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Alfred Dehodencq (París, 1822-1882)
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Este trabajo recopilatorio está dedicado al pintor Alfred Dehodencq (París, 1822-1882). Pintor francés. Discípulo de Léon Cogniet, en cuyo taller se encontró con Léon Bonnat.

Dehodencq, que obtuvo algunos éxitos en el Salón parisino a partir de 1844, viajó a España a finales de agosto de 1849, tras obtener del Gobierno francés el encargo de realizar un cuadro en ese país. Su interés por la pintura española debió de nacer de su asiduidad a la Galería Española de Luis Felipe, con cuyo periodo de vigencia (1838-1848) coincidieron sus años de aprendizaje y sus inicios profesionales. Durante ese periodo, sin embargo, no hay en su obra trazas de influencias españolas.


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Alfred Dehodencq. Autorretrao. 1848, óleo sobre tabla, 64,5 × 54 cm. Musée d'Orsay. París

Solo un Autorretrato, de busto, de 1848 (Musée d'Orsay, París), ha sido relacionado, aunque sobre bases más bien vagas, con posibles sugestiones velazqueñas. Ya en Madrid, donde los Madrazo le procuraron un taller para que trabajase, su entusiasmo por las obras de Velázquez se haría patente en algunas cartas publicadas por su amigo Gabriel Séailles: «¡Qué pintor, amigo mío! -decía en la más explícita de ellas-. Nada puede dar una idea de él. Es la naturaleza cogida in fraganti. La observación más fina, los tipos más verdaderos, armonías de tono deliciosas, todo está ahí, lanzado con profusión sobre la tela. Su manera viva y fácil, su forma de tratar las vestimentas [...] dejando de lado todos los detalles, esas manos a veces indicadas, testimonian una preocupación continua por el conjunto, por el efecto general [...]. En una palabra, es más verdadero que Van Dyck, también, en fin, tan distinguido como él». Novillada en El Escorial (1850, Musée des Beaux-Arts de Pau), el cuadro que hizo para cumplir con el encargo del Gobierno francés, obtuvo un gran éxito en el Salón de 1851 y pasó inmediatamente al Museo de Luxemburgo, donde suscitaría la admiración del círculo de pintores realistas del que formaban parte Legros, Fantin-Latour y Astruc, y, sobre todo, la de Manet, que vería en él la prueba de que la estancia de Dehodencq en Madrid había obrado «un milagro». Con algunas interrupciones -algún viaje a París y es­tancias en Marruecos, en donde hizo escenas orientalistas-, Dehodencq permaneció en España hasta 1863. Entre 1851 y 1854 trabajó en Sevilla al servicio del duque de Montpensier y en 1855 se estableció en Cádiz, donde se casó con María Amelia Calderón.

Tras su vuelta a París en 1863 siguió presentando en los salones cuadros de tema español (Cristóbal Colón en el convento de la Rábida, 1864; El último adiós del rey Boabdil a Granada, 1869, etc.), pero, olvidado ya por los críticos y ­aficionados tras sus trece años de ausencia, e incapaz, por otra parte, de asimilar los avances hacia el realismo y el impresionismo de las nuevas generaciones de pintores franceses, se convirtió en una figura marginal. Sus contemporáneos (Gautier, Astruc) vieron en él al definidor de una imagen más realista de España y la crítica francesa ha señalado, en general, lejanas sugerencias velazqueñas (el aire de dignidad y sobriedad de los personajes, la visión franca y realista del suceso, la gravedad con que se presenta...) en su Novillada en El Escorial. Sin embargo, y pese al tono exaltado de sus cartas, hay en su obra muy pocas huellas evidentes del estudio de los maestros españoles a excepción de las que muestran el retrato de su hija, Marie Dehodencq (h. 1872, Musée des Beaux-Arts de Lyon), inspirado, como ha señalado Caumont, en los retratos de la infanta Margarita de Velázquez, y, quizá, el Retrato de la familia del duque de Montpensier en los jardines de San Telmo, que Guinard caracterizó como una de las obras «más `velazqueñas' de la pintura francesa».

Espero que la recopilación que he conseguido de este pintor francés, sea del interés de los aficionados al arte que frecuentan esta sección, y contribuya en su divulgación.





Algunas obras


Alfred Dehodencq en el Museo Carmen Thyssen de Málaga


Alfred Dehodencq (París, 1822-1882) Tras iniciar su formación artística en París, como discípulo de Léon Cogniet (1794-1880), Dehodencq mostró desde muy joven su afición por los países exóticos, realizando algún viaje a Argelia. Profundo admirador del Romanticismo arrebatado de Géricault y Delacroix, debutó en el Salon de París de 1844 con los cuadros El Dante y Santa Cecilia, consiguiendo una tercera medalla en la edición de 1846 al presentar un Retrato y el lienzo San Esteban conducido al suplicio. En 1849 viajó a España desde Bareges, donde se encontraba convaleciente de una herida de bala, y a su paso por Madrid, quedó profundamente impresionado por el descubrimiento en el Museo del Prado de la pintura española del Siglo de Oro, y muy especialmente de Velázquez, pintando entonces el cuadro titulado Corrida de novillos en el Escorial de Abajo (Pau, Musée des Beaux-Arts), su primera obra de tema español, que presentó a la Exposición de la Academia de San Fernando de 1850 y al Salon de París de ese mismo año

Durante. su estancia en Madrid entró en contacto con el duque de Montpensier, quien le acogió bajo su protección, marchando entonces a Sevilla en noviembre de 1850. Allí realizaría algunas de sus mejores obras para los Montpensier, entre las que destacan los dos lienzos pertenecientes hoy a la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

Desde. España mandaría a París el cuadro Gitanos y gitanas a la vuelta de una fiesta en Andalucía, que sería premiado con otra tercera medalla en el Salon de 1853. Casado con una gaditana en 1857, regresó a Francia en 1863, donde no logró el éxito alcanzado durante su estancia en España, si bien obtuvo una primera medalla en el Salon de 1865, por los cuadros titulados Una fiesta judía en Marruecos y La buenaventura, andaluces gitanos, así como el nombramiento de caballero de la Legión de Honor en 1870. Pintor de cuadro de tipos y escenas costumbristas, fue además destacado retratista y autor de numerosos lienzos y acuarelas de tema oriental ejecutados durante sus viajes a Marruecos, resaltando siempre el exotismo de los tipos y la sensualidad brillante y cálida del color, aprendida de Delacroix.

Su. hijo, Edmond Dehodencq (1860-1887), fue también pintor.


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Una cofradía pasando por la calle Génova, Sevilla. Alfred Dehodencq. 1851. Óleo sobre lienzo, 111,5 x 161,5 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga

Pareja del cuadro que representa Un baile de gitanos en los jardines del Alcázar, delante del pabellón de Carlos V (cat. 40), ambas pinturas decoraban el Salón Cuadrado del palacio de San Telmo de Sevilla, residencia de los duques de Montpensier, Antonio de Orleans y Luisa Fernanda de Borbón, hermana de la reina de España, Isabel II.

Desde su palacio sevillano, los duques de Montpensier establecieron durante el reinado isabelino una verdadera corte paralela, erigiéndose en verdaderos mecenas de una gran cantidad de pintores románticos de su tiempo, no sólo andaluces sino, sobre todo, artistas viajeros venidos de Francia, quienes, dado el origen francés del duque y atraídos por el pintoresquismo exótico de tipismo romántico español, encarnado de forma suprema en los paisajes, ciudades y gentes de Andalucía, viajaron a Sevilla amparados por los Montpensier. Así, artistas como Pharamond Blanchard (1805-1873) o Adrien Dauzats (1804-1868), además del propio Dehodencq, entre otros, realizaron para los Montpensier algunas de sus obras más destacadas, que ornaron no sólo los muros de los salones del palacio de San Telmo, levantado a orillas del río Guadalquivir y rodeado del más bello jardín de la Sevilla romántica, sino también los palacios de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) y de Castilleja de la Cuesta (Sevilla), residencias temporales de los duques.

En efecto, Dehodencq llegó a Sevilla en noviembre de 1850, entrando de inmediato al servicio del duque de Montpensier, quien le mandó realizar, como primer encargo, «dos cuadros bastante grandes, que pondrían de manifiesto: uno, el aspecto religioso, y otro, el voluptuoso de España», que el artista materializó en las dos manifestaciones populares más genuinas y típicas –aparentemente antagónicas pero en realidad complementarias–, del carácter andaluz: la Semana Santa y el baile flamenco.

Así, en este lienzo, el pintor representa el paso de una procesión durante la celebración de la Semana Santa sevillana por la calle de Génova, repleta de gentío, que se agolpa a los lados de la calzada empedrada, flanqueada por hileras de damas principales, sentadas al borde de la calle y ataviadas con mantilla negra como señal de luto por la muerte de Cristo, acompañadas por distinguidos caballeros, en pie tras ellas. Desfilando ante la muchedumbre, dos hileras de nazarenos con hábito negro, portando largos hachones encendidos, escoltan el paso de Cristo crucificado de su cofradía, cuyo estandarte porta uno de ellos, seguido a lo lejos de una imagen de la Virgen Dolorosa, iluminada por un bosque de cirios y bajo palio, como es característico en las imágenes marianas sevillanas.

Además de esta pareja de lienzos, Dehodencq pintó en 1853 para los Montpensier un bellísimo Retrato de los infantes duques de Montpensier y sus hijas primogénitas, que decoraba el Patio de los Salones de San Telmo, así como un Boceto de un retrato del infante duque de Montpensier , con el hábito de gran comendador de la Orden de Calatrava, y dos episodios de la vida de los Orleans titulados Entrada en Cádiz de la reina doña María Amalia y Llegada de la reina María Amalia y de los infantes del duque de Montpensier al convento de la Rábida.



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Un baile de gitanos en los jardines del Alcázar, delante del pabellón de Carlos V. Alfred Dehodencq. 1851. Óleo sobre lienzo, 111,5 x 161,5 cm. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga

Contrapunto festivo del cuadro compañero, que representa Una cofradía pasando por la calle Génova, en Sevilla (cat. 41), en este caso Dehodencq muestra una animada juerga flamenca de un grupo de gitanos, ante uno de los pabellones árabes de los Reales Alcázares de Sevilla, conocido como pabellón de Carlos V, rodeado de naranjos. En medio del corro, una gitana baila al son del cante, la música y las palmas de los compadres que la jalean mientras siguen con sus miradas el contorneo incitante y sensual de la bailaora.

Estos dos atractivos lienzos son, sin duda, el testimonio más relevante de la producción española de Dehodencq al servicio de los duques de Montpensier, así como un ejemplo especialmente expresivo de la visión que del pintoresquismo andaluz –y por extensión español– tuvieron los artistas románticos franceses que viajaron a Andalucía durante la primera mitad del siglo XIX.

En efecto, la visión de lo popular se entrelaza en este caso con el juego argumental del contraste entre la alegría festiva del baile, colorista y lúdica, frente al recogimiento fervoroso e imponente del paso de la procesión, cuyo dramatismo se ve reforzado por el dominio de los negros, frente al colorido vivo y brillante del presente lienzo; extremos que, a los ojos de un extranjero, son reflejo evidente de los aspectos más exóticos, profundos y ancestrales del típico «carácter español».

Por otra parte, estas dos pinturas muestran bien las características más personales del estilo de Dehodencq quien, a diferencia de los románticos andaluces, interpreta sus escenas costumbristas dando un protagonismo casi absoluto a las figuras, de gran tamaño y con un tratamiento casi monumental, que les resta naturalidad y frescura en los movimientos y les hace encajar algo forzadamente en los escenarios, relegados a un interés secundario. Sin embargo, esta atención prioritaria en la descripción de los personajes demuestran una aguda observación del natural en la caracterización de los tipos, especialmente en este cuadro, en el que pueden claramente diferenciarse los paisanos de raza gitana, siendo por otra parte siempre muy reconocible en las obras de este artista la repetición de su prototipo femenino, de perfil ovalado, nariz aguileña y grandes ojos.

Contrasta igualmente en ambas obras el diferente tratamiento plástico concedido a las figuras, de dibujo riguroso y perfilado, muy detallado en la reproducción de adornos e indumentaria, y modeladas a base de contraluces muy marcados, respecto de los fondos, de factura mucho más amplia y fluida.

Se cita la existencia de un dibujo a lápiz de Dos bailarinas gitanas, que podría ser un tanteo para esta composición.

José Luis Díez / carmenthyssenmalaga.org



Otras obras


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Study for. Les Bohemiens en Marche. 1865. Pastel. Graphite and black chalk on paper. 31,8 x 43,2 cm. Museo de Bellas Artes de San Francisco. San Francisco. California. USA. Obra de Alfred Dehodencq


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Bohemios en marche en 1860 huile sur toile H. 0,845; 1,264 L. musée d'Orsay, París, Francia. Obra de Alfred Dehodencq


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'Le conteur Marocain'. Obra de Alfred Dehodencq


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Portrait d'enfant en 1872 huile sur toile H. 1. ; 0,81 L. museo municipal, Cambrai, Francia. Obra de Alfred Dehodencq


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Le marchand d'oranges Entre 1822 et 1882 huile sur toile H. 0,845; 0,63 L. musée d'Orsay, París, Francia. Obra de Alfred Dehodencq


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Ejecución de una judía marroquí (Ejecución d'une juive au Maroc), 1860. Obra de Alfred Dehodencq


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El arresto de Charlotte Corday tras el asesinato de Marat. 1853. 137 x 100 cm. Museo de Orsay. París. Francia. Obra de Alfred Dehodencq


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La despedida del Rey Boabdil de Granada. 1869. Óleo sobre lienzo. 377 x 275 cm. Museo de Orsay. París. Francia. Obra de Alfred Dehodencq


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Etude mariee juive 2. Obra de Alfred Dehodencq


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Mariee juive au Maroc. Obra de Alfred Dehodencq


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La Justicia. 1866. Óleo sobre lienzo, 162 x 132 cm. Obra de Alfred Dehodencq

    
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Varias obras de Alfred Dehodencq sin rotular


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Horse in a landscape. Obra de Alfred Dehodencq


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Negros bailando en Tánger. 1874. Óleo sobre lienzo. 152 x 202 cm. Museo de Orsay. París. Francia. Obra de Alfred Dehodencq


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'Fiesta andaluza'. Obra de Alfred Dehodencq


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Corrida de Novillos. Óleo sobre lienzo, 102,9 x 73 cm. Colección privada. Obra de Alfred Dehodencq
 


Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al pintor francés Alfred Dehodencq (París, 1822-1882). Discípulo de Léon Cogniet, en cuyo taller se encontró con Léon Bonnat. Dehodencq, que obtuvo algunos éxitos en el Salón parisino a partir de 1844, viajó a España a finales de agosto de 1849, tras obtener del Gobierno francés el encargo de realizar un cuadro en ese país. Su interés por la pintura española debió de nacer de su asiduidad a la Galería Española de Luis Felipe, con cuyo periodo de vigencia (1838-1848) coincidieron sus años de aprendizaje y sus inicios profesionales.



Fuentes y agradecimientos: carmenthyssenmalaga.org, museodelprado.es, cocinadeandalucia.blogspot.com.es, pintura.aut.org, es.wikipedia.org, artcyclopedia.com, oilpainting-frame.com, translate.googleusercontent.com, dafina.net, charlesdominique.wordpress.com y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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