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100º Aniversario Del Hundimiento Del Titanic
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La leyenda insumergible


Han pasado cien años de su hundimiento y su halo sigue intacto, a flote.

Repasamos los nuevos enigmas con sus investigadores, desde Cameron hasta Ballard.




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Con todas las luces encendidas, a toda máquina hacia el desastre, mientras sonaba la música. Aquella noche inolvidable, el destino escribió en los altos costados de metal del barco la palabra condenación con dedos de hielo. El mundo ya no volvería a ser el mismo, ni la humanidad a confiar tan ciegamente en su orgullo. Hace un siglo que se hundió el Titanic, llevándose al húmedo abismo a la mayor parte de la tripulación y el pasaje, dejándonos mudos de asombro y ateridos de miedo. Era el Titanic la mayor construcción móvil que había creado el hombre, un coloso de la técnica forrado de altiva belleza y lujo, la apoteosis de la vanidad. Fue proclamado insumergible sin recordar que ni Odiseo pudo retar impunemente a Poseidón, así que ni te digo los astilleros de Belfast y un capitán amable pero sin carisma. Cuando el seno de las aguas se abrió para tragarse al barco como la ballena a Jonás, la succión levantó una ola que no ha dejado de lamer nuestras conciencias incesante e insidiosamente durante cien años. Ese drama marino se llevó un transatlántico y nos dejó un nombre para adjetivar la catástrofe. No queda ya nadie que viviera aquella noche terrible (la última superviviente, Millvina Dean, que tenía entonces 10 semanas, falleció en 2009), pero si cerramos los ojos, todos notamos la cubierta ceder bajo nuestros pies, la muerte subir a buscarnos y el aire helado llenarse de las voces aullantes de los moribundos y el lánguido chapoteo de los ahogados.

El Titanic es una de las grandes metáforas de nuestro tiempo y de nuestras vidas, con la salvedad de que del último naufragio, el que nos llega inexorablemente a cada uno, no suele haber supervivientes.

“La grandeza del barco, su opulencia y su tragedia”, eso recordamos del Titanic, reflexiona Robert Ballard, el hombre que levantó el acuático sudario de sombras y encontró el buque allá abajo, a casi 4.000 metros de profundidad, en 1985, renovando el interés sobre su singladura y su hundimiento. “El drama, el tempo con el que sucedió, que parece marcado para aumentar el suspense, los errores, las historias personales de cada uno de los viajeros, los y si…, todo eso nos fascina generación tras generación”.

“Desde 1912 han ocurrido muchas cosas peores en términos de pérdida de vidas humanas”, medita otro de los grandes nombres en la historia reciente del Titanic, James Cameron, que nos lo devolvió envuelto en celuloide y con una pareja de enamorados adornando su proa legendaria. “Ha habido dos guerras mundiales, genocidio, el uso de armas atómicas contra blancos humanos. Pero hay algo especial que perdura de la historia del Titanic. Creo que porque es como la novela perfecta, una novela que sucedió realmente. Había arrogancia en esa gente que pensaban que podían hacer que un barco con más de 2.000 personas a bordo fuera a toda velocidad a través de una zona desconocida de icebergs pese a las advertencias. Pensaban: ‘No nos puede pasar a nosotros. Somos demasiado grandes para caer’. ¿Cuándo hemos oído eso antes? Hay muchos paralelos con nuestra existencia de hoy día en esa historia”.


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Noticia. Venta de periódicos con la noticia que sacudió al mundo: el hundimiento de la nave y el gran número de víctimas.


James Cameron "Perdura porque es la novela perfecta"

Cameron, que vuelve este abril del centenario con su filme Titanic (1997) remasterizado en 3D y como protagonista de un documental de National Geographic Channel sobre el barco, recuerda que la del Titanic es una historia con héroes y cobardes, ricos y pobres, supervivientes y víctimas, decisiones correctas y equivocadas. Resulta fascinante asomarse a las cubiertas del barco y revivir todo ese microcosmos que, como el agua que lo rodea, nos devuelve una mirada morbosamente especular sobre nosotros mismos. ¿Qué papel tendríamos a bordo en la gran función de aquella noche? ¿Qué cartas nos repartiría el destino y cómo las hubiéramos jugado?

El Titanic zarpó de Southampton (Reino Unido) hacia Nueva York el 10 de abril de 1912. Era el viaje inaugural y a bordo se acomodaban algunos de los miembros más distinguidos de la alta sociedad de la época. A la altura de Terranova, en pleno Atlántico, el 14 de abril, a las 23.40, en medio de una calma absoluta y una noche espectacularmente estrellada, chocó por el costado de estribor con un iceberg que no fue avistado a tiempo para eludirlo del todo. Dos horas y cuarenta minutos después, ya iniciado el día 15, el barco se hundió, tras irse sumergiendo poco a poco, de manera inexorable. La noticia provocó un efecto similar al del 11-S. Había sucedido lo impensable. El desastre escapaba a todo lo imaginable. Las torres no podían caer, ni el Titanic hundirse.


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Andamios. La construcción del Titanic.

La cifra de pasajeros y supervivientes varía algo según las fuentes. Una de las cuentas más aceptadas contabiliza un total de 2.228 personas a bordo (lejos de la capacidad del buque, de 3.547), 1.343 pasajeros y 885 tripulantes. Murieron 1.523 personas. Se salvaron 705; de ellas, solo 210 miembros de la tripulación, lo que indica que esta fue abnegada (y anegada). La mortandad más alta tuvo lugar –como era previsible, sobre todo si uno ha visto la película de Cameron– entre los pasajeros de tercera clase (75% de bajas). En primera clase se salvaron el 60% de los viajeros, aunque solo el 31% de los hombres (el 94% de las mujeres y niños). En tercera clase, el porcentaje de salvados desciende al 25% (el 14% de los hombres y el 57% de las mujeres y niños). Ser hombre y viajar en tercera era, con los datos en la mano, una pésima opción.

No se puede negar que en líneas generales hubo caballerosidad a bordo: en total se salvaron el 74,35% de las mujeres y solo el 20,27% de los hombres. Una visión menos heroica sugiere que muchos hombres no acabaron de creerse que el barco terminaría hundiéndose y prefirieron enviar a sus mujeres a dar una incómoda vuelta por el mar mientras ellos esperaban a ver qué pasaba, actitud muy masculina. Y eso que no daban fútbol. El tema de las mujeres primero no dejó de preocupar al incipiente movimiento feminista: si se defendía la igualdad en tierra, ¿ no debía ser lo mismo en el mar? ¿El lema Voto para la mujer se iba a cambiar por Bote para la mujer?

    
Tim Maltin: El mar y el clima prepararon literalmente un truco de magia"

Hubo muchas actitudes que, más que valerosas, fueron frívolas, por no decir directamente gilipollas. El millonario canadiense John Hugo Ross, informado del percance en su camarote, pronunció una de las frases de la noche: “Hace falta más que un iceberg para que yo me levante de la cama”. Murió ahogado. A Ben Guggenheim, en traje de etiqueta en la cubierta ladeada, se le acredita haber dicho: “Estamos listos para morir como caballeros”. Be British.

A la vista de cuánta gente se ahogó por no disponer de bote, entre ellos 53 de los 76 niños que viajaban en tercera clase, resulta escandaloso que muchos se llenaran solo a medias o que se salvaran en ellos, según algunos testimonios, hasta tres perros (un pequinés y dos pomeranias), mascotas todos de pasajeros de primera.

El Titanic se partió en dos con un ruido estremecedor antes de hundirse. El hallazgo del buque en el fondo del mar ha confirmado esa fractura. En ese abismo oscuro, adonde no llega ni la música de Celine Dion, el buque lleva una segunda vida peinado de algas, desolación y derrota, pese a los 11 oscars. En ese templo de las anémonas y los sueños perdidos descansan historias no contadas, misterios y seguramente algunos tesoros, no el menor un manuscrito de Conrad. “Descubrir el Titanic fue muy emocionante”, recuerda Ballard, que ya no tiene empacho en reconocer que la búsqueda del buque sirvió de tapadera para localizar dos submarinos nucleares de EE UU hundidos. “Pero haciéndolo abrimos una caja de Pandora”. Los restos atraen curiosos, cazatesoros y turistas con posibles. Ballard y su equipo, conscientes de estar ante el testimonio de una tragedia, decidieron no tocarlos, pero otros sí lo han hecho: la memorabilia del naufragio es un buen negocio.


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Trabajadores. Operarios durante la construcción de la nave.

La empresa RMS Titanic Inc ha realizado varias expediciones y extraído miles de objetos e incluso un impresionante trozo de casco de varias toneladas, material con el que nutre sus exposiciones internacionales. Millones de personas han visitado esas exhibiciones, lo que también, reconozcámoslo, es una vía para recordar a la gente la historia del Titanic y su legado. Para Ballard, sin embargo, el pecio del Titanic es un cementerio que “no debe ser desacralizado” y un museo que debería protegerse. “El Titanic es un museo con la puerta abierta y sin vigilante, cualquiera con los medios técnicos precisos puede llegar hasta él y llevarse trozos y objetos. Es imprescindible protegerlo”.

En las subastas internacionales y en el mercado negro, cualquier cosa que provenga del Titanic alcanza precios elevados. Recientemente se pagaron 50.000 libras por un juego de llaves de los lavabos de caballeros de primera clase. Ballard denuncia la desaparición de piezas tan emblemáticas como la cofa desde la que los vigías (no) vieron el iceberg asesino y que sin duda estaba antes. “Y se observan cambios dramáticos; por ejemplo, la superficie de cubierta en la que aparcan los minisubmarinos de las visitas turísticas ha adquirido una tonalidad anaranjada, prueba de una superficie recién expuesta”.


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El capitán del barco, E. J. Smith.

En las profundidades se pueden ver cubiertos, platos, maletas, salvavidas (!), botellas, retretes, lámparas, alguna estatuilla y hasta zapatos. Restos humanos no. Ballard explica que todo se ha deshecho, huesos incluidos, aunque han encontrado algunas oquedades en el sedimento que parecen marcar dónde hubo cuerpos (entre otras cosas, porque al final están los zapatos). No se descarta que, cuando se investiguen zonas del barco inexploradas hasta ahora, puedan aparecer otros restos, y la microtecnología puede localizar en plan CSI fragmentos humanos muy pequeños. En todo caso, Ballard y muchos descendientes de viajeros del Titanic consideran el barco y sus alrededores un memorial, terreno sagrado que hay que dejar en paz. “Ahí abajo no hay solo artefactos, sino personas”.

Ballard está convencido de que quedan cosas por descubrir. “Cada vez nos metemos más y vamos más abajo en el Titanic. La tecnología nos permite ir más allá, en el futuro podremos ver bajo el cieno marino y debajo del barco. No creo que nos llevemos grandes sorpresas que cambien nuestra concepción de la catástrofe, pero…”.

El centenario llega cargado de libros nuevos. Algunos ofrecen teorías innovadoras y frescas (!) sobre un desastre nunca suficientemente explicado, en el que parece haber siempre algo que se nos escapa. El misterio, por ejemplo, de cómo puedes darte contra una montaña de hielo en una noche estrellada sin ir bebido. Uno de los más interesantes en este aspecto es A very deceiving night (2012), del historiador Tim Maltin, autor del imprescindible Las 101 cosas que usted creía saber sobre el Titanic… ¡pero no! Maltin ofrece una apasionante respuesta al enigma planteado un poco más arriba, la razón de por qué chocó el Titanic contra el iceberg asesino. “No lo vieron”. Le digo a Maltin que eso parece obvio. “No, no, no lo vieron porque no podía verse. Era invisible”. Me pregunto si el que ha bebido no será el historiador. Pero se explica: “Los dos vigías en la cofa, Frederick Fleet y Reginald Lee, eran buenos, estaban serenos; el capitán, E. J. Smith, por cierto, también, pese a los rumores. Es cierto que, allá arriba, los vigías no disponían de binoculares, pero en realidad la mejor forma de localizar icebergs de noche en el mar es a simple vista. Todo el mundo actuó como debía hacerlo. Pero no fue suficiente, porque el mar y el clima prepararon literalmente un truco de magia”.

Maltin, que protagoniza una nueva producción documental de National Geographic Channel (NGC) sobre el naufragio, Titanic: caso cerrado–incluye una escalofriante reconstrucción virtual del hundimiento que pone los pelos de punta–, es un apasionado investigador del Titanic, que no ha dudado en navegar en kayak entre icebergs para estudiar su comportamiento y probar sus teorías. “Las condiciones atmosféricas produjeron lo que se conoce como un espejismo de aguas frías. Toda una franja del mar parece ascender a la altura del horizonte y oscurecer el cielo. En esas circunstancias, el iceberg era invisible, la naturaleza montó una trampa letal en la calma perfecta”. Cuando Fleet, sin poder creerlo, vio aparecer repentinamente ante sus ojos el iceberg y gritó “¡Hielo delante!”, era demasiado tarde. Fleet se salvó del naufragio (también Lee), aunque luego se ahorcó; dicen que por sentimiento de culpa, aunque de ser así no se entiende que dejara pasar la I y la II Guerra Mundial, luchando en ambas, antes de suicidarse.

Maltin, que no deja de advertir que una tragedia marítima similar puede volver a suceder otra vez, como ha demostrado el caso del Costa Concordia, desmonta muchos mitos sobre el Titanic. El barco no tenía un talón de Aquiles, excepto quizá el exceso de confianza de sus responsables. “Estaba extraordinariamente bien construido. Se hizo un esfuerzo para gastar más en él, no menos. De hecho, era fuerte como un barco de guerra. Una máquina perfecta”. ¿No iba demasiado rápido aquella noche? “Todos los marinos coinciden en señalar que es totalmente seguro navegar a toda velocidad en zona de icebergs si la visibilidad es perfecta, como parecía serlo”. Los botes, ¿no eran escasos? “El Titanic llevaba más de los que estaba obligado por los requerimientos técnicos. Eran insuficientes, pero es que se consideraba entonces que lo que salvaba vidas en realidad no era el número de botes, sino construir barcos seguros”. Y no, no parece que hubiera ninguna momia egipcia a bordo –una de las leyendas urbanas (¿marinas?) más deliciosas sobre el Titanic–, pero sí llevaba un automóvil en la bodega.

El historiador señala que es cierto que si el Titanic hubiera chocado de frente contra el iceberg, podría haberse mantenido a flote y alcanzar puerto; en todo caso, sin duda, la catástrofe habría sido menor. “Chocar de lado contra el iceberg y que este le abriera una brecha bajo la línea de flotación a lo largo de estribor ¡en seis secciones! fue el peor de los escenarios posibles. Algo que no podía pasar. Incluso un acorazado moderno se habría hundido con una herida así”.

El iceberg asesino, que tenía una forma peculiar, como con tres cúspides, siguió navegando tan tranquilo y parece ser el que fotografió el 15 de abril un tripulante del vapor Prinze Adelbert unas millas al sur: tenía una culpable raya de pintura roja en la base, como cuando rascas al vecino de aparcamiento y te marchas con cara de yo no he sido.

El momento del choque nos lleva a otro de los personajes fascinantes de la historia del Titanic, tan rica en ellos y que ya tiene biografía: Robert Hichens. Es el cabo de mar Hichens uno de esos tipos que nos encantan: no solo efectuó el giro de timón que hizo que el Titanic, en vez de chocar de frente (y sufrir menos daños, recuerden), pasara de tan mala manera rascando el hielo por los bajos, sino que luego se portó como un villano en el bote salvavidas que quedó bajo su responsabilidad y se negó a acercarse a recoger supervivientes. Más tarde, en su vida, trató de asesinar a un hombre y luego de suicidarse. La biografía titulada elocuentemente The man who sank the Titanic(2011) y firmada por Sally Nilsson, una descendiente de Hichens, le reivindica (moderadamente) y sugiere un complot para cargarle el muerto, es decir, el barco, lo que le habría lógicamente avinagrado el carácter al hombre.


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Bajo el agua. Parte del puente del Titanic.

Claro que si hablamos de personajes polémicos, nadie como nuestro querido J. Bruce Ismay, que ya dispone también de una excelente biografía propia, How to survive the Titanic or the sinking of J. Bruce Ismay, de Frances Wilson (2011). La autora traza un retrato fascinante y completísimo del propietario del barco, que, recordarán, se salvó subiéndose a uno de los botes en un gesto justificable desde el punto de vista de la autopreservación, pero poco fino si te consideras un gentleman, porque quedaban aún 200 mujeres y niños a bordo, muchos de los cuales se ahogaron. Ismay pagó toda su vida por el salto que le salvó de perecer en el mar, pero a costa de ser despreciado y vilipendiado. Vamos, que de una u otra forma se hundió con el Titanic. Wilson lo relaciona con Lord Jim, de Conrad. Curiosamente, el manuscrito de una obra de ese autor, Karain, a memory, viajaba en el correo del Titanic y se fue con el barco al fondo del mar. ¡Qué lugar más adecuado para una novela de Conrad!

Mucho más aburrida que la de los dos dudosos personajes anteriores, aunque ciertamente documentadísima, me ha parecido la biografía del capitán Smith, Titanic captain, de G. J. Cooper (2011). El mayor morbo que le encuentro es descubrir que, pese a su magnífica y patricia estampa, “el capitán de los millonarios”, como se lo conocía en la White Star, era de baja extracción y tenía que hacer esfuerzos para que no se le notara el acento…

Aprovechando que tengo a tiro a Ballard, alguien que sabe de valor –es comandante retirado de la Marina estadounidense, además de oceanógrafo y explorador residente de National Geographic Society–, le pregunto su opinión sobre Ismay. “Es controvertido, cualquier superviviente masculino fue sospechoso de cobardía en aquellas circunstancias, pero creo que no hizo nada incorrecto. Cuando vio que no había mujeres ni niños que pudieran embarcar en el bote que arriaban, se subió. No hacerlo no hubiera supuesto otra diferencia que añadir un nombre más a la lista de víctimas. Hay que recordar que el capitán Smith dio instrucciones diferentes respecto a los botes en el lado de estribor y el de babor. En uno dijo: ‘Las mujeres y los niños primero’; en el otro: ‘Solo mujeres y niños’. Estar en un lado u otro marcaba entonces una gran diferencia para un hombre. Ismay ayudó todo lo que pudo y luego se marchó.Tuvo suerte de estar en el lado bueno”.

Es imposible aquí recoger la historia de todos los grandes personajes del Titanic: los Astor, Guggenheim, Duff Gordon (él, un gran esgrimista, medalla de plata en espada en los JJ OO de 1908, lo que no impidió que le tacharan también de cobarde); el coronel Archie Butt (influyente asesor militar del presidente Taft); Dorothy Gibson, la chica más guapa del barco (no, no era Kate Winslet); el tenista Richard Norris Williams; el tahúr George Brereton… El segundo comandante, Charles Lightoller, sobrevivió para, con 76 años, en 1940, acudir con su lancha al rescate a las playas de Dunkerque. Un libro estupendo que presta insólitamente más atención a los pasajeros y sus historias que al desastre en sí es Titanic, el fin de unas vidas doradas, de Hugh Brewster (Lumen, 2012), que les recomiendo efusivamente. Y no debemos olvidar a los músicos: The band that played on, de Steve Turner (2011), rastrea las vidas y carreras (truncadas) de los ocho intérpretes que siguieron tocando hasta el final, entre otras melodías, la tan apropiada Nearer, my God, to Thee.


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Memoria. Ballard en el astillero de Belfast donde se construyó el Titanic.

Para Ballard, el héroe del Titanic fue Thomas Andrews, su constructor, que viajaba a bordo y que inmediatamente se dio cuenta de que el barco no iba a sobrevivir. Pronosticó que permanecería dos horas a flote y se puso a ayudar en todo lo posible para prorrogar ese plazo y que se salvara el mayor número de gente. Su historia y la de los ochos esforzados especialistas que habían trabajado en el diseño del buque, el Guarantee Group, y que también iban embarcados, centra el nuevo documental de Ballard sobre el Titanic.

Conrad fue uno de los pocos grandes literatos de su tiempo que escribió acerca del Titanic, empujado por el horror ante aquella tragedia y su conciencia de marino. En su Algunas reflexiones sobre la pérdida del Titanic (texto que puede leerse ahora con otro suyo sobre el naufragio en El Titanic; Gadir, 2011), el escritor critica el nuevo espíritu de la navegación que sacrifica la seguridad por “las monadas” y el lujo. Con ojo de buen marino, Conrad supo poner el dedo en la llaga y lanzar una advertencia que sigue vigente hoy, y cómo, después de un siglo.

Probablemente el más sobrecogedor recuerdo del Titanic sea el de los supervivientes en los botes cuando el gigante desapareció del todo. En aquella noche estrellada como un joyero esparcido sobre el firmamento, un sonido aterrador comenzó a imponerse en la soledad del mar inmenso: las voces de los que se ahogaban, un coro disonante de gemidos. En medio de ese gran sollozo, el barco ya no estaba y el mundo se adentraba en el gran tiempo de las catástrofes.


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Tiempo congelado en el Titanic. Interior de un camarote de primera clase cien años después.



La película ‘Titanic’, de James Cameron, se reestrena remasterizada en 3D a partir dell 4 de abril.


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Reconstrucción. James Cameron, director de 'Titanic', la película, trabajando en su nuevo documental.

Canal National Geographic ha preparado una programación especial con los documentales ‘James Cameron vuelve al Titanic’ (11 abril); ‘Salvar el Titanic’, de Robert Ballard (12 abril), y ‘Titanic: caso cerrado’, de Tim Maltin (13 abril).

El domingo 15 de abril se emitirá un ‘Maratón Titanic’ con todo este material.


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Secretos. Los máximos expertos sobre el Titanic trabajan con Cameron en su documental.



Más info: http://cultura.elpais.com/cultura/2...496_049773.html
 




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Cuando el barco se hunde, sangre fría


El instinto se impone a la emoción y la razón en situaciones límite, pero las reacciones varían

El ordenado naufragio del ‘Titanic’ y el pánico en el ‘Lusitania’ dan lecciones de conducta humana




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Imagen de la proyección de prueba del Titanic sobre un iceberg en el Polo Norte, del artista suizo Gerry Hofstetter. / EFE

¿Cómo tomamos decisiones y respondemos a las circunstancias de cada momento, razonando o dejándonos llevar por nuestros sentimientos? ¿Tiene fundamentos lógicos la crisis económica que padecemos, o responde en buena medida a factores emocionales que influyen en los gobernantes y en los agentes económicos y mercantiles? En definitiva, ¿qué influye más en nuestro comportamiento, la emoción o la razón? La neurociencia, al igual que el ciudadano medio, se ha hecho estas y otras preguntas de similar naturaleza. En 2008, el neurocientífico Luiz Pessoa, de la universidad estadounidense de Indiana, explicaba en Nature Review Neuroscience la dificultad para separar emoción y razón en la mente humana. Emoción y cognición, decía, no solo interactúan intensamente en el cerebro sino que frecuentemente funcionan de manera integrada y contribuyen conjuntamente al comportamiento. Ciertamente, el equilibrio y la coherencia entre lo que pensamos y lo que sentimos es clave para dirigir y estabilizar nuestro comportamiento, pero hay situaciones en que las circunstancias ambientales rompen ese equilibrio y alteran el modo ordinario de conducirnos dando casi siempre prioridad a la emoción. Los relevantes ejemplos históricos que aquí analizamos, como el hundimiento del Titanic hace cien años justo este sábado, lo demuestran.


Más info: http://sociedad.elpais.com/sociedad...874_898878.html
 




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Post Re: 100º Aniversario Del Hundimiento Del Titanic 
 
La vida de lujo en el Titanic, contada por un pasajero


Subastan carta de un pasajero, que relata la vida en el transatlántico

El autor la envió el primer día del viaje. Sobrevivió a la tragedia.




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El Titanic, cuando zarpó de Gran Bretaña

Una carta que ofrece un mayor conocimiento sobre la acomodada vida que llevaban los pasajeros de la primera clase del Titanic se rematará en una casa de subastas británica. Fue escrita por el perfumista Adolphe Saafeld a su "mujercita", como la llama, y describe los suculentos almuerzos, las largas cenas, los buenos cigarros y los paseos que se daban a bordo del transatlántico.

La carta está fechada el 10 de abril de 1912, primer día del viaje, y puede leerse: "Querida mujercita, gracias por tu telegrama...El tiempo es bueno, despejado. Hasta ahora el barco ni se mueve y navega de forma muy serena. No es lindo viajar solo y dejarte. Creo que la próxima vez vas a tener que acompañarme (...) Tengo mucho apetito para el almuerzo. Hay sopa, fillet de pescado, chuletas con coliflor y papas fritas, queso roquefort y (el trago) Apple Manhattan, todo regado con grande jarras de cerveza helada Spaten. Como podrás ver, no la estoy pasando nada mal". Luego continúa: "Hice un largo paseo y dormí luego una hora hasta las cinco en punto. A la tarde hay una orquesta que toca mientras se sirve el té. Todo lo que uno come es gratis".

Saafeld contó también en su carta la forma cómo el Titanic, casi choca con otro transatlántico. "Debido a nuestro pequeño inconveniente en Southampton todos nos atrasamos una hora y cenamos a las 19.30 en lugar de a las 19 en punto, como siempre. Ocupé una mesa para dos, yo solo. Disfruté de una muy buena cena y me fumé dos cigarros en la sala para fumadores. Ahora me voy a dormir porque estoy cansado. Al margen de una ligera vibración, uno ni se da cuenta que está en alta mar. Un beso para tí y cariños a todos de tu amado esposo, Adolphe".

Esta carta de tres hojas está escrita en el papel con el logo del Titanic y fue despachada en el puerto de Irlanda con destino a su esposa Gertrude, en Manchester. Se rematará el 17 de abril en la casa Henry Aldridge & Son.


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Café Parisien del Titanic

Andrew Aldridge, de la casa de remates, comentó: "Hemos visto otras cartas y postales enviadas desde el Titanic, pero ésta es la mejor por su contenido. La carta de Saafeld tiene muchos detalles sobre la vida a bordo de un pasajero de primera clase y ofrece al lector impresiones personales sobre el barco".

Cuando el Titanic chocó con un iceberg en el Atlántico Norte la noche del 14 de abril de 1912, murieron más de 1.500 personas. Saafeld, que tenía 47 años por entonces, se encontraba en la sala de fumadores y pudo subir al bote salvavidas número tres. Regresó a Inglaterra y murió en 1926.


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La orquesta: de arriba a abajo y de izquierda a derecha, Fred Clarke y P.C. Taylor. En el centro, G. Krins, Wallace H. Hartley y Theodore Brailey. Abajo, Jock Hume y J.W. Woodward. Roger Bricoux, no está en esta fotografía.


Fuente: Diario Clarín / Traducción: Silvia S. Simonetti
 




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Last edited by j.luis on Saturday, 14 April 2012, 16:15; edited 1 time in total 
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Post Re: 100º Aniversario Del Hundimiento Del Titanic 
 
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El RMS Titanic (en inglés: Royal Mail Steamship Titanic, "Buque de vapor del Correo Real Titanic") era el segundo de un trío de transatlánticos conocidos como clase Olympic. El Titanic fue, en su tiempo, el barco de pasajeros más grande y lujoso del mundo, seguido por el RMS Olympic.

El 10 de abril de 1912, el Titanic inició su viaje inaugural partiendo desde Southampton (Inglaterra) con destino a Cherburgo, Queenstown, y finalmente a Nueva York. Cuatro días más tarde, a las 23:40 del 14 de abril, el buque chocó con un iceberg al sur de las costas de Terranova, y se hundió a las 2:20 de la mañana del 15 de abril. El siniestro se saldó con la muerte de 1.517 personas, y en esa época se convirtió en el peor desastre marítimo en tiempo de paz.


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El Titanic en el astillero, poco tiempo antes de su botadura.

El Titanic fue construido en los astilleros de Harland and Wolff, en Belfast (Irlanda del Norte). Partió hacia Nueva York con 2.227 personas a bordo, y una de las causas del elevado número de víctimas fue que, a pesar de cumplir con todas las normativas marítimas de la época, el barco sólo llevaba botes salvavidas para 1.178 personas,[6] y aún así sólo se salvaron 705. Un elevado número de hombres murió debido al rígido protocolo de salvamento que se siguió en el proceso de evacuación de la nave, conocido como "mujeres y niños primero", y al poco tiempo disponible.

El Titanic se diseñó usando algunas de las más avanzadas tecnologías disponibles en aquel tiempo, tales como mamparos herméticos que dividían el casco en 17 secciones independientes y que se creía que podían mantenerlo a flote en caso de rotura de una parte del casco; ello hizo que el Titanic fuera considerado "insumergible" según la prensa de entonces. Iba dotado de una potente estación de telegrafía y un nuevo diseño de hélice de tres palas. El Titanic era más lujoso que el RMS Olympic y además sus rivales de la Cunard y el estándar al respecto no tenían comparación con las instalaciones de primera clase en cuanto a lujo se refiere.


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El nivel superior de la gran escalera, donde se ubicaba el reloj tallado y la cúpula de cristal que brindaba luz natural a la escalera a lo largo de sus niveles.


El Titanic fue construido en el astillero Harland and Wolff de Belfast (Irlanda del Norte), con el número de construcción 401. Estaba destinado a competir con los buques Lusitania y Mauretania de la empresa rival Cunard Line. El Titanic, junto a sus hermanos de la clase Olympic, el Olympic y el Gigantic (después Britannic), este último aún en construcción, estaban destinados a ser los mayores y más lujosos transatlánticos. Los diseñadores fueron William Pirrie director gerente de Harland and Wolff; el ingeniero naval Thomas Andrews, gerente de construcción y jefe del departamento de diseño de Harland and Wolff y Alexander Carlisle, el diseñador jefe y gerente general del astillero. Las responsabilidades de Carlisle incluían las decoraciones, los equipamientos y todos los arreglos generales, incluyendo la implementación de un sistema eficiente de pescantes para los botes salvavidas. Carlisle dejó el proyecto en 1910, antes de que los buques fuesen botados, cuando se hizo accionista en Welin Davit & Engineering Company Ltd, la compañía que fabricaba los pescantes.


user_50_escalera_de_primera_clase_por_el_peque_o_y_simple_reloj_que_se_ve_en_la_esquina_superior_izquierda_se_infiere_que_es_la_escalera_ubicada_m_s_a_popa

Escalera de primera clase. Por el pequeño y simple reloj que se ve en la esquina superior izquierda, se infiere que es la escalera ubicada más a popa.
 
El Titanic en el astillero, poco tiempo antes de su botadura.La construcción del RMS Titanic, financiada por el empresario estadounidense J. P. Morgan y su empresa International Mercantile Marine Co., comenzó el 31 de marzo de 1909. El casco del Titanic fue botado al mar a las 12:13 del día 31 de mayo de 1911, y su construcción fue concluida el 31 de marzo del año siguiente. Su eslora total era de 269 m, su manga era de 28 m, tenía un tonelaje bruto de 46.328 toneladas y una altura de 18 metros desde la línea de flotación hasta la cubierta de botes. El Titanic fue equipado con dos máquinas alternativas de cuatro cilindros de triple expansión y una turbina Parsons de baja presión, que impulsaban tres hélices de bronce. Tenía 29 calderas alimentadas por 159 hornos de carbón, que hacían posible la velocidad máxima de 23 nudos (43 km/h). Sólo tres de las cuatro chimeneas con 18,9 metros de altura eran funcionales; la cuarta chimenea servía únicamente para la ventilación,[16] y fue añadida para darle al barco una apariencia más impresionante.


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El único gimnasio a bordo del barco pertenecía a la primera clase.

Equipamiento. Para su tiempo, el Titanic no tenía rival en lo que se refiere a lujo y elegancia. Contaba con decoraciones basadas en estilos clásicos, tales como el Imperio, Regencia, Luis XIV, Luis XV, Luis XVI, Adams, Moderno, Jacobino, entre otros. Fue equipado con una piscina interior, un gimnasio, una cancha de squash, un baño turco, y una sala de recepción, entre otras comodidades para uso exclusivo de primera clase. El buque también estaba equipado con dos bibliotecas y dos peluquerías.

Los camarotes estándar de primera clase fueron adornados con revestimientos de madera blancos, muebles costosos y otras decoraciones elegantes. Contaban solamente con baños compartidos que disponían de agua caliente y fría. Se contaba además con estufas eléctricas. En el caso de las suites se utilizaron en las salas de estar unas chimeneas hermosamente empotradas. Como una innovación en los viajes de la época, el Titanic poseía tres ascensores para la primera clase y uno para la segunda clase.

Cubierta de botes. Los botes salvavidas estaban ubicados en 2 grupos, uno hacia la proa y otro hacia la popa. En la parte delantera se hallaban 12 botes (6 a cada lado), y hacia popa, se hallaban 8 botes (4 a cada lado), contando en total con 20 botes salvavidas de tres tipos diferentes:

- Botes 1 y 2: chinchorros de madera para emergencias, con capacidad para 40 personas.
- Botes del número 3 al 16: hechos de madera, con capacidad para 65 personas.
- Botes A, B, C y D: botes plegables marca Englehardt con capacidad para 47 personas, estos botes tenían los costados de tela.

Con todos los botes llenos hasta su máxima capacidad, se podía salvar un total de 1.178 personas.

Hacia proa, también se encontraba el puente y el primer bloque, el cual comprendía las habitaciones de los oficiales, la sala marconi, las máquinas que movían los ascensores y seis habitaciones simples de primera clase. En las paredes de este bloque se hallaban ventanas circulares que iluminaban las habitaciones interiores de primera clase de la cubierta inferior.

El segundo bloque lo conformaban la escalinata de primera clase y el gimnasio. La escalinata recorría desde esta cubierta hasta la Cubierta E, en el nivel superior se hallaba una cúpula de cristal que brindaba luz natural a la escalera a lo largo de sus niveles por medio de tragaluces a ambos lados de ésta. El gimnasio estaba ubicado en el lado de estribor, al costado de la entrada de primera clase. El mismo estaba equipado con equipos que funcionaban eléctricamente, además de bicicletas estáticas y otras amenidades. El lugar estaba acondicionado para un mayor confort y tenía un panel de madera contra la pared del espacio de la chimenea donde se apreciaban dos figuras: un mapamundi y un corte transversal del barco.

Entre la segunda y tercera chimenea, se encontraba el techo elevado del salón general y la sala de lectura de primera clase. Más allá de la tercera chimenea, se encontraba un pequeño bloque destinado a los tanques de agua, la entrada de luz a la sala de máquinas y un espacio reservado con cubierta de paseo para los ingenieros. Al costado de este bloque se hallaba un tragaluz que cubría la cúpula que iba sobre la escalera trasera de primera clase. La cuarta chimenea no cumplía la función de expulsar humo de las calderas, por eso se le dio la función de dar ventilación a las cocinas inferiores y la segunda sala de máquinas donde se encontraba la turbina que movía la hélice de 4 palas. A ambos lados de la cuarta chimenea se encontraba el techo elevado de la sala de fumadores de primera clase en la cubierta inferior. Al final de la cubierta se hallaban la entrada y escalera de segunda clase (la cual descendía hasta la cubierta F). Así mismo, los pasajeros contaban con su respectiva cubierta de paseo.


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El Titanic después de la casi colisión con el SS New York. A la izquierda se puede ver el New York junto al Oceanic.

Más info: http://es.wikipedia.org/wiki/RMS_Titanic



Otros enlaces interesantes:


'Titanic 3D', ¿el reestreno más esperado de la Historia?, enlace: www.blogdecine.com/noticias/titanic...-de-la-historia

A bordo del Titanic 100 años después: http://www.elmundo.es/especiales/20...anic/index.html
 




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No debemos dejar que la Cultura muera, si muere el Arte, muere nuestra parte humana...

Los actos de hoy, marcarán nuestra era, sino...

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