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Don Pelayo
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Mensaje Don Pelayo 
 
Continuando con la serie de grandes biografías de héroes e ilustres españoles… Este Trigésimo trabajo recopilatorio, está dedicado a Don Pelayo, es uno de los personajes más enigmáticos de nuestro pasado, el primer caudillo cristiano que logró vencer a los musulmanes en Covadonga, iniciador de la Reconquista y primer rey de Asturias.

0pelayoausevaqf1Don Pelayo (¿699? - † 737) fue el primer monarca del reino de Asturias, que rigió hasta su muerte. Se desconoce su lugar de nacimiento. A su reconocido papel al frente de la resistencia cristiana frente al dominio musulmán, se le opone un desconocimiento prácticamente total sobre su trayectoria, que ha llegado a nuestros días enturbiada por la manipulación posterior que las Crónicas hicieron de su figura, hasta convertirla en el origen legendario de la Reconquista.

Antecedentes. Para entender la figura de Don Pelayo, es necesario conocer el pasado inmediatamente anterior a su aparición en el panorama histórico. Los musulmanes, al frente de Tariq, habían derrotado a las huestes godas de Rodrigo en la batalla de Guadalete, librada en el año 711. Su expansión por la península fue rápida, propiciada por el colaboracionismo de la nobleza hispana, cuya gran mayoría prefirió someterse a los invasores a cambio de mantener el poder sobre sus territorios, y por la escasa oposición de la Iglesia, bajo el control del arzobispo de Toledo.

Durante los primeros años, la ocupación del territorio no fue total. Los musulmanes se asentaron en Andalucía, Levante y el Valle del Ebro, mientras que en el resto de la península establecieron guarniciones cuya función era la de recaudar tributos y lanzar campañas para recordar su presencia, que tuvo su límite septentrional en el inicio de la cordillera cántabro-pirenaica.

Es precisamente en este territorio, dominado por astures, cántabros y vascones, escasamente romanizado y ajeno a la ocupación visigoda, donde se fraguará el germen de la resistencia al nuevo enemigo, que la despreció considerándola "una treinta de asnos salvajes", en palabras del cronista árabe Al-Maqqari.

Pelayo, ¿caudillo astur o noble visigodo?. Es difícil responder a esta pregunta, cuyas implicaciones en uno u otro sentido pueden producir una interpretación diferente de los acontecimientos históricos posteriores. Las Crónicas medievales, que se han de analizar con cautela, coinciden en señalar el pasado nobiliario de Pelayo. La Najerense y la Rotense le presentan como espadero de los reyes Witiza y Rodrigo, es decir, miembro de su guardia personal. Ya en el siglo XIII, Lucas de Tuy nos amplía esta información, asegurando que era nieto del monarca Chindasvinto e hijo de Favila, por lo que estaría emparentado con Rodrigo, que a su vez era hijo de Teodrofredo, hermano del padre de Pelayo. Es decir, su pasado era completamente visigodo.

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Siguiendo esta línea, cabe pensar que Pelayo, tras la derrota de Guadalete, se replegase hacia el norte con un contingente de nobles afines en busca de un terreno más propicio. El cronista Al-Maqqari, así nos lo explica "no había quedado más que la roca donde se refugió el rey llamado Pelayo con trescientos hombres". Allí debió de granjearse la confianza de los pueblos norteños, que sirvieron para potenciar sus huestes.

Sea como fuere, se acepta que Pelayo fue nombrado rey en el año 718, fecha que se considera como el inicio del reino astur, con capital en Cangas de Onís. En la actualidad, cerca de Cordiñanes, en dirección a Caín, existe una ermita a la sombra del argayo Bermejo, cuya advocación es la Virgen de la Corona. Todos los 8 de septiembre acuden a ella vecinos de la zona en una romería para rememorar los acontecimientos que acabaron en la batalla de Covadonga, lo que ha conducido a la profesora Margarita Torres a asegurar que pudo ser allí donde se celebró la unción del nuevo monarca.

Cabe pensar que sus primeros años de mandato se enfocaron a organizar la resistencia. Sin embargo, las Crónicas vuelven a sembrar de niebla los hechos históricos, ya que tanto la Najerense como la Rotense aseguran que el motivo por el que Pelayo se enfrentó a los musulmanes no fue otro que el intento del gobernador de Ieione, Munuza, de desposarse con su hermana, para lo que le envió a Córdoba. A su vuelta, el monarca astur se negó a consentir la unión, por lo que el musulmán trató de apresarlo. Sus intenciones fueron declaradas por un amigo a Pelayo, que corrió a refugiarse en el monte Auseva, en una gran cueva, donde finalmente se acabó librando la legendaria batalla.

En los últimos años, Barbero y Vigil han propuesto una interesante hipótesis sobre el posible origen astur de Pelayo. Las Crónicas del ciclo de Alfonso III ofrecen un conjunto de noticias que hacen ver la existencia de una tradición indígena que, lejos de considerar el reino astur como heredero del desaparecido reino visigodo de Toledo, demostraría que es fruto de una tradición local, propia de una sociedad gentilicia. Según estos autores, una elaboración ideológica posterior habría vinculado al reino astur con el visigodo, con una doble intención, por un lado como estímulo moral sobre la base del triunfo de Covadonga y, por otro, como vínculo que legitimaría a los monarcas leoneses como depositarios de la herencia visigoda y, por tanto, como aspirantes a recuperar el territorio perdido en el pasado.

Siguiendo esta interpretación, observamos cómo el propio Rodrigo, antes de la batalla de Guadalete, se encontraba sofocando una rebelión de los vascones en el norte. Es también un hecho que los visigodos no habían conseguido dominar a cántabros y astures, por lo que parece complicado que un noble de origen godo, como Pelayo, fuera acogido y nombrado rey por los astures después de años de resistencia. Finalmente, el importante papel jugado por la Cova Dominica (Covadonga), refugio de los rebeldes, no aparecería como casual, sino como lugar simbólico vinculado a cultos pre-cristianos de los vadinienses, antiguos habitantes de la zona.

De esta manera, el desencadenante de la batalla de Covadonga lo encontraríamos en la resistencia de los astures al pago de tributos al gobernador musulmán del Ieone de las Crónicas, que a juzgar por la lógica, debería de ser León y no Gijón, como apuntan algunos expertos, ya que resulta difícilmente creíble que los musulmanes se arriesgaran a situar una plaza en la zona costera cuando los rebeldes cortaban el paso por las montañas.

Un hecho que terminaría por corroborar esta hipótesis es que ni con Pelayo (718-737), ni con su hijo Favila (737-739), el reino astur ampliaría sus fronteras pese a la debilidad de los musulmanes, que poco después de su incursión en la península, se verían enfrentados en una guerra entre árabes y bereberes. Sería años después, con Alfonso I (739-757) cuando, como consecuencia de la llegada de cristianos del sur, se comenzara a fraguar la idea de la Reconquista.

pelayovencedordelabataluj9La batalla de Covadonga. Hacia el año 722, ante la situación generada en el norte, Tariq envió un ejército liderado por Alkama para socorrer al gobernador Munuza frente a los levantiscos astures. La batalla acabó con la huida de las tropas invasoras, que no pudieron vencer la resistencia de los aguerridos norteños, conocedores del terreno y sabedores de la importancia del triunfo para mantener su independencia. Dice la leyenda que Pelayo persiguió al ejército derrotado hasta la ciudad de León, en cuyas proximidades, en los llanos de Camposagrado, volvió a vencer a los huidos.

La batalla quedó salpicada posteriormente de elementos míticos, que contribuyeron a reforzar el sentido de apoyo Divino con el que los cronistas quisieron adornar esta refriega para impulsar la moral de las tropas que protagonizaban la Reconquista.

Como fruto del matrimonio de Pelayo con Gaudiosa nacieron Ermesinda, futura esposa de Alfonso I, y Favila, que le sucedió tras su muerte por enfermedad en el año 737.

Espero que la información recogida sea de vuestro interés.




Lista completa de trabajos realizados de grandes biografías de ilustres españoles o asimilados, por temas.  Reyes: Trajano, emperador romano, Adriano, emperador romano, Don Pelayo, Jaime I el Conquistador, Fernando III el Santo, Alfonso X el Sabio, Reyes Católicos, Juana la Loca y Felipe el Hermoso, Carlos V, Felipe II, Carlos III; Conquistadores y exploradores: Cristóbal Colón, Hermanos Pinzón, Juan de la Cosa, Alonso de Ojeda, Cabeza de Vaca, Francisco de Orellana, Francisco Pizarro, Hernán Cortés, Hernando de Soto, Inés de Suarez, Núñez de Balboa, Pedro de Mendoza, Pedro de Valdivia, López de Legazpi, Ponce de León, Rodrigo de Bastidas, Elcano - Magallanes; Héroes: Viriato, El Cid campeador, Guzmán el Bueno, María Pita, Agustina de Aragón, Daoíz y Velarde, Vicente Domenech "El Palleter"; Militares: Juan de Austria, Blas De Lezo; Literatura: Séneca; Religiosos: Bartolomé de Las Casas; Emprendedores: Eduardo Barreiros... hay otros trabajos en preparación que iré añadiendo.



Resumen Biográfico:


recreacindelreydonpelayqj5Don Pelayo (¿699? - 737) fue el primer monarca del reino de Asturias, que rigió hasta su muerte. Se desconoce su lugar de nacimiento, y su origen es controvertido, aunque diversos autores le atribuyen los más variados. La Crónica Albeldense le hace un noble godo («XV. ITEM ORDO GOTORUM OBETENSIUM REGUM. 1. Primum in Asturias Pelagius rg. in Canicas an. XVIIII. Iste, ut supra diximus, a Uittizzanc rege de Toleto expulsus Asturias ingressus). El testamento de Alfonso III, del año 869, en que el rey Magno dona al presbítero Sisnando la iglesia de Santa María de Tenciana (Tiñana, Siero) que su tío Alfonso el Casto había ganado de las propiedades pertenecientes a su bisabelo Pelayo mediante proceso judicial para que la restaurara, pues había estado derruida por largo tiempo. Este documento vincula territorialmente a Pelayo con el área central de Asturias, aunque sin aportar datos sobre su lugar de origen. Se opuso al poder musulmán y se le ha considerado tradicionalmente como el fundador del reino de Asturias, aunque recientes investigaciones arqueológicas sugieren que podría haberlo hecho sobre una organización política local previa


La leyenda

Según la leyenda, Pelayo era un noble visigodo, hijo del duque Favila y nieto del rey Recesvinto al que habría servido como spatarius. Debido a las intrigas entre la nobleza visigoda, el rey Witiza conspiró para asesinar a su padre. Pelayo huyó a Asturias, donde tenía amigos o familia. Posteriormente, al sentirse inseguro en la Península, marchó como peregrino a Jerusalén. Allí permaneció hasta la muerte de Witiza y entronamiento de Rodrigo, del que era partidario. Con éste, ocupó el cargo de conde de espatarios o de la guardia del rey y como tal combatió en la batalla de Guadalete en abril o mayo del año 711. Tras la batalla se refugió en Toledo y, a la caída de la ciudad (714), mientras otros escapaban a Francia, él volvió a Asturias, supuestamente custodiando el tesoro del rey visigodo.

Las primeras incursiones árabes en el norte fueron las de Muza entre los años 712 y 714. Entró en Asturias por el puerto de Tarna, remontó el río Nalón y tomó Lucus Asturum (Santa María de Lugo de Llanera) y luego Gijón, donde dejó a cargo al gobernador Munuza. Las familias dominantes del resto de las ciudades asturianas capitularon y probablemente también la familia de Pelayo.


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Estatua de Don Pelayo en el jardín de los reyes caudillos de Oviedo

En 718 tuvo lugar una primera revuelta encabezada por Pelayo (al parecer porque Munuza se había casado por la fuerza con su hermana Adosinda), que fracasó. Pelayo fue detenido y enviado a Córdoba. Sin embargo, consiguió escapar y volver a Asturias, donde encabezó una segunda sublevación y se refugió en las montañas, de Covadonga y Cangas, donde se mantenía la resistencia.

En 722 Munuza envió a un general, Al Qama, a someter a los sublevados. Al Qama se dirigió hacia Bres (Piloña), donde se encontraba Pelayo. Éste se dirigió huyendo hasta el monte Auseva, en el valle de Cangas y allí, en la Batalla de Covadonga, aniquiló al destacamento de Al Qama que venía de la península para ayudar a aniquilar definitivamente la resistencia en las montañas.

Posteriormente a esta batalla, el gobernador militar al mando de la mitad norte de la península Ibérica, Munuza, que tenía como base Gigia (actual Gijón), intentó escapar de Asturias y alcanzar la seguridad de sus posiciones en la meseta, pero fue dado alcance y dado muerte junto con su séquito y sus tropas en un valle del centro de Asturias.


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Basílica de Covadonga. Proclamación de D. Pelayo, de Luis de Madrazo



El estado actual de la cuestión


La moderna historiografía

La moderna historiografía centra los inicios de la Reconquista en la antigua provincia Asturiensis, cuya existencia consta por esta serie de datos históricos:

San Valerio del Bierzo escribió su vida autobiográfica en la segunda mitad del siglo VII, el Ordo Querimonie, y dice que era originario de la provincia «Asturiensis», lugar de «espesísimas malezas, ásperas y fragosas»;
el Cosmógrafo de Rávena, anónimo del siglo VII, señala Asturia como una de las ocho (antes sólo eran seis) provincias de Hispania; las actas del XIII Concilio de Toledo registran la presencia de ocho Duces Provinciae, dos más que en otras épocas; la crónica de Alfonso III, en su versión Rotense, dice que los árabes colocaron gobernadores al frente de todas las provincias: «Per omnes prouincias Spanie prefectos posuerunt». Munuza fue el prepósito puesto al frente de la Asturiensis.


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La existencia de este ducado es aceptada desde hace ya tiempo por los historiadores del reino visigodo, la novedad ahora es que Pelayo podría ser hijo del Dux Asturiensis, Faffila: la Crónica Albeldense, crónica redactada en Oviedo en tiempos del rey asturiano Alfonso III el Magno, dice que el Dux Faffila —o Favila— era el padre de Pelayo y que fue muerto a manos de Witiza en tiempos del rey godo Égica.

De esta forma se explicarían muy satisfactoriamente muchos particulares acerca del origen del reino de Asturias y acerca del propio Pelayo. Se sabe que los duques eran, en los últimos tiempos del reino visigodo, «cabezas de redes de dependencias protofeudales en sus ducados». Así se explica por qué Pelayo buscó refugio en Asturias, entre la clientela de su padre, cuando Vitiza, el asesino de Favila empuña el cetro real. Debe recordarse que la Crónica Albeldense consigna que Pelayo buscó refugio en Asturias, huyendo de Vitiza, no de los musulmanes: «Pelayo reinó el primero en Asturias, en Cangas, dieciocho años. Este, como arriba dijimos, expulsado por el rey Vitiza de Toledo entró en Asturias». También se entienden las propiedades fundiarias de Pelayo en Tiñana, que constan en el testamento de Alfonso III, así como la del lugar en Brece donde se hallaba cuando los enviados de Munuza tratan de apresarlo (Crónica Rotense). Se comprende mejor también el hecho de que Munuza deseara a la hermana de Pelayo como esposa (Crónica Rotense): de esa forma entroncaría con la descendencia de la última autoridad legítima en Asturias, la del Dux Favila.


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Don Pelayo, pintado por Luis de Madrazo, detalle

La misma existencia de una provincia Asturiense reduce considerablemente las posibilidades para el posible ducado de Favila: no podría ser el de Gallaecia ni tampoco el de Cantabria porque Pelayo hubiera buscado refugio en aquellas tierras y no entre los astures, con los clientes de su padre, astures que no son otros que los habitantes de la Asturiensis. Así, de acuerdo a estos autores la resistencia de Pelayo sería la de un antiguo núcleo del reino de Toledo: el levantamiento y la resistencia finalmente triunfante de una de sus provincias contra el poder musulmán. Es preciso matizar un poco esta visión, pues estas provincias, en manos de sus duques, experimentaban una tendencia centrífuga, protofeudal, en los últimos tiempos de la monarquía visigoda, y de no haber existido la invasión musulmana, se habría consumado seguramente la disgregación del reino:

De esta forma el camino hacia la disgregación del centralizado reino toledano en auténticos Principados territoriales feudales parecía ya completamente abierto a principios del siglo VIII. Tan sólo el accidente de la invasión del 711 sería capaz de impedirlo, aunque sólo momentáneamente si bien se mira.

(Luis A. García Moreno Historia de la España Visigoda, Madrid, 1989).

La propuesta de Pelayo hijo del Dux Asturiensis Favila fue hecha, antes que estos historiadores, por Eloy Benito Ruano, hoy académico de número de la Real Academia de la Historia.


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Estatua de Don Pelayo. Gijón. Plaza del Marques, la estatua está situada sobre el azul del mar. Don Pelayo fue el primer rey asturiano.



El posible origen astur de Pelayo

Las crónicas Albeldense y Rotense de la etapa final del Reino de Asturias (siglo IX) atribuyen un origen godo a Pelayo, aunque este dato ha sido cuestionado por algunos historiadores, especialmente a partir de la publicación de los trabajos de Abilio Barbero y Marcelo Vigil al respecto: resultaría paradójico que los astures, que se habían rebelado contra el dominio godo en tiempos del rey Wamba, aceptasen como caudillo en la nueva lucha contra los musulmanes a un aristócrata enemigo, perteneciente a un pueblo que tan sólo veinte años antes había sojuzgado a Asturias. Por otro lado, ni siquiera las regiones más romanizadas, como la Bética y la Tarraconense, opusieron una seria resistencia al colapso del reino visigótico, y la mayor parte de la aristocracia visigótica, representada por condes como Teodomiro o Casio, aceptó el nuevo dominio omeya a cambio de conservar su estatus. Incluso la viuda de Rodrigo, Egilona, fue tomada como esposa por uno de los jefes de los invasores, Abd al-Aziz, primer valí de Al-Ándalus.

Las primitivas crónicas asturianas, como la Albeldense, no incluyen la genealogía de Pelayo, aunque sí lo declaran hijo del duque Faffila —Favila— de ascendencia goda, por tanto. Los primeros documentos que trazan un supuesto árbol genealógico de Pelayo que lo haría descendiente de Chindasvinto (como la Estoria General de España escrita por el rey Alfonso X el Sabio) son cinco siglos posteriores a los hechos. En este sentido, la ideología neogoticista que impregnó los reinados de los reyes de Asturias Alfonso II y Alfonso III hizo desvirtuar progresivamente los orígenes del reino de Asturias: se pretendía entroncar los orígenes del reino de Asturias con el estado visigótico, para de esta manera legitimar las aspiraciones imperiales de los reyes de León y de Castilla.

donpelayohl2De hecho, el antropónimo Pelayo no es germánico (como lo son todos los nombres de los reyes visigodos), sino que deriva del griego πελάγιος (marino), lo que apuntaría a un origen hispano-romano del personaje. Por lo demás, dicho nombre de pila era usado con profusión por los habitantes del noroeste de España.

En cualquier caso, lo cierto es que las informaciones proporcionadas tanto por las crónicas cristianas como por las islámicas lo presentan como un personaje estrechamente vinculado a Asturias y que poseía propiedades fundiarias en la región. De este modo, el testamento del rey Alfonso III (recopilado por el padre Flórez en su España Sagrada) menciona que Pelayo tenía tierras en Tiñana (Siero), no muy lejos de Lucus Asturum, una de las ciudades más importantes de la Asturias romana y prerromana. Por su parte, la Crónica Rotense señala que, tras su huida de Córdoba, Pelayo se refugió en Bres (Piloña) en pleno corazón del territorio de los luggones argandenos y cerca de su capital, Paelontium (Belonciu).

Asimismo, tanto Al Maqqari como Ibn Jaldún, en el siglo XVI, atribuían orígenes asturianos a Pelayo, y el primero de ellos, al describir los sucesos de Covadonga, califica al personaje de asno salvaje, una denominación muy poco apropiada para un pretendido miembro de la aristocracia goda y que hace pensar más bien en un caudillo procedente de las montañas y alejado de los refinados centros de cultura romano-visigóticos, pudiendo ser simplemente un hecho de propaganda y rencor escritos en una época totalmente diferente (8ocho siglos después), y desde Egipto, lo que deja claras dudas sobre la fidelidad de estos "relatos" que sin testigos, ni acceso a una información lejana, y recopilando los siglos de leyendas anti-Pelayo que se pudieran haber dado en el bando musulman a lo largo de la Reconquista; siendo esta la información accesible para un "historiador" del régimen que escribe sobre los hechos 8 siglos después y a miles de kilómetros, desde Egipto.

Los relatos de otros cronistas musulmanes como Iban Al-Akir, en la que relata como "Muza" ataca al enemigo robando, destruyendo iglesias, campanas. o Al-Nuwairi hacen referencia a un lugar denominado la roca de Pelayo, conquistado por Muza en su campaña de los años 712–714, y que los historiadores identifican con el cerro de Santa Catalina, donde se asentaba la ciudad de Gegio (Gijón). El hecho de que el topónimo portase el nombre de Pelayo sugiere que este personaje era por aquel entonces el gobernante local de la villa, aunque si el texto fue escrito con el paso de los siglos, puede ser una variación y adaptación literaria. En tal caso, la leyenda sobre el matrimonio de Munuza con su hermana Adosinda, de ser cierto, habría tenido como objetivo reforzar el pacto entre la aristocracia astur y los nuevos dominadores árabe-bereberes.


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Don Pelayo en el escudo de Gijón

Por último no puede dejar de resaltarse el hecho de que la transmisión del poder en el seno de la monarquía asturiana se llevaba a cabo siguiendo reglas de origen indígena, residuos de una anterior estructura matriarcal: así, la mujer a menudo transmitía derechos hereditarios al marido, como sucede en los casos de los reyes Alfonso I y Silo, que acceden al poder gracias a sus esposas Ermesinda y Adosinda, ambas de la familia de Pelayo. Sólo en época posterior, a partir de Ramiro I de Asturias, se impone definitivamente la sucesión por línea patrilineal.


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Basílica de Covadonga. Don Pelayo - Luis de Madrazo (1856)



Rebelión y "reconquista" de Gegio (actual Gijón)

Tras la llegada en el año 714 de la expedición de Muza a Asturias, el jefe bereber Mnuza o Munuza fue encargado de las tropas y la administración de la mitad norte peninsular, asentándose al frente de una guarnición musulmana en Gijón, mientras otras aseguraban el territorio, y otras atacaban a los últimos restos de resistencia. Las familias más importantes de la aristocracia astur, entre ellas la de Pelayo, enviaron rehenes a Córdoba para garantizar la capitulación. Sin embargo, en tiempos del valí Al Hurr (717–718) Pelayo retornó a las montañas de Asturias donde fue elegido princeps o líder de los Astures según una de las crónicas. Tras unos años de mutuo hostigamiento, durante el gobierno de Anbasa (722) Munuza envió un destacamento de tropas al refugio de Pelayo en Piloña. El líder astur y sus hombres se refugiaron en el Monte Auseva, donde esperaron a las tropas musulmanas, mientras que Munuza ordenaba refuerzos desde la meseta para acabar con la resistencia. Allí les tendieron una emboscada al destacamento musulmán, el cual fue aniquilado. Esta acción bélica se conoce como la Batalla de Covadonga.

Cuentan las crónicas que, tras la derrota de Covadonga, Munuza salió huyendo con sus fuerzas, probablemente por temor a que la gente de Gijón se uniera a la revuelta, o por miedo a que las tropas asturianas que habían derrotado a sus propias tropas le dieran alcance en la ciudad. Tras abandonar la ciudad, Munuza intentó salir de Asturias por el puerto de la Mesa, mientras que las tropas victoriosas de Covadonga hacían marchas forzadas para cortarle la huida hacia la meseta, siendo Munuza y sus tropas nuevamente derrotadas y muerto Munuza en Olalíes, actual concejo de Santo Adriano. El caso es que Pelayo se apoderó de Gijón sin mayor esfuerzo, una vez que las tropas musulmanas y Munuza habían intentado huir y habían sido aniquiladas en el intento. Al divulgarse por tierras musulmanas la noticia de la toma de Gijón, muchos cristianos se unieron al ejército de Pelayo. Esto desalentó a los musulmanes de intentar retomar Gijón y la zona que esta ciudad controlaba, aunque en realidad el reino de Asturias tuvo como primera capital Cangas de Onís y como segunda Arriondas, para pasar a ser Oviedo la capital bajo el reinado de Alfonso II. Como reseña de la importancia de la muerte de Munuza, solo destacar que era el general al mando de las tropas al norte de la península Ibérica, y su muerte, se puede considerar de trascendencia dentro del organigrama militar musulmán, aunque haya que resaltar que éstos estaban más interesados en expandirse por Francia, y avanzar hacia el centro de Europa hasta las batallas de Toulouse y la de Tours donde Carlos Martel detuvo su carrera hacia el centro de Europa, que de limpiar la retaguardia de pequeños reinos hostiles que quedaron aislados ante el avance musulmán.


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Batalla de Covadonga (Basílica de Covadonga). J. Navia - J. Rodriguez (c.1790)



Primitiva extensión territorial del Reino

Sin embargo, el triunfo de la revuelta no llevó a Pelayo a establecer su corte en Gijón, que era la ciudad más importante de la Asturias bajoimperial, sino que se asentó en Cangas de Onís, situada en las estribaciones de los Picos de Europa: lo inseguro de su situación hacía aconsejable refugiarse en un territorio montañoso que fuera poco accesible para las aceifas musulmanas. Pero una vez que décadas más tarde se consolidara el Reino, la sede regia fue trasladada sucesivamente a Oviedo, San Martín del Rey Aurelio, Pravia y, de nuevo a, Oviedo.

En principio parece que el reino de Pelayo se extendía por la llamada Asturias nuclear, que comprendía, al menos, los territorios central y oriental de la actual Asturias, de acuerdo al relato de la Crónica Albeldense, que acontece entre la civitate Gegione y Covadonga. Fueron sucesores suyos, como Alfonso I de Asturias o Fruela I de Asturias, los que, fagocitando entidades políticas menores (como los condados de Trasmiera o Sopuerta), extendieron los dominios del Reino de Asturias hasta Galicia y Vizcaya.


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Estatua de Don Pelayo († 737) en la Plaza de Oriente de Madrid (España). Esculpida en piedra blanca por Domingo Martínez entre 1750 y 1753.



Muerte de Pelayo

Falleció en Cangas de Onís, donde tenía su corte, en 737. Fue sepultado en la iglesia de Santa Eulalia de Abamia, en las inmediaciones de Corao y próxima a Covadonga, que él había fundado. Esta iglesia, como la capilla de la Santa Cruz en Cangas de Onís y la de Sames en el concejo de Amieva, fueron construidas en un campo donde existía un dolmen que fue respetado. Posteriormente sus restos fueron trasladados por Alfonso X el Sabio al Santuario de Covadonga.


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Medallón de Don Pelayo. Plaza de España. Sevilla



Matrimonio y descendencia


Pelayo casó con Gaudiosa o Geodosia, siendo sus hijos:

Favila de Asturias, segundo rey de Asturias;

Ermesinda, que casó con el hijo del duque Pedro de Cantabria, Alfonso, quien, por este matrimonio, fue el tercer rey de Asturias con el nombre de Alfonso I.


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Retrato ideal del rey Don Pelayo, siglo XVIII



Gaudiosa, esposa de Don Pelayo


Gaudiosao Geodosia (Cosgaya, España; c. 695 - c. 737) era la esposa de Don Pelayo, primer rey asturiano. Se cree que nació en la comarca cántabra de Liébana, en la localidad de Cosgaya. En esta zona la conocería Pelayo cuando iba a comerciar con caballos.

Tuvo dos hijos con Pelayo: Favila, que sucedió a su padre en el trono asturiano y Ermesinda, que se casaría con Alfonso, el hijo del duque Pedro de Cantabria que reinaría a la muerte de Favila.

A su muerte, acaecida poco tiempo después que la de su marido, fue enterrada junto a él en la iglesia de Santa Eulalia de Abamia, en Corao, aunque más tarde sus restos fueron trasladados a la Santa Cueva de Covadonga por orden de Alfonso X.


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Monumento conmemorativo de la Batalla de Covadonga



Favila de Asturias, hijo de Don Pelayo


Favila (o Fáfila) de Asturias (? - 739) fue el sucesor político de su padre Don Pelayo en el trono asturiano. Tomó el nombre de su abuelo, el padre de Don Pelayo, el duque Favila.

Gobernó desde 737 a 739 y murió prematuramente debido, según la leyenda, a un enfrentamiento con un oso. Esto sucedió según la tradición en el lugar en que se sitúa la actual aldea de Llueves, en una montaña, en las inmediaciones de Cangas de Onís. De esta leyenda procede el popular dicho español, "espabila, Favila, que viene el oso", con el cual se apremia al oyente a realizar una acción.

Es posible que la muerte de rey Favila fuese un asesinato político, como hubo otros en este reino más adelante. También se baraja que la lucha con el oso fuera una especie de rito de virilidad, una de las pruebas de valor normalmente exigidas a la nobleza de la época. La elección de sucesor recayó en el que reinaría como Alfonso I de Asturias, que estaba casado con la hija del rey Don Pelayo y de la reina Gaudiosa, Ermesinda o Hermenesinda y por ello hermana de Favila.

Favila fue enterrado por su esposa Froiliuba en Cangas de Onís, capital del reino. Tuvo hijos, atestiguado por la inscripción de la fundación de la iglesia de la Santa Cruz de Cangas del año 737, pero ninguno de ellos le sucedió en el reino asturiano. Se sabe de una hija llamada Favinia, que casó con el Duque Luitfred III de Suevena. Esta capilla, construida gobernando Favila, presenta la singularidad de haberlo sido sobre un dolmen preexistente. Para ello se creó una pequeña colina que eleva la capilla sobre el valle. El dolmen fue respetado, quedando cubierto en la cripta de la capilla.


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Detalle de la portada del Monasterio de San Pedro de Villanueva (s. XII) contando esquemáticamente la historia del rey Favila: de izq. a dcha. partida para la jornada de caza, despedida de su esposa Froiluba a la puerta de palacio y la lucha con el oso.



Ermesinda, hija de don Pelayo


Ermesinda, también llamada en otros documentos Ormisenda y hasta Ermisenda. Hija de don Pelayo y hermana de Favila, transmitió sus derechos al poder regio en Asturias a su marido Alfonso I, hijo del duque Pedro de Cantabria.

Había nacido entre los años 720 y 730, probablemente en la región de Oviedo, acontecimiento no documentado, al igual que la mayoría de los sucesos, hechos y personajes de la época contemporáneos del turbión que supuso, por una parte la invasión musulmana y la descomposición del visigodo, y, por otro lado, lo apartado de la región y el sumo desconocimiento que se tiene de la familia de don Pelayo, huida de la corte toledana hacia el norte peninsular, caso de ser veraz la idea que se tiene de que éste fuese un dignatario en la capitalidad del reino visigodo.

Según la Crónica Albeldense, era hija de don Pelayo y de Gaudiosa y casó con el que, a la postre, sería sucesor de su padre: Alfonso I, hijo de Pedro, último duque de Cantabria, cuando en 739, al morir su hermano Favila o Fáfila, el esposo vino a ocupar el trono de Asturias, entre 739 y 757. De su matrimonio nacieron dos hijos Fruela I, futuro rey, Vimarano y una hija, Adosinda.


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Estatua de Don Pelayo. Cangas de Onís. Asturias.  Don Pelayo fue el fundador del reino de Asturias al ser proclamado rey por los astures tras la victoria sobre los musulmanes en la batalla de Covadonga, en el 718. Se dice por ello que es el primer rey de España, ya que desde su reino se inició la reconquista de toda la Península.



SANTUARIO DE COVADONGA


La Santa Cueva de Covadonga es un santuario católico situado en el Principado de Asturias. Se trata de una gruta en las estribaciones del Monte Auseva, que da nombre a la parroquia de Covadonga en el concejo de Cangas de Onís. Asturias. El significado de «Covadonga», procedente del latín «Cova Dominica», es «Cueva de la Señora», ya que el lugar esta dedicado al culto de la Virgen María.

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El origen de la Cueva como lugar de culto es controvertido. La tradición afirma que don Pelayo, persiguiendo a un malhechor que se habría refugiado en esta gruta, se encuentra con un ermitaño que daba culto a la Virgen María. El ermitaño ruega a Pelayo que perdone al malhechor, puesto que se había acogido a la protección de la Virgen, y le dice que llegaría el día en que él también tendría necesidad de buscar amparo en la Cueva. Algunos historiadores dicen que lo más verosímil es que Pelayo y los cristianos, refugiados en la Cueva de los musulmanes, lleváraran consigo alguna imagen de la Virgen y la dejaran allí después su victoria en la Batalla de Covadonga.

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Las crónicas musulmanas sobre la Batalla de Covadonga dicen que en esta Cueva se refugiaron las fuerzas de Pelayo, alimentándose de la miel dejada por la abejas en las hendiduras de la roca. Las crónicas cristianas afirman que la intervención milagrosa de la Virgen María fue decisiva en la victoria, al repeler los ataques contra la Cueva.


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La primera construcción en la Santa Cueva data de tiempos de Alfonso I, el Católico quien, para conmemorar la victoria de Don Pelayo ante los Musulmanes, manda construir una capilla dedicada a la Virgen María, que daría origen a la advocación de la Virgen de Covadonga (conocida popularmente como la Santina). Además del altar a la Virgen se construyeron otros dos para San Juan Bautista y San Andrés. Alfonso I hace entrega de esta iglesia a los monjes benedictinos.


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Cascada del santuario de Covadonga en Asturias. La Cueva estaba recubierta de madera, y en 1777 un incendio destruye la talla original de la Santina. La actual talla data del siglo XVI y fue donada al Santuario por la Catedral de Oviedo en 1778. La talla de la Virgen es de madera policromada, de dulces facciones, sostiene al Niño y una rosa de oro.


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Durante la guerra civil la imagen de la Virgen desaparece, y es encontrada en la embajada de España en Francia en 1939. La capilla actual, de estilo románico, es obra de Luís Martínez Pidal.


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Este es el acceso superior a la Cueva, excavado en la roca. Cientos de velas encendidas simbolizan las peticiones de los peregrinos.


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Estatua de Don Pelayo situada en el santuario de Covadonga.



Personas reales enterradas en Covadonga


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Tumba del Rey Pelayo en la Cueva, primer rey de Asturias. En la cueva se encuentra la tumba de don Pelayo, primer rey de Asturias, y su mujer Gaudiosa. Enterrados en la iglesia de Santa Eulalia de Abamia, su traslado al Santuario de Covadonga fue ordenado por el rey Alfonso X el Sabio.


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También se halla la tumba de Alfonso I, el Católico, rey de Asturias. La disposición actual de la Cueva de la Santina, es obra de Menéndez Pidal, que modificó, después de destruido en 1937, el trabajo inicial de Frasinelli. La capilla es de tipo rural, al fondo, y el altar con la imagen de la Virgen es exento, al aire. En la Cueva también se localizan, excavados en la roca,  los sepulcros de Pelayo y Alfonso I.


La basílica


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La basílica de Covadonga, situada junto a la cueva donde se venera la imagen de la Santina, es lugar de culto y peregrinación de todos los asturianos. La basílica es un edificio de estilo neorrománico, con dos altas torres que flanquean la portada principal. En su interior alberga obras de gran valor, como un lienzo de Madrazo.


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En la plaza de la basílica está la estatua del rey Don Pelayo. En una cueva, a la que se accede por una gran escalera, está la imagen de la Santina, la tumba del rey Pelayo y la del rey Alfonso I. De la gruta surge una catarata y a los pies de ésta una fuente de siete caños. En el altar, un panel de oro representa la batalla de Covadonga.


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Interior de la Basílica de Covadonga


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Basílica de Covadonga desde el sendero de la Cruz de Priena




La Cruz de Priena


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Si queremos disfrutar de las mejores vistas de la Basílica de Covadonga y su valle y no os importa andar un poco, lo mejor es coger altura sobre el valle para gozar de su paisaje, desde las proximidades del Santuario parte un excelente sendero que sube a la Cruz de Priena, desde el propio sendero disfrutaremos de espectaculares vistas de Covadonga, ya en su cumbre la vista panorámica es extraordinaria, se levanta ante nosotros el Macizo Occidental de Picos de Europa por un lado, por el otro el valle que va de Cangas de Onís hacia Arenas de Cabrales, por otro lado el valle de Covadonga... parece que volemos, es una borrachera de paisajes.


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Desde la Cruz de Priena, Asturias, podemos ver por un lado el mar Cantábrico, por otro el Santuario de Covadonga, por otro valles verdes con poblaciones desperdigadas por ellos y por último las estribaciones del Macizo Occidental de Picos de Europa formando auténticos mares de montañas.


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Otra vista de la Cruz de Priena. Tiene más de 700 mts. de altitud, y es un observatorio privilegiado para contemplar el Santuario de Covadonga.



Patrona de Asturias


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La Virgen de Covadonga “La Santina”, es la Patrona de Asturias y la Virgen más querida. Esta es una de las devociones a la Virgen más antiguas que se conservan en España. Se inició en la época de Don Pelayo, siglo VIII, cuando se acercaba una batalla decisiva para el futuro de la Reconquista. Don Pelayo y los suyos guardaban una pequeña imagen de la Virgen a la que se encomendaron el éxito del combate. Cuando la situación parecía insoluble, la refugiaron en una cueva que había por la zona de la batalla y dejaron allí la imagen. Al final se ganó el enfrentamiento con la batalla de Covadonga en el año 711. La victoria fue tan inesperada que Don Pelayo no dudó en atribuirla a la intercesión protectora de la Virgen. En el año 722 sube al trono el Rey Alfonso I, a los cinco años muere de Don Pelayo y en el 730 el Rey funda el santuario de la Virgen de Covadonga, que empieza a ser ocupado por benedictinos. La cueva de Covadonga es las estribaciones de la cordillera Cantábrica, es símbolo de la resistencia astur a la dominación musulmana.

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El 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de Nuestra Señora, se aprovecha para celebrar la Virgen de Covadonga. Nueve días antes comienza la novena en su santuario. Acuden fieles de casi todas las parroquias de la zona. La fórmula es la habitual de una novena: procesión con la imagen de la Señora desde la basílica de Covadonga hasta la cueva, Santa Misa y canto de la Salve. El paso de tiempo y la devoción popular mariana han convertido este santuario en uno de los más importantes de toda España. Cada año son muchos los miles de fieles que se acercan a saludar a la “Santina” para pedir por las necesidades, que todos tienen en mayor o menor medida. S. S. El Papa León XIII erigió la iglesia de San Fernando en Basílica. Recordar que el Cardenal Roncalle, Patriarca de Venecia, más tarde Papa con el nombre de Juan XIII estuvo en Covadonga en 1954 y el anterior Papa Juan Pablo II estuvo en el año 1992.



Parque Natural de los Picos de Europa


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El valle de Covadonga se encuentra situado al Norte de los Picos de Europa, o sea entre estos y el mar Cantábrico y enclavado dentro del Principado de Asturias. En este valle se haya el parque Nacional de Los Picos de Europa, en plena naturaleza, entre montañas y bosques se encuentra el Santuario de Covadonga.

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El parque de Covadonga recoge los vientos procedentes del mar, y una gran cantidad de humedad por cuyo motivo el valle es de un verde intenso, recubierto de praderas y bosques de hoja caduca. El hecho de estar encajado entre altas montañas y el mar propicia la aparición de nieblas matutinas que se disuelven con el calor del sol, el juego de las nieblas entre el bosque le confiere al valle un aspecto de misterio o quizás de encantamiento como si habitaran en dicho valle las brujas, las meigas o los duendes.

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La historia nos cuenta que el ejercito musulmán llego hasta estas tierras donde se habían refugiado un puñado de hombres que se negaban a vivir subyugados por el guerrero invasor. Dicen que un puñado de montañeses y cristianos refugiados en estas montañas y capitaneados por Don Pelayo se enfrento al ejercito invasor enviado para aplastar la rebeldía de ese reducido grupo de astures...


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Para rememorar aquella historia el Parque Nacional de los Picos de Europa ha señalizado un sendero que enlaza los Lagos de Covadonga con el Desfiladero del río Cares, parece que sigue el recorrido original que hizo el grueso del ejercito musulmán en su retirada y atraviesa bellos parajes saliendo a medio camino entre Poncebos y Cain.


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Covadonga posee el conjunto monumental más visitado de Asturias. Es un santuario dedicado a la Virgen de Covadonga, conmemorativo de la Batalla de Covadonga. Destaca la Santa Cueva donde se encuentra la Capilla Sagrario con imagen de la Virgen de Covadonga y la tumba de don Pelayo. Según la tradición, en este lugar se habrían refugiado don Pelayo y sus hombres durante la Batalla de Covadonga. Cangas de Onís Fue elegida capital astur-cántabra y junto a la batalla de Covadonga conformó el origen del reino de Asturias y el germen de la Reconquista.



Libro recomendado


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Don Pelayo, el rey de las montañas, enlace: http://www.ignaciogracianoriega.net/bib/dp2006.htm


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Ota vista de la estatua de Don Pelayo -detrás, el Palacio Pintu-. Cangas de Onís. Asturias




Pues esto es todo amigos, espero que este trabajo recopilatorio dedicado a Don Pelayo, primer rey de Asturias e iniciador de la Reconquista, os haya gustado y despertado el interés histórico que sin duda tiene este gran personaje.



Fuentes y agradecimientos: wikipedia, arteguias/marioagudo, pelayo, el.tesorodeoviedo, galeon, picasa, flickr, picoseuropa.net, spain.info, sobreturismo, mrbit, vlarry.iespana, panoramio, stormfront y otras de Internet.
 




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última edición por j.luis el Domingo, 22 Febrero 2009, 11:38; editado 3 veces 
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Mensaje Re: Don Pelayo (Grandes Biografías) 
 
Bravo J. Luis, gran trabajo y muy bien documentado.  Covadonga es uno de los lugares más bonitos de Asturias. Es única.
      

Saludos
 




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El sabio no dice todo lo que sabe y el necio no sabe lo que dice.
El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona. Aristóteles
Más vale saber una cosa de todo, que saberlo todo de una cosa. Pascal

 
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Mensaje Re: Don Pelayo (Grandes Biografías) 
 
Gracias Mariol, tienes una tierra maravillosa.



 
 




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Mensaje Re: Don Pelayo (Grandes Biografías) 
 
Gracias J. Luis.   A ver cuando nos hacéis una visita.

Saludos
 




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Mensaje Re: Don Pelayo (Grandes Biografías) 
 
Muchas gracias Mariol, ganas no me falta, pero el tiempo vacacional escasea, pero si fuesemos por supuesto, me gustaría saludarte.



 
 




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Mensaje Re: Don Pelayo 
 
El mito de Covadonga: la primera gesta de la Reconquista fue una escaramuza

El enfrentamiento entre los astures, liderados por don Pelayo, y las derrotadas tropas musulmanas significó la génesis de un nuevo reino.



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'Don Pelayo en Covadonga'; de Luis de Madrazo. Museo del Prado

En el año 718, el poder musulmán que había invadido la Península Ibérica dominaba ya el territorio asturiano. En Gijón, y bajo el control del prefecto Munuza, Córdoba estableció la sede de gobierno de la zona. En esa coyuntura, ante la autoridad extranjera, un aristócrata local, de nombre Pelayo, decidió rebelarse, liderar un levantamiento contra los musulmanes reuniendo un pequeño grupo de seguidores y resguardándose en las montañas de la cordillera cantábrica.
"Pelayo, huyendo de una patrulla musulmana, remonta el valle fluvial hasta su final en el monte Auseva y se refugia en el entorno de la cueva natural, la cova dominica o Covadonga", cuenta el historiador Amancio Isla Frez en el capítulo dedicado a la batalla que dio inicio a la llamada Reconquista en el libro Historia mundial de España (Destino). A los mandos de una indeterminada partida de hombres, Pelayo hizo frente a la tropa musulmana que se internó en el paraje montañoso para tratar de apresarlos. La victoria, como es de sobra conocido, cayó del lado cristiano.

La batalla de Covadonga, acaecida en fecha desconocida —en algún momento comprendido entre 718 y 722—, se conoce gracias a las crónicas astures, escritas dos siglos después de los hechos. Esta distancia temporal entre el combate y los textos provoca, según el catedrático de Historia Medieval Juan Ignacio Ruiz de la Peña Solar, una deformación y exageración del relato; y lo ejemplifica citando la Crónica de Alfonso III, que habla de 187.000 hombres presentes en Covadonga. Además, "introduce abundantes elementos fantásticos (...) en un interesado y hasta cierto punto comprensible intento de sublimación de orígenes".

En otra crónica, la Albeldense, redactada en la misma época, se describen los hechos de la rebelión liderada por Pelayo y el encontronazo de armas entre cristianos y musulmanes de forma más escueta, sin grandilocuencias. En cuanto al otro bando, existe la Crónica Mozárabe, escrita de forma anónima en 754, y guarda silencio sobre Covadonga. "Puede justificarse por el nulo o escaso eco que tendría en los círculos cordobeses en los que probablemente él escribe, la fallida expedición de castigo dirigida hacia un lejano y apartado lugar de la frontera norteña de la España islámica", expone el asturianista Ruiz de la Peña en el Diccionario Biográfico de la Academia de la Historia.

Entonces, ¿qué dimensión tuvo en realidad, a nivel logístico, una batalla que está enraizada en el imaginario social como un triunfo atronador? "Es, sin duda, una escaramuza, como mucho una serie de pequeños encuentros en que los astures emboscan y vencen a un ejército superior en número, pero un tanto perdido en ese paraje", explica Amancio Isla Frez, doctor en Historia Medieval. La derrota provocó que la guarnición musulmana de Gijón se viese obligada a una retirada al otro lado de la cordillera cantábrica. Pero en el desconocido valle de Olaliés, una nueva emboscada acabaría con las fuerzas del gobernador Munuza.

Génesis del reino astur

La principal consecuencia del enfrentamiento fue la fundación de una nueva realidad política, el reino astur, con Pelayo como "caudillo", y no la restauración del anterior reino visigodo. De esto no parece haber grandes discrepancias entre los cronistas medievales y los historiadores contemporáneos. En la Crónica Albeldense, por ejemplo, acabada en 881, se dice de Covadonga que "desde entonces se devolvió la libertad al pueblo cristiano (...) y por la divina providencia surge el reino de los astures”.

"Lo singular de la batalla de Covadonga fue que se convirtió en la cuna de un reino o en una restauración de la monarquía y del reino que se centraba en un específico marco, un lugar referencial de la memoria", asegura Isla Frez. La tradición historiográfica siempre ha resaltado esta fecha como símbolo del primer paso hacia la independencia frente a la dominación exterior de los musulmanes —de ahí que Vox haya elegido este lugar para arrancar su campaña electoral—; y un acontecimiento que supone la unión social de los territorios cristianos, antes más fragmentados.

Covadonga es la antítesis de Guadalete, donde las tropas del rey visigodo don Rodrigo sucumbieron en el año 711 ante un ejército bereber que se había internado en la Península a través del estrecho de Gibraltar. Resulta curioso, sin embargo, los datos que han sobrevivido de ambas batalla. Mientras que de la primera no hay dudas sobre su localización física, ha sido imposible determinar la fecha concreta en la que se registró; y lo contrario sucede con la segunda: se puede asegurar cuándo acaeció pero no el sitio preciso en el que se batieron cristianos y musulmanes.


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Don Pelayo, rey de Asturias. Un cuadro de Federico de Madrazo. Museo del Prado

"Lo importante de la batalla serían la persona de Pelayo y el escenario. Sobre ellos se constituyó el relato, y, ante estos dos elementos, la fecha carece de importancia", añade Isla Frez, autor de Ejército, sociedad y política en la Península Ibérica entre los siglos VII y XI. "Pocas batallas han tenido una repercusión y mitificación tan duradera en la memoria colectiva".

La religión jugó un papel muy importante en Covadonga: muchos cronistas medievales se abrazaron a la intervención divina para narrar unos hechos inverosímiles, como que los proyectiles retornaban mortalmente sobre los musulmanes que los habían lanzado o que las tierras se desplomaban sobre los enemigos. Todo ello, sumado a las abultadas cifras de soldados —algunos relatos hablan de 124.000 bajas islámicas, cuando es difícil de creer que en aquella época y en aquel lugar concreto hubiese un ejército de semejante tamaño—, contribuyó a reforzar la monumentalidad de la victoria.

Covadonga, batalla o escaramuza, tiene una posición destacada en al Historia de España por marcar el inicio del retroceso de la dominación musulmana de la Península, por lanzar lo que se conoce como Reconquista, un término rechazado por muchos historiadores, como Xosé Manuel Núñez Seixas, director de la obra Historia mundial de España: "La Reconquista es un invento de la historiografía nacionalista española por su carácter teológico, una concepción del pasado español que tenía mucho que ver con lo católico y que excluía los aportes de las culturas judía y musulmana, tan relevantes como romanos, visigodos", aseguró en una entrevista con este periódico. "Los medievalistas no utilizaron este término. Lo que se vende es una visión estereotipada de la historia que ha calado muy hondo y llena de reminiscencias políticas".


elespanol.com
 




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