maastricht. Aunque las relaciones que siguieron a la paz de Westfalia estuvieron marcadas en el siglo XVII por el pragmatismo habitual en los grandes comerciantes, la liberación de las Provincias Unidas fue utilizada por el nacionalismo del XIX para señalar el momento fundacional de la república liderada por Guillermo de Orange.


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Werner van den Valckert. Retrato de Goldsmith, probablemente Bartholomeus Jansz van Assendelft. Óleo sobre tabla, 66 x 49,5 cm. 1617. Ámsterdam, Rijksmuseum Amsterdam


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Mujer bañándose en un arroyo. Rembrandt Harmenzoon van Rijn. Óleo sobre tabla, 61,8 x 47 cm. 1654. Londres, The National Gallery

El propósito era subrayar lo que ­diferenciaba a Holanda del resto de Europa en general y de España en par­ticular. Y el arte era un terreno perfecto para ser usado como supuesto reflejo de caracteres colectivos asociados al clima, la religión o la lengua. Nacían las naciones y, de su mano, las escuelas nacionales de pintura. Para ello había que obviar, por supuesto, la buena reputación de los holandeses en Castilla, las relaciones comerciales de Cádiz con Ámsterdam, los dos embajadores de los Países Bajos que vivían en Madrid, los trabajos de Murillo para clientes neerlandeses afincados en Sevilla o los encargos del conde de Peñaranda a Gerard ter Borch. Por no hablar de la labor en la corte de los Austria de un pintor de Utrecht como Antonio Moro, la alegoría de la fe romana pintada por Vermeer o la cantidad de católicos que seguían viviendo en Holanda tras una guerra de independencia que se vendió parcialmente como guerra de religión: dos de los síndicos del cuadro de Rembrandt lo eran; entre ellos, el más anciano, ­Jacob van Loon, sentado el primero por la izquierda.


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Murillo. Nicolás Omazur. 1672. Óleo sobre lienzo, 83 x 73 cm. Museo del Prado.

La propaganda hispana empleó parecidos reflejos nacionalistas para satisfacción de escritores viajeros y buscadores de exotismo y de color local. Pese a que, por un tiempo, la obra de El Greco llegó a repartirse en el Museo del Prado entre las salas de pintura española y las de pintura italiana, el artista de Creta formado en Venecia fue, contra cualquier evidencia, convertido durante décadas en representante de todo lo que no era: castellano y místico.


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Demócrito. Hendrick ter Brugghen. Óleo sobre lienzo, 85,7 x 70 cm. 1628. Ámsterdam, Rijksmuseum Amsterdam

Hace tiempo que la historiografía matizó la teoría de las escuelas nacionales, pero esta sigue pesando mucho en el imaginario popular. Y en la mera organización de las colecciones. “Nos resistimos a admitir para el Barroco el internacionalismo que admitimos, por ejemplo, para las vanguardias”, dice Alejandro Vergara, jefe de conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Prado, mientras pasea por la exposición de la que es comisario. “Por supuesto que no niego que las naciones existan, incluso concedo que puede ser emocionante ver un cuadro con la bandera al hombro, pero el arte no responde a las fronteras a pesar de que la pintura se haya usado políticamente para confeccionar relatos que inciden en nuestras vidas. Las estampas y los tratados circu­laban de norte a sur y de este a oeste. Tampoco niego que existan las diferencias, solo digo que se han exagerado. Existía una cultura pictórica paneuropea. Contra lo que se ha afirmado con frecuencia, ni Velázquez, ni Vermeer, ni Rembrandt, ni otros pintores de la época expresaron en sus cuadros la esencia de sus naciones. Ni lo español, ni lo holandés, ni la raza. Expresaron su propio talento y unos ideales estéticos que compartían con una comunidad supranacional de artistas”.


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Los borrachos, o El triunfo de Baco. Diego Velázquez h.1638. Museo del Prado.


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Johannes Vermeer. Vista de casas en Delft, conocida como The Little Street (la callejuela). Óleo sobre lienzo, 54,3 x 44 cm., c. 1658. Ámsterdam, Rijksmuseum Amsterdam.

Por eso —“contra prejuicios muy arraigados en nuestra educación”—ha montado una muestra que incide en las afinidades y no en las diferencias. Por eso la ha abierto con una sección dedicada a la moda del siglo XVII tal y como aparece en los cuadros del momento. El color negro —popularizado como señal de buen gusto desde la corte española, que lo tomó de los duques de Borgoña— fue adoptado con fervor en Holanda hasta el punto de convertirse en un reto para los mejores retratistas, siempre obsesionados por los matices. Por eso, en fin, se detiene en las versiones de Demócrito que pintaron con dos años de diferencia (1628 y 1630) Hendrick ter Bruggen y José de Ribera. Ambos asimilaron en Italia la lección realista de Caravaggio y la exportaron a sus respectivos países. Del primero aprendieron Rembrandt y Vermeer; del segundo, Velázquez y Zurbarán.


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José de Ribera. Arquímedes. Hacia 1630. Óleo sobre lienzo, 118 x 94 cm. Museo del Prado.


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Antonio de Pereda. San Jerónimo. 1643. Óleo sobre lienzo, 104,3 x 84 cm. Museo del Prado.

Vergara, no obstante, advierte de que hablar de pintura “realista” en el caso de esos autores tiene algo de abuso terminológico. “Realismo es, de nuevo, un término del XIX”, explica. “En el XVII se hablaba de estilo natural o de la naturaleza. Aunque valga para entendernos”. En España y Holanda se seguía pintando a la manera realista cuando en Italia —el gran referente para cualquier comparación cuando se trataba de arte— Caravaggio ya había pasado de moda y tanto allí como en Francia se imponía el clasicismo, Poussin y Guido Reni. Los que hoy nos parecen los barrocos más modernos —Velázquez, Rembrandt— siguieron en su día un camino anacrónico según la ortodoxia del gusto dominante, que empezaba a encumbrar por toda Europa las batallas y escenas de caza de alguien como Philips Wouwerman, cuya pálida pervivencia en la memoria popular lo dice casi todo.


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Juan van der Hamen y León. Bodegón con alcachofas, flores y recipientes de vidrio. 1627. Óleo sobre lienzo, 81 x 110 cm. Museo del Prado.


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Matthias Stom. La incredulidad de Santo Tomás. 1641 - 1649. Óleo sobre lienzo, 125 x 99 cm. Museo del Prado.

Pese a defender con firmeza el argumento de la afinidad, Alejandro Vergara expresa dos reparos. Uno tiene que ver con la tendencia a considerar que un pintor es bueno porque nos resulta actual: “¿Y si el valor de una obra fuese justamente no que se acerca a nosotros, sino que nos lleva lejos?”. Alguien que ha pagado cara la factura del presentismo de la cultura actual es su estimado Rubens. El pintor de Amberes —del que el Prado atesora 90 obras— no está presente en la muestra por motivos obvios —los protagonistas son los Países Bajos del norte, no los del sur; la actual Holanda, no la actual Bélgica—, pero además el maestro flamenco del color y la carne siempre supuso un problema estético para sus vecinos septentrionales. “La historiografía tradicional insistía en que ellos eran más sobrios que nadie, pero solo hay que mirar sin prejuicios estos bodegones para apreciar lo mucho que tienen en común”, afirma el comisario, señalando las tres paredes de las que cuelgan piezas de Zurbarán, Saenredam o Pieter Steenwijck.


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Francisco de Zurbarán. Bodegón con cacharros. Hacia 1650. Óleo sobre lienzo, 46 x 84 cm. Museo del Prado.


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Felipe Ramírez. Bodegón con cardo, francolín, uvas y lirios. 1628. Óleo sobre lienzo, 71 x 92 cm. Museo del Prado.

El otro reparo de Vergara es un aviso contra sí mismo. “Esta exposición tiene un relato, claro, pero eso no debe entorpecer la visión de la pintura como pintura. Aquí hay cuadros maravillosos, obras maestras de la historia del arte. No son ilustraciones de ninguna idea”, insiste mientras —entre las 72 obras de la muestra— señala “prodigios” como la textura de un cuello de lechuguilla en un greco, la mezcla de distancia y hondura de los síndicos sorprendidos por el espectador mientras trabajan —“recuerda a Las meninas”—, el turbante del san Pablo de Rembrandt —volúmenes y trazos irreproducibles en una foto—; la asimetría de La callejuela, de Vermeer; el autorretrato de Carel Fabritius —­popularizado por la novela de Donna Tartt El jilguero­—, el Job de Jan Lievens —“equiparable a Rembrandt en su primera época”— ­­o el torrente de óleo sobre el que parece sentarse el Marte de Velázquez: “De eso va esto. Como decían los expresionistas abstractos, se trata de que la pintura sea más interesante fuera que dentro del tubo. La conmoción que produce la experiencia real de mirar un cuadro es algo irrepetible que no puede sustituirse por el efecto que producen exposiciones inmersivas con música o con 3D, sobre Van Gogh o sobre Pink Floyd. Por supuesto que estas también son interesantes, pero es algo que no debería perderse”.


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Rembrandt Harmenzoon van Rijn. Autorretrato como Apóstol San Pablo. Óleo sobre lienzo, 91 x 77 cm. 1661. Ámsterdam, Rijksmuseum Amsterdam.


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'Vista del jardín de la Villa Medici, Roma', de Velázquez, y 'Vistas de casas en Delft (La callejuela)', de Vermeer, este viernes en el Museo del Prado. / Uly Martín

Entre obras que darían para una Champions League de la pintura europea, hasta septiembre podrán contemplarse en Madrid 2 de los 36 vermeers que se conservan en todo el mundo. También seis rembrandts, el doble de los que habitualmente pueden verse en España, que solo cuenta con uno en la colección Thyssen, otro en la colección Abelló —recién comprado— y la Judit en el banquete de Holofernes que Carlos III compró para las colecciones reales. Hoy se exhibe en el Prado y cuelga en la exposición.


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El Greco. Caballero anciano. 1587 - 1600. Óleo sobre lienzo, 46 x 43 cm. Museo del Prado.

Al contrario que algunos historiadores —entretenidos hace 100 años en buscar esencias patrias y hechos diferenciales—, fueron los pintores mismos los que supieron apreciar cuánto tenían en común los maestros de España y Holanda más allá de que sus clientes fuesen muy distintos y los primeros pintaran grandes cuadros de altar para las iglesias mientras los segundos se volcaban en escenas domésticas de pequeño formato para casas burguesas. Si el estadounidense John Singer Sargent aconsejaba a sus colegas en viaje por Europa que estudiasen a Frans ­Hals en Ámsterdam y a Diego Velázquez en Madrid, Gustave Courbet y Édouard Manet expresaron inclinaciones parecidas a las de Goya, que solo reconocía tres maestros: Velázquez, Rembrandt y la naturaleza.


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Eugenio Cajés. La Virgen con el Niño y ángeles. 1618. Óleo sobre lienzo, 160 x 135 cm. Museo del Prado.


‘Velázquez, Rembrandt, Vermeer. Miradas afines’. Comisario: Alejandro Vergara. Museo del Prado. Madrid. Desde el 25 de junio hasta el 29 de septiembre.



elpais.com / museodelprado.es es.wikipedia.org
 




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Mensaje Re: REMBRANDT 
 
‘La ronda de noche’ toma vida en directo y a través del cristal

El Rijksmuseum de Ámsterdam ha metido el cuadro de Rembrandt en una urna para que el visitante pueda seguir en directo su investigación y restauración



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Proceso de restauración de la ‘La ronda de noche’, de Rembrandt, en el Rijksmuseum, en Amsterdam. foto: JAN-KEES STEENMAN | vídeo: reuters

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“Siga la Operación La ronda de noche”, invita el Rijksmuseum, de Ámsterdam, que ha metido el famoso cuadro de Rembrandt en una urna transparente para que el público pueda ver en directo la mayor investigación y posterior restauración de su historia. El proyecto ha dado comienzo este lunes, y las primeras reacciones eran alentadoras: “¡Uaaa! Exclamaban unos escolares, que se han acercado con cierta timidez al cristal que mantiene al visitante a siete metros de tela, mientras escuchaban atentos las explicaciones sobre un trabajo que puede prolongarse varios años. “Bueno, bueno, ¿y esto qué es?” decía una pareja, que ha dado vueltas y vueltas alrededor de escaparate donde 25 historiadores del arte, conservadores, fotógrafos e informáticos manejarán equipos de alta precisión para observar los efectos del paso del tiempo, y la técnica y colores del artista. Es una empresa única que Taco Dibbits, director del museo, ofrece a la gente porque “La ronda de noche es de todos”.

Los trabajos podrán seguirse también a través de Internet, y el lienzo ha sido despojado de su marco y está colgado en un caballete especial sujeto a la misma pared maestra de la planta noble del Rijksmuseum, donde cuelga normalmente. Como la zona sigue abierta, para evitar que las vibraciones causadas por las pisadas del público estropeen las más de 12.500 fotografías de alta precisión previstas, la urna misma ha sido instalada sobre una tarima especial. Abierta por arriba, esta vitrina “no creará un microclima nocivo para el lienzo”, asegura Katrien Keune, responsable de la investigación científica y del análisis de las muestras de pintura. Esta primera fase durará alrededor de un año, “y será un estudio profundo del cuadro y sus pigmentos”. “Por la última restauración, de 1975, sabemos que hay cambios en la superficie de la pintura [hay puntos minúsculos blancos debidos al envejecimiento]. Ahora veremos dónde está el plomo, y dónde el hierro de los colores, para abordar la conservación”, indica, mientras sus colegas se afanan con el escáner de rayos fluorescentes, que permitirá llegar a las capas de óleo sin dañarlo.

El aparato está montado sobre raíles, de modo que puede recorrer el cuadro sin tocarlo, y subir y bajar a lo largo y ancho de sus 3,79 x 4,53 metros. Sobre la misma plataforma se ha montado un microscopio, y luego entrará en acción una cámara que tomará fotos de alta resolución, capaz de hacer un zoom en áreas cinco veces más finas que un cabello humano. También habrá imágenes en 3D, y los terabytes de información recogida permitirán a los restauradores abordar el cuadro con mayores conocimientos sobre el trabajo de Rembrandt. “No es que vayamos a encontrar otra pintura debajo, pero sí información sobre las posturas de los personajes y los intervalos en que pintó el conjunto. Todo ello mejorará la restauración posterior”, añade Keune.

Agresiones y cambios

La ronda de noche ha sufrido cambios sorprendentes y hasta tres agresiones entre 1911 y 1990. Rembrandt la terminó en 1642, y retrata a la compañía militar del capitán Frans Banning Cocq y el teniente Willem van Ruytenburg, los dos personajes principales del grupo de arcabuceros. El 1715 fue llevada desde la sede de esta guardia cívica al Ayuntamiento de Ámsterdam, y como no cabía en la sala prevista, la recortaron, en especial la parte izquierda. “No sabemos dónde están los trozos. Ojala aparecieran en algún desván”, aventura Katrien Keune. En 1911, fue atacada con un cuchillo, pero el daño no pasó del barniz. En 1939, antes de la invasión nazi, fue evacuada junto con otras 30.000 obras de arte a un escondite en la provincia del Maastricht (al sur del país) de donde regresó en 1945. Entre 1946 y 1947 se retiraron varias capas de barniz que amarilleaba, y cuando se evaluaba la posibilidad de una nueva restauración, un desequilibrado cortó 12 veces el lienzo con otro cuchillo. En 1990, le lanzaron ácido, pero, de nuevo, el barniz hizo de barrera.

    La historia del cuadro es muy rica y esta restauración es muy compleja. Esperamos ver el trabajo de Rembrandt como nunca

Taco Dibbits, director del museo

“La historia del cuadro es muy rica y esta restauración es muy compleja. Esperamos ver el trabajo de Rembrandt como nunca, porque no dejó dibujos y lo más probable es que pintara los personajes por turnos. Pero el resultado es diferente a otros retratos de grupo, que parecen posar. Aquí están a punto de salir ronda [diurna, el oscurecimiento del barniz le adjudicó por error la nocturnidad]. El grupo transmite orgullo por su trabajo y movimiento. Algo que nadie había hecho antes”, según Dibbits. El escaparate de cristal ha sido diseñado por el arquitecto francés Jean Michel Wilmotte, y el coste de esta primera fase de la operación ascenderá a tres millones de euros. El museo indica que la multinacional Azko Nobel y fondos privados y otros patrocinadores correrán con el grueso del gasto.


elpais.com
 




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Mensaje Re: REMBRANDT 
 
La historiadora que devolvió la vida a la ‘Judit’ de Rembrandt

Teresa Posada presenta nuevas pruebas contra el título de 'Artemisa', que mantuvo este cuadro durante casi 160 años lejos de la leyenda ejemplar de una mujer libre y valiente



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Teresa Posada, conservadora de pintura flamenca en el Museo del Prado, con Judit en el banquete de Holofernes, de Rembrandt, al fondo. / Samuel Sánchez

Ella prefiere que digamos “retitulación”, pero en realidad es un “renacimiento”. Porque Teresa Posada Kubissa devolvió -hace una década- a la vida pública a una mujer libre, valiente y soberana. Judit fue rebautizada como Artemisa y así se mostró en el Museo del Prado durante casi 160 años. Ya no era la liberadora del pueblo de Israel, sino una mujer humillada y doblegada a su esposo recién fallecido, de quien se bebe sus cenizas mezcladas en vino para honrar su menoría, para ser sepulcro viviente de su él y, a fin de cuentas, porque sin su marido no puede ser. Entenderán que muere envenenada antes de dar el último trago de su rey Mausolo hecho polvo.

Judit ha vivido en el Prado estos dos siglos con el privilegio de ser la protagonista del único cuadro de Rembrandt. Demasiado llamativa, demasiado ejemplar para la contrarreforma feminista del siglo XIX. No puede seguir siendo la heroína que decapita al dictador Holofernes y libera a los suyos. Así que se la somete para que protagonice una historia ajena. Y ocurre de una forma sencilla y, en apariencia, tan ingenua, que Teresa Posada, conservadora del departamento de pintura flamenca y de las escuelas del norte del Prado, asegura no ser consciente de las dramáticas consecuencias que sus investigaciones revirtieron en 2009.

Rembrandt pinta a Judit a punto de entrar en el banquete de Holofernes, engalanada, atiborrada de perlas, joyones y armiño, pulseras, pendientes, broches, oros y más brillos alegres, dispuesta a cumplir con su misión: salvar a su comunidad. No es una viuda triste y rota, no es Artemisa. Y Teresa Posada sospechó de ese título y la leyenda por la criada que se esconde en el fondo: porta un saco (donde meterán la cabeza de Holofernes). “Ahí no pueden ir las cenizas de un rey [Mausolo]”, dice la historiadora, que recuerda que el cuadro entró en las colecciones reales en 1815 siendo Judit.

Arte peligroso

La especialista publicará en breve la segunda parte de su investigación, con un nuevo argumento que afiance la vuelta al título original: “La escena elegida es poco habitual en pintura, pero no en los grabados flamencos del siglo XVI, a los que Rembrandt estaba habituado. La elige porque siempre quiere hacer algo nuevo, quiere distinguirse del resto y prefirió evitar el típico momento de la degollación”, sostiene. Además, la inminente restauración de la obra (que cuelga en la exposición temporal Velázquez, Rembrandt, Vermeer. Miradas afines) terminará de despejar las dudas sobre las tesis de la historiadora.

No hay nada inocente en el arte, ni en los museos. Ni en las intervenciones de los historiadores sobre los catálogos. Todo tiene un motivo y una motivación y en este caso el pintor alumbra una heroína y el historiador la mata. El responsable del cambio de nombre y de mito fue Pedro de Madrazo, a quien en 1843 su padre, José de Madrazo -director del Prado-, le encarga redactar el catálogo del museo. Sí, nepotismo. Y Pedro se comporta como un portero del patriarcado, cuidando que nadie altere la fiesta, que el hombre siga en su lugar. Justo entonces, cuando los privilegios de la hombría son cuestionados por ellas, una cabeza de hombre decapitada por una mujer -¡un hombre derrotado!- es una declaración de guerra a lo más sagrado.

Pedro de Madrazo vivía con indignación el ascenso público de las mujeres, porque habían provocado el colapso del honor y el final del “espíritu caballeresco castellano”. Melancólico, refunfuñaba porque “todo es afectación, sensualidad y gala inútil”. Así lo leyó en el ingreso a la Academia de Amador de los Ríos, en 1859, en un discurso en el que declaró que “el antiguo y varonil ejercicio de la caballería” se había “convertido en romancesco e idolátrico culto de la mujer”. Para Madrazo, triple académico, fueron las mujeres quienes lograron distraer a los machos de sus varoniles actividades, siempre derrotando enemigos y protegiendo las fronteras. También fue una mujer quien acabó con sus negligencias científicas.


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