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En esta sección sólo se permiten exposiciones de Pintores Extranjeros. La forma de abrir una exposición es el autor con su fotografía y su biografía y los cuadros de la exposición con un tamaño no superior a los 800 píxeles.


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Klee, Paul
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Este trabajo recopilatorio está dedicado al pintor Paul Klee, fue un pintor alemán nacido en Suiza, que desarrolló su vida en Alemania, cuyo estilo varía entre el surrealismo, el expresionismo y la abstracción.


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Paul Klee (Münchenbuchsee, Suiza, 18 de diciembre de 1879 - Muralto, Suiza, 29 de junio de 1940)Klee nació en Münchenbuchsee, cerca de Berna, Suiza, en una familia de músicos, de padre aleman y madre suiza. De su padre obtuvo la ciudadania alemana, que usaría toda su vida, dado que Suiza se negó a darle ciudadania durante su exilio en ese pais durante la persecución nazi. Estudió arte en Múnich con Heinrich Knirr y Franz von Stuck. Klee trabajaba en óleo, acuarela, tinta y otros materiales, generalmente combinándolos en un solo trabajo. Sus cuadros frecuentemente aluden a la poesía, la música y los sueños, y a veces incluyen palabras o notas musicales.

Al regresar de un viaje a Italia, se asentó en Múnich, donde conoció a Vasili Kandinski, Franz Marc y otras figuras de vanguardia, y se asoció al Blaue Reiter.

El Blaue Reiter. En 1911 Vasili Kandinski y Franz Marc fundaron en Múnich un grupo de artistas vinculado al expresionismo. Paul Klee no era oficialmente miembro de esta asociación, pero con todo se sentía muy unido al círculo de artistas que la integraban y participó en sus exposiciones. Entre los miembros del Blaue Reiter se contaban August Macke, Gabriele Münter y Marianne von Werefkin. Todos compartían un interés por el arte gótico y primitivo y por los movimientos modernos del fauvismo y el cubismo. El nombre del grupo se deriva de una obra pictórica de Kandinsky de 1903 que a partir de 1912 sirvió de ilustración para los títulos de un anuario con ese mismo nombre. La primera de las dos exposiciones del Blaue Reiter se inauguró el 18 de diciembre de 1911 y permaneció en la Galería Moderna de Heinrich Thannhauser, en Múnich, hasta el 1 de enero de 1912. En ella se incluyeron 49 obras de Henri Rousseau, Albert Bloch, Heinrich Campendonk, Robert Delaunay, Kandinsky, Klee y Macke. Tras este período, la exposición inció su itinerancia por otras ciudades alemanas, entre ellas Colonia y Berlín.

En 1914, visitó Túnez y quedó impresionado con la calidad de la luz del lugar, por lo que escribió en su diario:

"El color me posee, no tengo necesidad de perseguirlo, sé que me posee para siempre... el color y yo somos una sola cosa. Yo soy pintor."

También visitó Italia en 1901 y Egipto en 1928, siendo ambos lugares una fuerte influencia para su arte. Klee era uno de los Die Blaue Vier (Los Cuatro Azules) junto a Kandinksi, Feininger y Jawlensky. Esta agrupación, formada en 1923 expuso conjuntamente en los Estados Unidos en 1924. La influencia de Klee en otros artistas notables se propagó hacia comienzos del siglo XX incluyendo al belga Rene Carcan.

Después de la Primera Guerra Mundial, donde participó como soldado por ser ciudadano alemán, Klee enseñó en la Bauhaus, y a partir de 1931, en la Academia de Bellas Artes de Düsseldorf, antes de ser denunciado por los nazis por producir «arte degenerado».

Exilio. En 1933 dejó la enseñanza y regresó a Berna, donde realizó una gran exposición en la Kunsthalle (1935). En 1936 se le diagnosticó esclerodermia, una grave enfermedad degenerativa que le acompañaría el resto de su vida, aunque siguió trabajando a buen ritmo. En 1940 fue internado en una clínica de Muralto-Locarno, donde falleció el 29 de junio.


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Una mujer posa junto a la obra "Rich Harbour, 1938" del artista suizo Paul Klee (1879-1940) durante la presentación de la exposición "The EY Exhibition: Paul Klee - Making Visible" en 2013 en la Tate Modern en Londres.

Análisis estilístico. Pamela Kort escribió: "Los dibujos de 1933 de Klee enfrentan al espectador con la inigualable oportunidad de observar el aspecto central de su estética, en cuanto a combinación de parodia e ingenio. Y es aquí donde radica su verdadero significado, especialmente para aquellas personas que no llegan a percibir las dimensiones políticas del arte de Klee."

Klee y el color. A lo largo de su vida, Paul Klee usó el color de maneras variadas y únicas, y mantuvo con él una relación que progresó con el tiempo. Para un artista que amaba tanto la naturaleza parece algo extraño que en sus comienzos Klee despreciara el color, creyendo que no era sino una decoración del

Con el tiempo Klee cambió de idea y llegó a manipular el color con una enorme precisión y pasión, hasta tal punto que terminó enseñando teoría del color y de su mezcla en la Escuela de la Bauhaus. Esta progresión, por sí misma, es de gran importancia porque le permitió escribir sobre el color con una mirada única entre sus contemporáneos.

Sus obras más relevantes son: Pequeño abeto (1922); La máquina del gorjeo (1922); Calle principal y calle secundaria (1929); Ad Parnassum (1932); Cabeza de un mártir (1933); El hombre futuro (1933); Ángel pobre (1939); Teoría del arte moderno (1879-1940) y Me llamo Paul, Paul Klee (1941)

Espero que la información que he recopilado de este pintor alemán, os resulte interesante y contribuya en la divulgación de su obra.





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"Mi Habitación", 1896 Klee Foundation





Algunas obras


Paul Klee en el Museo Thyssen

Paul Klee (Münchenbuchsee, 1879 - Muralto, 1940) es un artista de muy difícil catalogación, imposible de asignar a ninguna tendencia clara ni a una escuela determinada. Durante su juventud estuvo cercano al clima intelectual del expresionismo alemán y su obra posterior se aproximó en algunos momentos a la abstracción geométrica y en otros al surrealismo

Nació. cerca de Berna, en el seno de una familia de músicos, y la música fue fundamental tanto para su vida como para su obra. Se formó artísticamente en Múnich, donde estuvo vinculado al grupo Der Blaue Reiter (El Jinete Azul) junto con Wassily Kandinsky, Franz MarcAugust, Macke y Alexej Jawlensky. En esta ciudad, entonces uno de los centros artísticos más avanzados, comenzó su interés por la vanguardia internacional, que le llevó a realizar la obligada visita a París, donde le impresionó especialmente la obra de Robert Delaunay. En 1914 viajó a Túnez con Macke y Louis Moilliet. Allí, la luz del norte de África le hizo descubrir el color, que sería a partir de entonces el motivo principal de sus investigaciones artísticas. Durante la guerra fue movilizado, pero siguió pintando (sobre todo acuarelas) dentro de un estilo luminoso y con un cierto aire expresionista. Entre 1921 y 1931 fue profesor de la Bauhaus, primero en Weimar y más tarde en Dessau. Esos fueron los años más fructíferos de su carrera artística, cuando su lenguaje pictórico se consolidó definitivamente y su obra comenzó a ser conocida. A pesar de su talante independiente, el tono constructivo de la Bauhaus se hizo notar en su producción artística, especialmente en el periodo de Dessau. En 1928 viajó a Egipto y el paisaje de ese país inspiró sus composiciones estriadas, relacionadas con su teoría de las estructuras horizontales y verticales, e influyó en la incorporación de jeroglíficos e inscripciones a su pintura. De 1931 a 1933 vivió en Düsseldorf, donde trabajó como profesor de la Akademie. Tras la llegada del nazismo, y la declaración de su arte como degenerado, tuvo que abandonar Alemania y regresar a Berna, donde transcurrieron los últimos años de su vida. A pesar de su pesimismo y su debilidad física, consecuencia de una grave enfermedad que padecería en 1935, esta etapa final fue de una intensidad creadora sin precedentes. Entonces, quizá más que nunca, su pintura consiguió una perfecta unidad entre la vida y el arte


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Casa giratoria. 1921. Óleo y lápiz sobre estopilla de algodón adherida a papel, 37,7 x 52,2 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Paul Klee.

En las construcciones geométricas de Casa giratoria, el personal e inclasificable estilo de Paul Klee parece haberse contagiado del ambiente constructivista de la Bauhaus, donde desde 1921 ejerció como profesor. Klee presenta en esta obra su visión de la ciudad a través de una serie de edificios dispuestos alrededor de un eje central imaginario, en torno al cual parecen girar. Los dominantes colores terrosos, que imitan las calidades de los materiales constructivos, han sido aplicados en finas capas sobre una tela de gasa adherida a papel. La técnica poco convencional y el gusto por la experimentación de Klee se pone al servicio de un arte que no pretende imitar a la naturaleza sino su forma de operar.

La Casa giratoria del Museo Thyssen-Bornemisza fue pintada durante los primeros meses de estancia de Klee en la Bauhaus , donde ejerció como profesor entre 1921 y 1931. En esos años, contagiado por el ambiente constructivo de esta escuela, su obra tiende a una mayor geometrización , si bien su temperamento y su espontaneidad creadora le prevenían de cualquier forma de constructivismo puro. En esta pintura aborda el tema de la ciudad, que es para Klee el lugar donde la naturaleza es modificada por el hombre y donde se imponen la ley y el orden. En una primera mirada, vemos una imagen conscientemente ingenua, cercana al arte infantil, en la que las formas arquitectónicas han sido reducidas a sus elementos esenciales. Por otra parte, Klee , en su persistente rechazo de la perspectiva tradicional, suprime el punto de vista único y, como suele ser frecuente en su obra, utiliza una multiplicidad de ángulos de visión, que hacen que la imagen encierre numerosas ambigüedades visuales. Como normalmente tendemos a considerar la arquitectura como algo estático, estable y constructivo, nos sorprende la manera en que Klee introduce un elemento dinámico en la concepción geométrica de las casas y hace que giren alrededor de un centro, como si imitaran la rotación de una rueda. Este dinamismo hace que sus arquitecturas no sean estáticas sino vivas; que no sean estables sino inestables; que en lugar de ser constructivas sean intuitivas.

Al mismo tiempo, ese constante afán de experimentación lleva a Klee a valerse de técnicas artísticas poco convencionales. En este caso sobre el soporte de papel ha adherido una fina tela de estopilla (similar a la que se utiliza para envolver queso), colocada de una forma un tanto suelta para poder crear un efecto de tridimensionalidad, que se refuerza aún más con la irregularidad de los bordes de la tela. Sobre ella ha aplicado los colores en finas capas de forma libre e irregular, sin cubrir toda la superficie. De ese modo, la trama de la tela queda a la vista en algunas partes del cuadro y en otras, al absorber la pintura, crea un efecto intencionado de textura que, unido a la utilización de una gama de colores terrosos, adquiere calidades de arena y cemento. Llevado por el deseo de relacionar el tema pintado con la técnica empleada y explorar así la naturaleza de las apariencias, el artista consigue reproducir pictóricamente los materiales con los que estarían construidas esas casas en la realidad.

La ambigüedad irracional de Klee fue aclamada tanto por los dadaístas como por los surrealistas, pero su mundo mágico no tenía nada de onírico. Al mismo tiempo, su acercamiento a la abstracción geométrica le ha convertido en uno de los pioneros de la abstracción, a pesar de que su obra no es en absoluto abstracta y siempre estuvo en constante «diálogo con la naturaleza». No hay que olvidar que para Klee «el arte es una metáfora de la creación» y sustituye la tradicional aspiración artística de imitar la naturaleza por el intento de explicar la forma de operar de la naturaleza. Su ensayo Confesión creadora, elaborado en 1918 y publicado en 1920, se abría precisamente con la famosa frase «El arte no reproduce lo visible, sino que hace que algo sea visible».


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Vista a una plaza, 1912. Gouache y lápiz de cera sobre papel adherido a cartón, 16,5 x 26,3 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Paul Klee.

Paul Klee es reconocido como uno de los grandes creadores y teóricos del siglo xx . Su talento y originalidad son tan personales que no se le puede relacionar con ninguna tendencia clara, ni con ninguna escuela determinada. Si bien sus constantes cambios de estilo, técnica y temática demuestran su deliberada evasión de cualquier corriente artística, durante su juventud en Múnich estuvo próximo al clima intelectual del expresionismo alemán. Conoció a Jawlensky ,Kandinsky , Macke y Franz Marc, e incluso participó en algunas de las exposiciones de Der Blaue Reiter. Precisamente Blick auf einen Platz (Vista a una plaza) de la colección Thyssen-Bornemisza fue presentada en la segunda exposición de este grupo organizada por Hans Goltz en Múnich, en febrero de 1912.

Como en muchas de sus obras anteriores a la Primera Guerra Mundial, esta acuarela muestra el interés del artista por el dibujo. A través de un grafismo ingenuo, cercano a lo que más tarde los surrealistas denominarán automatismo, Klee desarrolla una concepción moderna del dibujo. Si bien se trata de una representación naturalista de las fachadas de las casas de una plaza, el artista se ha liberado de las normas de la perspectiva y de la fidelidad al motivo y ha invertido la imagen de las casas del lateral derecho con respecto a las construcciones principales de la composición, tal y como había aprendido de los cubistas. Las obras de este periodo fueron calificadas por Jim Jordan como «protocubistas» por el énfasis en la geometrización de las formas y en los ritmos lineales abstractos . Según este autor, su impresionismo abierto y lineal «podía generar, en dibujos de motivos geométricos complejos, formas que tenían la luminosidad y la transparencia de un cubismo superficial» .


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Bodegón con dado, 1923. Acuarela, lápiz de cera y tinta sobre papel adherido a cartulina, 27 x 38 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Paul Klee.

Paul Klee recortó muchas de sus obras en fragmentos, que reutilizaba, invertía o unía a otros trozos convirtiéndolas de inmediato en composiciones completamente nuevas . Bodegón con dado es un buen ejemplo de esta manipulación, pues se trata de un fragmento de Teatro de marionetas, una acuarela vertical de gran formato .

La composición, que como su propio nombre indica representa una naturaleza muerta abstractizada , demuestra el interés del pintor por las teorías del color y sus gradaciones y por la creación de equivalencias entre las gamas cromáticas y las notas musicales, influido por los escritos de Goethe, Runge y Delacroix. Klee había descubierto el color en 1914 durante su revelador viaje a Túnez junto a su amigo August Macke . Ambos artistas, que habían estado relacionados con Der Blaue Reiter y habían pasado una fase de admiración por Kandinsky, compartían su mutua amistad con Delaunay , que les había despertado el interés por las leyes y las posibilidades del color. Ahora bien, mientras que Macke había sido siempre un gran colorista, Klee , sin embargo, no. Procedía del mundo de la ilustración gráfica y el color que descubrió en su viaje a África proporcionó a su arte la parte esencial que le faltaba.

Klee pintó esta acuarela durante el periodo de mayor vinculación con la Bauhaus de Weimar, posiblemente el momento más fructífero de su carrera artística. Sus enseñanzas, como su propia pintura, basadas en el estudio de la naturaleza, habían alcanzado una significativa influencia y su fama empezó a propagarse internacionalmente. En sus lecciones sobre el color y la forma, dejaba claro su rechazo por las nociones tradicionales sobre la realidad en favor de un enfoque metafísico de la percepción. En su Confesión creadora escribía: «Hoy en día representamos la realidad que hay detrás de las cosas visibles, por tanto expresamos nuestra creencia de que el mundo visible es un mero caso aislado en relación al universo ya que existen muchas otras realidades latentes».


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Omega 5 (Objetos de imitación), 1927. Óleo y acuarela sobre lienzo clavado sobre cartón, 57,3 x 43 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Obra de Paul Klee.

Omega 5 (Objetos de imitación) es una clara muestra de la ambigüedad en la que se mueve la obra de Paul Klee , siempre oscilante entre la figuración y la abstracción, entre la realidad y la imaginación. La palabra Attrappen, que aparece en el título original, se refiere a los objetos de utilería que se emplean en un escenario teatral, y por tanto nos hacen pensar en objetos artificiales fabricados con cartón.

En el año 1927, en que está fechada esta pintura, Klee se encontraba en la Bauhaus de Dessau , un periodo en que sus investigaciones se dirigieron hacia los orígenes geométricos de la forma. Sus estudios sobre las relaciones espaciales de los objetos y sobre el crecimiento de las formas orgánicas se desarrollaron principalmente a través de sus numerosas naturalezas muertas. En su ensayo Caminos del estudio de la naturaleza, de 1923, escribía: «Gracias a la conciencia de que el objeto es más de lo que permite saber su aspecto externo, el objeto se amplía hacia su interior más allá de las apariencias, a través de nuestro conocimiento» .



Otras obras


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Globo rojo, 1922, Museo Solomon R. Guggenheim. Obra de Paul Klee.


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Muerte y fuego, 1940, Museo Paul Klee, Berna. Obra de Paul Klee.


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Composión cósmica, 1919, Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen. Obra de Paul Klee.


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Pez mágico, 1925, Museo de Arte de Filadelfia. Obra de Paul Klee.


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Polifonía, 1932, Fundación Emanuel Hoffman, Basilea. Obra de Paul Klee.


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'Static-Dynamic Gradation', 1923. Metropolitan de Nueva York. Obra de Paul Klee (1879-1940).


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Aventura de una joven mujer, 1922, de Paul Klee.


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Pasos, 1929, de Paul Klee.


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"Park Bei Lu", de Paul Klee.



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Walpurgis Night 1935, de Paul Klee.


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Dämmer-blüten, 1940, de Paul Klee.


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'Con el arcoíris', 1917, acuarela de Paul Klee


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Cúpulas Rojas y Blancas. 1914. Acuarela en vitela japonesa montada en cartulina, 14,6 x 13,7 cm. Museo: Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen. Dusseldorf. Obra de Paul Klee


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Jardines (Tunesinos) Sureños. Acuarela, 24.13 x 19.05 cm. Colección de Heinz Bergguen. París. Obra de Paul Klee


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Máquina temblorosa. 1922. Dibujo al óleo y acuarela sobre papel sobre cartulina, 41.3 x 30.5 cm. MOMA. Nueva York. Obra de Paul Klee


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Sonido Antiguo, Abstracto en Negro. 1925. Óleo sobre cartulina, 38.1 x 38.1 cm. Kunstsammlung. Basilea.. Obra de Paul Klee


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Ella ruge, nosotros jugamos. 1928. Óleo sobre tela, 43.5 x 56.5 cm. Fundación Paul Klee. Kunstmuseum. Berna. Obra de Paul Klee


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Caminos principales y caminos laterales. 1928. Óleo sobre tela, 83 x 67 cm. Museum Ludwig. Colonia. Obra de Paul Klee.


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Refuge, 1930. Óleo y acuarela en yeso cubierto de gaza, sobre cartulina, 56.8 x 38.1 cm. VG Bild Kunst, Bonn. Obra de Paul Klee.


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Ad Parnassum, 1932. Óleo sobre lienzo, 100 x 126 cm. Kunstmuseum, Bern. Obra de Paul Klee.


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El gato y el pájaro, obra de 1928, Museo de Arte Moderno de Nueva York. Obra de Paul Klee.


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Senecio, 1922, Museo de Arte de Basilea









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Fotografía de Paul Klee en 1911.

Ver 300 obra de Paul Klee en La Ciudad de la Pintura



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Museo de Paul Klee en Berna.



Pues esto es todo amigos, espero que os haya gustado el trabajo recopilatorio dedicado al pintor suizo-alemán Paul Klee (1879-1940). Nacido en Suiza, desarrolló su vida en Alemania, cuyo estilo varía entre el surrealismo, el expresionismo y la abstracción.



Fuentes y agradecimientos a: es.wikipedia.org, artcyclopedia.com, museothyssen.org, pintura.aut.org, elpais.com, epdlp.com y otras de Internet.
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

¿Qué dejaremos para el que venga mañana?

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Post Re: Klee, Paul 
 
Paul Klee, en la teoría y en la práctica


Una ambiciosa muestra de la Fundación Juan March desvela los misterios del pintor suizo

Se repasa su labor docente en la Bauhaus, donde fue maestro entre 1920 y 1931




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Paul Klee en su taller en Weimar en 1925.

Paul Klee (1879-1940) sabía ser realmente meticuloso. Podía resultar obsesivo y voraz. Y tremendamente prolífico. En sus años como profesor de Teoría de la Forma en la utopía docente de la Bauhaus de Walter Gropius, primero en Weimar y luego en Dessau,amasó un corpus teórico-estético a la medida de su personalidad excesiva: cuatro mil páginas de cuadernos llenas de anotaciones, diagramas y dibujos que servían al pintor para enfrentarse a una rutina laboral mantenida entre 1920 y 1931. Las clases no parecían lo suyo: se quejaba del tiempo que le robaban a su hiperactividad creativa en el taller. Llegaba al aula, garabateaba en la pizarra y no miraba a la cara de sus alumnos, más que artistas de caballete, arquitectos o diseñadores, hijos de la vanguardia que dignificó las artes aplicadas.

Lo llevaba todo anotado y rara vez improvisaba en sus parlamentos. Solo confiaba en sus notas, valiosos materiales de trabajo donde quedó plasmada algo más que una teoría artística: la ética y la estética del genio suizo de la vanguardia. Estos papeles sirven de punto de partida para la exposición Paul Klee. Maestro de la Bauhaus, que abre sus puertas en la Fundación Juan March el viernes 22 de marzo (allí permanecerá hasta el 30 de junio).

El proyecto surgió en realidad de una negativa. Más bien, de la sana intención de no hacer otra muestra sobre Paul Klee. No tanto porque el pintor pertenezca a la categoría de los maestros que precisan escasa presentación para el público, sino porque la fundación ya le dedicó en 1981 una antológica histórica al artista. De modo que cuando Manuel Fontán, director de exposiciones de la Juan March, dio en una librería de viejo alemana con dos mamotretos con el “legado pedagógico de Klee” (en realidad, un resumen de los famosos cuadernos armado con cierto capricho por el editor suizo Jürg Spiller en los 70), el comisario encontró el hilo para tirar de una madeja original.

La idea entusiasmó a los máximos guardianes del legado del pintor en el Paul Klee Zentrum, el sinuoso edificio de Renzo Piano que alberga a las afueras de Berna (en Suiza) la mayor colección de un artista en manos privadas del mundo. La Fundación Juan March colaboró en el proyecto académico de la edición crítica y la publicación completa del ingente material que conforma el legado pedagógico. El resultado, un trabajo que valió a Fabienne Eggelhöfer y Marianne Keller-Tschirren el doctorado, acabó dando forma a una exposición de pequeño formato en el centro bernés, y terminó colgado en la web de la institución para ser consultado por estudiosos y aficionados.


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La acuarela 'Con el arcoíris' (1917). Paul Klee

También desembocó, tras un proceso de unos cuatro años, en la muestra que ahora llega a Madrid. Comisariada por las dos estudiosas, reúne 137 obras (óleos, acuarelas, dibujos) y 150 objetos del legado, entre papeles, conferencias dictadas en Jena o libros de la biblioteca personal de Klee.

Las piezas no solo provienen de la fundación del artista; la Juan March ha obtenido préstamos de colecciones suizas, alemanas, francesas, estadounidenses o españolas. Fontán aspira a que “la muestra funcione como una caja de resonancia de la obra del pintor y ayude a entender su mezcla de inocencia infantil y complejidad intelectual”.

El director de exposiciones también confía en que el título Maestro en la Bauhaus no distraiga a los visitantes del verdadero foco de la muestra. No se trata de un proyecto basado en la producción artística de Klee entre 1920 y 1931 (acabó por dejar las servidumbres docentes, y se mudó a Duseldorf antes de que el nazismo lo empujase de vuelta a Suiza, donde murió víctima de la esclerodermia), sino que reúne obra desde 1899 a 1940. “Los cuadernos explican la gramática y la sintaxis de toda su trayectoria y por eso la muestra nos permite abarcar toda su vida”, continúa Fontán.

Una vida y una obra que se divide en la sala de la fundación en compartimentos vagamente inspirados en la arquitectura Bauhaus. El recorrido tiene cinco paradas: naturaleza (auténtica obsesión desde la niñez), ritmo, color, movimiento y construcción. Pero se contempla atravesada por un solo afán: el que tuvo Klee por superar las adversidades de la pedagogía creativa: “Basa sus clases en reflexiones sobre su propio quehacer artístico, pero la relación entre su obra y sus enseñanzas no debe entenderse en el sentido de una teoría del arte”, escriben las comisarias en el catálogo (además de ese volumen, la fundación publicará parte de los cuadernos en edición facsimilar).

Quizá fuera ese descreimiento lo que hizo tan fructífera su asociación con Gropius (con quien no le unió la amistad que sí mantuvo con Kandinsky). El fundador de la Bauhaus es también autor de una celebre sentencia: “El arte no puede enseñarse”.


elpais.com
 




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Post Re: Klee, Paul 
 
Paul Klee, la religión pagana del color


La Tate Modern bucea en las obsesiones de uno de los grandes de la abstracción, que pintaba sin freno mientras Europa se derrumbaba



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La aventura de una muchacha, de Paul Klee. (1922)

Fue su último cuadro y también cierra la exposición en la Tate Modern. Lo encontramos colgando de una pared negra, idéntica a la que Paul Klee hizo pintar en su taller de la Bauhaus para exponer sus obras acabadas. Mientras Europa ardía y su cuerpo enfermo se desintegraba, el pintor nacido en Suiza tuvo la ocurrencia de plasmar un puñado de flores de colores intensos y trazo algo infantil, en oposición frontal con lo que tocaba vivir, que había teñido su obra de tonos sombríos y augurios fáusticos durante la década anterior.

Nadie entendió muy bien a qué venía ese lienzo. “Desprende una incomprensible sensación de alegría, música y libertad”, escribió un crítico suizo al verlo. Klee lo pintó en 1940, solo unas semanas antes de su muerte por esclerodermia, enfermedad incurable que endurecía la piel y obstaculizaba el funcionamiento de los órganos. Lo tituló Flores del crepúsculo y corrió a añadirlo al listado de obras que tenía pensado exhibir en Zurich, en la que convertiría en su última exposición en vida.

“Encontramos esa lista en un archivo suizo. Klee añadió el cuadro en el último minuto, con un bolígrafo de otro color. Era consciente de que su vida terminaba, pero quiso ponerle punto final con una extraña nota de optimismo”, relata el responsable de exposiciones de la Tate Modern, Matthew Gale. El colofón final a su trayectoria quedaría marcado por ese enigma, tal como una obra marcada por las mismas contradicciones que ese exótico cuadro trazado con desesperado optimismo.

    El centenar de obras abarca el grueso de la evolución plástica del pintor

El museo londinense inaugura hoy una gran muestra que pretende resolver algunos de esos misterios. La Tate expone hasta el 9 de marzo un centenar largo de las obras del artista, que según el recuento oficial habría dejado más de 8.000 lienzos terminados. Puede parecer poco, pero todo está allí. La exposición examina lo más representativo en la producción del pintor, siguiendo un enfoque estrictamente cronológico que, a primera vista, puede resultar impropio de uno de los primeros museos que reordenó su colección con criterios temáticos. Sin embargo, lo hace escogiendo ángulos distintos a los habituales, prescindiendo de lo sabido para adentrarse en zonas menos transitadas, en un largo recorrido que nos lleva del Múnich de los años diez a sus últimos días en Suiza, donde murió a los 60 años al principio de la Segunda Guerra Mundial.

La religión de Klee fue el color. Lo encontramos en sus polifonías y en sus peces mágicos, pero también en sus pinturas ancestrales y en sus lienzos más fantasmagóricos. El pintor se convirtió al color en 1914, durante un viaje por el norte africano junto al pintor August Macke, que acabaría adquiriendo dimensiones míticas en su cabeza. “El color ha tomado posesión de mí. Ahora me poseerá para siempre. Estamos unidos hasta el final. Me he convertido en pintor”, dejó escrito Klee.

    La Tate demuestra la importancia del contexto histórico en la obra de Klee

De vuelta a casa, sus acuarelas cuadriculadas empezaron a reproducir los colores observados en ese viaje iniciático. Los convirtió en su gramática personal, que conjugaría en cientos de cuadros de pequeño formato, que fuerzan a quien los observa a afilar la mirada si pretende descifrarlos. Sus sistemas geométricos reproducen la obsesión por el movimiento de Klee, así como la influencia de la composición musical en la pintura (fue un excelente violinista y no dudó en conectar las dos disciplinas, como quedó demostrado hace dos años una exposición en la Cité de la Musique de París) o la reinterpretación de géneros clásicos como el paisajismo y la naturaleza muerta.

Para Klee, cada nuevo cuadro suponía un nuevo reto. El pintor polaco Jankel Adler, uno de sus colegas en la Academia de Dusseldorf (donde dio clases cuando los nazis cerraron la Bauhaus), aseguraba que, cuando Klee empezaba un cuadro, sentía “la agitación que debió de tener Colón al descubrir un continente, entre un presentimiento temeroso y la vaga sensación de encontrarse en el buen camino”.

La exposición insiste en demostrar que el contexto histórico fue determinante en su proceso creativo. Klee pintó mientras regímenes políticos de distinto signo se encadenaban en la Europa de entreguerras, la inflación aumentaba y el antisemitismo avanzaba imparable. “Klee no pudo mantenerse al margen de lo que sucedía alrededor. En su obra se observa la voluntad de entender qué utilidad podía tener el arte en esas circunstancias”, apunta Gale.

Klee sabía en qué consistía su misión. Para él, la pintura no era una evasión, sino casi un instrumento visionario. Los artistas de la época, con los surrealistas a la cabeza, tenían la misma fijación: encontrar los mundos paralelos que sospechaban que se escondían tras la llamada realidad. A veces, de manera literal. Él experimentó con el esgrafiado de óleo para averiguar qué se escondía bajo la superficie, tal como haría otro electrón libre, Max Ernst, a través del frottage. El arte tenía que servir para encontrar “la realidad detrás de las cosas visibles”, en palabras del propio Klee. “Creía que era una manera de que lo invisible se manifestara. Siempre se ha creído que se refería a la abstracción, aunque puede que su definición fuera más general”, apunta el comisario. De hecho, Klee nunca se ciñó a un estilo ni a una escuela. “Su arte respondía a una visión propia e interna y no se enmarcó en un grupo, como la mayoría de artistas de vanguardia. En ese sentido, se trata de un personaje aparte dentro de las vanguardias, que trasciende su período histórico. Por eso el eco de su obra sigue resonando hoy”, concluye Gale.

Klee decía a sus alumnos que pintar consistía en “sacar a la línea de paseo”. Puede que hubiera algo más. Entre sus retículas dislocadas, prismas fragmentados y garabatos angustiados se entrevé una lejana silueta: la del nuevo paradigma estético que se impondrá tras la hecatombe bélica. Otra de sus citas lo deja todavía más claro: “Un pintor no debe pintar lo que ve, sino lo que se verá”.



La perfección en los matices


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Una visitante de la Tate Modern pasa delante de la obra "Walpurgis Night" de Paul Klee.


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Una mujer posa junto a la obra "Rich Harbour, 1938" del artista suizo Paul Klee (1879-1940) durante la presentación de la exposición "The EY Exhibition: Paul Klee - Making Visible" en el Tate Modern en Londres.


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Una visitante en la exposición de Paul Klee en la Tate Modern de Londres.


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Una mujer posa junto a la obra "Battle Scene" (1923) del artista suizo Paul Klee (1879-1940) durante la presentación de la exposición "The EY Exhibition: Paul Klee - Making Visible" .



elpais.com / REUTERS / EFE / AFP
 




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Exposición



Paul Klee, combatir el oscurantismo con la ironía

El Centro Pompidou de París recupera más de 200 obras del pintor suizo en una retrospectiva única en cincuenta años



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Exposición de Paul Klee en París. / AFP

Si la ironía es un signo de inteligencia, Paul Klee (Münchenbuchsee, 1879-Muralto, 1940) hizo gala de una exquisita agudeza a lo largo de toda su carrera. Sutil, reflexivo, extremadamente culto son algunos de los adjetivos que ayudan a entender la personalidad de uno de los grandes artistas del siglo XX a quien el Centro de Arte Moderno Georges Pompidou de París dedica ahora una retrospectiva, la primera en Francia desde 1969, que repasa su obra donde la sátira fue siempre un característico hilo conductor.

Abierta al público desde el pasado 6 de abril, la exposición permanecerá en el Pompidou hasta el 1 de agosto, en una muestra de 240 obras que intenta reconstruir un relato en torno a la figura del pintor alemán, nacido en Suiza en el seno de una familia de músicos. Una ínfima parte si tenemos en cuenta que la prolifera herencia artística que dejó el alemán asciende a más de 10.000 creaciones.

La comisaria de la exposición, Angela Lampe, ha trabajado durante tres años en su preparación, viajando con asiduidad a Berna (Suiza), donde se encuentra el Centro Paul Klee. Lampe explica el magnetismo de este desconocido pintor en Francia -precisamente por los años que han pasado sin exponer su obra- que tan solo en el día inaugural atrajo a casi 4.600 visitantes.


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Exposición de Paul Klee en París. AFP

"Es el placer que causa entrar en su universo, contemplar su obra, la inteligencia en los títulos y formas que hablan a todas las edades", cuenta Lampe. "Las marionetas, la ilustración de figuras simples y geométricas, los pequeños hombrecillos que pintó y las marionetas que creó para su hijo hablan a los niños, pero la brillantez y sutilidad habla igualmente a los adultos, a los que le conocen y a los que no están formados en el arte".

Precisamente esta ironía que ahora reivindica el centro de arte, sería el arma de Klee para combatir los dogmas establecidos por sus contemporáneos, que estarían presentes en su trabajo desde sus primeros años en Múnich hasta el final de su vida, siempre marcada por una constante negativa en cuanto a la situación del arte a principios del siglo XX. "El ideal, en las artes plásticas, es completamente inactual [...]. En cambio, he dado pasos hacia la sátira [...]. Y, en definitiva, puede que de ahí salga algo interesante", dejo escrito el suizo en uno de sus diarios.

Durante sus estudios en Berna, a principios del siglo pasado, Klee siguió clases de desnudo que adaptó a su propia visión en una serie de deformaciones grotescas de la anatomía humana como El héroe alado (1905) y otros dibujos de pequeño formato, realizados a lápiz y acuarelas, que se exponen en la primera sala de la exposición. Una respuesta, quizá, al idealismo que reinaba en las escuelas sobre la pintura clásica, siempre un punto de referencia a imitar por los alumnos que él no quiso asumir.

Klee descubriría el cubismo en Múnich en 1911 y más tarde en París, que realizaría con un estilo infantil con el que bromeaba sobre lo que en su opinión era una interpretación "desprovista de vitalidad" de los cuerpos. Fue en esta época también cuando el artista conocería a Picasso, en su taller de París, con quien descubre el surrealismo del malagueño que jugaba en sus enormes cuadros con figuras de mujeres que moldeaba a su gusto, una visión que influenciaría a Klee.



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Exposición de Paul Klee en París. AFP

El encuentro volvía a producirse 25 años más tarde, esta vez en la casa del suizo en Berna, donde, según cuentan, la tensión entre ambos se palpaba en el aire fruto de la enorme admiración aunque también crítica que ambos se procesaban. La belle jardinière (1939), pone en evidencia la enorme influencia que el trabajo de Picasso tuvo para Klee.
El tesoro de Walter Benjamin

La exposición alberga además dos obras muy delicadas, "un tesoro", según Lampe, reunidas por primera vez desde 1935 cuando su propietario, el filósofo alemán Walter Benjamin, las mostraba en el salón de su casa: Angelus Novus y La presentación del milagro.

Esta última fue un regalo de la mujer de Benjamin, del cual se vieron obligados a desprenderse en 1935 cuando el filósofo lo vendió para poder así financiar su exilio de la Alemania nazi. Angelus Novus, "mucho menos conocido", según Lampe, pertenece al Museo de Israel, y se expone únicamente durante dos meses, hasta principios de junio, dada la delicadeza de la acuarela. "Este célebre ángel de historia, al que Benjamin consagraría un texto al final de su vida sobre el concepto de la historia [El ángel de la historia] se encuentra en Jerusalén y es raramente prestado", explica Lampe. Ambos cuadros se exponen en una sala especial con una iluminación más suave que el resto.

La curiosidad marcaría también el carácter de Klee cuyos viajes por Oriente, su pasión por civilización egipcia y las artes antiguas, impregnaron los últimos años de su vida artística en la que volvería una y otra vez a distintos tiempos del pasado. Caminos de serpientes (1934), es una clara prueba de la influencia del arte rupestre, que recuerda a los dibujos del paleolítico grabados en grutas ancestrales. Durante estos años, los animales y la línea, que el autor define como "un punto en movimiento" se convierten en motivos recurrentes de su obra.

Los últimos años de su vida, estuvieron marcados -como el de tantos intelectuales europeos- por la crisis. La situación en el viejo continente, su exilio en Berna tras la condena de los nazis sobre su obra y la esclerodermia que le atacó parecieron ir de la mano con el aspecto dramático que adquirió su obra. El año 1933, cuando Hitler accede al poder, las creaciones de Klee parecen ser un reflejo del intenso momento histórico que vivía Alemania. Tras la Primera Guerra Mundial, Klee no esperaba que el mal pudiera volver y, cuando lo hizo, ni siquiera la enfermedad le impidió, sin embargo, librarse de esa ironía que hoy París recuerda.

"¡Tú, individuo que no sirves a nadie, tú, inútil! Aprende a crearte fines útiles: juega, ilusionate a ti mismo y a los demás, sé artista", escribió. Una buena frase para recordar en tiempos confusos.


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